lunes, 27 de junio de 2016

¿Recuerdan, para quienes hayan visto la película 2010, cómo empezaba? Una voz en la oscuridad decía:
My God, it's full of stars
http://www.utah3d.net/utah-travel/southern-utah/red-canyon-milky-way.html


Click luego botón derecho "Fullscreen"  y mueve el ratón con suavidad.
___________________________
"Si dejamos a nuestra imaginación vagar por entre las estrellas, quizá también nosotros oigamos el susurro de la inmortalidad"
- Freeman J. Dyson 
______________________________

sábado, 25 de junio de 2016


Jürgen Habermas, en el impresionante marco de la iglesia de San Pablo en Fráncfort. "Lo más inquietante", dijo, "es la irreversibilidad de los sufrimientos del pasado —la injusticia infligida contra personas inocentes, que fueron maltratadas, degradadas y asesinadas— sin que el poder humano pueda repararlo. Y añadió:La esperanza perdida de resurrección se siente a menudo como un gran vacío.

Extracto de un párrafo de un ensayo titulado “¿Vivir sin ética, vivir sin religión?” que Manuel Fraijó escribió en El País el 8 de Febrero de 2014. Quisiera a raíz de ese ensayo desarrollar un rato más el tema que se expone acerca de la ética y la religión, de sus similitudes y sus diferencias.

CÓMO  EL CIELO LO HARÍA POSIBLE NADIE LO SABE

Puede, en verdad, el dolor convertirse en lo más dramático de la vida por su condición de haber pertenecido al tiempo. Es decir, se queda atrapado en el recuerdo y puede volver una y otra vez a insinuarse amenazante en el pensamiento. Imaginarnos fuera de las garras del tiempo resulta imposible, tan imposible como imaginarnos fuera o distintos de lo que somos en vida. Vida y dolor van unidos. El dolor viene por lo tanto a ser un hecho irreversible del que no podemos ser indemnizados, (cómo el Cielo lo haría posible nadie lo sabe) Se convierte de esta forma en una cicatriz indeleble. Como se dice en inglés, “forgiven but not forgotten” se perdona pero no se olvida. De esta manera, esa cicatriz parece pesar sempiternamente tanto aquí como en el más allá. Tal vez sea este hecho el que de veras trae a colación el auténtico sentido de la religión, de donde se yerguen dos pilares fundamentales la Fe y la Bondad sobre los que se apoya un dintel, la Salvación (el Cielo).
Antes de seguir leyendo quiero subrayar algo, es una condición que todos debemos entender ya de una vez por todas; la religión no es una ciencia y por lo tanto no da una respuestas categóricas. De su efectividad y convicción dependen factores personales. ¿Por qué creer entonces en ella? bien ¿Por qué no creer? ¿Acaso el hecho de no poder objetivar o concretizar una idea en una fórmula física significa que carezca de valor, que es errónea o inútil? Así, dado este caso, se nos dejaría en bandeja de plata la palabra Esperanza escrita en un sobre cerrado, que tarde o temprano debemos abrir para leer si hay o no respuesta a nuestras tribulaciones. Entiendo que no es tan fácil el que nos abandonemos a la incertidumbre de lo que al final de nuestras vidas pueda juzgarse, pero por desgracia no nos queda otra.
La Esperanza viene precedida por la idea de Salvación. Esto es connatural a todo ser vivo. Quien diga que no tiene interés por sobrevivir más allá de la muerte, miente. Se puede tener una actitud negativa o derrotera por falta de respuestas firmes pero nunca negar las ganas de vivir. Quien no quiera vivir es porque sufre y en el fondo lo que se desea es vivir mejor. La fe entraría aquí como una fuerza que nos ayuda a continuar esperanzados, pero entiendo que la fe por sí sola no vale para muchos.
Sin embargo, hay razones de peso para creer y/o mantener las esperanzas por lo que el más allá nos pueda presentar. Tenemos la metafísica, que sería una especie de religión inferida, ponderada, que da impulso a creer que ciertos fenómenos de la naturaleza y la mente juegan a nuestro favor. Algo nos queda aunque siga escondido en lo misterioso, en lo que hasta hoy sigue siendo impenetrable. Podemos entrever en el azar una fuerza teleológica que busca un estado diferente de las cosas, un progresivo perfeccionamiento. Podemos creer en un universo que esconde energías aún por descubrir y que cambiarán el rumbo de los acontecimientos que ahora creemos invariables. Y podemos creer también en nosotros mismos, que traídos hasta aquí por los mismos acontecimientos de la salvaje y caótica naturaleza poseemos una inteligencia distintiva y única en la historia de lo hasta ahora conocido. Aquí es donde se revelaría la Ética.
Si la Ética (Bondad) descansa en la voluntad es para que, con libertad e inteligencia, pueda ser utilizada. Sólo ella nos puede conducir por un camino de mutuo afecto y entendimiento entre humanos, animales y la vida entera que se despliega por este planeta. Con el tiempo podríamos ir más allá de donde nos anclamos gravitacionalmente y con el tiempo llegar hasta donde no podemos ni imaginar. Esto es religión, quieran o no entenderlo. Eso sí, es necesario que nos pongamos de acuerdo en las directrices a seguir, que vienen marcadas por consabidas, pero tantas veces pisoteadas o mal interpretadas, reglas que nos son afines a todas las razas del mundo. Sabemos de qué va el Amor, la Empatía, el Respeto, la Generosidad. Son valores que nos ayudan a prosperar individualmente pero que involucran forzosamente a la sociedad, que exigen mucha responsabilidad y librarse de prejuicios y egoísmos ¿Y por qué esto no se acaba de comprender? Pues porque aún no se entiende que esto es Religión. Si no se tiene sentido de lo que es la Religión no se tiene sentido de lo que es la Salvación y viceversa.
También la Ciencia tiene mucho que decir al respecto. Su preponderante papel hoy en día no hace sino servir a dos causas que implican a la religión, aunque sea tácitamente. Por un lado la ciencia expone lo que hay, y dada la envergadura de lo mucho que se exhibe, no parece sino situarnos ante una perspectiva divina. Los hay que no lo ven de esta manera porque su carácter irracional no deja clara evidencia de jugar a nuestro favor, si bien el principio antrópico diría lo contrario. Por otro lado, está en nuestra sabiduría, de la que tanto debemos a la naturaleza, el poder de extraer lo que nos conviene para nuestra Salvación, como así está sucediendo desde tiempos inmemoriales, desde que se empezó a dominar el fuego hasta el control de las energías nucleares. Claro que aquí apelamos nuevamente a la Ética si queremos continuar con éxito la labor de seguir con vida más allá de lo sentenciado por nuestro ADN.
Por todo esto y mucho más la religión se convierte en una doctrina que engloba a otras esferas de la sabiduría. Pero ha de ser, como el resto de los sistemas, una doctrina abierta por adaptarse a nuevos enfoques que van emergiendo del trato que mantenemos con la naturaleza. Puesto que eso que llamamos Dios es un ente libre del que si no lo sabemos todo, (como de hecho no lo sabemos) estamos obligados a liberarnos de dogmas ciegos y abrirnos a cualquier apertura de caminos que puedan guiarnos a un mejor y mayor conocimiento.

No tenemos una respuesta que justifique el dolor. Si la tuviésemos ni el dolor ni la vida serian lo mismo. Más aún, seguramente una respuesta convincente a esta maldición y desdicha que padecemos sería la panacea celestial, y que algunos así lo intuyen como la esencia de la religión. (Cómo el Cielo lo haría posible nadie lo sabe) Sufrir no es una opción, sino quizás la fuerza que nos empuje hacia algo todavía incognoscible pero divino. No hay peor aflicción que la de quedarnos sin una chispa de esperanza mientras haya espacio en la inteligencia para pensar. Los sueños nos acompañan a todas partes. Sigamos al menos creyendo. ¿Qué otro santo remedio nos queda?  - AllendeAran


"La religión no es un experimento sino una experiencia de vida, a través de la cual se forma parte de la aventura cósmica" - Raimon Panikkar
"Los hombres están acostumbrados a considerar el ser como algo carente por completo de voluntad, como una especie de añadido a la esencia. Pero si prestaran atención a la existencia interior, encontrarían lo contrario y, por ejemplo, observarían que sin la participación de su propio yo las mejore predisposiciones que pueda haber en ellos no pueden llegar a la realidad" - F. Schelling


"Hacer de la muerte vida, no es algo tan mágico
Pocos son los que están muertos del todo
Sopla sobre las brasas de un hombre muerto
Y un viva llama prenderá" - Robert Graves

"Si ustedes quieren, pueden ponerle el nombre de Dios a este propósito trascendente. Si es Dios, es un dios sociniano*, inherente al universo y creciendo junto con él en poder y conocimiento. Nuestras mentes son no sólo expresiones de su propósito sino también contribuciones para crecimiento." - Freeman Dyson

____________________________

domingo, 29 de mayo de 2016

El recuerdo es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados. - Jean Paul

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
    de lluvia tras los cristales. 
- A. Machado


¿DONDE SE ESCONDE  EL RECUERDO?
El recuerdo permanece escondido en las profundidades de nuestro pasado igual que un tesoro, aun inmaterial, nadie lo cambiaría por ninguna otra riqueza prometida del futuro. Es algo que, por haberse vivido, forma parte fundamental e imborrable de nuestro Yo. Es un hecho consumado y como tal, queda cerrado al uso de las contingencias. Es algo que en ocasiones conviene desvelar, rescatar del olvido y verlo a la luz interior para degustar su sabor a nostalgia. Entonces, como la escena de una película, viene a revelarse vivo, con tanta veracidad como lo hace el presente, dando así fe y testimonio de que un día fuimos vida, existencia de otro color y otra forma, que perdura, todavía aquí, sin que el paso del tiempo lo haya podido borrar. Porque el recuerdo se expresa a veces tan nítido y fuerte que parecería habitar ubicuo y eterno en algún rincón del aire y evocarlo fuera tan fácil como respirar hondo, como cuando abrimos una ventana una mañana temprano y el aire nos anega de frescor. ¿Te acuerdas? Parece que fue ayer.

Resulta curioso que lo que fue pueda volver a ser, ser sentido, pero esta vez sin mácula que pueda alterar lo que fue. Alegra o entristece pero no hay dolor físico. Lo aceptamos como cuando vemos una película. Comedia o drama, estamos aquí para sentir, y por nada queremos perder el contenido del discurso al que asistimos en cada presente; nuestra mayor fe de vida que queda ubicada en la memoria en forma de película. Hay recuerdos buenos y malos, pero podemos alterarlos a nuestro capricho. De los malos, preferimos no acordarnos y así, con el paso del tiempo, quedan más difusos y oscuros. De los buenos, en cambio, preferimos evocarlos, pues son reliquias dulces que nos gusta saborear de vez en cuando. Y resulta curioso también, que cuando uno se recuerda a si mismo nos veamos fuera de nuestro Yo, como si fuera otro quien nos contemplara desde un ángulo distinto al que ocupamos. ¿Quién nos filma? ¿Cómo lo hacemos? ¿Dónde habitan estas escenas que sabemos pertenecen a lo que vivimos en cierto momento, que podemos incluso diferenciar lo real de lo ficticio? ¿Cómo, si la sustancia de la que están compuesta tanto sueños, pensamientos como recuerdos no llegan a confundirse? ¿Por qué y de qué manera pueden quedar almacenados en el cerebro y surgir en la mente para hacerse sentir casi tangibles ahora?

La ciencia habla de funciones neurofisiológicas, de circuitos reguladores bioquímicos, de interacciones electrónicas, de proteínas.., todo física y química en definitiva. Sin tener que negar nada de esto, la ciencia no nos lleva sin embargo a buen entendimiento acerca de las emociones, de cómo el pensamiento que tenemos de una cosa, sea un árbol, una casa, un perro, se puedan sentir con parecida intensidad a la realidad. Conocer los componentes y funciones del hardware de un ordenador no dice gran cosa de por qué y o cómo debe operar, con qué intenciones, ni si siente, ni padece. Alguien externo al ordenador maneja la información que éste almacena. Ese es el principal objetivo que viene predeterminado por una intención estudiada a priori. Un Yo que parece escondido en alguna parte, alejado del conocimiento científico y que persigue afianzar su existencia en perpetua comunicación, mediante los sentidos, con la vida externa, que persigue dilatar su conocimiento, conocerse así mismo, erigirse como ser vivo y creativo y subsistir. ¿Qué buscamos en el ordenador? ¿Qué buscamos en nuestro cerebro? ¿Quién inicia aquí la pregunta? ¿Quién es aquí el director de la orquesta? ¿Quién el compositor?

Si por algo cambiamos la vivencia genuina del presente por el recuerdo no es sino porque el presente se nos presenta a ratos insustancial, poco provechoso. A menudo las circunstancias vienen vacías de contenido, por lo que nos aburrimos, y de ahí que un recuerdo nos pueda salvar del tedio. Hay momentos quedos, que demandan reposo, que la vista se detenga de observar afuera y mire hacia dentro, hacia atrás en el pasado. Sabemos que el tiempo es inasible. Aunque parezca acompañarnos constantemente, se muestra huidizo cuando queremos atraparlo y sólo el recuerdo nos hace creer que efectivamente el tiempo fue, que lo tuvimos para que una escena se formara y quedara grabada en la mente. Así es únicamente como el tiempo permanece vivo y se hace creíble, porque el presente se derrite en un fluido y el futuro es una lejanía que jamás llega a presentarse, (ya que de hacerlo dejaría de ser futuro) ¿Qué nos queda entonces sino el recuerdo?

Si has vivido tendrás mucho con lo que soñar. Aquella tarde cuando el viento sacudía las ramas de aquel árbol. Tú leías tal vez un libro en la cama, convaleciente de alguna enfermedad. La infancia, esa etapa libre de responsabilidades. El camino hacia la escuela que la lluvia vino a mojar en invierno. Las primeras Navidades. El estuche nuevo de pinturillas. El caluroso día de verano frente al mar. Los tebeos que pendían en los cristales del kiosco. Tu otra forma de vestir en aquellos años. Tus programas preferidos de la tele. Las excursiones con tus compañeros de colegio. Los domingos de antaño, cuando vestir era estar guapo y limpio. Tu primer amor. Cómo ha cambiado todo, que distinto pero que por nada quieres que desaparezca. Lo queremos tal como fue, nada más que lo que queda al recordar, valorado como paradigma de la sencillez y pureza de aquel entonces, cuando no llegaste a sospechar que el transcurrir del tiempo lo escondía enterrado en los fondos de la memoria..., ahora que los años te pesan.

Podemos, por tanto, creer en verdad que hay algo que permanece inalterable, anclado en la eternidad. Que algo nos queda al margen del continuo devenir que el mundo manifiesta. Sabemos qué fue cierto y qué fue una ensoñación. Pero aún más, intuimos que el recuerdo no simplemente anida en las miniaturas corpusculares de la mente, escondido en los entresijos viscerales del cerebro. La luz, que todo lo exhibe, parece participar en este fenómeno creativo. Quiero imaginar que la luz hospeda imágenes de cuanto haya podido estar iluminado, y se las lleva consigo en su viaje inquieto sin dirección fija hasta donde el espacio le dé holgura. La luz contiene información de cuanto acontece bajo su manto inmenso de radiación, en nosotros está la esperanza de que de algún modo un día, todavía lejano, podamos participar de lo que otro día fuimos, visto desde infinitos ángulos y modos, en una proyección sin límite, ver épocas, generaciones, eras, historia, todo lo que consideramos pasado y fue parte esencial de nuestro Yo, lo que vivimos y más aún, lo que quisimos haber vivido. - AllendeAran


La vida sería imposible si todo se recordase. El secreto está en saber elegir lo que debe olvidarse.  -R. Martin D Gard
“Si busco en mis recuerdos los que me han dejado un sabor duradero, si hago balance de las horas que han valido la pena, siempre me encuentro con aquellas que no me procuraron ninguna fortuna.” - Antoine de Saint-Exupery


"...es importante darse cuenta de que definir la emoción o el sentimiento como algo concreto, tanto desde el punto de vista cognitivo como del neural, no disminuye su belleza o su horror, o su condición en la poesía o en la música. [...] Comprender los mecanismos biológicos que hay detrás de las emociones y los sentimientos es perfectamente compatible con una visión romántica de su valor para los seres humanos." - Antonio Damasio
__________________________

SUGERENCIAS PARA EL RECUERDO: 
Una lectura: OCNOS  "Luis Cernuda"  - Una película: THE LONG DAY CLOSES 1992 "Terence Davies"  - Música: SUITE FOR VIOLA de Ralph Vaughan Williams.
____________________________

miércoles, 13 de abril de 2016

"Todo hombre, en general, debe de haber conocido un punto de inflexión en su vida, el punto nocturno en que su ser se contrae." - Hegel
"A los hombres, tras la muerte, les aguardan cosas que ni esperan ni imaginan"  - Heráclito
SIN UN DESTELLO DE CIELO

Sea la religión o la metafísica, la ciencia o la filosofía, todas ellas, de forma implícita, buscan cómo salvar al ser de su inevitable destino, la muerte. Quiere el pensamiento salvar a su Yo, a plantar la vida exigua en un más allá, de trascender, de seguir existiendo como sea. Desde Platón el idealismo se dibuja calculadamente con el objetivo de trascender, y a partir de ahí todas las filosofías han venido a contradecir o intensificar nuestras expectativas por un mejor o peor existir. Para unos la realidad es como se muestra y es de cobardes no reconocer su autenticidad como sustrato objetivo independiente de nosotros. La realidad nos supera. Para otros la realidad está porque estamos nosotros, nuestra mente, y está para interpretarla y moldearla a nuestro capricho, no es sino apariencia. Sea como fuere, si hay algo que me sorprende de toda la historia beligerante del pensamiento es que nadie se haya planteado la pregunta desde una perspectiva más aguda y visceral, ni siquiera la religión, ¿Se puede en verdad imaginar un Cielo dadas las leyes establecidas en la vida que nos corresponde? No hablo de creer con fe, sino de imaginar, de idealizar ese concepto para que así se pueda uno poner con voluntad ferviente a trabajar en el proyecto, a confiar que de alguna forma recuperemos nuestro Yo con aquellos que parecen haberlo perdido tras morir. ¿Cómo es el Cielo para que podamos creer en él?
No se puede. Hay un obstáculo ineludible al que estamos subyugados y que hace la idea de la eternidad imposible. El tiempo. Para empezar, la felicidad que buscamos y que viene derivada del malestar que las circunstancias negativas nos deparan, no parece tener sentido más allá de una limitada temporalidad. Diríamos que dura un instante, porque hay que situarlo necesariamente en el tiempo y el tiempo viene marcado por vicisitudes donde distintas fuerzas de polos contrarios pugnan por la producción de algo que no es desconocido hasta ahora. Recuperar en el más allá lo que acá se nos niega no podría ajustarse en el tiempo. Inmersos en la felicidad no hay por qué actuar, no nos empujaría necesidad alguna a movernos, por lo que nos mantendríamos estáticos, impertérritos a cualquier sensación. De manera que imaginar ese paraíso en el que fluye la eternidad tal y como la hemos pensado en cierto instante duraría lo que ese instante demanda, ¿y después qué? Chocamos con la imposibilidad de recrear un paraíso que durara para siempre. El infinito visto desde esa perspectiva nos produciría vértigo, hastío.
No quiero ser partidario de que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Esto se puede mejorar. Hay países en los que se vive mejor que en otros. Hay personas que son más felices que otras. Pero eso de lo que depende tanto la felicidad de unos como de las ventajas que se ofrecen en unos países es un trabajo constante que se debe cuidar teniendo en cuenta directrices humanistas y cosmológicas. Se necesita mucho respeto, empatía, esperanza, y empezar a borrar esos caminos que nos conducen a un nihilismo oscuro, al yo egoísta y materialista. Se necesita estudio, convicción renovada de que hay futuro, de que sí se puede. Se necesita filosofía, arte. Y hay tantas salidas como la imaginación quiera, basta que la voluntad sea firme en su disposición. Aun así quedarían, en una sociedad laboriosa por el bien y el progreso, quedarían los accidentes inesperados por los que se sufre. La naturaleza que parece ser ciega a nuestros intereses en su devenir decidido nos zarandea. Nosotros mismos cometemos errores. ¿Qué respuesta podemos presentar a quienes sufren las contingencias de una historia desacertada? A quien de súbito muere tras sufrir un accidente, a quien padece una enfermedad, a quien nace desfavorecido físicamente, ¿cómo podemos exonerar a tantos de tanto dolor? Se necesita la idea de un Cielo probable, fidedigno, que pueda darnos consuelo, pero desafortunadamente algo calla, algo nos impide dar verdad a esta idea conceptual. A veces, por quedar, no nos queda ni la intuición, ni la fe.
Con frecuencia pienso que la muerte se nos presenta con tanta tragedia que parecería esconder una función distinta de lo que es o aparenta. La muerte resulta tan sospechosa en su crueldad y tenebrismo que parecería ocultar algo. Es tan esperpéntica que debería dar risa en vez de miedo. Encaja en la vida porque sin ella no habría vida. Sin la muerte no entenderíamos cómo podría funcionar el universo, no sabríamos cómo ni de qué manera el todo que nos rodea podría existir como tal. Si somos humanos es porque somos mortales. Y sin embargo, a la vez, conviviendo con ella, cuando la miramos de frente y aceptamos lo que es, (que a todos nos toca tarde o temprano) nos da un miedo porque rompe todo convencimiento de creer que merece la pena vivir. Haber venido aquí para estar sin saber y luego no estar sin saber por qué. Con o sin la muerte, la vida se contradice, se revela absurda y anodina.
Corresponde a nuestro intelecto encontrar una solución a este acontecimiento siniestro, para así dar valor efectivo a la existencia y no perder las esperanzas en lo que somos. Pero por más que nos estrujamos los sesos, ni la religión, ni la metafísica, ni la ciencia han sabido ofrecer respuesta que bajo las directrices del razonamiento podamos asumir. Cierto que hay un devenir perpetuo que conjugado por fuerzas antagónicas va desarrollando nuevas formas de existencia al margen de nuestras finalidades. Podemos creer que hemos llegado con la vida y el pensamiento a la mayor sofisticación posible, pero por desgracia es insuficiente. Esta fase del ser carece de muchas facultades, somos demasiado vulnerables. Nadie se conforma con estar ahora y desaparecer luego, olvidados en la nada. Se sufre. Es por eso que tenemos la obligación de buscar una causa que el razonamiento (u otra forma de intuición) justifique con plena satisfacción la existencia. Algo convincente que nos dé paz, seguridad, fortaleza para continuar adelante. ¿Es esto únicamente responsabilidad nuestra? ¿Acaso la historia no es el acontecimiento que viene buscando esto, un proceder o método, que nos asegure un futuro estable? Y sin embargo… ¿por qué es tan difícil ponerse de acuerdo en esta empresa? 
El Cielo sigue manteniéndose distante, igual que ese azul jamás alcanzable en el que la vista se hunde perdida al mirar arriba. No hay forma de entender cuál debe ser el paradigma que nos lleve a encontrar ese camino seguro, la Idea de todas las ideas. No digo llegar a un fin, porque eso suena a encontrarse con la muerte, sino a ese algo aún indeterminado que nos libere de tanto sacrificio y dolor injustificable. Hasta hoy nada nos ha llegado con el poder necesario para hacernos tomar ese rumbo abierto a la salvación. Seguimos tan desorientados como cualquiera de nuestros antepasados. El Cielo se resiste a crear sus reglas, se torna inimaginable. Solo me cabe la esperanza de que los siglos ulteriores vengan marcados por otras leyes físicas o espirituales, no sé, o mezcla de ambas cualidades, pero leyes más dúctiles, que puedan ofrecer mejores principios para una esperanza más clara. Porque de momento el ser de los muertos de nada habla sino de silencio, y eso nos duele, a nosotros los vivos. Puede que como un acertijo encriptado no tengamos derecho a saber más, y no nos quede otra cosa que la fe. Puede que sea deber nuestro el edificar horizontes a partir del sufrimiento, pero si después de tantos siglos poco hemos logrado aliviar nuestra dolorosa desazón tal vez lo único que nos quede es dejarnos llevar y que el mismo destino nos ampare. Aquí estoy sin saber por qué, tanteando a ciegas. Allí, donde sea, al inconcebible lugar que llaman Cielo, ¿llegaré? La fe, sólo la fe. - AllendeAran
                                                                                 

 
                                                                                                                               Mathieu L.
"Lo que llamamos naturaleza es un poema cifrado en maravillosos caracteres ocultos. Pero si se pudiera desvelar el enigma, reconoceríamos en él la odisea del espíritu que, burlado prodigiosamente,  huye de sí mismo mientras se busca; pues mediante el mundo sensible como por palabras, como a través de una niebla sutil, el sentido ve el país de la fantasía al que aspiramos."      -  F. Schelling
"¿Tiene el mal algún final? Y ¿Cómo? ¿Tiene acaso la creación alguna meta? Y, si esto es así, ¿Por qué no se alcanza inmediatamente, por qué no se da la perfección ya desde un principio? Para esto no hay más respuesta que la dada: porque dios es una vida y no sólo un ser. Y toda vida tiene un destino y está sometida al sufrimiento y al devenir. - F. Schelling

 
"En la jerarquía de las cualidades la próxima cualidad hacia la más alta posible es la divinidad. Dios es el universo entero involucrado en un proceso por emerger esta nueva cualidad, y la religión es el sentimiento que nos encauza hacia él, y estamos atrapados así en el movimiento del mundo que va hacia una existencia de mayor nivel."  - Samuel Alexander
"Debemos entender que la divinidad no es como tal cognoscible, no se encuentra delante de nuestras mentes como sustancia observable [...] sino que el mundo actual contiene la semilla de su futuro, si bien lo que se forme en el futuro está escondido de nosotros."  - Samuel Alexander                                             

                                                                                                                   Marcin Stawiarz
"No podemos pensar cómo la unidad del mundo puede hacerse algo múltiple; de lo eterno, algo variable: lógicamente, eso es incomprensible. [...] Sólo queda de estos sistemas metafísicos un estado de ánimo y un idea del mundo."  - Wilhelm Dilthey
"En las experiencias vitales, en las actitudes ante el problema de la vida. En estas actitudes se funda la multiplicidad de los sistemas y a la vez la posibilidad de diferenciarlos. Cada uno de ellos afecta al conocimiento de la realidad, la valoración de la vida y el establecimiento de fines." - Wilhelm Dilthey

______________________________

martes, 1 de marzo de 2016

"La Razón Humana no puede encontrar la verdad, si no es dudando... Se aleja de la verdad cada vez que juzga con certeza. Quien duda sabe, y sabe más de lo que pudiera"  - Giacomo Leopardi

LA DUDA
No me cabe la menor duda de que vivir en la duda es inquietante, incómodo, produce inseguridad, malestar, pero tampoco me cabe la menor duda de que vivir en la certeza te dé mayor seguridad o te haga ser más feliz, menos aún sabio. La certeza dura lo que tardes en acomodarte a ella, luego, cuando menos te lo esperas, por confiado, te dará sorpresas. Inesperadamente algo cambiará que te hará desconfiar de la paz en la que habitas. Todo es un estar pero sin estar, un ser siendo, un devenir, un nuevo acaecer que no intuimos, que no vemos venir y que termina por arrebatarnos la confianza puesta en el momento. Nos quedamos perplejos, cuando no heridos. Adiós paz, adiós felicidad ¿A qué atenernos pues? ¿Hacer o no hacer? ¿Buscar con el propósito de encontrar o dejar de buscar? ¿O bien cuando se encuentra seguir inventando qué más buscar? Más leña para el fuego, la duda continúa así ardiendo.
Cuando la duda nos sermonea no es por otra cosa que por las ganas de llegar a una certeza, saber la verdad de un asunto, un fenómeno. Y es que, la supuesta verdad es un sendero fijo por el que podemos caminar libremente. “La verdad os hará libres" dijo San Juan, pero si luego no sabemos que  hacer exactamente con la libertad que disponemos no habremos entendido el verdadero conocimiento. Es decir, si nos atenemos solamente a la verdad, la EMPIRÍCA, y la respetamos como si fuese una ley rigurosa e inquebrantable, porque responde al modo objetivo por el que las sociedades se forman, se mueven y progresan (pero que en nada prometen un futuro digno más allá del materialismo hedonista) estaremos condenados al sinsentido, a un repetitivo descontento. Las verdades, por lo general, no parecen asentarse gustosamente a nuestros deseos más queridos. Habrá quien diga que la verdad siempre es bienvenida pero no es así. Por verídica tenemos a la muerte, y nadie la quiere, y toda verdad apodíctica deriva en la muerte, igual que el final de una novela, cuando la trama queda resuelta.
La ciencia es, por antonomasia, la verdad peor ajustada a nuestro Yo y libertad, y no por ello huimos de su arrebatador carácter dominante de axiomas y fórmulas. Es objetiva porque encaja dentro del cálculo mental que todos entendemos y que (supuestamente) nos ayuda a prosperar, gracias a su carácter firme y evidente, cargada de lógica, aparentando ser neutral e ineludible, pero que poco o nada nos comunica a nuestra manera subjetiva de ver las cosas. Porque las cosas tienen esa doble cara de ser, ser aparentes en el arte y ser reales en la ciencia. Somos por lo tanto un mundo partido en dos, el de fuera y el de dentro, un punto infinitesimal entre el pasado y el futuro, un mundo en el cual buscamos acomodarnos a una verdad cualquiera, pero en cuanto sentamos en culo en ella el aburrimiento viene a incordiarnos con nuevas propuestas. Parece muy cómodo asentarse en la verdad y sin embargo puede estar engañándonos por falta de calculo o perspectiva.
¿Pero es este un círculo vicioso del que nos gustaría escapar porque no acertamos a entender? ¿Pero entender qué? Desde que la historia ha traído al hombre a escena se le ha presentado como un personaje asustado, amenazado y sacudido por un oleaje de incógnitas y desastres. Pocas veces ha sabido aplacar las tempestades que le acometen sin derramar sangre, y pocas veces ha quedado satisfecho al dilucidar parte del entramado de accidentes, causa y efecto, por el que el Universo se manifiesta. Tantos accidentes hay y tan sutiles que le saturan. Si algo descubre y consigue subyugarlo a fórmulas, algo nuevo surge que antes ignoraba y viene de nuevo a inquietarle. No puede, no sabe descansar. Las verdades a las que se aferra logran zafarse de sus herméticos postulados. Las ciencias exactas a las que rendimos pleitesía sólo son parte de un entramado infinito de fenómenos ingobernables. Las mismas ciencias exactas por las que se han edificado sociedades fértiles han acarreado también no pocas desgracias involutivas, y amenazan, hoy en día, (por su construcción severamente objetiva) en despojar al ser humano de su mejor cualidad… ¿Y cuál es ésta? Pues precisamente aquella por la que se rige el Yo subjetivo, la libertad del mundo personal, la intimidad desde la que se accede con estilo propio al entendimiento y que depende indudablemente de la duda para fortalecer su existencia.

No se puede traicionar lo subjetivo por consolidar una realidad objetiva común a todos. Cada cual tiene un quehacer al que servir. Es lo que nos diferencia y debería unirnos. Qué sería de nosotros si pensáramos todos lo mismo. Sólo desde la duda, desde la distinta mentalidad subjetiva de cada individuo se puede descongestionar la agarrotada condición de este mundo reducido a recetas y fórmulas a las que obedecemos igual que borregos. Estamos para respetar nuestra visión personal, la humana, para exponer una verdad afín a nuestro carácter sin necesidad de caer perdidos en lo caótico.

Una vez más me convenzo, (aunque mejor sea no estarlo del todo) de que es la duda la que abre espacio para que pongamos nuestra productividad en marcha. La única certeza dada por válida seria aquella que despejara el campo al mundo de las nuevas posibilidades. Si desde la verdad hallada se despeja un horizonte abierto a mayores posibilidades de aventura, conocimiento, entretenimiento, esa verdad será válida, esa será la auténtica. Debemos aprender a convivir con la incertidumbre sin que nos produzca desasosiego. No es tanto un dejarse llevar por la corriente de los acontecimientos como si fuéramos a la deriva, sino únicamente luchar por que las verdades futuras, si vienen a cerrarnos el paso, no sean consentidas y sean desterradas por lo tanto de nuestra consideración. A esas verdades irrefutables, amuralladas en una sola realidad, que nos intimidan y acobardan, hay que excluirlas de nuestro conocimiento porque mienten.

La naturaleza nos ayudará a no quedar entumecidos, porque ella misma tiene la impronta de una infinita variedad de prodigios que la respaldan en su quehacer constante. No por ser ella ininteligible va a ser menos atractiva. A ella le incumbe que el Yo subjetivo, enemigo de lo fijo y la certeza, ante la abisal libertad de que dispone para la creatividad, se ocupe igualmente en producir, arte y vida, nuevas ideas, nuevas esperanzas. Debemos aprender a vivir con y de la incertidumbre, a divertirnos con la aventura y a incentivarla. Tenemos tiempo y espacio de sobra, lo que hace que nunca podamos parar. Y que por encima de todo este fenómeno insólito sea nuestro más fiable consejero el sentimiento, la plenitud y el goce, algo a lo que la exactitud no suele corresponder.


“Qué superficiales, simples e imperfectos son los esfuerzos por sondear las profundidades de la naturaleza de las cosas. En la discusión filosófica, el mero indicio de una certeza dogmática como finalidad de un principio es prueba de la insensatez.” -A.N. Whitehead
"Es menos malo agitarse en la duda que descansar en el error."   
-Alessandro Manzoni



"Para disipar una duda, cualquiera que sea, se necesita una acción."
  - Thomas Carlyle
"La Religión es una cultura basada en la fe, la ciencia es una cultura basada en la duda"  -Richard Feynman
"Hablan mucho de la belleza de la certidumbre como si ignorasen la belleza sutil de la duda. Creer es muy monótono; la duda es apasionante."  -Oscar Wilde

The trouble with the world is that the stupid are cocksure and the intelligent are full of doubt.
Read more at: http://www.brainyquote.com/quotes/keywords/doubt.html
The trouble with the world is that the stupid are cocksure and the intelligent are full of doubt.
Read more at: http://www.brainyquote.com/quotes/keywords/doubt.html
"El problema de este mundo es que el ignorante actúa con arrogancia y el inteligente duda de todo" - Bertrand Russel
"No sé lo que quiero, quizás no quiero lo que sé y quiero lo que no sé"
  -Marsilio Ficino
"Duda que sean fuego las estrellas, duda que el sol se mueva, duda que la verdad sea mentira, pero no dudes jamás de que te amo."  -William Shakespeare

_______________________

sábado, 30 de enero de 2016

"Si la palabra es tiempo, el silencio es eternidad"  - Maurice Maeterlinck

serenidad, pasión y añoranza en la música de 
 GERALD FINZI




A la hora de evocar recuerdos la música es posiblemente el más poderoso estimulante que tenemos para conducirnos al pasado. Si hubo una canción que repetidas veces sonó durante un tiempo, más tarde, después de un largo lapsus de semanas, meses o años, esa música, al escucharla de nuevo, nos dirige de inmediato y con fuerte poder evocador hacia aquellos días olvidados. De algún modo, en el sonido, y en  los olores también, se quedan impregnadas vivencias y sentimientos. Sabemos que son juegos del cerebro en conexión con el hábitat circundante, pero no puede dejar de asombrarnos el hecho de que cuanto vivimos se conserve oculto y dormido en los entresijos de la mente para luego despertar emocionalmente. Como aromas tengo algunos favoritos, el olor de la marea baja en las playas, el olor de los pinos en el monte, la brisa al caer la tarde en verano con fragancia a hierba tostada, el del café, los melocotones…, pero sobre música tengo tantas canciones y temas instrumentales que se me haría interminable incluirlas en una lista. Es más, con los años he adquirido el hábito de crear, sin premeditación, recuerdos con la música que voy descubriendo. Es como si le pusiera banda sonora a mi vida, para después, si así lo deseo, poder rememorar mis días perdidos, sentirlos mejor que si mirara unas cuantas fotos pegadas en un álbum.
Descubrí al compositor Gerald Finzi hará un par de meses, y algunas de sus composiciones me parecieron conmovedoras. Tiene el compositor ese gusto romántico y pastoril inglés, melancólico, muy en la línea de Vaughan Williams o Frederick Delius. Poético con la naturaleza, apacible, es ideal para pasear por el campo sin moverte de casa. Cierra los ojos y siente. No cuenta el compositor con largas sinfonías o conciertos, la mayor parte de sus composiciones son miniaturas orquestales y canciones, pero son obras bien construidas. Contento de descubrirlas (justo cuando crees que ya no queda más por descubrir) las he ido poco a poco degustando en mis audiciones, por casa, y fuera en la calle con mi walkman personal. Pero mi sensibilidad que tantas emociones me confiere me pasa factura, y puede en ocasiones llegar a doler, porque hay circunstancias que mejor dejarlas tal como son, desnudas, secas, sin ataviarlas de mayor expresividad, que pasen sin ornamento, con indiferencia. Mejor que pasen al olvido.
Mi madre ingresó en el hospital el pasado mes de noviembre por culpa de una meningitis y durante 52 días luchó por no cerrar definitivamente sus ojos a la luz. Lamentablemente no pudo ser. Su avanzada edad le dejó sin fuerzas. La insuficiencia renal que padecía no le permitió continuar. El 31 de diciembre se separó de este mundo, inmutable. Durante los días en que la visité (todos, si mal no recuerdo) me mantuve a su lado, a ratos sujetando su mano mientras dormía, y en alguno de esos ratos tuve la “osadía” de escuchar a Gerald Finzi con mi walkman. Principalmente el primer soliloquio de su Love’s Labour’s Lost (The King’s  Poem) y su Égloga para piano y orquesta de cuerda. Sentía, que el sosiego de esos temas proporcionaba la serenidad que mejor se acomodaba a esos momentos difíciles, tan llenos de incertidumbre. Una banda sonora triste por las imágenes que tenía a mí alrededor, pero a la vez sentía que la música cumplía su cometido. Esa música era lo que ella, mi madre, exactamente necesitaba;  Sosiego. Algo así como la quietud propia del descanso merecido después del trabajo, el bienestar de vivir dulcemente. Era como si deseara transmitirle lo que yo sentía al escuchar la música. Que hay otro estar, otro mundo, otra forma de sentir que sin duda le haría feliz.
Pero ya sabemos que eso es imposible, que cada cual entiende la música a su manera, si bien su significado esencial debe ser ecuánime a todos, si sabemos entender lo que el compositor propone en su afán. Y para ello tenemos que educar el oído en consonancia con el corazón y la imaginación. Mi madre nunca entendería ese soliloquio de Gerald Finzi, solo si acaso pudiera leer dentro de mí, habitar en mí. No tuvo ella gran entusiasmo por la música. Sin embargo, pienso en verdad, que quizás el más allá consista un poco en eso, en poder transferir nuestros más profundos sentimientos a los demás, comunicar en silencio lo que palpitó de auténtico dentro de nosotros. Aquello que las palabras no pudieron revelar. Lo que el corazón esconde. Los secretos mejor atesorados y más difíciles de entregar.
Lo que yo no sospechaba en aquellos días es hasta qué punto había estado afilando la hoja de una navaja. Escuchar ahora ese soliloquio o esa égloga para piano y orquesta me corta por dentro las entrañas. No puedo. Es tal la intensidad evocadora de aquellos días en el hospital, tal conmoción bruta, que no puedo escucharlos sin nublarme la vista de lágrimas. La música atesora ahí un deslumbrante recuerdo cargado de afectividad. Es dulce y amargo a la vez. Siguen siendo los temas lo que por esencia son, serenidad, pasión, añoranza.., pero que en mí han venido a cargarse de ilimitada pena. No es que sea un mal recuerdo, porque la música lo reviste de ternura, la que precisaba la dura circunstancia. Pero por ahora mejor no pellizco mi sensibilidad y hago más por fortalecer mi vida durante este largo duelo que me espera. Descansa en paz, le digo, que más larga se me hace a mí la espera (por estar sometido al tiempo) antes de que nos volvamos a ver.  Y aunque mucho me cuesta creer en esa posibilidad futura, mayor es la pujanza de mi deseo para que así sea, y para ello cuento con el infinito.



 "La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos. - Antonio Machado (Paráfrasis de Epicuro).
______________________________

sábado, 19 de diciembre de 2015

"En 1676 el científico holandés Antonie Philips van Leeuwenhoek se quedó mirando por primera vez una gota de agua, aparentemente vacía, a través del microscopio y descubrió que estaba repleta de vida." - Laurence Krauss



DONDE HAY ALGO 
NUNCA HA HABIDO NADA
Si tenemos que admitir como buen ejemplo de la nada el pensar de nuestro pasado antes de haber nacido, deberíamos también pensar qué es lo que ha hecho que se haya roto ese espacio vacuo, ciego, esa nada extendida en regresión infinita, ¿qué ha hecho que de repente irrumpiera nuestro existir aquí consciente? Hay algo que no casa, algo que, como en un juego de magia o un milagro, nos dice que hay un secreto escondido que nadie hasta hoy ha podido desvelar. Por mucho que haya avanzado la ciencia en el revelado de nuestra historia existencial aquí en el cosmos, sigue habiendo un hueco difícil de llenar, un hueco que quien más o quien menos prefiere llenarlo con Dios, o cualquier otra creencia que dé justa medida eficiente a nuestra exigua estancia en la tierra. El hombre de ciencia reniega de la religión, culpa a quienes se esconden bajo esas creencias, sustentadas de fe, porque su método no indaga en la verdad empírica, no se confronta con las leyes evidentes de la física. Yo, sin embargo, aunque les doy la razón, tampoco podría reprochar a esos acérrimos creyentes que están equivocados.
El problema entre ciencia y religión es que ambos se pisan terreno que no les corresponde. Se equivocan en sus acusaciones, se entrometen en lo que no deberían. Si uno cree en Dios a pie juntillas como entidad omnipotente cualquier cosa que descubra la ciencia puede ser atribuida a la inventiva divina. De esta manera todo descubrimiento no es más que una respuesta que Dios expone ante quien investigue curioso que hay detrás de todo acontecimiento. Dios lo inventa todo, nos da el esquinazo, no se deja atrapar. Ahora bien, si la misma religión desea dar satisfacción a sus feligreses cuando pregunten acerca de nuestro pasado y destino lo mejor que puede hacer es callar y dejarlo todo en manos del acontecer divino, sea como sea, para bien o para mal, el silencio es lo que te queda; tu fe. Si no hay conformidad con ello entonces se toma partido por la ciencia. Creemos que hay un mundo real, palpable, que nos duele y deleita a la par. Un mundo propio y sujeto al entendimiento. Ahora corresponde a quien se involucre en la libertad de ese mundo material hacer lectura provechosa de sus descubrimientos y ante esto sí creo que la religión tiene algo que decir .
Por mucho que no queramos, la ciencia nos compromete y auque sus métodos hayan de ser imparciales con lo que se busca descubrir hay detrás de todo una potencia que nos pertenece, la curiosidad, el saber, algo en sí humano. Por lo tanto, el método científico está condicionado a las preguntas que la mente plantea desde la óptica del tiempo. ¿Qué quieres saber? Y de ahí ¿Por qué esto? ¿Cómo es aquello? ¿Para qué…? Todo en definitiva propio de la mente y su estructurada forma de jugar con la naturaleza a través de los sentidos. Reglas que la lógica nos impone pero condicionadas a los sentidos. Teorías que el experimento verifica como verdades pero conducidas por el intelecto, y mucho sentimiento que no cabe en el encuadre científico. Olvídate de la esperanza, de la belleza, del amor, la metafísica, esto no tiene cabida en la ciencia. No es propio de su mundo. Eso dicen los científicos, pero yo tengo mis dudas, porque el arrastre que nos lleva a saber viene siempre predeterminado por el sentimiento de curiosidad, extrañeza, soledad, aburrimiento, deseo de más dominio, de más belleza, de más poder. Elementos potenciadores de la ciencia, elementos humanos al fin y al cabo. Positivos o negativos, eso es algo que la ciencia, a secas, no va a saber juzgar.
Volviendo al tema de la nada. Habría que preguntarse hasta que punto, hasta donde quiere llegar el ser humano al tratar con ideas que parecen fuera de la jurisprudencia mental. El infinito, la eternidad, otras dimensiones, el origen, la nada. Desde la perspectiva de estar vivos, es decir, ser algo ¿cómo vamos a poder creer en la nada? Es igual que si preguntáramos a los muertos si creen en la vida. No podríamos aceptar un “no” como respuesta, porque eso implicaría que están vivos, sólo un silencio sepulcral daría respuesta a la nada, pero que no sabríamos comprender porque, efectivamente, aunque ellos no crean en la vida, la vida existe, nosotros seguimos vivos, estamos aquí como ejemplo. La falta de estimulo sensorial, la inconsciencia que creemos que tienen los muertos no debería asustarnos. Su tiempo es nulo, lo que estimamos dura nuestro universo, unos 13.761 millones de años es comparable a una billonésima de segundo para un inconsciente, menos aún, nada, porque el tiempo desaparece. No hay medida posible, no hay contabilidad, el infinito es tan extenso como el cero.
La nada parece así existir para que al mirar dentro de ella algo se dé. Es como el hueco que sólo existe para dar cabida a algo. Y cuando ocupas su lugar, tal vez al morir, algo acontece de súbito, algo hay, algo surge, algo nace de nuevo. Otra cuestión es saber qué se da para aquellos que no están entre nosotros. Pero la nada, por ser inconcebible desde nuestra perspectiva espacio-temporal, no sirve como respuesta para los fallecidos. La nada en definitiva, no es nada, es si acaso un derivado de nuestra mentalidad que recuerda el pasado, que puede jugar a quitar y poner, y para quitar hay que tener algo antes y sólo desde ese algo podemos entender la nada como un concepto y no a la inversa. Dejemos pues en paz al vacío, apartémonos del sentido negativo de la vida como ausencia, como falta absoluta de algo. Tal idea es errónea, más todavía si consideras que las ideas solo pertenecen a los vivos.


 
"Las leyes de la mecánica cuántica implican que, a escalas muy pequeñas y en periodos de tiempo muy breves, el espacio vacío puede parecer un hirviente y burbujeante caldo de partículas virtuales y de campos cuya magnitud fluctúan violentamente." - Laurence Krauss

 
"Nuestro universo es tan vasto que, según ya he recalcado algo que no resulta imposible tiene virtualmente todos los números de ocurrir en uno u otro lugar de su interior. Suceden constantemente acontecimientos extraños." - Laurence Krauss

 
"Hemos averiguado que el 99% del universo, de hecho, nos resulta invisible: lo forma una materia oscura que, muy probablemente, es alguna clase nueva de partícula elemental, y una energía aún más oscura, cuyo origen sigue siendo todo un misterio en la actualidad." - Laurence Krauss

 
"El espacio vacío es complicado. Es un caldo hirviente de partículas virtuales que existen y dejan de existir en un lapso de tiempo tan breve que no las podemos ver directamente. [...] Estas "fluctuaciones cuánticas" implican algo esencial sobre el mundo cuántico: nada siempre produce algo, aunque sólo sea por un instante."  -  Laurence Krauss
 
Esta entrada se ha inspirado en el libro de Lawrence Krauss "Un Universo de la Nada". Ediciones del Pasado y Presente.
____________________________