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miércoles, 6 de febrero de 2013

"Especialmente a medida que uno envejece, se torna aún más obvio que las cosas no poseen sustancia, ya que el tiempo parece transcurrir más rápidamente, de tal modo que uno toma conciencia de la liquidez de los sólidos; las personas y las cosas se vuelven semejantes a luces y ondas en las superficie del agua."
Alan Watts
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miércoles, 31 de octubre de 2012

HAIKUS
Los Haikus son composiciones poéticas muy breves de origen japonés. Por lo general no constan de más de tres versos de 5, 7, 5 sílabas en cada verso, aunque se aceptan pequeñas variaciones. No tienen rima y casi siempre incluyen referencias a la naturaleza o a las estaciones. La razón de su corta brevedad conecta muy bien con la filosofía Zen, que persigue entrar en un instante perfecto, sin dejar tiempo a que la mente divague o se escape del momento efímero pero bello de lo que es una imagen viva del mundo. Es el presente lo que cuenta. Se dice que el poema dura lo que un suspiro. Con eso basta para ejemplarizar el todo, el momento único, suficiente, la espontaneidad. Hay también suaves inclinaciones a estados de animo como  la soledad o la nostalgia, que no entrañan necesariamente tristeza. Conviene matizar la difícil traducción del japonés que, como se sabe, su lenguaje se escribe en caracteres, algo muy distinto al lenguaje de las palabras por silabas. A pesar de ello el espíritu del Haiku está ahí, y se puede degustar. Máximos exponentes de este arte son: Basho, Buson, Issa, Shiki, Gochiku, Ryokan. Y en castellano: Juan José Tablada,  Rafael Lozano, Efrén Rebolledo,
La larga noche;
el sonido del agua
dice lo que pienso
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Un viejo estanque
Una rana que salta
Glup dice el agua


Sobre la campana
 del templo
dormita posada
una mariposa
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Oh, qué divina 
La luz del sol
Entre las hojas verdes


Las estrellas en el charco
de nuevo el chubasco invernal
enriza el agua
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El mar se oscurece;
las voces de los patos salvajes
son débilmente blancas


Abriendo los picos
los pajaritos esperan a su madre:
la lluvia de otoño
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Salta una trucha
se mueven las nubes
en el lecho del río


Este espejo roto no reflejará más;
la flor caída no volverá a la rama
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Amaina el viento, la flores aún caen
gritan los pájaros, se ahonda el silencio en la montaña


"Cuando la vida está vacía con respecto al pasado y sin propósito con respecto al futuro, la vacuidad se llena con el presente, normalmente reducido a un filamento capilar, una fracción de segundo en la que no hay tiempo para que algo suceda. La sensación de un presente que se dilata infinitamente." - Alan Watts
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lunes, 6 de febrero de 2012

  (1915 - 1973) 

Mi primera gran introducción a la filosofía Zen fue leer este libro, ya un clásico, El Camino Del Zen, de Alan Watts. Tengo que confesar que no soy de los que confían en filosofías o creencias sin reservas ni criterio, apostando con mi fe por encima de todo. Esa no es mi postura. Nunca he podido ver en ninguna filosofía ni religión, la salvación ante la triste encrucijada a la que nos enfrentamos diariamente. Mi fe y mi confianza ondulan en cualquier creencia. Siempre veo agujeros por los que mi esperanza se pierde. Y sostengo que eso le pasa incluso a los más acérrimos creyentes, aunque no quieran manifestarlo. El mismo Budismo es un poco desconcertante en cuanto a que su propuesta es la de no aferrarse a nada (ni siquiera al Budismo) y aceptar el libre camino que el flujo de la vida impone. Cosa difícil. Pero dudo que esa sea una actitud indiferente ante los acontecimientos, a no tomar partido en nada. De tener que actuar, procura no pensar en tu beneficio personal (libérate de tu ego) y ese será el camino más acertado, o por lo menos del que no puedan acusarte de incurrir en pecado. El Zen te ayuda a vivir con serenidad al no caer en forzosas actitudes, que además, a priori, no garantizan el éxito. Y en lo que sí acierta de lleno es en que la felicidad pertenece a un estado en que la consciencia del yo no entra en juego. Si lo hace, se pierde. Por eso persigue la vacuidad, el vacío que dé paso a que lo que haya ahí, o vaya a venir, lo aceptemos sin que interfiramos por culpa de nuestro ego, de nuestras ambiciones. Todo momento puede ser perfecto en sí mismo. El que lo hace imperfecto es nuestro lenguaje y el afán de codicia por querer mejorar lo inmejorable. Por supuesto que en el tema espinoso del dolor físico, el Zen queda un poco, a mi parecer, mudo, oscuro. Pero en cuanto al sufrimiento que nosotros mismos nos inferimos, el Zen ayuda a entender  los tontos errores que nuestra mente egocéntrica comete.
El libro de Watts está dividido en dos partes, "Antecedetes e Historia" y "Los Principios y la Práctica". Es agradable de leer, su pensamiento es transparente y contiene excelentes máximas, incluso algunos haikus. 

"Sólo existe este ahora. No viene de ninguna parte; no va a ninguna parte. No es permanente, pero tampoco deja de serlo, Aunque se mueve siempre está quieto. Cuando tratamos de capturarlo parece huir, y sin embargo siempre está aquí y no hay modo de escapar de él. Y cuando nos volvemos para encontrar el yo que conoce este momento hallamos que se ha desvanecido como el pasado"
"La vida no es una situación donde haya algo que agarrar o ganar"
 "Hay que repetir por tanto, que las negaciones se aplican a nuestras ideas acerca de la realidad, no a la realidad misma."
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