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viernes, 25 de noviembre de 2016

"El objetivo del conocimiento, escribía Hegel, es despojar al mundo objetivo de su extrañeza y hacernos sentir más cómodos en él. Hombres diferentes hallan sus mentes más cómodas en fragmentos muy diferentes del mundo."  - William James 

SÓLO HAY UN MUNDO
(EL MIO)
Sólo hay un mundo, el mío. La conciencia, aquello que se piensa y el yo analiza y dirige con ciertos propósitos, parece ser el principio y fin de todo. ¿Qué hay más allá de cuanto mi conciencia sabe? Nada. La nada es ignorancia, vacío, si algo no sé ese algo no existe. ¿Cuál es el principio de esta existencia? Ahora ¿Cómo se originó la conciencia? Ahora. Sólo hay un origen, centro de inflexión que conoce, que emprende el camino a sabiendas de querer saber, punzado por la curiosidad y la necesidad, un epicentro que sabe que sabe, el presente. Conciencia es lo único que nos queda. Todo lo demás converge alrededor, y es tan real como la conciencia quiera otorgarle ese grado de importancia. Lo real dura lo que los sentidos tarden en aprehenderlo, el tiempo en que la conciencia lo tenga claro. La vivencia se convierte así, inmediatamente, en pensamiento.  Puede haber muchos mundos, lo damos por sentado que los hay, pero el mío es el que cuenta. Puede haber un solo mundo, la ciencia y la razón así lo confieren, pero el mío es el que importa. Por mucho que queramos huir de este galimatías, está aquí encerrado, en uno mismo, y si te preguntaran en que crees más, si en tu forma de ver las cosas o cómo son las cosas en verdad, sabes que lo uno sin lo otro no se mantienen, que la conciencia eres tú y que tú eres lo que la realidad te ofrece, casas, arboles, estrellas, una pared, o el suelo que pisas.
La ciencia, principalmente la física, no quiere entrometerse demasiado con lo que la conciencia pueda ser o significar. Lo encuentran como un tema caprichoso, del gusto ambiguo  de la filosofía, una molestia inútil que no resuelve los conflictos que la misma conciencia plantea acerca de la composición y acción del mundo en que vivimos. Y tiene razón, porque si la ciencia prestara atención a las demandas que cada ser plantea en su particular forma de ver las cosas, habría que inventar una formula científica distinta para cada uno. Así, tenemos un mundo ajustado a unas pocas fórmulas científicas que nos pone a todos de acuerdo con lo que hay ahí afuera pero en desacuerdo con los gustos,vivencias y preferencias que cada cual conlleva a escondidas. Es razonable que sepamos sacarle partido a las matemáticas pero el misterio del enamoramiento, por ejemplo, nos inquieta tanto o más en la cabeza como la curiosidad por entender la teoría de la relatividad. Para el instinto, o el subconsciente, o el misticismo, o la libido, o la belleza, cuanto nos causa alegría o pena, no hay  fórmulas, y sin embargo son parte fundamental de la vida como pueda serlo la materia. Tú crees que no hay desacuerdo en esto pero yo te digo que el conocimiento de hoy en día valora más el saber de las ciencias exactas que el indeterminado mundo de los sentimientos. Vete a una escuela y comprueba lo que enseñan.
Pero hay más. Durante millones de años los dinosaurios reinaron sobre este planeta, de eso hace unos 200 millones años, y esto está confirmando hace unos doscientos años escasos. Jamás un hombre de la Edad Media, pongo por caso, llegó a pensar que hubo reptiles espantosos que en nada se parecen a los animales de nuestra era. ¿Cómo va creciendo el tiempo en nuestra conciencia y cómo se expande ese conocimiento? A base de descubrir, a base de prestar atención a la curiosidad que busca acrecentar la realidad de un supuesto yo, inquieto por entender su existencia mediante el dónde, el porqué,  o el cuándo. El epicentro de todo acontecimiento no está en el pasado, sino en el presente, cuando la conciencia decide partir en busca de una identidad. A esto lo llamamos saber y esto sólo puede suceder ahora. Si hacemos caso a las reglas de nuestra conciencia no podemos determinar la realidad de las cosas sino desde el presente. Damos por sentado que hay una historia que nos corresponde, una creación mecánica o aleatoria que nos forma desde la gran explosión, hace unos trece mil millones de años, pero eso sólo acontece cuando la conciencia los busca en los anales aprendidos en la mente.  ¿Se puede juzgar a nuestros antepasados de ignorantes por no haber sabido de cosmología? ¿Qué no saben los grandes eruditos de hoy de lo que en el futuro se sabrá respecto al pasado? Entonces, todo aquello que aún no se conoce, ¿en qué medida existe?
Llegados a este punto uno podría pensar que la conciencia estuvo aquí antes de que el juego casual de átomos y moléculas edificaran al ser humano. Es a lo que voy. Es como si la mente lo hubiera construido todo desde que la interrogación surgió en la conciencia y nada pudo haber habido antes. No sé sabe bien quien fue el primero en preguntarse qué para que se expandiera el universo. Debería importarme, si acaso, mi primer recuerdo de la infancia porque, ahí, justo ahí, empezó todo para mí. Pero el punto central del que converge todo pensar sigue siendo el ahora, del cual no podemos escapar. El presente ata los vínculos del pasado. La vida del que sabe de esto no vale menos que la vida del que sabe de eso otro. No me cabe en la cabeza que mi vida sea incompleta, estéril, por no saber cuál es la singularidad que se da en el centro de los agujeros negros, pongo por caso, porque para mí hay muchos otros enigmas irresolubles de vital importancia. Saber, se ha convertido en un viaje al infinito y en todas direcciones, (igual que la luz), y poseer ese infinito es imposible. De momento sólo podemos conformarnos con cachos. Que cada cual elija el suyo y lo saboree a gusto. Esa sería la única medida de conocimiento válida, la que cada uno le otorgue a su existencia.
Pretender que hay una teoría del todo encajada en una elegante fórmula matemática es, cuanto menos, patético. La vida personal se compone de múltiples factores que la ciencia materialista no puede arrinconar porque no se ajustan a fórmulas deterministas.  Con esto no quiero desvalorizar la tarea de los científicos, para nada. Su quehacer es tan maravilloso, tan entretenido como lo pueda ser la devoción hacia el arte, la filosofía o el cortejo amoroso. Aquí lo que prima es lo que el yo quiera armonizar para mí dentro de la infinita pluralidad que el mundo procura. Se trata de ejercitar el ser hacia una mayor amplitud existencial, darle una fiabilidad trascendental más allá de la precariedad temporal.  No son el tedio y la melancolía enfermedades del alma sino estímulos para que uno se ejercite en la creatividad, en el recreo placentero de conocer, de saber para crecer. Pero sólo la conciencia dictamina el valor del conocimiento y ese valor no es el mismo para todos. Con esto quiero demandar que la importancia de la vida reside en lo que personalmente compete a cada uno y esto no se puede abarcar dentro de la perspectiva científicamente exacta, no de momento, y que por mucho que los científicos se empeñen en desentrañar los secretos del universo, desde lo más grande a lo más pequeño, siempre les quedará una asignatura pendiente, la de mi propia vida.  - AllendeAran


"¿Por qué si la visión total del absoluto es tan racional, fue necesario triturarla en todas estas visiones fragmentarias coexistentes?" -  William James
 "Según vamos adquiriendo conocimiento, las cosas no se hacen más comprensibles, sino más misteriosas."  - Albert Schweitzer

"Todo fin, razón, motivo, objeto de deseo o aversión, causa de pena o alegría que sintamos, pertenece al mundo de la multiplicidad finita, ya que solo en ese mundo ocurre realmente algo, solo allí se producen los acontecimientos."  - William James
"Digamos que hay muchos hechos; pero como sobre la base de los principios idealistas los hechos existen sólo al ser conocidos, los múltiples hechos implicarán por tanto múltiples conocedores."  - William James
"El método conceptual es una transformación que el flujo de vida sufre en nuestras manos, esencialmente en provecho de la práctica, y sólo de manera subordinada en provecho de la teoría."  - William James
"Si, como metafísicos, tenemos más curiosidad por la naturaleza interior de la realidad o por lo que realmente la hace andar, debemos volver la espalda completamente a nuestros conceptos alados, y enterrarnos en la densidad de aquellos momentos pasajeros sobre cuya superficie estos vuelan, y sobre puntos particulares en los cuales ocasionalmente descansan y se posan."  - William James

¿Te gustan las fotos? Visita la web de RANDY SCOTT SLAVIN.
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jueves, 3 de noviembre de 2016

TELLAMENDI

Hace ya unos días me llevaron unos amigos de monte. Dimos un rodeo por el Amboto hasta llegar al Tellamendi. Una travesía de casi tres horas que terminó por fatigar mis piernas más de lo esperado. La falta de costumbre, supongo. La luz del día no acompañó para sacar buenas fotos. La mañana se presentó de un azulado muy turbio. Esto es algo a lo que uno tiene que acostumbrarse con el clima del norte, que es demasiado voluble. En verano hay días de playa que se fastidian enseguida porque surge la niebla y adiós sol. En invierno, parecido, aunque el día se pronostique seco, con posibilidad de nubes bajas y definidas, (que eso seria perfecto) el cielo se te presenta como una sábana planchada, y de esta manera la luz no es diáfana. Con todo, he hecho lo posible por devolver a las fotos un poco más de fidelidad. No soy un buen fotógrafo, ni un mago del photoshop. No obstante, algunas fotos no se ven tan mal, creo yo. Lo que de veras es una lástima es que no pueda gozar más y mejor del itinerario que mis amigos fijaron para el día. Hicimos un trayecto que me hubiese gustado dilatar más, para así, con mayor tranquilidad disfrutar de las bellas vistas con las que nos fuimos topando. En fin, cosas de montañeros acelerados ;-)


 

 






 
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lunes, 27 de junio de 2016

¿Recuerdan, para quienes hayan visto la película 2010, cómo empezaba? Una voz en la oscuridad decía:
My God, it's full of stars
http://www.utah3d.net/utah-travel/southern-utah/red-canyon-milky-way.html


Click luego botón derecho "Fullscreen"  y mueve el ratón con suavidad.
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"Si dejamos a nuestra imaginación vagar por entre las estrellas, quizá también nosotros oigamos el susurro de la inmortalidad"
- Freeman J. Dyson 
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miércoles, 13 de abril de 2016

"Todo hombre, en general, debe de haber conocido un punto de inflexión en su vida, el punto nocturno en que su ser se contrae." - Hegel
"A los hombres, tras la muerte, les aguardan cosas que ni esperan ni imaginan"  - Heráclito
SIN UN DESTELLO DE CIELO

Sea la religión o la metafísica, la ciencia o la filosofía, todas ellas, de forma implícita, buscan cómo salvar al ser de su inevitable destino, la muerte. Quiere el pensamiento salvar a su Yo, a plantar la vida exigua en un más allá, de trascender, de seguir existiendo como sea. Desde Platón el idealismo se dibuja calculadamente con el objetivo de trascender, y a partir de ahí todas las filosofías han venido a contradecir o intensificar nuestras expectativas por un mejor o peor existir. Para unos la realidad es como se muestra y es de cobardes no reconocer su autenticidad como sustrato objetivo independiente de nosotros. La realidad nos supera. Para otros la realidad está porque estamos nosotros, nuestra mente, y está para interpretarla y moldearla a nuestro capricho, no es sino apariencia. Sea como fuere, si hay algo que me sorprende de toda la historia beligerante del pensamiento es que nadie se haya planteado la pregunta desde una perspectiva más aguda y visceral, ni siquiera la religión, ¿Se puede en verdad imaginar un Cielo dadas las leyes establecidas en la vida que nos corresponde? No hablo de creer con fe, sino de imaginar, de idealizar ese concepto para que así se pueda uno poner con voluntad ferviente a trabajar en el proyecto, a confiar que de alguna forma recuperemos nuestro Yo con aquellos que parecen haberlo perdido tras morir. ¿Cómo es el Cielo para que podamos creer en él?
No se puede. Hay un obstáculo ineludible al que estamos subyugados y que hace la idea de la eternidad imposible. El tiempo. Para empezar, la felicidad que buscamos y que viene derivada del malestar que las circunstancias negativas nos deparan, no parece tener sentido más allá de una limitada temporalidad. Diríamos que dura un instante, porque hay que situarlo necesariamente en el tiempo y el tiempo viene marcado por vicisitudes donde distintas fuerzas de polos contrarios pugnan por la producción de algo que no es desconocido hasta ahora. Recuperar en el más allá lo que acá se nos niega no podría ajustarse en el tiempo. Inmersos en la felicidad no hay por qué actuar, no nos empujaría necesidad alguna a movernos, por lo que nos mantendríamos estáticos, impertérritos a cualquier sensación. De manera que imaginar ese paraíso en el que fluye la eternidad tal y como la hemos pensado en cierto instante duraría lo que ese instante demanda, ¿y después qué? Chocamos con la imposibilidad de recrear un paraíso que durara para siempre. El infinito visto desde esa perspectiva nos produciría vértigo, hastío.
No quiero ser partidario de que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Esto se puede mejorar. Hay países en los que se vive mejor que en otros. Hay personas que son más felices que otras. Pero eso de lo que depende tanto la felicidad de unos como de las ventajas que se ofrecen en unos países es un trabajo constante que se debe cuidar teniendo en cuenta directrices humanistas y cosmológicas. Se necesita mucho respeto, empatía, esperanza, y empezar a borrar esos caminos que nos conducen a un nihilismo oscuro, al yo egoísta y materialista. Se necesita estudio, convicción renovada de que hay futuro, de que sí se puede. Se necesita filosofía, arte. Y hay tantas salidas como la imaginación quiera, basta que la voluntad sea firme en su disposición. Aun así quedarían, en una sociedad laboriosa por el bien y el progreso, quedarían los accidentes inesperados por los que se sufre. La naturaleza que parece ser ciega a nuestros intereses en su devenir decidido nos zarandea. Nosotros mismos cometemos errores. ¿Qué respuesta podemos presentar a quienes sufren las contingencias de una historia desacertada? A quien de súbito muere tras sufrir un accidente, a quien padece una enfermedad, a quien nace desfavorecido físicamente, ¿cómo podemos exonerar a tantos de tanto dolor? Se necesita la idea de un Cielo probable, fidedigno, que pueda darnos consuelo, pero desafortunadamente algo calla, algo nos impide dar verdad a esta idea conceptual. A veces, por quedar, no nos queda ni la intuición, ni la fe.
Con frecuencia pienso que la muerte se nos presenta con tanta tragedia que parecería esconder una función distinta de lo que es o aparenta. La muerte resulta tan sospechosa en su crueldad y tenebrismo que parecería ocultar algo. Es tan esperpéntica que debería dar risa en vez de miedo. Encaja en la vida porque sin ella no habría vida. Sin la muerte no entenderíamos cómo podría funcionar el universo, no sabríamos cómo ni de qué manera el todo que nos rodea podría existir como tal. Si somos humanos es porque somos mortales. Y sin embargo, a la vez, conviviendo con ella, cuando la miramos de frente y aceptamos lo que es, (que a todos nos toca tarde o temprano) nos da un miedo porque rompe todo convencimiento de creer que merece la pena vivir. Haber venido aquí para estar sin saber y luego no estar sin saber por qué. Con o sin la muerte, la vida se contradice, se revela absurda y anodina.
Corresponde a nuestro intelecto encontrar una solución a este acontecimiento siniestro, para así dar valor efectivo a la existencia y no perder las esperanzas en lo que somos. Pero por más que nos estrujamos los sesos, ni la religión, ni la metafísica, ni la ciencia han sabido ofrecer respuesta que bajo las directrices del razonamiento podamos asumir. Cierto que hay un devenir perpetuo que conjugado por fuerzas antagónicas va desarrollando nuevas formas de existencia al margen de nuestras finalidades. Podemos creer que hemos llegado con la vida y el pensamiento a la mayor sofisticación posible, pero por desgracia es insuficiente. Esta fase del ser carece de muchas facultades, somos demasiado vulnerables. Nadie se conforma con estar ahora y desaparecer luego, olvidados en la nada. Se sufre. Es por eso que tenemos la obligación de buscar una causa que el razonamiento (u otra forma de intuición) justifique con plena satisfacción la existencia. Algo convincente que nos dé paz, seguridad, fortaleza para continuar adelante. ¿Es esto únicamente responsabilidad nuestra? ¿Acaso la historia no es el acontecimiento que viene buscando esto, un proceder o método, que nos asegure un futuro estable? Y sin embargo… ¿por qué es tan difícil ponerse de acuerdo en esta empresa? 
El Cielo sigue manteniéndose distante, igual que ese azul jamás alcanzable en el que la vista se hunde perdida al mirar arriba. No hay forma de entender cuál debe ser el paradigma que nos lleve a encontrar ese camino seguro, la Idea de todas las ideas. No digo llegar a un fin, porque eso suena a encontrarse con la muerte, sino a ese algo aún indeterminado que nos libere de tanto sacrificio y dolor injustificable. Hasta hoy nada nos ha llegado con el poder necesario para hacernos tomar ese rumbo abierto a la salvación. Seguimos tan desorientados como cualquiera de nuestros antepasados. El Cielo se resiste a crear sus reglas, se torna inimaginable. Solo me cabe la esperanza de que los siglos ulteriores vengan marcados por otras leyes físicas o espirituales, no sé, o mezcla de ambas cualidades, pero leyes más dúctiles, que puedan ofrecer mejores principios para una esperanza más clara. Porque de momento el ser de los muertos de nada habla sino de silencio, y eso nos duele, a nosotros los vivos. Puede que como un acertijo encriptado no tengamos derecho a saber más, y no nos quede otra cosa que la fe. Puede que sea deber nuestro el edificar horizontes a partir del sufrimiento, pero si después de tantos siglos poco hemos logrado aliviar nuestra dolorosa desazón tal vez lo único que nos quede es dejarnos llevar y que el mismo destino nos ampare. Aquí estoy sin saber por qué, tanteando a ciegas. Allí, donde sea, al inconcebible lugar que llaman Cielo, ¿llegaré? La fe, sólo la fe. - AllendeAran
                                                                                 

 
                                                                                                                               Mathieu L.
"Lo que llamamos naturaleza es un poema cifrado en maravillosos caracteres ocultos. Pero si se pudiera desvelar el enigma, reconoceríamos en él la odisea del espíritu que, burlado prodigiosamente,  huye de sí mismo mientras se busca; pues mediante el mundo sensible como por palabras, como a través de una niebla sutil, el sentido ve el país de la fantasía al que aspiramos."      -  F. Schelling
"¿Tiene el mal algún final? Y ¿Cómo? ¿Tiene acaso la creación alguna meta? Y, si esto es así, ¿Por qué no se alcanza inmediatamente, por qué no se da la perfección ya desde un principio? Para esto no hay más respuesta que la dada: porque dios es una vida y no sólo un ser. Y toda vida tiene un destino y está sometida al sufrimiento y al devenir. - F. Schelling

 
"En la jerarquía de las cualidades la próxima cualidad hacia la más alta posible es la divinidad. Dios es el universo entero involucrado en un proceso por emerger esta nueva cualidad, y la religión es el sentimiento que nos encauza hacia él, y estamos atrapados así en el movimiento del mundo que va hacia una existencia de mayor nivel."  - Samuel Alexander
"Debemos entender que la divinidad no es como tal cognoscible, no se encuentra delante de nuestras mentes como sustancia observable [...] sino que el mundo actual contiene la semilla de su futuro, si bien lo que se forme en el futuro está escondido de nosotros."  - Samuel Alexander                                             

                                                                                                                   Marcin Stawiarz
"No podemos pensar cómo la unidad del mundo puede hacerse algo múltiple; de lo eterno, algo variable: lógicamente, eso es incomprensible. [...] Sólo queda de estos sistemas metafísicos un estado de ánimo y un idea del mundo."  - Wilhelm Dilthey
"En las experiencias vitales, en las actitudes ante el problema de la vida. En estas actitudes se funda la multiplicidad de los sistemas y a la vez la posibilidad de diferenciarlos. Cada uno de ellos afecta al conocimiento de la realidad, la valoración de la vida y el establecimiento de fines." - Wilhelm Dilthey

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viernes, 21 de noviembre de 2014

EL SILENCIO DE LOS BOSQUES
TAKESHI SHIKAMA

Ninguna de las fotos expuestas aquí abajo hace justicia al hecho de verlas "in situ", tal y como Takeshi las exhibe, impresas sobre un pergamino fino de Gampi, un papel  utilizado en Japón desde el siglo VIII. De un especial tono marfil concede a las fotografías ese aspecto oscuro, vintage. El resultado parece retrotraernos al misterio oculto de los bosques. A la vejez de un mundo todavía prístino, todavía eterno. En esto consiste la artesanía, en querer ser única, personal, intransferible, en saber escapar de la masiva productividad que convierte todo en repetitivo, haciendo perder su valor íntimo. Estas fotografías son como una pintura sobre un lienzo, inigualables.
Takeshi tomó conciencia de su relación como ser humano con la naturaleza a los 40 años, cuando abandonó Tokio en el 2002, para vivir en los bosques, en una casa que el mismo construyó. Pronto la naturaleza le reveló una vida nueva, con un sentido hasta entonces desconocido. Es por eso que tomó la fotografía como medio para comunicar las impresiones, inéditas para él, que los bosques le ofrecían. Se siente al contemplar sus obras la presencia pacífica del tiempo, el instante que se justifica a sí mismo, el momento presente que abarca la totalidad. Cómo bien dice Alain D'Hooghe, "para ser plenamente apreciadas, las fotografías demandan al espectador tiempo y atención. Y entonces se convierten en inolvidables."
Para quienes vivan en Bilbao o cercanías pueden ver la exposición "The Silence of the Forests" en el centro CFC. Plaza Ensanche 11. 48009 Bilbao. Hasta el 30 de Diciembre.






“En cada caminata por la naturaleza uno recibe mucho más de lo que busca”
John Muir
"La manera más fácil de penetrar en el Universo es adentrarse en un bosque perdido" – John Muir
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viernes, 7 de noviembre de 2014

LEUNGANA Y MUGARRA

El pasado domingo un par de amigos me invitaron al monte y eligieron el Mugarra (969m), todo un peñasco de roca calcárea perteneciente al municipio de Durango, a la sierra de Aramotz. Partimos desde el pueblo de Mañaria sobre las 9:30. El día despertó nublado, con aire turbio y viento ligero a ratos. Lo más ideal para tomar unas fotos, irónicamente hablando. A medida que avanzamos hacia a lo alto nos empezó a llover de manera intermitente pero suave. El Mugarra se impone como un peñasco enorme por donde los buitres revolotean  y habitan en sus agujeros horadados en las pareces rocosas. La subida hacia la base del peñasco es tranquila pero el último tramo, cuando se le va a coronar, dando un rodeo hacia la derecha, se hace escalonado, con múltiples rocas kársticas y hojarasca resbaladiza. El suelo, ese día, estaba muy humedecido, con lo que hubo que prestar especial atención por donde se pisaba. No era fácil hallar buen hueco para posar con firmeza los pies y seguir avanzando, pero poco a poco y con paciencia se consigue. Una vez en la cumbre, las vistas, como siempre, tan extendidas por el espacio abierto se agradecen como un regalo, si bien esta vez algunas nubes nos impedían ver con transparencia los montes lejanos y parte del horizonte en derredor. También, durante un instante, una nube nos visitó dejando caer unas cuantas gotas gordas de agua sobre nuestras cabezas. Al poco se disipó y decidimos descender. De nuevo hubo que prestar cuidado al pisar y más aún porque al bajar la misma inclinación del monte te empuja hacia delante complicando más el avance que al subir.
Una vez llegados al collado que separa el Mugarra del Leungana (1008m) mis amigos me animaron a subir éste otro monte ya que había tiempo de sobra. Me sentía algo cansado pero bueno, cómo me iba a negar. Además, me fijé en el camino de entrada hacia el monte que había una vereda colmada de arbustos entre grandes piedras y aquello había que verlo de cerca. Efectivamente, la subida al Leungana fue bastante más atractiva. El suelo estaba alfombrado de roja hojarasca otoñal y muchas piedras grises surgían de la tierra igual que lapidas en un cementerio. Los árboles viejos estaban moteados de musgo y muchas de sus ramas enmarañadas rajaban el cielo pálido en contraste. Confieso que adoro este tipo de terreno ondulante, abandonado a los castigos del clima y otras fuerzas ocultas que esculpen su forma extravagante. Es lo que busco. Sentirme rodeado, anegado en un paisaje extraño, algo salvaje. Es esa forma virginal, ese misterio siempre escondido que no acertamos a identificar, pero que gusta. Una vez arriba tomamos un bocado contemplando la panorámica habitual de las cumbres. El tiempo empezó a mejorar. Trozos amplios de cielo azul se abrieron. Así que tuve algo de más suerte para sacar mis fotografías. Tras comer un bocado en la cumbre decidimos volver.
Eran cerca de las tres de la tarde cuando llegamos al pueblo. Tenia las piernas endurecidas, como si fueran a reventar, un tanto dolidas y anticipando unas buenas agujetas para el día siguiente. Pero contento de la excursión y deseando repetirla algún otro día, ésta misma y otras que puedan surgir. Y confieso, a posteriori, que las agujetas han sido bastante más leves de lo que esperaba.










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viernes, 26 de septiembre de 2014

GOIKOGANA
Llodio - Laudio 
Esto no es lo que debería haber sido. Esta entrada debería llevar otro título. Kamaraka. Qué es otro pico de este macizo del Ganekogorta. Nuestra intención era llegar ahí pero la falta de información nos jugó una mala pasada. Sin importancia. Creíamos que el Kamaraka era el pico más cercano a Llodio, eso es todo. Y bordeamos el Goikogane sin enterarnos y avanzamos por la cumbre a otros picos cercanos hasta que desistimos de avanzar y volvimos al pico que desde la distancia se veía marcado para descubrir que era el Goikogane. El mismo que subí en junio pero que al subir del otro lado, desde Arrankudiaga, no reconocí, hasta que a poco de alcanzar la cumbre, me di cuenta. No importa. Volveremos seguramente.
El día fue estupendo. Mi compañero Iker resultó resistente, observador y ameno para conversar. El camino mucho más bello que desde el otro lado, el que tomé en junio. La luz del día un tanto turbia pero tuvimos buena temperatura y poco viento. A la bajada al pueblo visitamos el parque Lamuza que está abandonado, deteriorado. Una pena que el ayuntamiento no invierta en arreglar un paseo tan agradable. Pero ya sabemos que si no hay negocio de por medio nadie quiere saber nada. Seguro que si lo convierten en un restaurante prometedor se pone manos en el asunto. Qué le vamos a hacer. En fin, tuvimos un día redondo, que se dice. Y estas fotos así lo justifican.









Creo que nos quedamos a unos pocos pasos. No importa. Volveremos.
 Lamuza en ruinas. Who cares?
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viernes, 12 de septiembre de 2014

"Históricamente siempre hemos tomado el camino más fácil y cómodo para progresar, el camino que va cuesta abajo" -AllendeAran

LOS TIEMPOS MODERNOS
Y EL DESAMPARO METAFÍSICO

Dudo mucho que vivamos en el mejor de los mundos posibles, como algunos han querido interpretar esta tumultuosa vida nuestra. La conclusión más parece venida por la resignación a no poder entender nuestro presente o por una incapacidad de mejorar los problemas que nos aquejan durante tantos siglos. En este mismo mundo hay otros muchos mundos, y unos son mejores que otros. Tomemos por ejemplo a los países (mundos en miniatura). No es lo mismo vivir en Nigeria que en Noruega, o vivir en Australia que en el Congo. Si la felicidad está en uno mismo, (en cómo se administra uno la existencia y su correspondiente idealismo o pesimismo) como algunos quieren hacernos entender, yo quiero creer que mucha culpa y responsabilidad acerca de la felicidad la tienen los sistemas políticos de que en los que a uno le toca vivir.
Ya que los individuos forman sociedades y éstas a su vez forman individuos, habrá que cerciorarse de que unos no maleen las sociedades para que éstas a su vez no maleen a los individuos. Es un círculo vicioso pero por algún lado habrá que cortar y volver a empezar. Por algún lado habrá que insuflar un sistema, creencia o idealismo que nos permita avanzar con fe por un camino donde la libertad invita al ser a ser como ente humanista. De esto no podemos olvidarnos nunca. La metafísica tendría mucho que decir al respecto como camino que se abre hacia el progreso pero por desgracia no dibuja su final claro, si acaso lo tiene (y que yo creo que no deba tenerlo) lo cual perjudica a la hora de hacerse creíble para los gustosos de las fórmulas.
Hemos llegado a un punto en las sociedades industrializadas, en que su tecnología nos lleva por el camino más fácil y cómodo, el camino que va cuesta abajo. No son pocos quienes se han percatado de ello pero volver a dar la vuelta y subir hacia arriba no convence a casi nadie, porque nadie quiere sacrificar en el camino aquello en lo que ha confiado durante tanto tiempo. Habría que convencer a la mayoría de que un nuevo paso y hacia otro sendero deben de darse. ¿Pero cómo? Si la mayoría no gusta de pensar, y si la sensibilidad está tranquila pero ofuscada por eventos vulgares (tenemos el gusto perdido), mal lo tenemos. Quizá haya que esperar a que los errores sigan inflándose hasta reventar, o sean tan amenazantes como irreversibles, o alcancen el límite de lo grotesco dejando en evidencia nuestra inutilidad, nuestra tontería, nuestra tozudez.

¿Cuál es mi propuesta? Sería tan fácil como entender la diferencia entre un piso y una casa, un garaje y un jardín, una farola y un árbol, una carretera y un sendero, una vista amurallada por rascacielos y una panorámica abierta al horizonte. Pero comprendo que muchos nos están preparados para entenderlo. Algo se ha estado haciendo mal desde el principio y sospecho que se trata del afán de lucro que la raza humana profesa para sí misma. Que éste afán debería haber sido directamente proporcional al cuidado y atención que la Naturaleza demanda. Porque por muy libre, errática y confusa que Ella se manifieste, también tiene sus necesidades. 
El mundo que nos circunda no está ahí para que quede doblegado a nuestra dictadura, sin contemplaciones, sin respeto, sin empatía. Nos lo llevamos todo por delante sin pagar, pero con el tiempo una factura bien cara vendrá a castigar severamente nuestra ofensa por desatender las necesidades externas. De alguna forma habrá que remunerar a la Naturaleza y creo que aquí una metafísica espiritual tendría un protagonismo crucial. Porque sólo con el espíritu sabemos entendernos bien con la Naturaleza. Ante Ella lo que de veras y unicamente se deleita al contemplar su presencia, su existir enigmático, es la parte inefable del ser que habita en nosotros.
Sólo ahí donde la Naturaleza se manifiesta voluptuosa, árida, salvaje, extraña o artística, es donde la creatividad busca su asentamiento en forma de ideas, arte, poesía o misticismo. Vamos a necesitar mucha paciencia para que la mayoría lo entienda. Pasarán muchos decenios, tal vez siglos, quien sabe, si llegamos a conseguirlo. Si tenemos suerte. Si por una remota casualidad, de entre la muchas que se esconde el azar, un día nos paramos sorprendidos y damos un paso atrás. Y aunque parezca mentira, he hablado de política. - AllendeAran
Esta entrada está inspirada en el libro de Rüdiger Safranski "Martin Heidegger y su Tiempo. Un maestro de Alemania". Editorial Tusquest Colección Fábula. 543 pp.

«Braig critica en la civilización moderna la falta de veneración por el misterio inagotable de una realidad que nos envuelve y de la que formamos parte. Cuando el hombre presuntuosamente se coloca en el punto central, al final sólo le queda una relación pragmática con la verdad. Pasa a ser "verdadero" lo útil para nosotros o aquello con lo que conseguimos un éxito práctico.»  Safranski on Carl Braig

«El punto de vista del ideal no puede fundar su gloria en que conoce la verdad sino en que forma valores y con ello transfigura la realidad. [...] De igual manera el hombre pasa por la puerta de la verdad, la cual, sin embargo , ya no es lo que era; ella ha perdido su venerable pasión. Se trata de intereses prácticos y ya no de una aspiración a la certeza, que es una actitud espiritual en la cual de incógnito hay todavía mucho de religioso.» Safranski

 «Los científicos no suelen ser conscientes de cuántos préstamos metafísicos utilizan cuando atribuyen el valor de verdad a sus proposiciones.» Safranski
 «Podría suceder que la naturaleza escondiera precisamente su esencia en la cara que presenta al apoderamiento técnico a través del hombre.» Martin Heidegger

«Nuestros conocimientos no se hacen más "verdaderos" por el hecho de que conduzcan a habilidades técnicas; sucede, más bien, que la naturaleza da respuestas diferentes según la manera de plantearle nuestras preguntas. [...] Se cierne sobre nosotros la expectativa de que la naturaleza podría contestar distintamente si la interrogáramos de otro modo.» Safranski .

«El rasgo fundamental de la civilización técnica no es la explotación del hombre por el hombre, sino la explotación gigantesca de la tierra. El industrialismo rastrea la materia energética acumulada en la naturaleza a lo largo de la historia, la consume y con ello padece el destino de la entropía.» Safranski on Georg Jünger


«No dejamos que la naturaleza brote a la luz, sino que la provocamos y la retamos a que se "anuncie de algún modo constatable por medios calculables y permanezca como un sistema de informaciones que nosotros podemos encargar." [...] Esa manera de buscar, ¿Acaso no echa a perder la "experiencia inmediata?".» Safranski - Heidegger

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