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domingo, 20 de enero de 2019


"El destino se escribe a medida que se cumple, no antes."
  Jacques Monod

"El último campo de la metafísica es el potencial creativo por innovar."
Alfred North Whitehead
 
¿SABE LA NATURALEZA LO QUE QUIERE?
Buena pregunta. Y te la voy a responder ya mismo. La Naturaleza no sabe lo que quiere pero sí lo que le gusta. Y en esto reside toda conclusión derivada de la indagación científica que hasta hoy se ha venido desarrollando. La teoría de la evolución así lo constata. Analogías al respecto sobran y son fáciles de entender. Es como un cocinero que combinando especias, hierbas y semillas prepara un buen plato a degustar. Si al probar le sabe bien se lo queda, si no lo descarta. El cocinero cocina pero no sabe qué plato desea, simplemente va experimentando. O también, es como un compositor que disponiendo de notas musicales se dispone a construir una pieza musical encajando las notas sobre el pentagrama y a medida que va alternando notas va dilucidando melodías que, según su gusto, las reserva para luego enlazarlas con otras que están por inventar. Así hasta completar su sinfonía (si es que decide terminarla) De ahí el sistema progresivo, constante y variante del actuar de la Naturaleza, y de ahí que el gusto sea su juez. Es por eso que las especies que pueden o saben adaptarse al entorno permanecen por más tiempo, evolucionan. Buscan además de perdurar, mejorar.
Toda la larga trayectoria de la evolución parece descansar en querer construir un mecanismo sofisticado que vaya más allá del arquetipo primigenio (lectura derivada del reduccionismo al que nos hemos abocado científicamente) Aquella bacteria en el agua, aquella ameba, microorganismos pluricelulares, insectos, peces, anfibios, reptiles, aves, mamíferos, simios, ser humano. Variedad sí, pero con mejoras sustanciales que dejan atrás otras sencillas formas de vida. Muchas siguen ahí todavía porque quizá tengan que ver con la edificación permanente que se da sobre el terreno del planeta. Es decir, son material de construcción del que, por una parte dependemos para nuestra continua existencia y, por otro lado, que utilizamos para mutarnos en otro ser distinto a medida que el tiempo nos lo permite. Un ser aún por llegar, difícil de imaginar, porque aun sabiendo lo que deseamos mejorar, estamos al servicio de las contingencias del azar, la confusa ética social, las posibilidades delimitadas y energías que tan pronto juegan a nuestro favor como nos debilitan. Seguramente porque no sabemos a ciencia cierta cómo deberíamos mejorar, tampoco la Naturaleza lo sabe de antemano.
Diríase que algo se mueve por un propósito teleológico, o como diría  Jacques Monod, teleómico. Dudo que sea cuestión de permanecer vivo por más tiempo, de adaptarse, resistir, y/o existir, porque para eso podríamos habernos conformado con ser piedras. Nada parecería más absurdo que el hecho de existir por el simple hecho de existir. Nada parece más impropio al continuo devenir de la Naturaleza que una parálisis permanente. Es posible que sí haya una finalidad escondida que ignoramos por completo. Nos servimos de especulaciones, pero no son ciencia,  actuamos a nuestra conveniencia, pero no parecemos adelantar mucho. Nos faltan piezas de un puzzle que no sabemos cómo encajar, porque ni siquiera tenemos la visión global del paisaje con el que estamos jugando. Vamos dando tumbos, vaivenes. Si algo queremos con certeza, no a todos parece convencer por igual. No lo tenemos claro, la Naturaleza tampoco. 
Todo apunta a que el interés verdadero de la Naturaleza sería el arte, es decir, la creatividad per se. Ahí es donde parecería ella estar entretenida, regodeándose en el mismo acto de crear, multiplicarse, esparcir sus dotes hasta donde pueda. Teniendo en cuenta que en la combinación de elementos de que dispone y su constante alquimia no hay cese, que su quita y pon, su transformación incesante resulta (paradójicamente) invariable, parecería dar a entender que no sabe qué persigue aunque sí esté conforme con algunos de sus resultados conforme se van dibujando. Se da una perfección progresiva. Se sofistica. Al menos, eso es lo que nos parece haber aprendido si contemplamos con mirada poética la exuberancia de sus innovaciones biológicas que han venido a expandirse sobre la superficie terrestre desde hace ya, estimamos, unos 4.000 millones de años.
Considerando que es la conciencia la única herramienta con la que podemos escudriñar los secretos del mundo natural, me pregunto ¿qué podemos entender por verdad, qué leyes inmutables nos definen si no son aquellas con las que definimos a la misma Naturaleza? Es decir, ¿hay otras? ¿No se será la conciencia reflejo de la Naturaleza como quien se observara en un espejo? ¿No buscamos respuestas en la Naturaleza para nuestras preguntas? ¿No será ella la encargada de seguir y desvelar esas indagaciones? ¿Sabemos nosotros lo que queremos a largo plazo? Si no lo sabemos ¿por qué debería la Naturaleza saberlo? ¿No será precisamente que la oscura teleología que no acertamos a entender en la mutación y evolución de las especies se dé porque tampoco nosotros sabemos a dónde dirigirnos? Si somos incapaces de entender la perfección, imaginar un paraíso, vivir en la eterna complacencia, ¿cómo podemos ir hacia adelante? Somos uno idéntico, fundidos sin remedio a intercambiar ideas. Mutuamente nos encontramos en una encrucijada de la que tal vez dependamos del juego del azar, hasta que podamos llegar a una conclusión que nos permita avanzar. Evolucionar.
Si como hemos venido a creer, es la conciencia del ser humano la creación más sofisticada, será deber de esa conciencia sentirse agradecida a la Naturaleza. Nada resultaría más satisfactorio para Ella que sentirse adulada. Y nada funcionaría mejor que la sentida estética que expresamos, a nuestra manera, mediante el arte. Imitar exactamente lo que Ella misma hace; crear. Pero esta vez no al azar, sino reconciliando sus ciegos misterios que resultan contrarios a nuestros deseos. Esos aspectos que entendemos como negativos, erróneos, dañinos y perjudiciales para la alegría, el bienestar, el placer.  Esa paz reconciliadora que tanto añoramos exige, sin embargo, respeto y cuidado hacia la Naturaleza, (valor ecológico). Estamos, a la vez, obligados, a encontrar una armonía que revalorice el desarrollo personal y social, (la ética).
Pero queda mucho por aprender, mucho para aquellos que viven todavía presos del egoísmo. Esa creencia en que cada uno ha de salvarse como individuo por encima del otro y de todo. Sin que entienda el pobre, pobre de espíritu, que si algo es, es pensamiento, y el pensamiento es sustrato de las vivencias compartidas con la Naturaleza. Sepamos elegir bien de lo que se nos da. Porque si algunos no cuidan de su casa, ¿cómo van a sentirse recompensados, a gusto y en paz allá por donde caminen o tomen descanso? Menospreciar la Naturaleza, obrando a sus espaldas, sin considerar sus cualidades es estar traicionando a su propia raza. Y antes de acabar con el planeta, antes de que este enferme seriamente, mal que nos pese, nosotros seremos los primeros en perecer.
Y si bien no estaremos aquí para presenciarlo y poder contarlo a nuestra manera, la cosa no acabará tan simple y llanamente. La Naturaleza seguirá especulado entonces otra composición sinfónica más armónica que la anterior, arrojando los dados una y otra vez hasta dar con la fórmula que dote de mayores ventajas a sus noveles criaturas. Algo que perdure y se coloque en otra esfera más próspera. Un lugar al que nuestra imaginación no alcanza a saber ahora, tan solo si acaso intuir. Por mucho que desaparezcamos nosotros, algo nuevo acontecerá, otra cosa vendrá a suplantarnos, algo desconocido incluso ahora para Ella, que no sabe lo que quiere pero sí lo que le gusta. - AllendeAran

 
“Las única mutaciones aceptables son pues las que, por lo menos, no reducen la coherencia del aparato teleónomico, sino que más bien lo refuerzan en la orientación ya adoptada o, sin duda más raramente, lo enriquece con nuevas posibilidades.”  - Jacques Monod

 “El hombre solamente selecciona en su propio beneficio, la Naturaleza por aquello a lo que el ser tiende”  Charles Darwin
“Ya que la selección natural funciona sólo por y para el bien de cada entidad, todo talento mental y físico tenderá a progresar hacia la perfección.”   Charles Darwin
"El hombre no está por encima de la Naturaleza, sino en la Naturaleza [...] Estamos obligados a reconocer que Dios no está orientado contra el mundo material (según la Cristiandad) sino orientado por un "poder divino" o "espíritu movible" dentro del mismo Cosmos. Todos los grandiosos fenómenos de la Naturaleza circundante, orgánicos e inorgánicos, son sólo una variante del producto de una misma fuerza original."  Ernst Haeckel

Ilustraciones de Ernst Haeckel (1834 - 1919)

“No es posible una existencia objetiva sin alguna mente que la reconozca; y, a la inversa,  no hay mente posible sin un mundo que exista para ella […] El sistema de la Naturaleza es uno y al mismo tiempo el sistema de nuestra mente.”  -Schelling
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viernes, 29 de junio de 2018

"¿Y tú crees en Dios?     -Mira, yo en lo que no creo es en la NADA, y a partir de ahí en lo que te dé la gana."  - AllendeAran
SENSUS DIVINITATIS
(Una de Teleología, para principiantes)


Llevo días con varias ideas un tanto descabelladas zumbándome en la cabeza. Quería en cierta forma dedicar un texto largo a cada una de ellas hasta que me di cuenta de que tenían todas algo en común, la búsqueda de un destino (aunque fuese a muy largo plazo) del ser humano y su particular universo, que no es otro que el mismo del que habla la cosmología y los sentimientos que se ven expresados en millones de libros, de novelas, poesías, cine, sueños …. Y es que la ganas de encontrar un salida a tanta frustración mortuoria que la condición del ser humano padece no hace sino multiplicar su creatividad, cuyo principal motivo es, a la postre, la salvación. Esto no puede acabar así. Deberíamos ir hacía algo mayor, algo mejor y más grandilocuente. Pongamos más fantasía en la imaginación y vamos a ver que nos dicta la bendita experiencia científica. Eso sí, comprendo de antemano que nada queda confirmado, que todo está por asegurar, porque no sabemos si habrá un final, ni si nos conviene que lo haya. Hay teorías al respecto pero con muchas fisuras y si vivimos en una especie de pertetuum mobile cosmológico y nuevos descubrimientos nos amplían la visión de todo, siempre tendremos camino por donde encauzar la creatividad, para que ésta no descanse. Pero quien sabe en qué acabará todo esto. 
Uno de los grandes quebraderos de cabeza de todo científico sigue siendo el de la conciencia. Qué hacemos con ella o qué se puede hacer sin ella, teniendo en cuenta lo vaporosos que resultan ser los pensamientos. Los estudios más serios parecen haber caído íntegramente en manos de la neurociencia. Para ella hay un mecanismo material de por medio. Damos por entendido que el cerebro si deja de funcionar, la conciencia se pierde. Yo, personalmente, no lo tengo tan claro. Por la misma razón de que tampoco sé exactamente qué piensa cada cual por mucho que se exprese con palabras y gestos faciales. Se puede mentir de tantas maneras posibles menos de una, que justo es aquella que mejor guarecida está en la mente de cada cual y a la que nadie tiene acceso. Los pensamientos son todo un misterio, y si incluso uno al morir cree que porque no expresa nada ante los demás ya no queda conciencia no es del todo seguro que ésta se haya disuelto en nada.
Sin embargo, lo que más debería importar no es que al morir la conciencia permanezca quien sabe cómo donde, lo que verdaderamente debería importar es que la conciencia, (último gran eslabón de la evolución) tenga un futuro más allá de lo cognoscible hasta ahora, qué nos sumerja en un mundo más completo del que disponemos, que nos acerque al conocimiento más profundo de la cosa en sí y del ser que somos interiormente, sus aspiraciones, sensaciones y deseos. De qué manera el materialismo podría dar respuesta a esta elocuente aspiración cae de momento en conjeturas derivadas del pasado. Veamos cómo.
Evidentemente todo cuanto sabemos se lo debemos al pasado. Más aún es pasado todo cuanto somos y valoramos. El futuro es una deducción que le pertenece al pasado. Hay un camino trazado que parece indicar una ruta, y por lo que hemos recorrido deducimos la dirección que deberíamos seguir. Desafortunadamente vivimos con diferentes opiniones al respecto, sobre qué dirección tomar, y con no pocas guerras hemos seguido una u otra ruta de manera forzosa, a veces de manera certera, otras equivocadamente. Es obvio que es de nuestra responsabilidad el que lleguemos más allá en mejores condiciones de las que tenemos. De eso trata el progreso. Hasta ahora sólo podemos conjeturar y comportarnos conforme a una ética que favorezca nuestra supervivencia. Pero de lo que nos espere más allá es cosa también de ese movimiento contradictorio que busca y establece bases para seguir creciendo. La evolución no solo parece ser transformación. Algo misterioso parece estar persiguiendo un estado de mejor de existencialismo.
Hubo en los momentos primigenios, hasta donde sabemos, una luz que por sus efectos electromagnéticos fue creando partículas atómicas cada vez más complejas que al unirse entre ellas crearon moléculas que a su vez, cada vez más complejas, dieron a la luz vida, seres pluricelulares, con tipologías reproductivas, plantas, insectos, mamíferos, y al hombre y a la mujer, con la gran característica de la conciencia. Con ella entramos en comunicación y proceso de sentimientos que revalorizan nuestra existencia y poder. ¿Hemos llegado al final de la cadena? Lo dudo. De hecho, prefiero imaginar que si hubiese un techo andaríamos todavía por el suelo. Se necesita una conciencia que acierte a entender qué sentimientos nobles o canallas esconde el prójimo, una cierta telepatía. Una comunicación más eficaz y profunda con los demás y el entorno (esa cosa en sí). No es bueno que tantos secretos personales sucumban en el olvido de las tumbas. Ni es bueno que muchos no tengan oportunidad de volver a intentarlo. Tenemos que acabar con el silencio, la moral que nos amordaza, la mala convivencia por no saber, la represión, el aislamiento, la maldad, la desconsideración. En resumidas cuentas, necesitamos otro animal capaz de superar estas conductas frustrantes y propias del egoísmo. Respetar la ética y los diez mil mandamientos que hayamos podido inventar no parecen estar funcionando como era de esperar.
Igual que los dinosaurios desaparecieron de la faz de la tierra (se me ocurre que castigados por su actitud voraz y sanguinaria) quizá debamos desaparecer nosotros también para que se invente otra raza más competente. Con lo “listos” que somos tampoco será necesario que esperemos a que nos caiga un meteorito gigantesco como castigo. Nosotros mismos nos encargaremos de ello. El planeta entero ya está en periodo crítico de putrefacción. Vamos de mal en peor. Tal vez vayamos mejorando, según se mire, según quien opine, ya que aún resistimos, puesto que hemos sabido reproducirnos en abundancia como la mala hierba, pero a costa de comernos el planeta desmesuradamente. ¿Estamos todavía a tiempo de superar la permanencia de los dinosaurios  idiotas que duraron unos 300 millones de años como meros depredadores? Nosotros sólo llevamos unos 300 mil años. Tal vez la inteligencia, de la que presumimos tanto, no sepa concedernos ese favor, ese milagro.
Tengo poca confianza en que el hombre pueda salvarse del fin del mundo, mantengo mucha más confianza en que la cosmología inducida por la física cuántica nos reserve otra vida a lo largo de los eones sucesivos. Una vez más, con optimismo, le damos imaginación a la fantasía (o al revés). Incluso ya hay realidades matemáticas que nos hablan de cosas que la imaginación al uso no acierta a entender. A lo largo de los siglos hemos comprobado que el sol es una estrella cualquiera, entre billones, que nuestro planeta es otro entre billones, que nuestra galaxia es otra entre billones y así sucesivamente. ¿Querrá esto decir que nuestro universo es otro entre billones, y estamos en este como podríamos haber estado en otro? A lo mejor el futuro nos tiene reservado otro hueco, porque el espacio-tiempo es maleable, se encoge y se estira y se dobla hacia afuera y hacia adentro, por lo que dicen de los agujeros negros, que por cierto los hay a billones también. Pero no me preguntes cómo será posible alcanzar una existencia de mejor cualidad, dime tú cómo no iba a ser eso posible con tantos elementos en juego, en continuo proceso de intercambio de energías. De momento es una especulación teológica si lo prefieres, pero hay un impulso que parece subyacer en todo cuanto se mueve, vibra y parpadea, un cierto vitalismo. Ya que ni en el vacío anida la nada, dicen ¿qué más prueba necesitas para entender que siempre habrá algo y que tú formas parte de ello?
Tan solo espero que se nos dé ese estado superior en el que podamos encontrarnos en otro momento no cara a cara, sino corazón con corazón. Que los recuerdos puedan volver a su punto de origen tal como fueron y a la vez tal y como deberían haber sido. El “sensus divinitatis” está ahí en nuestro interior por alguna razón, sea por la frustración, sea por idea de superación, de querer más, prevalecer o transcender. Ya no buscamos a Dios detrás de las nubes. Está en todo cuanto palpamos y dependemos tanto de Él como Él de nosotros. Sólo de esta manera no llegamos a quedar marginados durante este sempiterno proceso hacia lo Divino, sino aún mejor, siendo responsables de que nuestros actos tiendan hacia ese objetivo. ¿Que no está claro? Te lo dice el amor, te lo cuenta la belleza, te lo ratifica la alegría, la serenidad, la razón, ahí están algunas pautas a seguir.
Cuando los antiguos miraron al cielo nocturno, fueran poetas o científicos, supieron entender ese misterio que les inducia, como por embrujo, a saber más para sentir, para deleitarse tanto en el conocimiento como en la belleza. Así, dependiendo del ánimo entusiasmado con que se mire al mundo tendremos una respuesta optimista que nos ayude a trazar el camino hacia el más allá.  El fin del mundo puede estar al doblar la esquina pero el del universo no. Me cabe todavía esa esperanza, como una llama trémula que la agita el viento. No dejaré que se apague. - AllendeAran



“La naturaleza esencial no consistiría en explicar la aparición de la vida, la conciencia, la razón y el conocimiento como efectos colaterales accidentales de las leyes físicas de la naturaleza ni como el resultado de una intervención intencional en la naturaleza sino como una consecuencia nada sorprendente, si no inevitable, del orden interno que gobierna el mundo natural.”  - Thomas Nagel
“La conciencia humana no es meramente pasiva sino que está penetrada, tanto en acción como en cognición, por la intencionalidad, la capacidad de la mente de representar el mundo y sus propios propósitos.”  - Thomas Nagel

“Lo que Dios sea y como quiera que se conciba, hay entre Él y nosotros una afinidad, y la mente religiosa en sus más altos ánimos se concibe así misma como haciendo lo mejor del trabajo de Dios en la labor del hombre (haciendo del hombre lo más parecido a Dios) y concibe a Dios como locutor del hombre en su conciencia, en su pasión por la verdad y la belleza.” – Samuel Alexander.
“La Divinidad es por lo tanto una ulterior cualidad superior a la mente, en la que el universo está afanado en dar nacimiento […] Ante cualquier nivel de existencia la Divinidad es la cualidad más ulterior y superior. Es entonces una cualidad variable y a medida que el mundo crece con el tiempo, la divinidad cambia con él”  - Samuel Alexander


Algunas lecturas recomendables:
"The Reflexive Universe" by Arthur M. Young
"La Mente y el Cosmos" by Thomas Nagel
"La Divinidad" by Samuel Alexander
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martes, 17 de abril de 2018

"Con que intensidad puede la naturaleza negarnos un paisaje. En el fondo de toda belleza yace algo inhumano, y esas colinas, la dulzura del cielo, esos dibujos de arboles pierden, al cabo de un minuto, el sentido ilusorio con el que los revestíamos y en adelante quedan más lejanos que un paraíso perdido."  - Albert Camus

CON LA ESPERANZA EXHAUSTA 
Albert Camus iniciaba uno de sus ensayos del “Mito de Sísifo” con la cuestión de si la vida merece o no la pena vivirse. Hablaba del suicidio. Leí el libro hace tiempo y ya no recuerdo su veredicto final al respecto. Creo que se introdujo por vericuetos del absurdo y el existencialismo. Al no recordarlo supongo que no dio respuesta concluyente al dilema. No creo que alguien pueda tenerla.
El problema con la vida, si merece o no vivirse, es muy complejo y muy dependiente del carácter de cada uno y de situaciones diversas. No es igual plantearse la pregunta cuando se está muy alegre a cuando se está muy triste. Tampoco es igual para quienes viven en países ricos o países pobres, y ni que decir de los que están en guerra. Aunque resulta curioso que hay más suicidios en países ricos que en países pobres. Y es que, sienta peor que uno tenga y le quiten a que uno no tenga y aspire a tener. Yo soy de los que piensan que todos pagamos una factura por cada instante feliz que la vida nos brinda. A algunos les sale más caro que a otros. Cuestión también de mala suerte o de no saber gestionar las malas pasadas, de ser más valiente, más listo…. En fin, hay tantos factores que no voy a entrar en detalles para no enredarme. Voy a ser más conciso.
Yo entreveo dos enfoques distintos al conflicto, que no logran definirse y, por lo tanto, no dan clara respuesta. Si la vida merece la pena vivirse “puede” depender de lo que nos espere en la muerte. Tal vez ahí esté la gran revelación a nuestras dolorosas conjeturas. Ahora bien, algunos dirán, la vida no ha de juzgarse por lo que haya o no haya en la muerte sino por lo que vivimos aquí, cómo y de qué manera sentimos los avatares a los que nos enfrentamos. Cierto, pero la vida no sería vida si no existiera la muerte, porque entonces sería una continua eternidad en la cual no encajamos. Así que el concepto muerte algo tendrá que decir al respecto aunque su cualidad sea la del silencio. Es por eso que la respuesta depende de lo que uno decida entender qué es y para qué sirve la muerte. Cuál es su función. Si es algo o es nada. Evidentemente, no se puede saber de manera empírica porque entonces la gracia de vivir estaría perdida. Claro que, lo que para unos es una gracia para otros se trata de una desgracia.
Ahora vamos a los valores que la vida nos ofrece y cómo los aceptamos. Vivir es una constante tentación a participar de sus invitaciones. Perseguimos la sensación de bienestar, el placer. Hay momentos maravillosos y momentos horrorosos. Uno puede hacer recuento al término del día o del año o rememorando el pasado conforme se cumplen años. Todos tenemos un álbum de recuerdos, algunos dulces, otros amargos. Tal vez el mayor problema comience cuando uno observa detenidamente cómo muchos deseos se han ido acumulando sin quedar satisfechos y cómo otros en su día terminaron frustrados, teniendo que ser olvidados forzosamente por culpa de nuestra impotencia. Lo peor es cuando algunos de esos deseos siguen en pie de guerra sabiendo que las abatidas del enemigo, el Sino, no augura esperanzas de victoria. Moriremos en pie de guerra, moriremos en el intento, o quizá nos rindamos de una vez por todas cualquier día.
Séneca decía en una de sus epístolas a Lucilio, que lo deseos ciegos nos precipitaban por lo general al desencanto, y que si que no te habían dado satisfacción a día de hoy no era de esperar que lo hicieran en el futuro. Rompiendo así las esperanzas que uno sigue regando con los años. Esto, que leí en 1993, debe ser cierto porque a día de hoy sigo en las mismas. De todos modos, al azar este pesimismo le trae sin cuidado, puede que con suerte consigas mejorar tu vida, puede que no. Nadie sabe nada a ciencia cierta. Es por eso que uno continua hacia adelante. Está todo muy bien calculado. Seguimos adelante para volver a tropezar en la misma o en distinta piedra. Como decía Beckett, “¿Fracasaste?, no importa, empieza de nuevo, inténtalo otra vez, fracasa mejor”. Lo realmente preocupante es cómo te van a asestar el próximo golpe, porque cuanto más cargado de optimismo o valentía tengas mayor es el riesgo de pegarte otra gran hostia.
Cuando el pesimismo se clava en mí creo ver lo que el fondo del abismo (léase vida) esconde. Hacer una detallada descripción de eso puede resultar escalofriante. De hecho hay un momento en el que debo parar de pensar en negativo porque de lo contrario enfermaría. Algunos se hacen los sabios y extraen lecciones de sus fracasos. Yo ninguna, salvo rabia y asco. Los fracasos son para mí un muestrario de razones por las que mejor no haber venido al mundo.
Ojo, quiero aclarar una cosa ahora. Desear no haber venido al mundo no es igual a querer desaparecer mediante el suicidio. En el primer caso no hay nada que perder, no se viene y ya está. Nada se sabe, nada se padece. En el segundo caso el dolor se convierte en protagonista y el amor que se siente por la vida, (no correspondido por las expectativas formadas) carga de incertidumbre y malestar nuestra cabeza. Buscamos soluciones pero no hay forma de darlas salida. Hay algo que se resiste a cooperar con nuestros deseos, que algunos pretenden confundir con el egoísmo. En consecuencia, no se para de sufrir. Lo curioso del primer caso es que parece que hayamos estado infinitamente en la nada y sin embargo, de repente, uno abre los ojos y empieza a ser intérprete de una película que no parece venir al caso cuando se la compara con el otro escenario, el de la nada.  Es algo muy raro. Además el primer caso es irreversible. Estamos aquí, no hay vuelta atrás.
Emil Cioran se preguntaba a qué venía este paréntesis entre la nada y la nada. Yo me pregunto también si luego habrá otro paréntesis. ¿Mejor? ¿Y por qué no peor? Si esta vida no ha sabido recompensarnos favorablemente ¿qué me hace creer que un paraíso me está aguardando en las esferas celestes de no se sabe dónde? Es posible otro infierno. Un paraíso, por otra parte, es inimaginable para la razón, porque fundir el espacio tiempo en eternidad es demasiado abstracto para la mente. No podemos con semejante idea. Vivimos en un mundo causal. Se viene y se va, estamos a las órdenes de la causalidad. Nuestros intentos por variar el curso de los acontecimientos en beneficio de la existencia no hacen sino enturbiar aún más las cosas. El quietismo del que alardea la filosofía zen tampoco ayuda demasiado. La vida te provoca a cada instante a que tomes acción, tanto para evitar daños como para conseguir ganancias. Nada es fácil.
De este sinsentido he tenido conciencia clara desde mis primeros fracasos en la adolescencia. Fracasos con los estudios y mis amores románticos principalmente. Me he sentido desorientado y sin perspectivas desde entonces. Veo que la filosofía, la religión y la ética no son más que iniciativas para soportar lo que en el fondo es insoportable e irresoluble. Procuran aliviar la angustia que padecemos por no entender nada. Creemos ir hacia adelante y es todo lo contrario. La vida nos devora uno a uno. Poco a poco nos vamos pudriendo. Mis amigos me reprochan que exija  demasiado a la vida, que ponga tan arriba mis expectativas. Perdonad, pero… Si hace buen día y cojo mi bañador y mi toalla para ir a la playa es porque quiero nadar y tomar el sol y no que justo cuando llegue se nuble y se levante una brisa fría que me congela la piel. Esto, que es típico de la región donde vivo, es extrapolable a otras vicisitudes de la vida. Por supuesto que mantengo altas las expectativas, la vida me invita a ello y la vida me da luego el esquinazo. ¿Qué también les sucede al resto e incluso de peor modo? Eso no resuelve mi conflicto, es más, lo empeora porque me da la razón. Comprendo y estimo hasta donde puedo, la compasión, la empatía por aquellos que sufren por las mismas causas que a mí me afectan. Lo entiendo, sí, pero eso no resuelve el hecho de que la vida podría ser mucho más cariñosa con todos nosotros, mucho más gratificante, mucho más generosa, mucho más piadosa, más fácil. ¿Es esa una tarea que nos responsabiliza y concierne? Seguramente, pero yo, si fuese Dios, me lo habría montado de otra manera. - AllendeAran
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“Si se pudiese decir una sola vez “esto está claro", todo se salvaría. - A. Camus
“Quiero que me sea explicado todo o nada. Y la razón es impotente ante el ese grito del corazón. El espíritu despertado por esa exigencia busca y no encuentra sino contradicciones y desatinos”  - Albert Camus



“El hombre no elige. Lo absurdo y el aumento de vida que implica no dependen, por lo tanto, de la voluntad del hombre, sino de su contrario, que es la muerte.” - Albert Camus
“Se trataba de saber si la vida debía tener un sentido para vivirla. Ahora parece, por el contrario, que se la vivirá tanto mejor si no tiene sentido.”  - Albert Camus



“Si hay absurdo, lo hay en el universo del hombre. Desde el instante en que su noción se transforma en trampolín para la eternidad ya no está ligada a la lucidez humana.”  - Albert Camus
“Pues ante Dios más que el problema de la libertad, hay el problema del mal. Se conoce la alternativa; o bien no somos libres y Dios todopoderoso es responsable del mal, o bien somos libres y responsables, pero Dios no es todopoderoso.”  - Albert Camus.

                                                                          James Monnington
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domingo, 13 de agosto de 2017

"De lo hondo de esa congoja, del abismo del sentimiento de nuestra mortalidad, se sale a la luz de otro cielo, cómo de lo hondo del infierno salió el Dante a volver a ver las estrellas."  - Miguel de Unamumo
"¡Oh gente humana, para volar nacida!
¿porqué al menor soplo caes vencida?"
- Dante Alighieri

ARVO PÄRT
JOHN TAVENER

Teniendo en cuenta lo muy desligado que estoy de la Iglesia, de las religiones ortodoxas, me pregunto a veces cómo es que me siento atraído por su arte, principalmente de su música. Se supone que la espiritualidad se evidencia de muchas formas pero es ante el arte cómo más dócil se muestra de acariciar por nuestros sentidos y lo es aún más palpable en las obras religiosas. Ya la historia nos habla de sentimientos fervorosos, de esa espiritualidad decidida a ir muy lejos. Creo que el arte conserva en sus formas, (visuales o sonoras) la energía de quien proyectó sus sensaciones y que éstas se quedan ahí embebidas, sea en una pared, o un papiro, mediante símbolos, imágenes o colores, para quien decida, cuando desee, comulgar con sus obras. Lo que sentimos entonces no es simplemente las ideas del compositor, su pensar o su sentir, sino algo más profundo, algo que la naturaleza exterior expresa y que el compositor supo percibir. Es después que el receptor dejándose llevar por lo que oye o ve, con su propia intuición, puede sumergirse en ese todo entrelazado que parece hablar de la trascendencia del mundo, más allá de su áspera existencia de objetos separados, toscos y sin vida. Ciertamente, y hablando de la música más que nada, el arte nos confiesa que hay un más allá respirando en todo momento.
Por supuesto que hay muchas músicas con las que pasear, mirando al cielo o la ciudad, cada una a su modo expresa distintos ámbitos, pero si buscamos paz, sosiego medieval, retiro en la penumbra y soledad, nada mejor que escuchar a John Tavener o Arvo Pärt. Sus temas corales e instrumentales parecen surgir de horizontes oscuros.  Ahí, donde la luz es escasa, como la que se cobija tras las montañas, entre las nubes o en las noches estrelladas, adviertes que aún quedan destellos de esperanza. Prueba a contemplar la arquitectura interior de iglesias y catedrales cuando escuchas su música sacra. Conecta a la perfección. Prueba a pensar en las galaxias flotando en la negrura espacial. Funciona igualmente bien. Paradójicamente, dentro de la expresividad musical de  Tavener y Pärt, a pesar de ser un tanto melancólica, muchas de sus composiciones te consuelan, te arropan, te acompañan en tu duelo o inquietud ante la vida.
La inspiración de ambos compositores parte de la religión ortodoxa rusa, a la que estuvieron muy vinculados. Por otra parte, han recuperado del pasado estilos de composición antigua, principalmente la  gregoriana, incorporando ritmos pausados y marcando a sus cantos un color nuevo a base de distintos registros tonales. En ocasiones, algunas voces se convierten en prodigiosos solos que superan límites inauditos. El que sus pinturas musicales representen escenas bíblicas no exige que debamos adentrarnos en la misma religión ortodoxa para entender mejor su harmonías. Ni mucho menos que sepamos inglés o latín para entender sus letras. Basta dejarse llevar, abrirse al sonido para situarnos en un entorno donde lo que cuenta es lo  que de inmediato sugiere la música: redención, paz perpetua, esperanza. Se puede sentir la avenencia con Dios, sea lo que fuere que por tu parte crees que Dios es. Creas o no creas. Sólo se requiere un mínimo de sensibilidad.
John Tavener falleció en el 2013 a la edad de 69 años. Arvot Pärt tiene 82. John fue investido “Sir” por el imperio británico y Arvo fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Oxford en 2016. Sus composiciones han aparecido en un montón de películas. Bien pensado,  se les podría conocer como dos celebridades del panorama cultural pop. Pero nada más lejos. Por lo general la música clásica sigue siendo un mundo intrincado para la mayoría y si a eso le añadimos un estilo marcadamente religioso, el asunto se pone peor. No es yo piense que son pocos los que pueden disfrutar de esta música, sino que son pocos los que se atreven a liberarse de prejuicios y gozar de estas polifonías, muy al contrario, muchos disfrutarían de esa beatitud celestial que a menudo nuestra vida estrepitosa necesita. Son, con todo, dos compositores famosos para quien se mueva en el terreno de lo clásico, pero personalmente no conozco a ningún amigo cercano que los escuche.
Deberíamos reconocer que no necesariamente se tiene que considerar uno asceta para entender que la vida merece otra respuesta más allá de la realidad. Los santos y místicos que viven en retiro, a su manera, ponen su confianza en Dios, otros, en la naturaleza y la metafísica, y algunos otros en la física cuántica. Como la misma historia de la investigación demuestra, el mundo se despliega hacia una complejidad inusitada con cada nuevo descubrimiento. Creo, que cada cual tiene su propia razón de ser dentro del contexto que el mundo histórico le brinda. Pero al final, lo que de veras queda de cada indagación espiritual es afín a todos. Si antes fue un Dios bíblico, (aún vivo hoy en día para muchos) ahora caben otras especulaciones que también esconden conceptos de gusto religioso. En esos conceptos encaja la música de Tavener o Pärt. Con ella pareces recobrar algo que el mundo moderno, raudo y estridente, ha perdido. Se trata de una nostalgia por un tiempo que fue o que nunca ha sido, pero en donde la quietud te insinuaba que la eternidad estaba de tu lado.


"Cuando los abismos del corazón humano se abren en lo malvado y surgen esos pensamientos horribles que deberían estar sepultados eternamente en la noche y las tinieblas: sólo entonces sabemos lo que hay potencialmente en el hombre y cómo está constituida propiamente su naturaleza para sí o abandonada a sí misma." -  F. Schelling



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sábado, 25 de junio de 2016


Jürgen Habermas, en el impresionante marco de la iglesia de San Pablo en Fráncfort. "Lo más inquietante", dijo, "es la irreversibilidad de los sufrimientos del pasado —la injusticia infligida contra personas inocentes, que fueron maltratadas, degradadas y asesinadas— sin que el poder humano pueda repararlo. Y añadió:La esperanza perdida de resurrección se siente a menudo como un gran vacío.

Extracto de un párrafo de un ensayo titulado “¿Vivir sin ética, vivir sin religión?” que Manuel Fraijó escribió en El País el 8 de Febrero de 2014. Quisiera a raíz de ese ensayo desarrollar un rato más el tema que se expone acerca de la ética y la religión, de sus similitudes y sus diferencias.

CÓMO  EL CIELO LO HARÍA POSIBLE NADIE LO SABE

Puede, en verdad, el dolor convertirse en lo más dramático de la vida por su condición de haber pertenecido al tiempo. Es decir, se queda atrapado en el recuerdo y puede volver una y otra vez a insinuarse amenazante en el pensamiento. Imaginarnos fuera de las garras del tiempo resulta imposible, tan imposible como imaginarnos fuera o distintos de lo que somos en vida. Vida y dolor van unidos. El dolor viene por lo tanto a ser un hecho irreversible del que no podemos ser indemnizados, (cómo el Cielo lo haría posible nadie lo sabe) Se convierte de esta forma en una cicatriz indeleble. Como se dice en inglés, “forgiven but not forgotten” se perdona pero no se olvida. De esta manera, esa cicatriz parece pesar sempiternamente tanto aquí como en el más allá. Tal vez sea este hecho el que de veras trae a colación el auténtico sentido de la religión, de donde se yerguen dos pilares fundamentales la Fe y la Bondad sobre los que se apoya un dintel, la Salvación (el Cielo).
Antes de seguir leyendo quiero subrayar algo, es una condición que todos debemos entender ya de una vez por todas; la religión no es una ciencia y por lo tanto no da una respuestas categóricas. De su efectividad y convicción dependen factores personales. ¿Por qué creer entonces en ella? bien ¿Por qué no creer? ¿Acaso el hecho de no poder objetivar o concretizar una idea en una fórmula física significa que carezca de valor, que es errónea o inútil? Así, dado este caso, se nos dejaría en bandeja de plata la palabra Esperanza escrita en un sobre cerrado, que tarde o temprano debemos abrir para leer si hay o no respuesta a nuestras tribulaciones. Entiendo que no es tan fácil el que nos abandonemos a la incertidumbre de lo que al final de nuestras vidas pueda juzgarse, pero por desgracia no nos queda otra.
La Esperanza viene precedida por la idea de Salvación. Esto es connatural a todo ser vivo. Quien diga que no tiene interés por sobrevivir más allá de la muerte, miente. Se puede tener una actitud negativa o derrotera por falta de respuestas firmes pero nunca negar las ganas de vivir. Quien no quiera vivir es porque sufre y en el fondo lo que se desea es vivir mejor. La fe entraría aquí como una fuerza que nos ayuda a continuar esperanzados, pero entiendo que la fe por sí sola no vale para muchos.
Sin embargo, hay razones de peso para creer y/o mantener las esperanzas por lo que el más allá nos pueda presentar. Tenemos la metafísica, que sería una especie de religión inferida, ponderada, que da impulso a creer que ciertos fenómenos de la naturaleza y la mente juegan a nuestro favor. Algo nos queda aunque siga escondido en lo misterioso, en lo que hasta hoy sigue siendo impenetrable. Podemos entrever en el azar una fuerza teleológica que busca un estado diferente de las cosas, un progresivo perfeccionamiento. Podemos creer en un universo que esconde energías aún por descubrir y que cambiarán el rumbo de los acontecimientos que ahora creemos invariables. Y podemos creer también en nosotros mismos, que traídos hasta aquí por los mismos acontecimientos de la salvaje y caótica naturaleza poseemos una inteligencia distintiva y única en la historia de lo hasta ahora conocido. Aquí es donde se revelaría la Ética.
Si la Ética (Bondad) descansa en la voluntad es para que, con libertad e inteligencia, pueda ser utilizada. Sólo ella nos puede conducir por un camino de mutuo afecto y entendimiento entre humanos, animales y la vida entera que se despliega por este planeta. Con el tiempo podríamos ir más allá de donde nos anclamos gravitacionalmente y con el tiempo llegar hasta donde no podemos ni imaginar. Esto es religión, quieran o no entenderlo. Eso sí, es necesario que nos pongamos de acuerdo en las directrices a seguir, que vienen marcadas por consabidas, pero tantas veces pisoteadas o mal interpretadas, reglas que nos son afines a todas las razas del mundo. Sabemos de qué va el Amor, la Empatía, el Respeto, la Generosidad. Son valores que nos ayudan a prosperar individualmente pero que involucran forzosamente a la sociedad, que exigen mucha responsabilidad y librarse de prejuicios y egoísmos ¿Y por qué esto no se acaba de comprender? Pues porque aún no se entiende que esto es Religión. Si no se tiene sentido de lo que es la Religión no se tiene sentido de lo que es la Salvación y viceversa.
También la Ciencia tiene mucho que decir al respecto. Su preponderante papel hoy en día no hace sino servir a dos causas que implican a la religión, aunque sea tácitamente. Por un lado la ciencia expone lo que hay, y dada la envergadura de lo mucho que se exhibe, no parece sino situarnos ante una perspectiva divina. Los hay que no lo ven de esta manera porque su carácter irracional no deja clara evidencia de jugar a nuestro favor, si bien el principio antrópico diría lo contrario. Por otro lado, está en nuestra sabiduría, de la que tanto debemos a la naturaleza, el poder de extraer lo que nos conviene para nuestra Salvación, como así está sucediendo desde tiempos inmemoriales, desde que se empezó a dominar el fuego hasta el control de las energías nucleares. Claro que aquí apelamos nuevamente a la Ética si queremos continuar con éxito la labor de seguir con vida más allá de lo sentenciado por nuestro ADN.
Por todo esto y mucho más la religión se convierte en una doctrina que engloba a otras esferas de la sabiduría. Pero ha de ser, como el resto de los sistemas, una doctrina abierta por adaptarse a nuevos enfoques que van emergiendo del trato que mantenemos con la naturaleza. Puesto que eso que llamamos Dios es un ente libre del que si no lo sabemos todo, (como de hecho no lo sabemos) estamos obligados a liberarnos de dogmas ciegos y abrirnos a cualquier apertura de caminos que puedan guiarnos a un mejor y mayor conocimiento.

No tenemos una respuesta que justifique el dolor. Si la tuviésemos ni el dolor ni la vida serian lo mismo. Más aún, seguramente una respuesta convincente a esta maldición y desdicha que padecemos sería la panacea celestial, y que algunos así lo intuyen como la esencia de la religión. (Cómo el Cielo lo haría posible nadie lo sabe) Sufrir no es una opción, sino quizás la fuerza que nos empuje hacia algo todavía incognoscible pero divino. No hay peor aflicción que la de quedarnos sin una chispa de esperanza mientras haya espacio en la inteligencia para pensar. Los sueños nos acompañan a todas partes. Sigamos al menos creyendo. ¿Qué otro santo remedio nos queda?  - AllendeAran


"La religión no es un experimento sino una experiencia de vida, a través de la cual se forma parte de la aventura cósmica" - Raimon Panikkar
"Los hombres están acostumbrados a considerar el ser como algo carente por completo de voluntad, como una especie de añadido a la esencia. Pero si prestaran atención a la existencia interior, encontrarían lo contrario y, por ejemplo, observarían que sin la participación de su propio yo las mejore predisposiciones que pueda haber en ellos no pueden llegar a la realidad" - F. Schelling


"Hacer de la muerte vida, no es algo tan mágico
Pocos son los que están muertos del todo
Sopla sobre las brasas de un hombre muerto
Y un viva llama prenderá" - Robert Graves

"Si ustedes quieren, pueden ponerle el nombre de Dios a este propósito trascendente. Si es Dios, es un dios sociniano*, inherente al universo y creciendo junto con él en poder y conocimiento. Nuestras mentes son no sólo expresiones de su propósito sino también contribuciones para crecimiento." - Freeman Dyson

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miércoles, 13 de abril de 2016

"Todo hombre, en general, debe de haber conocido un punto de inflexión en su vida, el punto nocturno en que su ser se contrae." - Hegel
"A los hombres, tras la muerte, les aguardan cosas que ni esperan ni imaginan"  - Heráclito
SIN UN DESTELLO DE CIELO

Sea la religión o la metafísica, la ciencia o la filosofía, todas ellas, de forma implícita, buscan cómo salvar al ser de su inevitable destino, la muerte. Quiere el pensamiento salvar a su Yo, a plantar la vida exigua en un más allá, de trascender, de seguir existiendo como sea. Desde Platón el idealismo se dibuja calculadamente con el objetivo de trascender, y a partir de ahí todas las filosofías han venido a contradecir o intensificar nuestras expectativas por un mejor o peor existir. Para unos la realidad es como se muestra y es de cobardes no reconocer su autenticidad como sustrato objetivo independiente de nosotros. La realidad nos supera. Para otros la realidad está porque estamos nosotros, nuestra mente, y está para interpretarla y moldearla a nuestro capricho, no es sino apariencia. Sea como fuere, si hay algo que me sorprende de toda la historia beligerante del pensamiento es que nadie se haya planteado la pregunta desde una perspectiva más aguda y visceral, ni siquiera la religión, ¿Se puede en verdad imaginar un Cielo dadas las leyes establecidas en la vida que nos corresponde? No hablo de creer con fe, sino de imaginar, de idealizar ese concepto para que así se pueda uno poner con voluntad ferviente a trabajar en el proyecto, a confiar que de alguna forma recuperemos nuestro Yo con aquellos que parecen haberlo perdido tras morir. ¿Cómo es el Cielo para que podamos creer en él?
No se puede. Hay un obstáculo ineludible al que estamos subyugados y que hace la idea de la eternidad imposible. El tiempo. Para empezar, la felicidad que buscamos y que viene derivada del malestar que las circunstancias negativas nos deparan, no parece tener sentido más allá de una limitada temporalidad. Diríamos que dura un instante, porque hay que situarlo necesariamente en el tiempo y el tiempo viene marcado por vicisitudes donde distintas fuerzas de polos contrarios pugnan por la producción de algo que no es desconocido hasta ahora. Recuperar en el más allá lo que acá se nos niega no podría ajustarse en el tiempo. Inmersos en la felicidad no hay por qué actuar, no nos empujaría necesidad alguna a movernos, por lo que nos mantendríamos estáticos, impertérritos a cualquier sensación. De manera que imaginar ese paraíso en el que fluye la eternidad tal y como la hemos pensado en cierto instante duraría lo que ese instante demanda, ¿y después qué? Chocamos con la imposibilidad de recrear un paraíso que durara para siempre. El infinito visto desde esa perspectiva nos produciría vértigo, hastío.
No quiero ser partidario de que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Esto se puede mejorar. Hay países en los que se vive mejor que en otros. Hay personas que son más felices que otras. Pero eso de lo que depende tanto la felicidad de unos como de las ventajas que se ofrecen en unos países es un trabajo constante que se debe cuidar teniendo en cuenta directrices humanistas y cosmológicas. Se necesita mucho respeto, empatía, esperanza, y empezar a borrar esos caminos que nos conducen a un nihilismo oscuro, al yo egoísta y materialista. Se necesita estudio, convicción renovada de que hay futuro, de que sí se puede. Se necesita filosofía, arte. Y hay tantas salidas como la imaginación quiera, basta que la voluntad sea firme en su disposición. Aun así quedarían, en una sociedad laboriosa por el bien y el progreso, quedarían los accidentes inesperados por los que se sufre. La naturaleza que parece ser ciega a nuestros intereses en su devenir decidido nos zarandea. Nosotros mismos cometemos errores. ¿Qué respuesta podemos presentar a quienes sufren las contingencias de una historia desacertada? A quien de súbito muere tras sufrir un accidente, a quien padece una enfermedad, a quien nace desfavorecido físicamente, ¿cómo podemos exonerar a tantos de tanto dolor? Se necesita la idea de un Cielo probable, fidedigno, que pueda darnos consuelo, pero desafortunadamente algo calla, algo nos impide dar verdad a esta idea conceptual. A veces, por quedar, no nos queda ni la intuición, ni la fe.
Con frecuencia pienso que la muerte se nos presenta con tanta tragedia que parecería esconder una función distinta de lo que es o aparenta. La muerte resulta tan sospechosa en su crueldad y tenebrismo que parecería ocultar algo. Es tan esperpéntica que debería dar risa en vez de miedo. Encaja en la vida porque sin ella no habría vida. Sin la muerte no entenderíamos cómo podría funcionar el universo, no sabríamos cómo ni de qué manera el todo que nos rodea podría existir como tal. Si somos humanos es porque somos mortales. Y sin embargo, a la vez, conviviendo con ella, cuando la miramos de frente y aceptamos lo que es, (que a todos nos toca tarde o temprano) nos da un miedo porque rompe todo convencimiento de creer que merece la pena vivir. Haber venido aquí para estar sin saber y luego no estar sin saber por qué. Con o sin la muerte, la vida se contradice, se revela absurda y anodina.
Corresponde a nuestro intelecto encontrar una solución a este acontecimiento siniestro, para así dar valor efectivo a la existencia y no perder las esperanzas en lo que somos. Pero por más que nos estrujamos los sesos, ni la religión, ni la metafísica, ni la ciencia han sabido ofrecer respuesta que bajo las directrices del razonamiento podamos asumir. Cierto que hay un devenir perpetuo que conjugado por fuerzas antagónicas va desarrollando nuevas formas de existencia al margen de nuestras finalidades. Podemos creer que hemos llegado con la vida y el pensamiento a la mayor sofisticación posible, pero por desgracia es insuficiente. Esta fase del ser carece de muchas facultades, somos demasiado vulnerables. Nadie se conforma con estar ahora y desaparecer luego, olvidados en la nada. Se sufre. Es por eso que tenemos la obligación de buscar una causa que el razonamiento (u otra forma de intuición) justifique con plena satisfacción la existencia. Algo convincente que nos dé paz, seguridad, fortaleza para continuar adelante. ¿Es esto únicamente responsabilidad nuestra? ¿Acaso la historia no es el acontecimiento que viene buscando esto, un proceder o método, que nos asegure un futuro estable? Y sin embargo… ¿por qué es tan difícil ponerse de acuerdo en esta empresa? 
El Cielo sigue manteniéndose distante, igual que ese azul jamás alcanzable en el que la vista se hunde perdida al mirar arriba. No hay forma de entender cuál debe ser el paradigma que nos lleve a encontrar ese camino seguro, la Idea de todas las ideas. No digo llegar a un fin, porque eso suena a encontrarse con la muerte, sino a ese algo aún indeterminado que nos libere de tanto sacrificio y dolor injustificable. Hasta hoy nada nos ha llegado con el poder necesario para hacernos tomar ese rumbo abierto a la salvación. Seguimos tan desorientados como cualquiera de nuestros antepasados. El Cielo se resiste a crear sus reglas, se torna inimaginable. Solo me cabe la esperanza de que los siglos ulteriores vengan marcados por otras leyes físicas o espirituales, no sé, o mezcla de ambas cualidades, pero leyes más dúctiles, que puedan ofrecer mejores principios para una esperanza más clara. Porque de momento el ser de los muertos de nada habla sino de silencio, y eso nos duele, a nosotros los vivos. Puede que como un acertijo encriptado no tengamos derecho a saber más, y no nos quede otra cosa que la fe. Puede que sea deber nuestro el edificar horizontes a partir del sufrimiento, pero si después de tantos siglos poco hemos logrado aliviar nuestra dolorosa desazón tal vez lo único que nos quede es dejarnos llevar y que el mismo destino nos ampare. Aquí estoy sin saber por qué, tanteando a ciegas. Allí, donde sea, al inconcebible lugar que llaman Cielo, ¿llegaré? La fe, sólo la fe. - AllendeAran
                                                                                 

 
                                                                                                                               Mathieu L.
"Lo que llamamos naturaleza es un poema cifrado en maravillosos caracteres ocultos. Pero si se pudiera desvelar el enigma, reconoceríamos en él la odisea del espíritu que, burlado prodigiosamente,  huye de sí mismo mientras se busca; pues mediante el mundo sensible como por palabras, como a través de una niebla sutil, el sentido ve el país de la fantasía al que aspiramos."      -  F. Schelling
"¿Tiene el mal algún final? Y ¿Cómo? ¿Tiene acaso la creación alguna meta? Y, si esto es así, ¿Por qué no se alcanza inmediatamente, por qué no se da la perfección ya desde un principio? Para esto no hay más respuesta que la dada: porque dios es una vida y no sólo un ser. Y toda vida tiene un destino y está sometida al sufrimiento y al devenir. - F. Schelling

 
"En la jerarquía de las cualidades la próxima cualidad hacia la más alta posible es la divinidad. Dios es el universo entero involucrado en un proceso por emerger esta nueva cualidad, y la religión es el sentimiento que nos encauza hacia él, y estamos atrapados así en el movimiento del mundo que va hacia una existencia de mayor nivel."  - Samuel Alexander
"Debemos entender que la divinidad no es como tal cognoscible, no se encuentra delante de nuestras mentes como sustancia observable [...] sino que el mundo actual contiene la semilla de su futuro, si bien lo que se forme en el futuro está escondido de nosotros."  - Samuel Alexander                                             

                                                                                                                   Marcin Stawiarz
"No podemos pensar cómo la unidad del mundo puede hacerse algo múltiple; de lo eterno, algo variable: lógicamente, eso es incomprensible. [...] Sólo queda de estos sistemas metafísicos un estado de ánimo y un idea del mundo."  - Wilhelm Dilthey
"En las experiencias vitales, en las actitudes ante el problema de la vida. En estas actitudes se funda la multiplicidad de los sistemas y a la vez la posibilidad de diferenciarlos. Cada uno de ellos afecta al conocimiento de la realidad, la valoración de la vida y el establecimiento de fines." - Wilhelm Dilthey

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