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viernes, 7 de diciembre de 2012

JOHN CONSTABLE

El paisaje inglés visto con la mirada romántica de John Constable (1776 - 1837)  En un principio se interesó por los retratos y cuadros religiosos pero pronto cambió a pintar las escenas bucólicas que le rodeaban en su región natal, Suffolk, El Valle de Dedham, también conocido como el "El País de Constable". Su idea no era acercarse al realismo sino más bien provocar sentimientos intensificando los rasgos del paisaje bajo la fuerza de la luz. De sus encuadres luminosos, de amplios espacios y escenas campestres de apacible dulzura pasó a estudiar las nubes y desviarse hacia contemplaciones más sombrías y melancólicas. Según él «La forma de un objeto es indiferente; la luz, la sombra y la perspectiva siempre lo harán hermoso». Las pinceladas de Constable relatan la vida rural de una época admirable, de intensas emociones, el romanticismo. Es fácil imaginar a ciertos poetas ingleses paseando por esas veredas frondosas bajo esos cielos altos colmados de voluminosas nubes. Qué no daríamos por convertirnos por un instante en uno de esos personajes que aparecen retratados en muchos de sus cuadros al amparo de la quietud.
"A quien lleva tiempo recluido en la ciudad
le resulta muy dulce de observar el hermoso
y claro rostro del cielo - exhalar una oración
que se abra en la sonrisa del firmamento azul. "
John Keats









"Pero aquí tan sólo existe la luz, que desde el cielo las brisas impulsan
a través de sombras frondosas y tortuosos caminos cubiertos de musgo"
John Keats


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lunes, 2 de julio de 2012

ENDIMION
Mi primer encuentro con John Keats no tuvo nada de romántico. Estaba curioseando libros de poesía en el Corte Inglés cuando dí con uno titulado, Endimión. En la portada aparecía uno de los retratos de Keats y su pose y vestimenta de época ya me dijeron algo especial. Tenía yo dieciocho años y en la escuela sólo aprendíamos literatura castellana, por lo que de autores extranjeros poco se conocía. Había que ir de autodidacta. Cuando empecé a leer entre páginas para ver si el tema y estilo iban a ser de mi agrado quedé al poco convencido. Y es fácil saber por qué. El mito de Endymion, (el pastor latmio, al que Jupiter condenó a dormir eternamente a petición de Selene, la Luna, para que ésta pudiera contemplarle siempre que gustara) lo eligió Keats para libremente personificarlo, de manera alegórica y, en consecuencia, pudiese abrir ventanas a toda índole de escenarios oníricos. Lamentablemente, el poema (unos 4.000 versos, divididos en cuatro libros, de métrica libre y rima copiosa en pareados) tuvo un desarrollo enmarañado por la cantidad de apéndices, invocaciones y circunloquios que, amén de su narrativa soterrada de visiones, acabó mal digerida por la crítica de su tiempo y por lo tanto severamente castigada. Es por eso que, leas por donde leas, la imaginación queda deslumbrada, henchida, ante el acopio de exóticos y suntuosos pasajes.
Endimión es un precioso poema, pero para leer a trocitos, cuantos más cortos mejor. Es para saborearlo como un bombón exquisito del que no conviene abusar ni mezclar con otros. Un breve fragmento al día es suficiente. Su sabor perdura. 
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"¿Por qué tal atardecer de oro?
La brisa se mece con tanto cuidado y suavidad
que ni una hoja puede caer antes de que el sereno padre
de todas ellas incline su cabeza estival bajo el oeste.
Estoy ahora de aliento, de habla y de presteza poseído,
mas al ponerse el sol debo decirte adiós para siempre.
La húmeda hierba esparcirá miriadas de lánguidas hojas
y con ellas moriré, pues no duele mucho morir
cuando el verano muere en el césped frío."
Si he sido mariposa, señor de las flores y las guirnaldas,
de los lazos del amor y de los cándidos ramilletes;
de los prados, arboledas, melodías y rosas silvestres
Mi reino asiste a su fin y así debo morir yo con ello. 
Pues si a todo esto lo llamamos erroneamente dolor o calamidad
tristeza, aflicción, congoja o penuria, ¿que me queda por deplorar?
Por el enemigo del Titán, que no soy sino tratado con justicia"




"Pensativo yacía vigilando el cenit, donde la Vía Láctea
se esparce entre estrellas con virginal esplendor
y con la vista lo recorrí hasta que las puertas del cielo
parecieron abrirse ante mi vuelo"
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viernes, 13 de enero de 2012

John Keats  (1795 - 1821)

Tiene la pose de John Keats, en el retrato de Milton, el semblante de quien parece estar en la higuera, como cuando un alumno en la escuela desatiende al profesor y estuviese pensando en cualquier cosa. Pero seguramente para Keats cualquier cosa sería alguna ensoñación poética. Si le preguntaran de repente ¿En qué piensas? Seguro que no contestaría. Su ensoñación quedaría más tarde impresa en alguno de sus poemas y, con toda certeza, estaría engalanado de  alguna imagen mirífica, de alguna bella imagen entre las muchas que ofrece la Naturaleza. Así lo dice al empezar Endimión, "A Beauty is a joy for ever" "La Belleza es un goce sempiterno" y así lo dice al final de su Oda a una Urna Griega "La Belleza es Verdad - Y verdad la Belleza. Eso es todo lo que aprendes en la tierra y todo lo que necesitas saber".



Dice del Otoño:
"....Tú también tienes tu música,
mientras nubes ligeras florecen en el ocaso,
y tiñen de rosa pálido las llanuras;
y un coro de lamentos entonan los insectos
entre los sauces del rio, y se alejan
o se hunden en el viento suave que nace o muere;
y los corderos adultos balan ruidosos desde las colinas;
cantan las cigarras, y con voz atiplada
el petirrojo silba desde el jardín en flor;
y golondrinas en bandadas revolotean en el cielo"