martes, 2 de octubre de 2012


NARRATIVA PERSONAL DE UN VIAJE AL NUEVO MUNDO 

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En 1799, a la edad de 29 años, Alexander von Humboldt empezó a vivir un sueño que desde hacia largo tiempo había ansiado. Abandonar la sociedad aristócrata de Europa y perderse lejos, muy lejos, por las tierras vírgenes del Nuevo Mundo. No solamente para poner en práctica sus conocimientos sobre ciencias naturales sino para gozar de todas las sorpresas que depara el descubrimiento de nuevas tierras, desde su belleza paisajista a las costumbres de otros pueblos. Tras algunos fallidos intentos por enrolarse en fragatas francesas, al final lo consigue en España al conocer, gracias a varias influencias, al rey Carlos IV, que simpatiza con él y le concede un visado para que pueda libremente explorar y desarrollar sus estudios por las colonias españolas en Suramérica. Tuvo suerte de poder costearse el viaje debido a la gran herencia que le aportó su madre al morir. Luego enrolado en la fragata “Pizarro”, (con su mejor amigo francés, también cultivado en ciencias, Amié Bonpland) zarpan desde la Coruña a las islas Canarias y desde allí, siguiendo la ruta de Colón, llegar a Cumaná, la actual Venezuela. Le siguen Ecuador, Colombia, México, Cuba, Washington y de vuelta a Bordeux, Francia. La aventura duró cuatro años. Lo peculiar del viaje es que Alexander no era un explorador más de la época, sino un erudito en ciencias, y lo que es mejor, poseía una sensibilidad que sobrepasaba a la mayoría de aquel mundo político religioso e imperialista. Sus escritos así lo testifican. "La Narrativa Personal a las regiones equinocciales del Nuevo Mundo" engrosan cuatro tomos obesos. Sus aventuras, si bien no de una calidad literaria exigente, sí son lo bastante fascinantes para cautivar a lectores que gustan de las crónicas de viajes y aventuras por tierras exóticas ahora perdidas. Su idealismo continúa presente, que no fue otro que ver la tierra como una unidad que engloba todas y cada una de sus partes como un todo necesario. Sus opiniones acerca del colonialismo europeo en tierras de otros fueron críticas y audaces. Un personaje que admiró profundamente Charles Darwin y que la Europa victoriana halagó al máximo, para el que, poco después, su nombre quedara injustamente difuminado hasta caer casi en el olvido. Tal vez por no ser el patrón de algún gran descubrimiento o invento, a pesar de sus muchas e importantes aportaciones al conocimiento de la geografía y la ciencia en general. Pero sé que llegará de nuevo el día en que su nombre será rescatado como ejemplo de un ecologismo novel, romántico y liberal, tan necesario en este siglo castigado a la vida urbana. Un día en que los nacionalismos dejen de mirarse su propio ombligo y empiecen a ensalzar las ideas positivas de otras figuras extranjeras, sean de donde sean, vengan de donde vengan, porque hay muchos de quienes podemos aprender, de quienes podemos tomar ejemplo y enriquecernos espiritualmente. Alexander von Humboldt es sin duda una de esas figuras históricas.



 
"Haré colección de animales y plantas. Analizaré la electricidad y el magnetismo en la atmósfera, calcularé las montañas, pero mi verdadero propósito es investigar la interacción de las fuerzas de la naturaleza. Dicho de otra manera, debo descubrir la Unidad existente en la Naturaleza"
"Desde mi temprana edad he sentido la necesidad de viajar a tierras lejanas rara vez visitadas por los europeos. Esta necesidad se caracteriza por ese momento cuando la vida se abre ante nosotros como un horizonte ilimitado en el que nada nos atrae más que las emociones intensas y las imágenes de peligros genuinos"
"Nada despierta en el viajero un recuerdo más vivo de la inmensa distancia que le separa de su país que el aspecto de un firmamento desconocido. El conjunto de grandes estrellas, algunas nebulosas dispersas que compiten con la Vía Láctea en esplendor y regiones que se distinguen por su intensa negrura, dan al cielo del sur su singular característica. Esta visión asombra la imaginación incluso en aquellos que, sin conocimiento de las ciencias, gustan de contemplar los cielos como si admiraran una preciosa escena campestre o un magnifico prado"
"La religión Cristiana, que en su origen era sumamente favorable por la libertad del hombre, ha servido después como pretexto para la codicia de los Europeos [...] Los sufrimientos de nuestros hombres de color, quienes según mi punto de vista político, tienen el derecho a gozar con nosotros de la misma libertad [...] Hay naciones más susceptibles de fraternidad, más profundamente civilizadas, más benévolas por la educación que otras, pero ninguna en sí misma más noble que otras. Todas están diseñadas en el mismo grado de libertad"
"Aquello que habla al alma, que causa una gran y profunda variedad de emociones, escapa de nuestra contexto, así como de las formas del lenguaje"
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