domingo, 27 de enero de 2013

LAMARTINE
Fue Alphonse de Lamartine (1790 - 1869) uno de los primeros poetas románticos franceses, así como un destacado político durante la segunda república francesa en la que defendió la abolición de la esclavitud y la pena de muerte. Fomentó el derecho al trabajo y los programas cortos de capacitación laboral. Potente idealista político, apoyó la democracia y el pacifismo. Su postura moderada sobre la mayor parte de cuestiones hizo que sus seguidores lo abandonaran. Tras fracasar en la elección presidencial del 10 de diciembre de 1848 se retiró de la política y se dedicó a la literatura.
Su obra oscila principalmente entre la novela sentimental y la poesía. Sus temas más frecuentes fueron enamoramientos desafortunados y recuerdos de juventud. Su estilo por lo general es melancólico y es notable su sentimiento profundo de comunión con la Naturaleza en la que parece reconocer a Dios. No en balde se le acusó de panteísta aunque él negó alegando creer en un Dios que posee la suprema individualidad, influenciado tal vez por su educación puramente cristiana. Rafael, Graziella, Las Confidencias son algunas de sus más importantes obras narrativas. En francés existe el vocablo lamartinien haciendo referencia a la postura romántica y sus tópicos, que acaban en desgracia. No hay que olvidar que en vida Lamartine sufrió los avatares de la tragedia familiar. Perdió dos de sus hijos, una esposa y se enamoró repetidas veces con desenlaces frustrados. Terminó su vida en la pobreza.
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 El corazón hastiado, hasta de la esperanza,
no deseará ya importunar al destino;
prestadme solamente, valles de mi infancia,
un día de asilo para esperar la muerte.

Por aquí la estrecha senda del oscuro valle:
colinas en cuyas faldas penden tupidos bosques
que inclinando su enredada sombra sobe mi cabeza,
me cubren completamente de silencio y de paz.



Allá, dos arroyos tapados por el denso verdor
trazan serpenteando los contornos del valle;
en un momento mezcla el agua y su murmullo,
no lejos de su fuente pierden su identidad.

Como ellos la fuente de mis días ha fluido,
ha pasado sin ruido, sin nombre y sin retorno:
mas su agua es limpia, y mi alma turbada
no llegó a reflejar las luces de un gran día.


Cuando estoy solo con la naturaleza es cuando siento únicamente un poco de rocío en el corazón. Lo que altera esa soledad, turba o interrumpe esa muda conversación entre el genio de la soledad, que es Dios, y yo. La lengua que habla la naturaleza a mi alma es una lengua en voz baja que el menor ruido impide oír. En ese santuario se recoge para soñar, meditar, rezar y no gusta oír detrás un paso extraño. Yo estaba en una de esas horas de melancolía frecuentes entonces, raras hoy, durante las cuales escuchaba latir mi propio corazón, y en los bosques, en las aguas, en el follaje, el vuelo de las nubes, en la rotación lejana de los astros y en todo, los murmullos de la creación, los rodajes de la obra infinita y, por decir lo así, los ruidos de Dios. - Las Confidencias

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