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miércoles, 23 de octubre de 2019

"El día que entendí que lo único que me voy a llevar es lo que vivo, empecé a vivir lo que me quiero llevar."  - Anónimo
"Los pensamientos sin contenido son vacíos, las intuiciones sin conceptos son ciegas."  - Kant 
PENSAR EL MUNDO
Poca gente pondría en duda que la realidad no está ahí, que cuanto existe como materia es falso y que la existencia de las cosas que nos rodean son una ilusión. Yo no quiero dudar de ello, ni mucho menos pretender que se equivocan, pero sí que me sorprende que la presencia física del mundo sea tan difícil de aprehender y que su consistencia sea tan evasiva y fluida a pesar de la dureza con la que se nos presenta a los sentidos. Cuando se trata de analizar la realidad de las cosas contamos principalmente con la conciencia. Tras una primera impresión que reciben los sentidos al contacto con lo externo, la MEMORIA facilita que la conciencia haga su tarea de procesar nuestro encuentro con esa realidad, pero debemos comprender que no hay manera de hacerlo sin salir de la misma conciencia. Ésta, utiliza pautas, (categorías kantianas a priori, como el espacio-tiempo) con las que diseccionar lo que de inmediato la realidad nos propina. De alguna manera nos las arreglamos para acomodarnos en el mundo, gracias a la conciencia, a todo aquello que vamos procesando y que cobijamos en la mente o cerebro en forma de recuerdo. Sin la facultad de poder recordar ¿Qué seriamos? Pero el recuerdo, lo que de verdad guardamos en la mente, ¿No es, sin más, pensamiento?
Porque, en esa búsqueda de una certeza fija que preste ayuda al entendimiento de lo que somos, la conciencia se queda a solas siempre con algo que no entendemos como realidad pura; el pensamiento. Teniendo en cuenta que hemos prestado extrema importancia a la física, como algo real, verídico, como identidad nuestra, afirmativa y racional, me pregunto cómo es que la final, el pensamiento, (tutelado por un Yo o conciencia) se erige como la única prueba de que disponemos para valorar la mismísima realidad, esa que tan rápido como la aprehendemos se desvanece engullida por el tiempo, consignada en las fosas de la memoria en forma de recuerdo. Bien pensado, quizá tengamos que revalorizar ciertas ideas a las que hemos marginado por aferrarnos a una verdad única, cuando esa verdad, materialista, es de todo punto inconstante, resbaladiza, huidiza y únicamente aprehensible, a la postre, como pensamiento. ¿Cómo es posible entonces que demos tanta importancia a la materialización de nuestros deseos?
Estoy en el andén del metro esperando a que el tren llegue. Le veo venir, salir del túnel. Se aproxima hacia mí. Va frenando. Se para y las puertas de entrada coinciden conmigo. Se abren. Entro y miro alrededor para elegir un sitio en el que sentarme. Ese acontecimiento de ver salir el tren del túnel, de hace unos segundos, es ya pasado. Ese frenar y el que las puertas se hayan abierto coincidiendo conmigo, es ya pasado. Se acaban de cerrar y yo me siento. Ese cerrar de puertas a mis espaldas, es ya pasado. Saco de mi mochila un libro que voy a leer mientras dure el trayecto. Me acabo de sentar, y como ya estoy sentado con el libro en las manos, ese hecho de sentarme es ya pasado. Así, a cada movimiento que ejecutamos, se convierte de inmediato en pasado. Y la única manera de constatar que ha habido un pasado, una realidad fenoménica es constatándola como real desde mi conciencia, un pensamiento, al fin y al cabo, que habla de lo que fue real pero que ya no es, porque desde el presente tan solo me queda el que esté leyendo un libro del cual interpreto, a medida que voy leyendo frases, una historia que se cobija en mi conciencia, que se instala, al fin y al cabo, como pensamiento. La realidad que nuestros sentidos advierten en un presente dado se funde en pensamiento tan rápido como un parpadeo. ¿Qué queda pues de la realidad física como tal, cuando todo cuanto podemos constatar viene dado desde el recuerdo, que es, al fin y al cabo, pensamiento?
Si se llega a entender del todo esta sensación huidiza de la realidad, (esa intuitiva comunión a través de los sentidos con el presente objetivo) deberíamos reconocer que la vida personal de cada individuo es 99% pensamiento. Aunque intensamente apabullante en un principio la intuición sensorial, que sería ese resto del 1%, lo que queda a la hora de dar testimonio de lo que es la realidad, es a la postre, solo pensamiento. El mundo de las cosas, eso de ahí afuera, queda implantado como verdad en nuestro cerebro en el recuerdo (le damos esa confianza de verdad como testigos que hemos sido de la experiencia, pero es, al fin y al cabo, pensamiento). La realidad del presente es continua igual que la cinta cinematográfica que se proyecta en la pantalla del cine. A cada fotograma le sucede otro, y así, mientras vamos mirando concentrados, las escenas pasadas son tan solo recuerdo. De igual manera podríamos decir que vivir es ir dejando instantáneamente vivencias que enseguida pasan al recuerdo y que, gracias a la vital y significativa MEMORIA, esos recuerdos (que no dejan de ser pensamientos) dominan nuestra vida por completo. El resto es la continua realidad que mientras vivimos nos informa de todas aquellas cualidades que forman la vida. La vida nos nutre de más pensamientos y sin ellos no entenderíamos qué es la vida.
Sí, en cierta forma, se podría decir que vivimos en una “fantasía” permanente, porque la realidad se transforma de inmediato en tan solo un recuerdo. Sin embargo, esa “fantasía” es un mundo que engloba también la vida de todos, y que tiene unas exigencias, una dirección, una ética, construye un futuro y crea incluso una ciencia que afirma que en verdad algo existe, que algo somos. Desde un YO, ese centro difícil de definir (que actúa como si fuera el director de una orquesta que busca armonizar el ruido en una sinfonía) utilizamos ciertas herramientas tanto innatas como aprendidas, (matemáticas, lenguaje) para tamizar, clasificar, distinguir, organizar toda esa amalgama de sensaciones que asaltan nuestro cuerpo a cada momento. Lo curioso del tema es que, sin ese YO, (aunque los budistas quieran deshacerse de esa esclavitud al ego) no sería fácil dar un sentido a la vida. Parece vital su ser para organizarnos, no ya a nosotros mismos sino al ser que somos con el resto del mundo.  Porque el pensamiento puede tener siempre una misma cualidad (sensación o imagen hospedada en la mente) pero lo dividimos en distintas categorías y conceptos para poder entendernos.
No todo pensamiento es de igual naturaleza, como digo. Sabemos el que pertenece al sueño diurno y el nocturno, el de las ensoñaciones que nos gustaría vivir, (fantasías que la realidad no nos concede) el pensamiento que jamás revelamos por vergüenza o respeto a la moral, el que incluso no sabríamos explicar (sentimientos que no encuentran adjetivos adecuados para expresarse), el que abre ideas e imagina un futuro que nos compromete como sociedad, aquel en el que casi todos coincidimos porque viene enjuiciado por nociones afines a toda persona, presidido por las matemáticas y el lenguaje principalmente. Es, este último tipo de pensamiento, al que damos mayor fiabilidad porque está bien encajado en los intereses comunes y sociales, que hace que juzguemos la vida con una cierta coherencia, (evitando caer en el absurdo o el surrealismo) y que busca un proyecto unificador e interesado. Es, cabe decirlo, por otra parte, en el que cree la ciencia, porque ésta queda homologada por el sentido común, que hace que no naufraguemos en antinomias, algo que al parecer molesta a nuestra conciencia para su desarrollo.
Con todo lo dicho, no estoy poniendo en tela de juicio la existencia de la materia. Por supuesto, está ahí y aún más está mi cuerpo que me acompaña y que me avisa con dolor cuando algo va mal en mi interior. Si me pinchan, sangro. Mi cuerpo da testimonio fiel de que el presente está aquí conmigo, viaja conmigo, me acompaña de continuo allá donde vaya, como lo hacen mis manos, mis pies o mis ojos abiertos. Estoy aquí, y aunque a cada rato que pasa me voy transformando en algo distinto, porque envejezco, (aunque apenas me dé cuenta de ello) doy veracidad a mi existencia. Soy algo, soy real. Pienso, luego existo, que diría Descartes. Pero si efectivamente confieso que estoy vivo, lo hago desde el pensamiento.  Y así circulamos en espirales, sin saber si mente y materia es lo mismo, o son las dos caras de una misma moneda, o si una fue antes y la otra después, y si esta alimenta a aquella o viceversa. Es la rareza que a tantos filósofos ha llevado a tantos quebraderos de cabeza. ¿Cómo es posible que la única fuente indiscutible de la existencia sea un pensamiento, cuando la materia se muestra tan cínicamente más real que la mente? ¿Qué hace que estén tan estrechamente unidas, materia y mente, pero sean tan antagonistas? ¿No será que todavía erramos en algún cálculo, que nos falta alguna categoría esencial para llegar al fondo de las cosas y su vínculo con nosotros? ¿Se puede entender un mundo sin una mente que lo confirme? Sigue pensando.  -   AllendeAran.


“Tiene que haber una interfaz entre nuestras capacidades cognitivas y el mundo externo o, para decir lo mismo de otra manera, la idea de que nuestras capacidades cognitivas no pueden acceder completamente a los objetos en sí mismos” – Hilary Putnam
“La matematización de la naturaleza nos fuerza a aceptar la visión tradicional de la percepción. […] la forma de cualquier afirmación de conocimiento y las maneras en que esa afirmación es respuesta a la realidad se fijan por adelantado y de una vez para siempre.”  - Hilary Putnam.
"Dado que no somos diferentes de la 'mente', ni estamos separados de ella, no podemos aprehenderla ni podemos 'integrarnos' con ella puesto que nunca nos hemos desintegrado de la misma y, por esa razón, mientras sigamos pensando en términos relativos, nunca podremos comprender lo que es."  - Terence Gray (Wei Wu Wei)
"Parece lógico que, una vez transcurrido nuestro 'presente', su presencia pase a ser meramente conceptual, es decir, una pura concepción mental que carece de existencia objetiva. En consecuencia, es imposible que lleguemos a conocer el verdadero presente."  - Terence Gray (Wei Wu Wei)

“Pero aquellos dos tiempos, pretérito y futuro, ¿cómo pueden ser si el pretérito ya no es y el futuro todavía no es? Y en cuanto al presente, si fuera siempre presente y no pasase a ser pretérito, ya no sería tiempo, sino eternidad.”  - San Agustín
"Es ciertamente extraño que haya prevalecido entre los hombres la opinión de que casas, montes, ríos, en una palabra, cualesquiera objetos sensibles, tengan existencia real o natural distinta de la de ser percibidos por el entendimiento."  - George Berkeley

FOTOGRAFÍAS, ANTONIO MORA

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viernes, 30 de agosto de 2019

"El ser tiene que afirmarse, y para un ser que tiene que afirmarse la existencia toma el carácter de un interés o un propósito."  - Hans Jona
"Lo natural y comprensible es la muerte, lo problemático es la vida."  - Hans Jonas

¿MERECE LA PENA VIVIR?

Supongo que quien más o quien menos se habrá hecho esta pregunta en alguna circunstancia adversa de la vida. Sé que algunos ni siquiera se atreven a plantearse semejante pregunta y/o dudar de la respuesta. Por unanimidad se aprueba un sí incondicional, incluso en situaciones donde las de perder la vida, y con dolor, es obvia. La vida está ahí, para bien o para mal, para vivirse. Faltaría más. Yo comparto esta opinión, pero a menudo le pido a la vida una respuesta que justifiqué su aparición, un porqué a esta forzosa permanencia en un devenir repleto de adversidades que hacen que la vida se nos antoje en ocasiones anodina, incomoda, pesada, absurda, aburrida, muy problemática y dolorosa. Puede que la culpa sea por nuestra avaricia, de la falta de valentía o imaginación, o puede que por pedir lo que no se puede, o por curiosear más allá de donde se nos permite; (hasta aquí bien, y más allá de este ahora mal). Presente constante, fugaz, que parece perdurar, pero que se acaba, un día u otro, lo esperes o no lo esperes. Sea como fuere, la respuesta, lo adelanto, no es fácil de esclarecer, muy a pesar del sí incondicional al que estamos acostumbrados.
Tengo que aclarar ya mismo que no estoy encubriendo la idea del suicidio. No se trata de eso. Se trata de si con vivir basta o estamos aquí para algo más que no acertamos a saber o si quizá no haya nada más qué saber y aprender a vivir por vivir, procurando deleitarnos en el puro hedonismo, o si tal vez tengamos que ejercitarnos para algo más trascendental. Nuestra naturaleza marcada por la consciencia hace que nos sintamos a menudo raros con nuestra existencia, sobre todo cuando las cosas no funcionan como esperamos y nos preguntamos si hay forma de cambiar el mal estado en el que nos hayamos. La soledad, el aburrimiento, la rutina, el miedo, el rechazo, la tristeza son todos síntomas que contradicen la felicidad que la vida supuestamente debería proporcionarnos. Sin embargo, una felicidad permanente y continua no parece tampoco encajar en nuestra mentalidad y entendemos que la fatalidad, en su propia gama de colores y sabores, venga de vez en cuando a decirnos que hay que sufrir y en consecuencia actuar contra ese sufrimiento. Se nos pide acción, tomar una determinación, luchar.
Lo cierto es que, en lo que a mí respecta, no tengo una respuesta definitiva a este dilema. Hay varias formas de enfocarlo. Por un lado, si tenemos que valorar la vida en función de la muerte, es decir, lo que haya al otro lado del oscuro telón que nada nos deja ver, será decisivo a la hora de valorar positivamente la vida, como si ésta fuera un puente de tránsito hacia un estado mayor y mejor de nuestra existencia. Un algo más perfecto. Un Cielo, por decirlo de manera más directa, aun cuando no sea ese Cielo infantil al que nos tienen acostumbrados las religiones al uso. Puede ser otra vida en función de cómo hayamos sufrido aquí, de cómo hayamos deseado, una reencarnación, o simplemente un más allá inimaginable, un mundo predispuesto por los acontecimientos de la evolución a la que estamos supeditados de antemano, llevados por el azar o fuerzas fuera de nuestro control. Un mundo, cabría incluso decir, que tal vez fuese peor que este en el que habitamos ahora.
Como no tenemos ninguna prueba fehaciente de ese más allá, no queda otra que guiarnos por pistas o seguir las huellas de ideas, (idealismos) que se ajustan con cierta coherencia a nuestro raciocinio y sentimientos.  Pero ninguna de esas pistas será lo bastante convincente como para apostar el todo por el todo. Ya te puedes leer el Fedón de Platón, sobre la inmortalidad del alma, leer al obispo Berkeley, La Fenomenología del Espíritu de Hegel, la Biblia, el Corán, el Tao, seguir los pasos de la ciencia y entrever salidas en mundos paralelos o nuevos universos que discurren a través de eones, que nada te va a dar luz verde a una creencia indudable. Solo la fe podría darte sostenibilidad a tus amargas pesquisas. Pero la fe no es en modo alguno la certeza que nos gustaría poseer como quien empuña con fuerza un cuchillo.
Así, en consecuencia, nos vemos ante una incertidumbre inquietante que pareciera insistir en que nos debemos entregar a algo, lo que fuera, con tal de encajar en el mundo. Una creencia que pueda dar sentido a una vida sentenciada a desaparecer. Buscar o crear, y creer en ese algo. Quizá ahí es donde resida el quid de la cuestión. Que aquí no se viene solamente a vivir por vivir, sino a vivir por algo más significativo, algo que perdure o potencie la insignificante estancia en la que estamos metidos. Se viene a construir un más allá más completo, puesto que las normas de esta vida resultan con frecuencia restringidas al silencio, a la incomprensión y la frustración.
Claro que, por otro lado, están los ateos o agnósticos que prefieren no desvalorizar la vida pensando que tras morir estaremos en mejor situación. Incrédulos de que al morir algo bueno nos esté reservado, es mejor hacer lo que sea posible para vivir la vida cómo mejor se pueda aquí. La idea de Dios les parece confusa, desencajada de la realidad y sin fundamento. Dado que los muertos no responden a ningún estímulo, solo nos queda encarar con valentía la verdad de que al morir todo se acaba.
Yo, sin embargo, soy de los que piensan que nadie puede ser ateo categóricamente, de la misma manera que no se puede creer en Dios con absoluta convicción. De entrada, creer en la nada es prácticamente imposible desde la perspectiva de estar vivo. La nada es una idea abstracta que no es cognoscible por su propia naturaleza; ser carencia de algo. La nada al igual que la negación NO, desestima lo real transformándolo en irreal. Se puede estar vivo y no ser consciente de ello. Además, creo que todo ser vivo tiene la voluntad innata de querer vivir y hará lo que sea por continuar vivo. Por mucho que se presuma de ateísmo, en el fondo, el mismo instinto de supervivencia les dirá que no, que no se puede uno hundir en el ocaso de la desaparición, ahogarse en la nada. Y sospecho que quien se suicida se lleva consigo algo de esperanza en el silencio más recóndito de su corazón.
Y aquellos que defienden a Dios por encima de toda oposición se mienten así mismos, ya que la fiel convicción de su existencia les convertiría en santificados de la felicidad y el coraje. Es decir, no tendrían miedo de nada sabiendo lo que les aguarda tras morir, y eso no sería humano. Sería como conocer quién es el asesino al final de una pelicula, como si conociéramos la voluntad de Dios, el secreto de su omnipotencia. El Dios del más allá no se le aparece a nadie para tranquilizar sus disgustos, igual que si apareciera nuestro ser más querido ya ido para decirnos que no nos preocupemos que todo está bien. Si de veras hay Dios éste nos estará reservado como una sorpresa, quizá con alguna recompensa al mérito de nuestra bondad (si crees en ella) de nuestra paciencia, tal vez la fe, el amor y lo que prefieras, pero no dejará de ser una incógnita, un silencio que no vendrá a romperse para darte seguridad integra. Yo no creo en los milagros.
La duda, por consiguiente, parece afectar a todo tipo de inclinaciones. Valorar la vida mucho, poco o nada, depende de las circunstancias que a uno le afecten, así como la lectura que cada cual quiera sacar de sus propias vivencias. Vivir por el placer de vivir es tan loable como vivir dedicado a crear un misticismo trascendental, un mundo que supere los supuestos defectos de este. En cierta manera, sería parecido a lo que hace el arte, que toma de la realidad los elementos y experiencias para transformarlos en algo más soportable o más intensamente bello. Crear una armonía o un reflejo más personal y adecuado cuando sentimos que las cosas no son como debieran. Crear una comunicación con el exterior para que se dé una coherencia afable. En ocasiones se busca un trasfondo que nos sitúe en una esfera más arriba, desde donde se pueda configurar una conciencia más potente, un sentimiento más penetrante y una libertad más desenvuelta. Pero también comprendo a quienes no deseen espiritualizarse con el mundo y quieran apreciarlo en sus inmediatas propuestas placenteras, incluso a pesar de lo muy difícil, y frustrante, que puedan resultar en ocasiones, porque el mundo y sus tentaciones no parecen estar expresamente diseñadas para dar gustazo constante a nuestros caprichos.
Con lo cual, insisto, cualquier postura es válida porque no hay certeza ni de lo uno, ni de lo otro. Todo depende del valor que le queramos otorgar a nuestras decisiones. A pesar de que no hay agradecimientos expresos por parte del mundo. No hay verdades absolutas a las que abrazarse. Es ese absurdo en el que caemos cuando nada de cuanto creamos y/o creemos nos responde, cuando nuestros esfuerzos no son valorados. Ya que estamos aquí, vivamos como mejor se pueda, pero eso dependerá mucho de cómo gestionemos nuestras sociedades, interpretemos la naturaleza, intercambiemos amor, nos dediquemos al arte, usemos la inteligencia emocional y nos apreciemos humanamente. Si esto no funciona ni da los resultados esperados, habrá que seguir luchando para cambiar de táctica, emprender otro rumbo o tirar la toalla si nos cansamos. Eso es la libertad. Esto es lo que queda. Eres tú quien decides.  - AllendeAran.


“A veces creo que nada tiene sentido. En un planeta minúsculo, que corre hacia la nada desde millones de años, nacemos en medio de dolores, crecemos, luchamos, nos enfermamos, sufrimos, hacemos sufrir, gritamos, morimos, mueren y otros están naciendo para volver a empezar la comedia inútil.”  - Ernesto Sábato

"¿Cómo y por qué ha entrado la muerte en un mundo cuya esencia es la vida, y con el que por tanto la muerte está en contratación?, ¿A donde conduce la muerte en el contexto de la vida total, hacia qué es la transición, dado que todo cuanto es es vida, de manera que también la muerte misma no puede ser en último término otra cosa que vida?  - Hans Jonas
“Es más fácil soportar la muerte sin pensar en ella, que soportar el pensamiento de la muerte.”  - Blaise Pascal
 

"Cuando Heidegger habla sobre la anticipación de la muerte de uno no es tanto la cuestión de la inmortalidad lo que le preocupa, sino la cuestión de qué significa la muerte anticipada para el ser humano."  - Paul Tillich
 “El hombre que no percibe el drama de su propio fin no está en la normalidad sino en la patología, y tendría que tenderse en la camilla y dejarse curar.” Carl Gustav Jung
 


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domingo, 20 de enero de 2019


"El destino se escribe a medida que se cumple, no antes."
  Jacques Monod

"El último campo de la metafísica es el potencial creativo por innovar."
Alfred North Whitehead
 
¿SABE LA NATURALEZA LO QUE QUIERE?
Buena pregunta. Y te la voy a responder ya mismo. La Naturaleza no sabe lo que quiere pero sí lo que le gusta. Y en esto reside toda conclusión derivada de la indagación científica que hasta hoy se ha venido desarrollando. La teoría de la evolución así lo constata. Analogías al respecto sobran y son fáciles de entender. Es como un cocinero que combinando especias, hierbas y semillas prepara un buen plato a degustar. Si al probar le sabe bien se lo queda, si no lo descarta. El cocinero cocina pero no sabe qué plato desea, simplemente va experimentando. O también, es como un compositor que disponiendo de notas musicales se dispone a construir una pieza musical encajando las notas sobre el pentagrama y a medida que va alternando notas va dilucidando melodías que, según su gusto, las reserva para luego enlazarlas con otras que están por inventar. Así hasta completar su sinfonía (si es que decide terminarla) De ahí el sistema progresivo, constante y variante del actuar de la Naturaleza, y de ahí que el gusto sea su juez. Es por eso que las especies que pueden o saben adaptarse al entorno permanecen por más tiempo, evolucionan. Buscan además de perdurar, mejorar.
Toda la larga trayectoria de la evolución parece descansar en querer construir un mecanismo sofisticado que vaya más allá del arquetipo primigenio (lectura derivada del reduccionismo al que nos hemos abocado científicamente) Aquella bacteria en el agua, aquella ameba, microorganismos pluricelulares, insectos, peces, anfibios, reptiles, aves, mamíferos, simios, ser humano. Variedad sí, pero con mejoras sustanciales que dejan atrás otras sencillas formas de vida. Muchas siguen ahí todavía porque quizá tengan que ver con la edificación permanente que se da sobre el terreno del planeta. Es decir, son material de construcción del que, por una parte dependemos para nuestra continua existencia y, por otro lado, que utilizamos para mutarnos en otro ser distinto a medida que el tiempo nos lo permite. Un ser aún por llegar, difícil de imaginar, porque aun sabiendo lo que deseamos mejorar, estamos al servicio de las contingencias del azar, la confusa ética social, las posibilidades delimitadas y energías que tan pronto juegan a nuestro favor como nos debilitan. Seguramente porque no sabemos a ciencia cierta cómo deberíamos mejorar, tampoco la Naturaleza lo sabe de antemano.
Diríase que algo se mueve por un propósito teleológico, o como diría  Jacques Monod, teleómico. Dudo que sea cuestión de permanecer vivo por más tiempo, de adaptarse, resistir, y/o existir, porque para eso podríamos habernos conformado con ser piedras. Nada parecería más absurdo que el hecho de existir por el simple hecho de existir. Nada parece más impropio al continuo devenir de la Naturaleza que una parálisis permanente. Es posible que sí haya una finalidad escondida que ignoramos por completo. Nos servimos de especulaciones, pero no son ciencia,  actuamos a nuestra conveniencia, pero no parecemos adelantar mucho. Nos faltan piezas de un puzzle que no sabemos cómo encajar, porque ni siquiera tenemos la visión global del paisaje con el que estamos jugando. Vamos dando tumbos, vaivenes. Si algo queremos con certeza, no a todos parece convencer por igual. No lo tenemos claro, la Naturaleza tampoco. 
Todo apunta a que el interés verdadero de la Naturaleza sería el arte, es decir, la creatividad per se. Ahí es donde parecería ella estar entretenida, regodeándose en el mismo acto de crear, multiplicarse, esparcir sus dotes hasta donde pueda. Teniendo en cuenta que en la combinación de elementos de que dispone y su constante alquimia no hay cese, que su quita y pon, su transformación incesante resulta (paradójicamente) invariable, parecería dar a entender que no sabe qué persigue aunque sí esté conforme con algunos de sus resultados conforme se van dibujando. Se da una perfección progresiva. Se sofistica. Al menos, eso es lo que nos parece haber aprendido si contemplamos con mirada poética la exuberancia de sus innovaciones biológicas que han venido a expandirse sobre la superficie terrestre desde hace ya, estimamos, unos 4.000 millones de años.
Considerando que es la conciencia la única herramienta con la que podemos escudriñar los secretos del mundo natural, me pregunto ¿qué podemos entender por verdad, qué leyes inmutables nos definen si no son aquellas con las que definimos a la misma Naturaleza? Es decir, ¿hay otras? ¿No se será la conciencia reflejo de la Naturaleza como quien se observara en un espejo? ¿No buscamos respuestas en la Naturaleza para nuestras preguntas? ¿No será ella la encargada de seguir y desvelar esas indagaciones? ¿Sabemos nosotros lo que queremos a largo plazo? Si no lo sabemos ¿por qué debería la Naturaleza saberlo? ¿No será precisamente que la oscura teleología que no acertamos a entender en la mutación y evolución de las especies se dé porque tampoco nosotros sabemos a dónde dirigirnos? Si somos incapaces de entender la perfección, imaginar un paraíso, vivir en la eterna complacencia, ¿cómo podemos ir hacia adelante? Somos uno idéntico, fundidos sin remedio a intercambiar ideas. Mutuamente nos encontramos en una encrucijada de la que tal vez dependamos del juego del azar, hasta que podamos llegar a una conclusión que nos permita avanzar. Evolucionar.
Si como hemos venido a creer, es la conciencia del ser humano la creación más sofisticada, será deber de esa conciencia sentirse agradecida a la Naturaleza. Nada resultaría más satisfactorio para Ella que sentirse adulada. Y nada funcionaría mejor que la sentida estética que expresamos, a nuestra manera, mediante el arte. Imitar exactamente lo que Ella misma hace; crear. Pero esta vez no al azar, sino reconciliando sus ciegos misterios que resultan contrarios a nuestros deseos. Esos aspectos que entendemos como negativos, erróneos, dañinos y perjudiciales para la alegría, el bienestar, el placer.  Esa paz reconciliadora que tanto añoramos exige, sin embargo, respeto y cuidado hacia la Naturaleza, (valor ecológico). Estamos, a la vez, obligados, a encontrar una armonía que revalorice el desarrollo personal y social, (la ética).
Pero queda mucho por aprender, mucho para aquellos que viven todavía presos del egoísmo. Esa creencia en que cada uno ha de salvarse como individuo por encima del otro y de todo. Sin que entienda el pobre, pobre de espíritu, que si algo es, es pensamiento, y el pensamiento es sustrato de las vivencias compartidas con la Naturaleza. Sepamos elegir bien de lo que se nos da. Porque si algunos no cuidan de su casa, ¿cómo van a sentirse recompensados, a gusto y en paz allá por donde caminen o tomen descanso? Menospreciar la Naturaleza, obrando a sus espaldas, sin considerar sus cualidades es estar traicionando a su propia raza. Y antes de acabar con el planeta, antes de que este enferme seriamente, mal que nos pese, nosotros seremos los primeros en perecer.
Y si bien no estaremos aquí para presenciarlo y poder contarlo a nuestra manera, la cosa no acabará tan simple y llanamente. La Naturaleza seguirá especulado entonces otra composición sinfónica más armónica que la anterior, arrojando los dados una y otra vez hasta dar con la fórmula que dote de mayores ventajas a sus noveles criaturas. Algo que perdure y se coloque en otra esfera más próspera. Un lugar al que nuestra imaginación no alcanza a saber ahora, tan solo si acaso intuir. Por mucho que desaparezcamos nosotros, algo nuevo acontecerá, otra cosa vendrá a suplantarnos, algo desconocido incluso ahora para Ella, que no sabe lo que quiere pero sí lo que le gusta. - AllendeAran

 
“Las única mutaciones aceptables son pues las que, por lo menos, no reducen la coherencia del aparato teleónomico, sino que más bien lo refuerzan en la orientación ya adoptada o, sin duda más raramente, lo enriquece con nuevas posibilidades.”  - Jacques Monod

 “El hombre solamente selecciona en su propio beneficio, la Naturaleza por aquello a lo que el ser tiende”  Charles Darwin
“Ya que la selección natural funciona sólo por y para el bien de cada entidad, todo talento mental y físico tenderá a progresar hacia la perfección.”   Charles Darwin
"El hombre no está por encima de la Naturaleza, sino en la Naturaleza [...] Estamos obligados a reconocer que Dios no está orientado contra el mundo material (según la Cristiandad) sino orientado por un "poder divino" o "espíritu movible" dentro del mismo Cosmos. Todos los grandiosos fenómenos de la Naturaleza circundante, orgánicos e inorgánicos, son sólo una variante del producto de una misma fuerza original."  Ernst Haeckel

Ilustraciones de Ernst Haeckel (1834 - 1919)

“No es posible una existencia objetiva sin alguna mente que la reconozca; y, a la inversa,  no hay mente posible sin un mundo que exista para ella […] El sistema de la Naturaleza es uno y al mismo tiempo el sistema de nuestra mente.”  -Schelling
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lunes, 26 de marzo de 2018


"Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños; sin ellos, ¿cómo admiraros, ni cómo vivir sin ellos? - Rosalía de Castro
"En un carro iba una pareja de casados pero iban peleados, al pasar frente a una granja el novio vio unos cochinitos y le dijo a la  mujer: ¿Familiares tuyos? Y ella le contestó: ¡Sí, mis suegros!" - Chiste Anónimo

"La moral es la ciencia que enseña, no cómo hemos de ser felices, sino como hemos de llegar a ser dignos de la felicidad." - Inmanuel Kant
ANTROPOCENTRISMO
ANTROPOMORFISMO
Tal vez haya sido por orgullo o necesidad. Tal vez la tendencia que, como todo bicho viviente, busca el control del entorno como una forma de supervivencia, algo innato que se mueve por la primacía, siempre a la busca de un mejor nivel de bienestar. Tal vez sea puro egoísmo, o el que nuestras mentes no hayan sabido cosechar una mejor lectura de la vida. Tengo mis dudas. Sea como fuere, el antropocentrismo sigue situándonos en el centro de todo hábito y disposición. Somos lo más importante del universo, los reyes y maestros de todo cuanto circunda a nuestro alrededor. Y esto, que durante tantos milenios se ha estado cultivando hasta el arraigo más pegajoso en nuestras entrañas, nos está llevando a enfermar el hábitat en el que nos movemos. El antropocentrismo, idea que nos sitúa en el centro y dominio del mundo, (como si hubiese sido creado únicamente para nosotros), nos ha llevado a la más irrespetuosa actitud con el planeta. Nos hemos creído que todo era gratis y ahora nuestro más descarado egoísmo está siendo severamente castigado. Aun así, muchos siguen sin verlo, sin querer verlo, sin querer saber. Y me pregunto, ¿podía haber sido de otra manera? ¿hay otra forma de ver las cosas?
Cierto es que cada cual ve el mundo que le rodea desde su yo pensante. Recibe impresiones sin parar y sólo cuando ya las procesa, conscientemente, se convierten en pensamientos, juicios, ideas. En cierta manera es lógico creer que el mundo externo se nos da, ya que viene hacia nosotros, nos envuelve y obliga a participar. De ahí que, si el mundo es algo, es ante todo una idea nuestra, porque es la mente la que nos autoriza a concederle esa afirmación. Estamos, entonces, obligados a adoptar una respuesta ante la vida, incluso si ésta consistiera en negarla. Teniendo en cuenta que el caprichoso obrar de la naturaleza pone incluso en peligro la misma vida que ella misma engendra, estamos aún más obligados a luchar por la permanencia existencial. Es lo que Spinoza decía “todo lo que es, en cuanto es, intenta perseverar en su existencia”.  Parece un mecanismo en busca de una mejor adaptación al medio, pero hasta donde sabemos se nos antoja torpe y demasiado precario. Todo esto nos empuja a tomar una postura que favorezca no sólo nuestra supervivencia sino que vayamos todavía más allá,  deseando un futuro prometedor donde la felicidad prevalezca con más intensidad y duración. Buscamos la máxima sensación, la plenitud sensorial. Así puestos, ¿Cómo no íbamos a otorgar una importancia primordial a nosotros mismos? ¿Quién, que animal, no lucha por que su existencia no quede enterrada en el olvido, ni pisoteada por otros?
Sacudidos por las miserias del pasado primitivo nos hemos aprovechado de este planeta cuanto hemos podido, sin dar las gracias o devolver lo que gratuitamente le robamos al mar, a la tierra y el aire. Debemos tomar conciencia de estos pecados. Y estos pecados, que no son precisamente de los que hablan las religiones, (si bien sí lo son en parte) son más bien los que provienen de la ruptura con la ética, esa que se discute entre nosotros mismos, ese pacto, ese consejo que se va modelando conforme los tiempos cambian. Camino que se traza al andar para no tropezar dos veces en la misma piedra. 
La inteligencia es una poderosa herramienta, pero ésta exige que su manejo sea eficaz. Hasta ahora, el egoísmo ha sido la mano derecha de la inteligencia. La otra, la izquierda, la codicia. Estos son los dos pilares del antropocentrismo. Disculpable hasta cierto punto, por cuanto hemos dicho anteriormente, pero ahora corresponde entender por qué se está pudriendo el mismo hábitat que nos sostiene y dio luz. Es, no cabe duda, responsabilidad nuestra el que la destrucción venga de esa actitud de ególatras ciegos a comprender cualquier otro derecho de existencia salvo la nuestra, que otras cosas existen en similares condiciones a la nuestra, que sufren al fin y al cabo de igual manera. Aquí entraría la empatía.
Dentro de la ética qué duda cabe que el amor sigue siendo el valor más poderoso del que disponemos para la convivencia pero, ¿y si a cambio aportáramos un grado de imaginación, algo que al desplegarse más allá de nosotros mismos sintiéramos una ligazón que nos hiciera simpatizar inmediatamente con cualquier animal o cosa? Un especie de prosopopeya ya utilizada por la fantasía de los poetas. Atribuir caracteres humanos a todo elemento vivo o no vivo. Algo que nos recuerde que eso, cualquier cosa que sea, tiene, además de su propia razón de existir, un parentesco con nosotros mismos. ¿No nos sería más fácil querer y respetar nuestro planeta, igual que cuidamos de un jarrón o un mueble de casa?
La más elemental similitud con cualquier cosa es la de la experiencia. Todo está ahí en idénticas condiciones y derechos que nosotros. Todo ha de sentir algo porque nada se detiene en la eternidad. No podemos saber hasta qué punto las plantas, las piedras o cualquier animal sienten, qué sienten, cómo sienten, de igual modo que tampoco tenemos acceso al interior mental de las personas. Nos fiamos por un sistema de comunicación por el que aceptamos proposiciones  de uno a otro, con la fe puesta en que dicen la verdad. Luego está el semblante que expresa distintos sentimientos. En los animales el asunto se complica y ya en las plantas solo diferenciamos su vigor o su estado marchito. En las piedras y otros objetos la cosa ya ni se sabe, su mutismo estático parecería hablar de la muerte pero…. ¿no están formadas también de átomos y otras partículas elementales en constante fluctuación? Porque ninguna piedra será la misma con el paso de los siglos. La lluvia y el viento, entre otros factores, la irán transformando. Porque hay una inter-relación con el ambiente y ya sabemos que todo permanece encadenado en un constante fluir
Las ventajas de la integración conceptual del antropomorfismo en las miras hacia este mundo son múltiples y variadas. Muchos lo considerarían de majadería, pero voy a poner un ejemplo evidente. Los perros fueron hace cien mil años animales salvajes, ¿qué ha hecho que con el tiempo sean amigos nuestros? Ahora comprendemos la sonrisa de un perro en el bailoteo de su cola, incluso podemos leer su tristeza en los ojos. No vamos a conseguir, ni debe ser nuestra intención, que recibamos una respuesta cariñosa de todos los animales, ni que decir de las plantas o las piedras, sino de sentirnos a gusto en un mundo que no tiene por qué ser hostil a todas horas. La naturaleza sufre y no sabe de nuestros propósitos. Hay propuestas metafísicas que hablan de que la principal y primera experiencia sensorial que recibimos es estética y que en el fondo lo que buscamos es amplificarla. ¿Debemos pues ver a un árbol como leña que usar para calentarnos en el invierno o como una expresión artística de la enraizada y libre naturaleza?
El antropocentrismo pondría la necesidad vital del ser vivo como principal motivo de acción y el antropomorfismo buscaría la otra necesidad de dar sentido al hecho de vivir. Ambas formas son vitales pero desgraciadamente hemos caído más presos de la satisfacción inmediata y sobreprotección de la raza a costa de sacrificar el hecho estético espiritual. Sí, he dicho espiritual, que sería esa búsqueda con miras a elevar, a otro rango más humano, esta raza que sentimos a menudo absurda y vacía. Aquí entraríamos en un proceso cuasi religioso que no es momento de expandir. Sólo matizar que la fantasía del antropomorfismo no es un tonto juego de la fantasía de los dibujos animados sino una estrategia que acentúa nuestro amor por todas y cada una de las cosas que componen el universo, que nos ayuda de forma lúdica a situarnos en el cosmos y que parece recompensarnos ilimitadamente de diversión. - AllendeAran
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"La fantasía que es el sentido social, anima lo inanimado, lo antropomorfiza todo; todo lo humaniza, y aun lo humana. Y la labor del hombre es sobrenaturalizar a la Naturaleza, esto es: divinizarla humanizándola, hacerla humana, ayudarla a que se concientice, en fin." - Miguel de Unamuno
"El Dios antropomórfico y sentido, al ir purificándose de atributos humanos, y como tales finitos y relativos y temporales, se evapora en el Dios del deísmo o del panteísmo." - Miguel de Unamuno
"El antropocentrismo dio origen al aburrimiento, y cuando el antropomorfismo se reemplazó por el techocentrismo, el aburrimiento se hizo aún más profundo. " - Lars Svendsen
"Perpetuamos el antropocentrismo de forma inversa cuando asumimos que el mundo sin nosotros, un mundo del cual nuestros valores se han sustraído, es en consecuencia un mundo a la vez vacío de valores"  - Steven Shaviro

"Amar a los perros es una cuestión antropomórfica. Nos hemos encariñado con ellos por los sentimientos que les trasmitimos."  - Pierre Berge
"La angustia del destino se conquista por la auto-afirmación del individuo como una significante representación infinitamente microscópica del universo" - Paul Tillich
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sábado, 2 de diciembre de 2017

"Venerar a Dios no es una norma de seguridad. Es la aventura del espíritu, un vuelo tras lo inalcanzable. La muerte de la religión se debe a la falta de grandes esperanzas por la aventura."   - Alfred North Whitehead
"Todo lo que existe es parte de Dios y Dios está en todo lo que existe." - Spinoza
PANTEISMO
PANENTEISMO
PANSIQUISMO
(VAYA LIO)

Si has llegado hasta aquí por casualidad, buscando entender estos términos que parecen tan semejantes, estás de buena suerte. No porque te vaya a sacar de dudas acerca de su significado a la manera en que un diccionario lo haría, caso Wikipedia, sino porque tomarás conciencia del significado intrínseco de todas ellas. Eso espero, al menos. Y es que las cosas pueden ser mucho más de lo que aparentan objetivamente y en consecuencia tu mundo particular se enriquezca y llegue a otear nuevos horizontes de grandeza. Puede que llegues a sentir la delicada responsabilidad que se te otorga en este universo, y más aún, que estés más cerca de Dios de lo que supones.
El problema de estos “panes” viene, a mi entender, desde que las religiones dieron demasiada preponderancia a sus dioses, dejando el libre albedrío de nuestro pensamiento constreñido en un círculo cerrado.  Contra la fe no caben preguntas, dicen, pero cuando la realidad no parece ajustarse a los predicados de Dios la razón no para de quejarse. Llegar a comprender el porqué de las cosas nos da un certificado de protección y seguridad. La ciencia, al constatar los efectos derivados de las causas, pareció poner parte de los acontecimientos vividos bajo nuestra responsabilidad. Lo que se pueda explicar científicamente es nuestro, el resto se lo dejamos a Dios. O tal vez no. Todo, lo que se dice todo, no se puede explicar científicamente, y dejar el resto en manos de Dios tampoco resulta muy convincente para muchos. De ahí surgió la metafísica. Ya vamos avanzando.
Para quienes gustan de indagar en el universo, revelar sus secretos, descubrir otros mundos, inventar, la idea de un Dios silencioso que se hospeda fuera de las órbitas conocidas de estrellas y planetas, fuera del imperio celeste, resulta cuanto menos incoherente. ¿Por qué esconderse? Por otra parte, los pecados puede que sean culpa nuestra pero no los cataclismos que la naturaleza sacude. El dolor, la enfermedad, la muerte accidental, resultan castigos intolerables. Un Dios bueno y omnipotente no haría tal cosa. Se hacía necesaria una respuesta, al menos buscarla, que ajustara la naturaleza del ser con su entorno. Tras muchas propuestas, poco a poco, se perfiló una propuesta medianamente convincente, a la que se le bautizó como Panteísmo.
Dios no es sólo el reflejo de lo que vemos, palpamos o sentimos al comunicarnos con la naturaleza. Es ello mismo. Sus atributos son infinitos y nosotros solo somos capaces de entrever algunos. El rostro de Dios es inconmensurable pero parte de lo que somos como pensamiento y materia es Dios.  Él no está en el más allá, vigilándonos, está aquí, y sus partes, sea lo que quieras que sean, son nuestras partes. Su rostro una montaña, el mar, el firmamento, una mosca, una gota de agua. La materia extensa y limitada. Su pensamiento infinito e ilimitado, que es el de todos cuantos habitan en el planeta. El hecho de que haya un mal en la vida es porque no llegamos a entender de manera singular todos los modos ramificados que completan el todo. Sólo podemos abarcar desde la perspectiva personal de cada uno un pequeño cacho del infinito haber en el universo. Es en el fondo como si viviéramos en el mejor de los mundos posibles, de lo contrario Dios sería imperfecto y para nada omnipotente.
Pero la cosa no resultaba del todo satisfactoria. Para mejor unión de los dualismos y no asignar primacía a unas cosas sobre otras, para  entender la armonía de los elementos que en decidido afán actúan unos sobre otros, como buscando un orden o una finalidad, una forma de superación en crescendo, una búsqueda de la perfección o algo que no llegamos a imaginar todavía, parecía necesario que una espiritualidad anduviera  transitando por el universo. De ahí el Panenteísmo. El mundo no está quieto y si no lo está es que algo le mueve. Alguna razón que no acertamos a predecir. La creencia de que efectivamente quien mueve cada partícula que compone cada una y todas las cosas contuviera una espiritualidad sin la cual todo permanecería quieto, estático y mudo, se vuelve cada vez más relevante. Da la impresión de que la espiritualidad utilizara la materia, o incluso que la inventara para hacerse a sí misma patente, como realidad objetiva, más fuerte, más creíble y poderosa.
Puede que haya en el fondo una fuerza que busca afianzarse como existencia. Es posible que esté conjugando al azar energías que se transforman en materia. Se trata de hacer algo. Y si ese algo se hace consciente de sí mismo como quien se mira en un espejo y se siente vivir, mucho mejor. El mundo no está formado de verbos en infinitivo, el mundo lo forman verbos en gerundio. La experiencia pertenece a todos cuantos elementos complementan el universo conocido. Fíjate en una piedra. Parecería inútil por quedarse detenida durante largos años en el suelo, y sin embargo, cuando la lluvia la riega hace crecer el musgo en ella.  Esta combinación de sustancias que abre una pauta mágica en el complejo devenir de la vida, es lo que llamamos creación, que a la par nos inserta en ese otro mundo de lo nuevo, donde habita la belleza, ya que nuestro primer contacto con las cosas es un juicio inconsciente pero sensacional. Por eso la estética viene así a incorporarse como una ciencia subjetiva de lo real. Tanto o más que las matemáticas que buscan el consenso racional de los seres humanos. En cambio, la belleza se muestra ambivalente, ramificada en diferentes sensaciones a cada conciencia que la percibe.
La experiencia de combinar elementos, el desarrollo de nuevas formas de ser, parecería dar lugar a una conciencia repartida en cada cacho de lo que “es”. Eso es una flor, eso es un pez, aquello es un árbol. No me refiero a una conciencia consciente a como los humanos la poseen, sino a un pensamiento activo, más bien a como la filosofía zen predica. Pensamiento sin juicio. Dado que la experiencia sirve de base a cuanto “es”, es como si germinara un pensamiento que comunica su estado a quien lo contempla o utiliza de una forma u otra. De ahí el Pansiquismo. Ya hemos oído más de una vez que todo está interconectado. Lo comprendemos cuando estudiamos el cuerpo humano, lo entendemos también cuando estudiamos el planeta tierra y el sistema solar y seguramente lo mismo ocurra con el resto que nos separa. Desde lo más pequeño a lo más grande y distante, todo participa de la comunicación. Nos fiamos cada cual de su propia conciencia, cogito ergo sum, pero esa conciencia no puede estar vacía de contenido pues de lo contrario no se comprendería a sí misma. Son las cosas las que han formado tu conciencia. ¿De no haber cosas, cómo podrías justificarla?
Todavía hay quienes se burlan o ignoran este tipo de especulaciones acerca de la realidad. No queremos vivir en un mundo de apariencias evanescentes, protestan los científicos más recalcitrantes.  ¿Y por qué no? Si vivir en un mundo objetivo, científicamente probado y constatado, resulta a la postre frio e insípido; si deshacernos de la emoción, omitir la experiencia personal deshumaniza el mundo; si la misma física cuántica se devanea en teorías que no aciertan a responder con claridad la búsqueda de la verdad (y nada más que la verdad), ¿por qué no nos sentamos cómodamente a contemplar el espectáculo de esta sempiterna variedad de estados volubles y efímeros? Porque nada se queda para ser, sino que se es ente solamente siendo, en un proceso interminable que se complace en la renovación, el cambio, la invención, la recreación de la ideas, el deseo tal vez.  - AllendeAran

ALGUNAS LECTURAS RECOMENDADAS:
Hay muchos muchos libros de filosofía y/o metafísica que tocan estos temas. Muchos de manera indirecta. Yo recomiendo unos pocos. Algunos son de difícil lectura. Que cada cual elija lo que le parezca.
–Baruch Spinoza  “Etica” 
–Alfred North Whitehead  “Proceso y Realidad” 
–Steven Shaviro  “The Universe of Things” 
–Friedrich Schelling  "La Edad de los Mundos
–Ludwig Feuerbach  "La esencia de la Religión"
–Marco Aurelio  "Meditaciones
–Paul Davies  "Otros Mundos".


“Hay muchos mundos posibles en los cuales las cosas actúan de manera diferente a cómo actúan en este, y esos mundos posibles son en sí mismos, en su propia forma, completamente reales.”  - Steven Shaviro


“Necesitamos mantener una imagen del pensamiento abierta, pluralista, para así evitar el error de dividir rígidamente el conocimiento de la sensibilidad y consignar todo lo que no es puramente y abstractamente racional en la categoría de la mecánica determinista causal. No todos los modos de pensar son racionales, no todos ellos están necesariamente dirigidos a objetos”  - Steven Shaviro


“Ahí donde el idealismo busca transformar la cualidad en hechos objetivos, la ciencia busca eliminar totalmente la cualidad basándose en que no puede objetivarse. Pero Wittgenstein se opone a ambas por la misma razón. El discrepa que no todo en el mundo es materia verificable.” – Steven Shaviro


“Cuando nos ocupamos del universo entero, (de toda la creación) no hay, por definición, nada exterior que pueda observarlo. El Universo se supone que es todo lo que existe y, si todo cuanto está cuantificado, incluido en el espacio-tiempo, ¿qué es lo que puede colapsar el cosmos en realidad sin invocar a la conciencia?”  - Paul Davies


  “Al parecer nos encontramos en una situación en que el Universo está en una especie de estado esquizofrénico latente hasta que alguien lleva a cabo una observación, pues es entonces que se ‘colapsa’ repentinamente en realidad”.  -  Paul Davies
 

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