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miércoles, 15 de marzo de 2023

LO QUE EL AMOR CALLA
 

"Vengo a contarte mi locura, y cómo el amor ha podido hacerme niño rejuveneciendo mi vida." - (Poesía oriental.)

     "Se puede tener, en lo más profundo del alma, un corazón cálido, y sin embargo, puede que nadie acuda jamás a acogerse a él."  - Van Gogh

 

Resulta penoso llegar a la conclusión de que en materia de amor romántico todo acaba por ser una fantasía cautiva en uno mismo. Cuanto podamos sentir profundamente en las entrañas, nunca emerge a la luz del día para vivirse en una más palpable realidad. Nos hacemos prisioneros de una quimera que deseamos vivirla con la intensidad de lo real, a plena vitalidad de los cinco sentidos. Todo inútilmente. Ni siquiera uno puede revelarlo dignamente, porque no hay palabras, ni gestos que expresen con exactitud lo que se siente en el interior. Es como si hubiera dos mundos distintos, uno vivido afuera, cara a los demás, y otro que va por dentro, vivido en silencio. Lo que de mí es, lo que yo diseño e invento acorde a cuanto me invitan los acicates del día a día, lo guardamos en un cofre sin llave, igual que un tesoro, sin que nadie sepa dónde está escondido. Los sueños se transforman en diamantes, gemas, rubíes, esmeraldas, joyas que únicamente las disfruta quien las posee, en secreto y tristemente en silencio.
Ya uno debería estar convencido de que en este juego por conquistar el sí del prójimo amado y complacerse en una realidad legítima, se pierde por lo general. Por supuesto, no voy a negar la felicidad de miles de parejas que lo han conseguido, lo que vengo a manifestar es la frustración de muchos miles más que sufren en silencio sus pasiones. No entiendo por qué tenemos que ser tan difíciles. Parece ser que el guion que nos toca interpretar en esta vida fuese erróneo o predeterminado a posta, para que de nuestro sufrimiento se sacara algún tipo de energía, truco, castigo o lección que no vamos a conocer hasta que no pasemos al otro mundo, trato de suponer. Lo que por otra parte carece de gracia, ya que cuando más lo necesitamos es ahora, en esta tierra desalmada que pisoteamos. Por algo buscamos amor, por algo lo necesitamos, por algo lo queremos.., ahora. El que los sueños jamás se cumplan puede deberse a que ya se viven en la profundidad de nuestra mente y, por ende, ya vividos. Si bien son menos intensos que la realidad, también es de agradecer que sean más genuinos y libres. Pero rara vez uno vive lo que imagina.
Todo esto que digo viene por un motivo, claro está. Un amigo me cuenta recientemente que está enamorado de una chica que ha conocido por internet, en uno de esos chats privados o redes sociales. Pero, cómo, le dije, ¿estás de coña? Y para defender sus sentimientos, viéndose ya ofendido por mis palabras, me increpó acerca de pasadas confesiones que en su día yo le conté, amores de barrio, pero imposibles, “fichajes” de los que le hablo de vez en cuando, igualmente ridículos ¿Qué diferencia hay? Me preguntó. Al principio creí que quizá yo estaba más cerca de la realidad que él, pisando fuerte el suelo por contar con algunas esperanzas al estar más próximo a gente “real”, gente del pueblo, gente del vecindario. Luego, de pensar con mayor cautela entendí por dónde iba. ¿Esperanzas de qué? ¿Es acaso más justificable enamorarse de un chico o chica del barrio que no te mira a la cara ni te saluda, al que ves de vez en cuando, pasa a tu lado y pasado se queda, que de uno virtual, o de alguien que resulta incompatible o imposible por diferencia de edad, genero, raza, idioma, cultura o tendencia sexual? Si como la mayor parte de los enamoramientos caen en saco roto, ¿qué más da la envergadura o distintivo de cómo o quien te enamores? Si es sentimiento tuyo, único e intransferible, que nadie va a entender jamás, quédatelo. Disfrútalo en tu propia intimidad y calla.
El que todo enamoramiento nos conduca a fantasías placenteras no es tema hereditario del romanticismo. Ya desde mucho antes el amor fallido, el enamoramiento no correspondido, ha rellenado miles de páginas y manuscritos con quejas, deseos, lloros, suspiros, anhelos y demás sentimientos vinculados al corazón. Tanto en verso como en prosa. Desde églogas de Teócrito o Virgilio (a.C.) o Garcilaso de la Vega, sonetos de Shakespeare, John Donne (siglos XVI) o italianos como Petrarca enamorado de flechazo por Laura, o el de Dante por Beatriz o malogrados como el de Abelardo y Eloísa, por nombrar unos pocos del medievo, bastante anterior al romanticismo desmadrado del siglo XVIII. La literatura está atestada de corazones rotos.
Aunque resulte muy difícil, se debe dejar que los sueños, sueños sean, y no mezclarlos con la realidad. Tenemos que asumir una cosa u otra, que queden separadas y jamás pretender unirlas, porque de lo contrario, la caída estrepitosa contra el suelo está garantizada. Y cuanto más alto sea el vuelo peor el golpe. Algo difícil de controlar, y que más bien, tarde o temprano, todos terminamos como Ícaro. Porque el enamoramiento, muy aliado de la fantasía, es lo que tiene, marca unas reglas que como líneas rojas no se deben franquear. Entender que, si estamos jugando con ella, mejor no tratar de engañarla con un quiero más, algo de verdad, algo real. Vive el momento y nada más. Porque de traspasar esas líneas rojas, al querer acercarse a una realidad más intensa, pero prohibida, es lo que terminará por hacernos daño.
Pero lo sé, no es fácil. Lo peor de todo este enredo en el que se cae de buena gana al principio es lo que cuesta luego salir. Actúa como una droga. Uno cae en la adicción de querer seguir estando embelesado, fascinado, con la sensibilidad ardiendo, hasta que, evidentemente, ésta nos llega a quemar. Y sin embargo, exigir al enamorado, ante sus escasas posibilidades de éxito, que ponga los pies en el suelo, que despierte, tire la toalla, se baje del burro o deje de perder el tiempo, es un consejo insensato porque, para empezar, no poseemos el genuino sentimiento que le domina el corazón. No se le puede juzgar si no tenemos acceso a sus emociones. Lo mejor es dejarle en paz. Que lo viva sin reprimirse, hasta que le haga daño, le quite el hambre, el sueño o le aburra. Porque si en algo falla este mundo es en la posibilidad de transferir con exactitud lo que sentimos. Las palabras cojean, la música, aunque muy profunda y reveladora, tampoco nos sirve como declaración de amor, puesto que una misma canción, por motivos de sensibilidad, no conmueve a todos por igual. Quizá la poesía sirviera de declaración más exacta a lo que pretendemos, pero igualmente resulta tosca ante la verdad de lo que se esconde en el interior de nuestra mente-corazón. Ni siquiera una sonrisa, una lágrima, una mirada dulce, llegan a decir la verdad de lo que experimentamos en silencio.

Es por ello que debemos resignarnos a no entendernos como correspondería unos con otros, por mucha comunicación que hayamos desarrollado con el paso del tiempo. Nos acercamos y, con mucha empatía, entender al otro, pero no sentir al otro. Igual que el dolor, podemos ver el sufrimiento del amigo en su semblante constreñido, pero no el dolor mismo. Y así sucede con el amor del enamorado. Esto es en definitiva lo que nos trastoca. Lo que hace que golpe tras tropiezo no nos sirva como correctivo. Porque, al fin y al cabo, de esto va la vida, de uno mismo. De sentir en silencio.

Ya sobre amores frustrados, platónicos, perdidos y trágicos, está la historia saturada. Mi amigo será un integrante más de esa lista infinita de amores rotos. Él se ira dando cuenta de ello cuando al avanzar vea el precipicio de más cerca. No es de preocupar si quien me lee está en uno de esos o ha estado una o varias veces. Parece como si de un ardid mágico y siniestro se tratara, quien sabe escondiendo qué, algo que no acertamos a descifrar de forma objetiva, jugara con nosotros maliciosamente. Con todo, no pretendo deprestigiar al amor romántico, ni mucho menos. Vale mucho más de lo que estima el juicio de valores morales que nos han impuesto. Soy de los que piensan que quien no se haya enamorado alguna vez es que no ha saboreado las mieles de la divinidad, aunque luego saboree las hieles del desengaño. Hay que pasar por ello. Quién sabe si quizá sea yo quien se equivoque esta vez y al final mi amigo salga airoso y triunfante del contubernio en el que se ha metido. En lo que sí acierta de veras es en esas comparaciones que hacemos. Tan auténtico como inútil es enamorarse de cualquiera en circunstancias dispares, desde las que auguran esperanzas, como de las que predicen un castañazo inevitable.  Porque del futuro nadie sabe nada, y aunque del pasado ya tengamos bastante carga en nuestras espaldas, de poco nos sirve ante lo nuevo o diferente por venir. Que sea lo que Dios quiera. Yo no pinto nada.  - AllendeAran

 

"La confusión de lo real con lo ideal, nunca queda impune."   -Goethe

 

 

"Desvivirse, debatirse por un objeto impenetrable es religión pura. Hacer del otro un enigma insoluble del que depende mi vida es consagrarlo como dios; no llegaré nunca a resolver la cuestión que me plantea; el enamorado no es Edipo" - André Gide.

"La belleza seduce a la carne con el fin de obtener permiso para pasar al alma". - Simone Weil
 
 
"¿Qué sucedería si decidiese definirte como una fuerza y no como una persona? ¿Y si me situase a mí mismo como otra fuerza frente a tu fuerza? Ocurriría esto: mi otro se definiría solamente por el sufrimiento o el placer que me da".  - Roland Barthes

"Me da sólo evocarte, dulce amor, tal riqueza, que entonces, ya no cambio, mi estado por un reino."  - Shakespeare

"En realidad, poco me importan mis oportunidades de ser realmente colmado. Sólo brilla, indestructible, la voluntad de saciedad. Por esta voluntad, me abandono: forma en mí la utopía de un sujeto sustraído al rechazo: soy ya ese sujeto."  - Roland Barthes

"Solo muere un amor que ha dejado de soñarse." - Pedro Salinas
 

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domingo, 18 de septiembre de 2016

"Nunca llega a ser coronado por la inmortalidad quien teme ir adonde le conducen voces desconocidas." - John Keats
"El amor encontrará su camino, incluso a través de lugares donde ni los lobos se atreverían a entrar."  - Lord Byron
POR UN MUNDO SIN MAGIA
( VIVA LA CIENCIA )

Hace milenios mirar al mar era un cúmulo de sensaciones insólitas que oscilaban entre el miedo y la curiosidad, la intriga, el sueño y la seducción del horizonte que tentaba a navegar para descubrir qué escondía el más allá. Lo mismo sucedía con la observación de las estrellas en las noches sin luna. Las preguntas más inquietantes daban paso a especulaciones fantásticas, a los mitos, a la poesía y a la religión. Así con la mayor parte de la naturaleza que se exhibía virgen ante la conciencia limpia de cuantos proliferaron por la faz de la tierra en eras pretéritas. Pero llegó la ciencia, que incitada por la filosofía, quiso saber qué había detrás de tanto milagro. Hay mucho escondido detrás de cuanto nos embelesa. No es magia todo esto que observamos, sino un truco compuesto por mecanismos determinados. El porqué y el cómo vinieron a desentramar poco a poco el mobiliario natural que nos rodeaba. Y de esta manera, convencidos de poseer la verdad del espejismo y pudiendo además dominar gran parte de los componentes naturales, hemos llegado a vivir sin magia. Ya conocemos casi todos los trucos. Sí que es cierto que hemos ganado dominio sobre la vida pero algo importante estamos perdiendo a medida que avanzamos convencidos de poseer el conocimiento (amparado éste en el método científico), puesto que algo falla, ya que ¿por qué será que cuanto más conocimiento acumulamos más fútil y anodina nos resulta la existencia, más sosa se nos antoja la naturaleza, peor integrados estamos en el mundo y más feo se nos presenta el futuro en el mundo, a corto y largo plazo?

En la actualidad poco del planeta que nos sostiene está sin bautizar con algún nombre. Todo está escrito, descrito, y hasta proscrito de las conjeturas. Desde el latín al griego, todo parece estar etiquetado de definiciones físicas y biológicas, cuando no fórmulas matemáticas bien intrincadas. La última parida de este glosario infumable lo traen las definiciones que biólogos y químicos hacen del amor. Precisamente ahí donde creíamos que era lugar vedado para los científicos, el amor,  nos vienen ellos a decir que no es sino una síntesis química que fluye por el cuerpo, mezcla de dopamina, serotonina, oxitócina... Combinados que emanan por nuestro organismo en grandes cantidades cada vez que nos enamoramos. Y lo dicen como si entonces fuese falso el amor, porque claro, sin esas sustancias químicas no daríamos certeza de cuanto sentimos, con lo cual no es cierto que sintamos amor sino aquello que precisamente nos estimula, es decir, química pura. Vamos, que no somos nada, nada de lo que pensábamos que éramos, y si algo somos es simplemente un organismo complejo que sufre estímulos químicos en sus entrañas. Pero pregunto, qué sería de esas sustancias si no hubiese nada que las estimulara desde afuera, y de ahí, cómo, cuándo, quién decide si mejor este, ese, aquel o aquella. ¿La química?
Parece que al haber desgajado en cien mil partes el compuesto material del mundo nos hayamos olvidado de la relación de sus partes con el resto. Aislamos los elementos de sus funciones en grupo y en consecuencia nos encontramos con raras interpretaciones de lo que cada pieza pueda ser. El significado científico es apático con nuestras formas y no entendemos nada de sus intenciones. Y como para el científico toda interpretación interesada interfiere negativamente en el saber de las cosas, (hablamos de cosas) cada vez vemos nuestra vida como algo insubstancial, como si dependiéramos en todo momento de una cosa aislada para saber lo que somos, dando prioridad a lo físico o biológico.
Volviendo al amor. Nadie podrá entender que enamorarse sea al fin y al cabo el resultado de los efectos que ciertas sustancias químicas operan en nuestro cuerpo. Podrá decirse que sin dopamina, serotonina, oxitócina no sentiríamos el amor, de igual manera que si no tuviésemos corazón difícil sería que nos enamoráramos. ¿Que el cuerpo falla en algo esencial? Nos damos por inútiles o muertos. Esto lo sabe hasta el más tonto. Enamorarse depende de muchas incidencias. Es un acontecimiento indeterminado pero es a la vez una aventura en la que el libre albedrío juega también su papel, difícil tal vez por su interdependencia con el entorno, porque el amor, para empezar, involucra en el juego a dos como mínimo. Uno ha de tomar decisiones, soñar, desear, decantarse por la acción, hablar, callar o pasar. Ninguna sustancia química se activa si no hay un estímulo exterior y esto también depende de otros muchos factores ajenos al yo. Todos tendremos las mismas cualidades biológicas pero no a todos nos funcionan de igual manera. Lo que a mí pueda gustarme puede no gustarte a ti, y si todos somos iguales a la hora de sufrir sed, hambre o placer ¿por qué, respecto al amor, nos motivan personas diferentes? Es por eso que querer doblegar el amor a la química es querer cargarse una de las propiedades calificativas que mejor nos define como seres humanos. La cualidad personal e intransferible de cada cual. Nuestro yo.
Por ejemplo, la dinamita es un explosivo sólido formado por una mezcla de nitroglicerina y un material poroso. Tiene la peculiaridad de estallar si el fuego se le acerca. Esa es su definición química, pero ¿quién decide encender la mecha de un artefacto explosivo y con qué intención la enciende? ¿No formamos así parte de la explosión cuando ocurre? ¿Tenemos algo que ver o no con los acontecimientos que se presentan a lo largo de nuestra vida? Hay una parte determinante, que aprendemos por experiencia, y otra indeterminada, que está fuera de nuestra potestad, por incalculable e imprevisible. No seamos tan insolentes a la hora de definir qué es el amor en términos de fórmulas farmacéuticas, no vaya ser que un día tomemos una píldora de dopamina o serotonina y cuando haga efecto nos enamoremos del perro de la vecina o del primer impresentable que se tope con nosotros por la calle.
De la magia que disfrutaban los antiguos poco o nada queda para nuestro regocijo. Ahora, si acaso, oteamos el cielo interestelar. La ciencia lo va revelando todo, poniendo al desnudo el trucaje mecánico que forma el entramado móvil del mundo. Queremos llegar hasta el final. Saberlo todo. La curiosidad nos pica y hasta que no lleguemos al fondo de las cuestiones nada nos parará, aunque arrastremos de por medio con la belleza y su misterio, lo incondicionado del amor, la libertad de crear, la fe, la esperanza.
Saber no significa aceptar una verdad que nos es contraproducente. Las verdades científicas humillan por lo general, (no siempre) las virtudes de las que presumimos. Saber significa poner en funcionamiento nuestro juicio para juzgar y de ahí contradecir, reparar, ajustar la verdad a un propósito sabio que nos relacione humanamente, si es que sinceramente creemos vivir en un mundo libre y en algo valorar nuestro potencial. La libertad de imaginar supera la verdad sin llegar a ser mentira. Atrévete a soñar. No dejemos que los científicos nos roben la magia del amor con estas explicaciones frías y petulantes.  AllendeAran
Decide tú mismo, con cuál de las verdades te quedas.



"La razón es que "La pasión inicial se caracteriza por las desactivación de regiones del cerebro como la corteza frontal, implicada en la lógica y el razonamiento". De ahí que se diga que el amor es ciego.  - Ignacio Morgado, catedrático en Psicobiología
"Duda que sean fuego las estrellas, duda que el sol se mueva, duda que la verdad sea mentira, pero no dudes jamás de que te amo." -  Shakespeare
"Un corazón es tal vez algo sucio. Pertenece a las tablas de anatomía y al mostrador del carnicero. Yo prefiero tu cuerpo."  - Marguerite Yourcenar


"Los varones de prácticamente todas las culturas se sienten especialmente atraídos por la figura femenina cuya relación entre el diámetro de la cintura y el de la cadera es 0,7. Poco importa el peso del cuerpo si esa proporción se mantiene. El 0,7 es el modelo ideal desde la perspectiva masculina" - Ignacio Morgado, catedrático en Psicobiología
"¿Quieres que conservemos una dulce memoria de este amor?, pues amémonos hoy mucho y mañana ¡digámonos adiós!"  - G. Adolfo Bécquer
"Nos equivocamos a menudo en el amor, a menudo herido, a menudo infeliz, pero soy yo quien vivió, y no un ser ficticio, creado por mi orgullo."  - George Sand

“Tu cuerpo necesita la feniletilamina, y la necesita ya. Ante esta ausencia es normal que se prepare para pasar sus peores momentos aferrándose al chocolate. Esto se explica porque es un alimento rico en feniletilamina que le hará sentir, por lo menos, un poco mejor.” - Jesús. J. de la Gándara, jefe del Servicio de Psiquiatría del Complejo Asistencial de Burgos.
Te quiero. Te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo, tristezas fugitivas;
Te lo he dicho con el agua, vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo, te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras. 
Pero así no me basta: más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte; más allá del amor,
quiero decírtelo con el olvido."  - Luis Cernuda


“En un periodo de tres años dejarán de responder al estímulo y desaparece esa sensación placentera de enamoramiento. Su sustituta es la oxitócica que está relacionada con la sensación de apego.”  - Eduardo Calixto, jefe de Neurobiología del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz
"Tienes tres opciones: Me besas, te beso o nos besamos."
"¿Me prestas un beso? Te juro que te lo devuelvo"
 - Anónimos

"La luz del sol ciñe a la tierra y la luna besa los mares:
  ¿para qué esta dulce tarea si luego tú ya no me besas?"  
- P. B. Shelley



Este ensayo es una diatriba a dos artículos que podéis leer:
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sábado, 27 de agosto de 2016

"Cuando la muerte quiera
Una verdad quitar de entre mis manos,
Las hallará vacías, como en la adolescencia
Ardientes de deseo, tendidas hacia el aire. "
- Luis Cernuda

EL BELLO VERANO



HENRY SCOTT TUKE
Esta podría ser una exposición de lo que un bello verano significa a los ojos de un poeta. Henry Sott Tuke no fue un poeta de pluma sino de pincel. Por lo que puedo imaginar, allá a finales del siglo XIX, durante la estación veraniega en Palmouth, Inglaterra (lugar al que emigró su familia desde Yok, en busca de un clima más cálido para su enfermizo padre), debió quedar fascinado de la belleza que la luz esparcía por sus costas. No eran precisamente flores o atardeceres por los acantilados sino jóvenes que lucían sus cuerpos al calor del sol. Los veranos le debieron parecer una invitación sensual lacerante, y quizá, la única forma de liberar o consolar ese azote de la tentación sexual fue eternizar esos encuentros en la pintura.
No sé mucho de cómo Henry Scott vivió aquello en unos años victorianos donde las sospechas sobre una relación homo-erótica podían acarrear más de un angustioso problema. Bastante me sorprende la libertad que encontró para expresar este tipo de voluptuosidad sensual. Si sus manos no llegaron a acariciar la piel de aquellos muchachos, sí lo hizo bien su pincel. Tenía que agasajar aquellas estampas juveniles, y tuvo suerte de encontrar modelos que se atrevieron a posar para él desnudos.
Cierto es que si la vida es bella es porque creemos que uno puede vivir múltiples sueños, un amor de verano, por ejemplo. Lo típico, dos cuerpos tumbados sobre la arena, respirar la brisa salubre del mar, nadar juntos, observar otros cuerpos, comer fruta, compartir besos y caricias, sentir todo esto con la transparencia y peso que caracteriza la realidad. En sus cuadros hay mucho de ello implícito, mucha sensualidad, erotismo, luz tórrida, invitaciones al enamoramiento, mucho de lo que la naturaleza exhibe para hacernos soñar.
Es posible que Henry no pudiese aprehender el placer puro, tal y como sus cuadros sugieren. Quizá le hubiera gustado ir más lejos de lo que sus pinturas muestran, quien sabe, pero tal y como hemos heredado su legado, a mí, quien los contempla desde una perspectiva distinta, ahora que la permisividad de nuestros días es más abierta, me parecen perfectos. Porque supo unir la amistad con el deseo, el ocio con el verano, el amor con el silencio. Mirando estos cuadros se oye el rumor trémulo de las olas, el chapoteo del agua, las voces de los muchachos gritando alegría y sobre todo se ve la luz, cálida y ambarina, la luz impresionista tan característica de aquella época.   AllendeAran




"En el mar brillan entonces unos cuerpos fugitivos,
preciosos y húmedos, cuya posesión añoraremos eternamente;
porque el hombre intuye que la verdad no ha sido hecha para sus ojos,
y atrevido y ajeno, a la vez, asiste impotente
a tales magnificencias."
 - Juan Gil-Albert

"Nos veremos un días entre los muertos,
más allá de los muertos, luz escasa
para rememorar sobre este mundo
perdurable: los monte soleados,
 los mares refulgentes  y las nubes
 que bogan por los cielos primorosos de tu país."
 - Juan Gil-Albert



 "Naciste para andar por el amor antiguo
de los puertos. Para que el mar te habite
    y descansen en ti quienes buscan belleza." 
-Luis Antonio de Villena

"Un cuerpo brota llamas si se hace realidad desnuda
sobre la arena tibia. El rio inciata al agua. Al júbilo.
Todas las cosas lanzan al aire sus redes de deseos.
Y el hombre debe enredarse en ellos. Arder." 
- Luis Antonio de Villena




" Trata de asirlas, poeta,
aunque no consigas retenerlas.
Esas visiones eróticas.
Sitúalas, veladas, en tus versos.
Trata de asirlas, poeta,
cuando aparezcan en tu cerebro
a medianoche, o en le brillos del mediodía." 
 - C. Kavafis
  
"Para cuerpos sin audacia no está hecha la voluptuosidad de este calor." 
  - C. Kavafis

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lunes, 15 de septiembre de 2014

September Fifteenth
PAT METHENY & LYLE MAYS
Ahora que el verano llega a su fin, palideciendo las tardes de una luz rubia que recuerda a las páginas de un libro viejo, me acuerdo de lo poco que mis pies han pisado la arena de las playas. A medida que se cumplen años, las estaciones se encienden y apagan más rápidamente. Ya no le pido nada al verano. Cuando llega no me sorprende. Es igual que un bostezo para mí. Puede que te haya visto nadando entre las olas de un mar quebradizo, espumoso y excitante. Pero fue tan fugaz que me parece un sueño. Si estás aún en algún lugar, como sospecho que sí, ya no importa. La vida nos coloca es sitios diferentes. El tiempo nos separa. Mentiría si digo que nada busco al mirar las nubes ambarinas que el viento deforma. Es más, mucho pregunto al céfiro de poniente y nunca respuesta alguna me devuelve. A pesar de ello, no estoy solo, me queda la esperanza. Y eso, para bien o para mal, me invita a seguir soñando.  -AllendeAran


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domingo, 20 de abril de 2014

Pues donde su mirada entusiasmada se deleita
Con luz afín el orbe le saluda. - Eichendorff

EICHENDORFF

A Joseph von Eichendorff (1788 - 1857), se le conoce como "el Poeta de los bosques", seguramente por sus reiteradas imágenes del bosque en sus poemas. Perteneció al tardío romanticismo alemán. Sus poemas son sencillos, agradecidos, su tono popular, suave, sin tragedia ni pasión dolorosa, donde la naturaleza se mezclaba con la idea del Señor, ya que fue Eichenforff un fiel devoto del cristianismo. Según él los fenómenos de la vida podían entenderse desde la perspectiva religiosa, cuyo principio debía ser la fe. Muchos de sus poemas fueron adaptados musicalmente por compositores de renombre como Brahms, Schumann, Mendelssohn, Strauss, entre otros. Volveré a su figura cuando haya terminado su novela "De la Vida de un Tunante" De momento os dejo una breve selección de sus versos.


Los deseos son como las nubes,
Navegan por los espacios silenciosos,
¿Quién reconoce en el ligero viento
Si son sueños o pensamientos?
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Antes que en la nocturna tierra
Despierten las criaturas,
La mano de Dios desciende de las nubes
Y atravesando los campos silenciosos
Traza con fuerza los contornos,
El rio, el bosque, las escarpadas peñas.


Lejanías prodigiosas sin fin se clarifican,
Cantos innumerables se elevan hacia el cielo
Para que el amor fiel sea correspondido.
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Se encuentra en el bosque escrito
Algo muy serio y callado
Sobre el amor, la conducta,
Lo que es tesoro del hombre.
Yo leí, fiel, estas frases
Tan sencillas, verdaderas,
Y mi ser se vio invadido
De indecible claridad.


De los montes descienden susurrando tantas fuentes,
Unas se precipitan airadas de las rocas,
Otras platican en cascada melodiosa
Con ninfas que escuchan discretan en el prado.
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Un país maravilloso está abierto en lo alto
donde doradas corrientes fluyen con oscuro sonido,
A través del murmullo en la profundidad se pierden unos cantos
Que algo sublime quisieran decirte. 
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¡Oh río en las rojas praderas de la aurora!
Rubís y esmeraldas son tus olas,
Luego en las sofocantes sombras del azul mediodía,
Susurrando sumergido en el fulgos crepuscular,
Hasta que la luz de la noche has bebido,
El corazón feliz escucharse a sí mismo muchas veces,
¡Oh dulce amor, placer en el dolor!


 Altos con las nubes los pájaros viajan,
La tierra se duerme, las flores apenas brillan,
Cesaron los cantos que sonaran alegres
Y el sombrío invierno cubre la amplia tierra.
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Magnifica apareció la noche
Dando a todos su abrazo de madre,
Al amigo y enemigo su leve ósculo de paz
Y como si el Señor quisiera descender del cielo
A través del profundo silencio oí de nuevo
El saludo solemne de los bosques

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miércoles, 20 de noviembre de 2013

LA LUZ DEL INVIERNO
JOHN ATKINSON GRIMSHAW

Para quienes vivimos en las ciudades poco hay con lo que complacerse en relación a la Naturaleza. Nos quedan los parques, algunos árboles dispersos, trozos de cielo con o sin nubes, y nos queda también, si sabemos aspirar bien la luz con los sentidos, matices de color que la luz difumina, sobretodo al amanecer y atardecer. Para John Grimshaw Atkinson el frio invernal revelaba una luz poética, sensual, voluptuosa. Sus pinturas evocan una soledad rendida, amparada al color áureo del otoño, las calles húmedas, los árboles pelados. Los quedos personajes de sus cuadros parecen cautivados, abducidos por el esplendor del momento, la luz que lo baña todo. El momento que queda así, bendecido, gracias al sol o la luna velados. Aquí te dejo unas cuantas obras suyas para que te pasees sin más, en silencio y tranquilo.










La tarde muestra una luz pálida
que viene de un reino remoto.
Muy silencioso y quieto, tiene
lo lejano como lo próximo
no sé qué calidad de sueño
que acaso sólo está en mis ojos.
José Hierro


En el ambiente de la tarde flota
ese aroma de ausencia,
que dice al alma luminosa: nunca,
y al corazón: espera.
Antonio Machado

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martes, 5 de noviembre de 2013

TRISTEZA DE OLIMPO
Victor Hugo

Las hojas yacian en el bosque en silencio,
intentando a su paso elevarse del suelo,
por el jardín corrian;
quizá los pensamientos, cuando el alma está triste,
vuelan así un momento con sus alas heridas,
para luego caer.

Contempló largamente las magnificas formas
de la naturaleza en los campos en paz;
soñó hasta el ocaso;
¡durante todo el día vagó por el barranco,
admirando por turno el cielo, faz divina,
divino espejo, el lago!



                                                           fotos Volodia Demidchik

¡Dios nos presta un momento los prados y las fuentes,
los bosques que tiritan, las mudas rocas hondas,
los cielos azulados, los lagos y las llanuras,
para los corazones, los sueños los amores!

Y despues nos los quita. Apaga nuestra llama.
Y sumerge en la noche el antro en que brillamos;
le dice al valle, el que se imprimió nuestra alma,
que olvide nuestros nombres y borre nuestra huella.



...en un recodo oscuro, casi al final, el alma
oye algo todavía palpitar bajo un velo...
¡A ti durmiendo en sombras, oh, sagrado recuerdo!
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