viernes, 15 de agosto de 2014

Los hombres ya no suben montañas espirituales, o raramente lo hacen. Ellos ahora sólo quieren conquistar picos montañosos. Desean privar a la montaña de toda majestad, triunfando sobretodo desde la línea de ascensión más dificultosa. -Seyyed Hossein Nasr

 Eduard Lankes

EL CAMINO Y LA MONTAÑA
Marco Pallis

Cuando leí el texto de encabezado de Seyyed Nasr acerca del ensayo de Marco Pallis, The Way and the Mountain, me hice enseguida con el libro. Son cinco ensayos acerca de las tradiciones budistas del Tibet. Es el primero, el que da título al libro, el ensayo más notable de la obra. La analogía o metáfora que hace de la vida con el acto de subir un monte es muy acertado y significativo. Pero es necesario para entender esta pequeña tesis que alguna vez hayamos sentido que en un encuentro directo con la naturaleza intuyamos ese misterio donde algo se cobija de nuestra parte porque hayamos paz y reposo. Leer los símbolos esparcidos en un paisaje, símbolos que insinúan un mensaje divino no debería ser privilegio de unos pocos. El no poder concretar con palabras ese hecho, porque se escapa de interpretaciones precisas, físicas o materiales, es lo que hace que muchos repudien entrar en este juego espiritual. Si no creemos en lo que sentimos, si a todo le tenemos que poner una fórmula matemática, ¿qué entonces? ¿Acaso hay fórmulas para describir la música, un cuadro o la belleza de una cara guapa que nos encontramos en cualquier momento inesperado en la calle? Por mucho que nos empeñemos, vivimos en un mundo de apariencias y nuestro barómetro interior lo regula la sensación de libertad, un placer que se expande a todo y busca situarse en lo absoluto. El mal no es sino aquello que nos cercena la libertad.
El significado de la montaña y concretamente la cumbre, representa para Marco Pallis el punto budista de haber llegado al despertar. Es ese punto donde ya no se puede avanzar más pero así de pronto uno se siente en el presente detenido, eterno, y en un espacio reducido, nulo, el pico del monte, desde donde se abarca todo con la vista, igual que el eje domina todos los radios a su alrededor, es ese punto central y ubicuo. Para ello el Camino ha de tomarse sin objetivo. Aunque la Meta esté figurada, intuida, pues todo monte contiene caminos que llevan a su pico, éste se alcanza mejor cuando uno toma el camino desinteresado de ganar. Aquí el Yo, el Ego, ha de quedar extraviado, perdiéndose poco a poco para ir dejando paso al esclarecimiento  de ese trasfondo que la dualidad ha oscurecido. 
Es por eso que quienes suben al monte admirando el panorama que irrumpe a su paso, con paciencia y sabiendo gozar de cada instante, lleguen más tarde que esos afanados deportistas, muy creídos ellos de su resistencia. Pero que por nada cambien lo que sienten los poetas al vislumbrar desde las alturas los paisajes por el precio engreído que obtienen esos alpinistas de haber retado al Monte contra su Yo.

"Todo cuanto goza de existir o lo que sea, debe en consecuencia tener su aspecto simbólico, que constituye su más profunda realidad; aquellos que ven en el simbolismo un simple crear de poetas, pierden el hilo [...] Es el Poeta el supremo que, mediante símbolos, construye mundos [...] El simbolismo es como el Algebra tradicional que sirve para la expresión de ideas que ordenan el universo" -Marco Pallis
"En el amor y enfrentamiento hacia la Naturaleza salvaje, así como en la soledad uno debe reconocer un eco distante de la armonía original en la que el Hombre, en vez de actuar como un tirano y explotador, fue al contrario el protector agradecido y dirigente de sus criaturas amigas y portavoz de sus poderes Celestiales" -Marco Pallis
"El sendero hacia la Montaña está en todas y ninguna parte; no puede especificarse en lenguaje racional, pero se hace inmediatamente aparente a quienes han ganado ese conocimiento pagando el precio requerido. El precio es la renuncia o negación de uno mismo en su sentido individual y separatista, a fin de entender el auténtico Yo en su sentido universal" -Marco Pallis
"El pico en sí mismo no solamente no ocupa espacio, aunque la montaña entera esté virtualmente contenida en él, sino que está fuera del tiempo y toda sucesión y unicamente reina allí "un eterno presente". Es completamente inexpresable en su singularidad; en silencio queda el Conocedor de la Cumbre y el Universo entero abre sus oídos para que atienda los acentos de su muda elocuencia" -Marco Pallis
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