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viernes, 26 de septiembre de 2014

GOIKOGANA
Llodio - Laudio 
Esto no es lo que debería haber sido. Esta entrada debería llevar otro título. Kamaraka. Qué es otro pico de este macizo del Ganekogorta. Nuestra intención era llegar ahí pero la falta de información nos jugó una mala pasada. Sin importancia. Creíamos que el Kamaraka era el pico más cercano a Llodio, eso es todo. Y bordeamos el Goikogane sin enterarnos y avanzamos por la cumbre a otros picos cercanos hasta que desistimos de avanzar y volvimos al pico que desde la distancia se veía marcado para descubrir que era el Goikogane. El mismo que subí en junio pero que al subir del otro lado, desde Arrankudiaga, no reconocí, hasta que a poco de alcanzar la cumbre, me di cuenta. No importa. Volveremos seguramente.
El día fue estupendo. Mi compañero Iker resultó resistente, observador y ameno para conversar. El camino mucho más bello que desde el otro lado, el que tomé en junio. La luz del día un tanto turbia pero tuvimos buena temperatura y poco viento. A la bajada al pueblo visitamos el parque Lamuza que está abandonado, deteriorado. Una pena que el ayuntamiento no invierta en arreglar un paseo tan agradable. Pero ya sabemos que si no hay negocio de por medio nadie quiere saber nada. Seguro que si lo convierten en un restaurante prometedor se pone manos en el asunto. Qué le vamos a hacer. En fin, tuvimos un día redondo, que se dice. Y estas fotos así lo justifican.









Creo que nos quedamos a unos pocos pasos. No importa. Volveremos.
 Lamuza en ruinas. Who cares?
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viernes, 4 de julio de 2014


"Ir poco a poco es llegar lejos, 
ir deprisa para llegar lejos es volver" -Lao Tse

GOIKOGANE
Arrankudiaga
Me acerqué al municipio de Arrankudiaga el viernes pasado atraído por la abundancia de follaje verde y pequeños montes que esconden y rodean al pueblo. Algún sendero debería haber por donde perderse pensé y contando con apenas información acerca de sus caminos encontré el que me pareció me encaminaba a las alturas que me separaba de sus casitas desperdigadas por las laderas. Un buen chico me ayudó a encontrar el camino exacto del monte Goikogane sin que además le preguntara. De manera que la subida no fue complicada, además que hay señales de pintura en árboles. El monte no es que sea muy alto (702 m) pero su empinado y pedregoso camino hace como si uno estuviese subiendo escaleras. A pesar de que la escalada fue aburrida porque los pinos reducen la vista a las distancias laterales la cumbre vino a desvelar lo muy alto que había llegado. Con la camiseta sudada, la brisa empezó a refrescarme tanto que tuve que abrigarme con un fino jersey. Ya en lo alto uno se rinde satisfecho a contemplar la anchura del espacio, uno parece sentir respirar el alma con libertad, se es pequeño y grande a la vez, se vive algo a lo que estamos desacostumbrados cuando vivimos allá abajo, tan cercados por los amurallados edificios. Esto debería repetirlo más a menudo, me acusé. Saqué algunas fotos pero por desgracia, una vez más, el cielo se mostró traslúcido, muy claro pero sin apenas definir las nubes lo que produjo mucho contraste. El aire además era denso, húmedo. Pero bueno, aquí unas pocas fotos que he podido rescatar que testifican el momento.







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