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jueves, 22 de abril de 2021


ENTRE LA IMPOTENCIA 

Y EL DESENCANTO


"Puedes llegar a sostener creencias verdaderas si dejas que tu razón sea guiada por otro, pero lo que nunca hará otro por ti es hacerte libre"  
Kant

"Negarse a oír una opinión porque se está seguro de que es falsa es presuponer que la propia certeza es absoluta." 

John Stuart Mill

 

Una de las preguntas que más me ronronean el cerebro en los últimos meses, (producto de la pandemia, claro está) es cómo la gente tiene tan poca capacidad de cuestionarse las normas restrictivas que el gobierno viene imponiendo de manera sistemática bajo la denominada “crisis sanitaria del covid-19”. Unas normas que alteran de manera significativa los hábitos y costumbres que teníamos como naturales. El problema no es que esas costumbres de siempre queden trastocadas durante una temporada, algo que se puede asumir llegado el caso justificado como el que nos toca, el de una pandemia global. El problema es cuando esas normas ponen en entredicho el sentido común, la sensatez y, peor todavía, limitan los derechos fundamentales del individuo, la propia cualidad del ser humano; su libertad de decisión en favor de lo que cada cual considere más apropiado para el desarrollo de su vida. No se trata de egoísmo, falta de empatía o falta altruismo, ni de estar dando la espalda a la sociedad, (esa alianza entre derechos y responsabilidades) El que haya normas que interrumpan el acto de pensar, comparar, discernir, debatir... o peor todavía, el que frenen la libertad de movimiento mediante encierros o toques de queda, es tan sumamente serio que hacer saltar las alarmas de si no habrá algún otro motivo oculto, algo más siniestro, del que no se nos quiere dar razones. 

Comprendo que vivimos en una sociedad y el bien común es importante y necesario, pero cuando eso es a costa de limar la integridad y libertad propia de cada individuo el asunto se antoja autoritario y, dada la poca confianza que engendran estos gobiernos, despiertan la sensación de que podría tratarse de algún otro propósito sucio.  Que con la excusa de atajar un problema sanitario global causado por un patógeno se imponen todo tipo de medidas restrictivas no es en absoluto lícito, ni aceptable. Peor aún, cuando con los datos contrastados en diferentes fuentes informativas no coinciden con una verdad dicha por un lado y falsa por el otro, el tema empieza a perder credibilidad por falta de rigor. Por lo que hace que algunos se cuestionen si las normas taxativas que se aplican están justificadas con la realidad circundante de cifras, casos, rebrotes o lo que fuera que viene a servir de pretexto para someter a la ciudadanía a la opresión. Muy al contrario, las normas resultan desproporcionadas, absurdas y vejatorias. La mayoría de la gente obedece, no se pregunta, sufre en silencio, creen en ellos, los sanitarios, los políticos y los periodistas. Yo no. 

Por nada en el mundo me habría imaginado que llegaríamos a este escenario en el que niños y ancianos, incluso enfermos en los hospitales, gente vulnerable, haya tenido que soportar a todas horas del día el tener que cubrir nariz y boca con una mascarilla, limitando libremente la respiración, como si eso no fuera contrario a la salud. No entiendo para qué nos enseñaron en el colegio cómo se oxigena la sangre que corre por nuestras venas y aquello de salir al campo a respirar aire puro. Ni tampoco podría haber imaginado que se me prohíba viajar a dónde quiera, ni salir a la calle de noche a pasear si me apetece, cómo si la tierra estuviera vendida a unos pocos poderosos y ahora tuviera que pagar con multas lo que respiro o el tiempo que empleo en pasear.  Sociedad enferma, no por un virus patógeno contagioso, que no es tal, ha venido a ordenar con normas infrahumanas lo que debemos ser de ahora en adelante; sumisos esclavos de algún régimen distópico que busca rehacer nuestras vidas al santo capricho de unos pocos poderosos. 

Todo eso de la distancia entre personas. El no te abraces, no toques y desinfecta tus manos a cada rato. El temor de ser asintomático positivo, no vayas por un descuido a transmitir el contagio a tus abuelos. No hagas fiestas, no te reúnas, obedece, haz caso. Y como todo esto puede llegar a ser creíble por el método científico, la gran mayoría, tan bien informada por televisión y periódicos, por portavoces en representación de expertos anónimos y politiquillos de toda índole, así se lo ha tragado. Se han dejado hipnotizar por mor de familiares, no vayamos a caer en sentimientos de culpabilidad por no haberles obedecido, a ellos, los expertos, los sabelotodo, que somos un pueblo solidario y que de esta salimos todos si colaboramos. Qué bien abierto les hemos dejado el camino para construir su nuevo orden mundial. Qué fácil les será mantener un control de la población y elegir quienes han de vivir o cómo lo hemos de hacer.

Que no venga nadie a increparme de irresponsable, cuando la verdadera irresponsabilidad es la mirar a otro lado cuando te dicen que leas y escuches otras fuentes de información, con las cuales puede que las piezas del puzzle te encajen mejor en el cuadro mental, el tuyo, si alguna vez tuviste dudas, si es que alguna te dio por pensar. Porque si ellos disponen de información veraz, yo también la tengo, y bien fundada.  Por eso pido respeto a las ideas que otros suponen enemigas cuando no lo son, puesto que aquí estamos todos por la salud, tanto física como mental, además de la libertad. Acuérdense de la Edad Media y la fe en Dios, que quien no la tuviera era culpable de herejía, lo cual suponía la hoguera, porque todos los males naturales que acontecieran se los encausaban a los ateos o seguidores de otras religiones. Ahora nos parece aberrante, de una intransigencia supina, tanto que da tanta risa como espanto. Pues ahora, donde dice Dios dice Virus.

Que uno a estas alturas de la historia todavía tenga que hacer entender a las personas el valor de la libertad resulta desquiciante. Parece ser que algunos han vendido su libertad a cambio de la seguridad del pueblo (uno para todos, todos para uno) sin sospechar si de alguna forma hay o no engaño en la compra venta del seguro médico por la libertad. El engaño al que se doblegan los ciudadanos no puede ser otro que el miedo y la solidaridad emocional por quienes pueden verse afectados por este virus letal y caprichoso que; a unos mata, a otros enferma por un par días y a otros ni siquiera molesta, que es más peligroso en la calle de noche que de día y más en el gimnasio que viajando en el metro. Tan altamente contagioso que no se entiende como aún no se ha cargado a más del 0,01% de la población. Hasta tal punto se ha llegado con la prevención que ha sido necesario aliarse con otra forma de pensamiento. Lo racional ya no vale y ahora nos servimos de lo irracional. Mundo absurdo, surrealista e hipnótico son el formato que rige el nuevo comportamiento social con tal de que se pueda erradicar la amenaza de muerte que nos acecha (así uno para todos, todos para uno, la libertad se va a la mierda) 

La ciencia puede decir mucho a favor de las directrices a seguir, pero mucho me temo que la política es más autoritaria. Esto no es un problema de epidemiólogos avezados ni nada parecido, esto es tema de estrategas economistas, de elites opulentas que persiguen el dominio y la salvación del planeta a su manera. A su manera de siempre, no a la nuestra. Porque nosotros somos pobres y la pobreza está vinculada a los obreros de bajo coeficiente intelectual, a los necios, vagos y maleantes. Y hemos llegado a un punto en que sobramos. Las nuevas tecnologías son mano de obra barata, no protestan y no exigen derechos y, aunque puedan estropearse, se arreglan más fácilmente que curar las enfermedades de los humanos. 

En fin, de las pesadillas también se despierta uno, aunque por desgracia se tenga que enfrentar luego lúcido al hecho de que los demás, el resto, sufre en sueño profundo una tortura ficticia. ¿Qué hacer mientras ellos duermen? Porque penetrar en el mundo de las creencias férreas, bien ancladas a la psique, para hacerles despertar, se necesita mucha pericia psicológica, y es harto cansino. Las personas cuando discuten se aferran a sus creencias como si estas fueran monedas de oro que temen que se las roben. Temen perder su estima, haber sido tomados por idiotas, caer en el ridículo. Es peor todavía cuando estas creencias se rigen por la confianza generada durante años por medios gubernamentales, donde caben periodistas, médicos, jueces y políticos y por supuesto, cómo no, la televisión, la famosa caja tonta.

Cuando la masa, o el rebaño, pocas veces se interroga o toma conciencia de aquello que más se ha de apreciar en la vida, para conservarlo y defenderlo, cae fácilmente presa del dominio de los pocos poderosos que reinan sobre sus paupérrimas vidas. La mayoría, que por lo general viven en conformidad con lo que se les da, (y no precisamente gratis) creen tener lo suficiente para no entretenerse en problemas. Es lo que hay. Antes se vivía peor. Ellos tienen el poder. Ellos saben lo que hacen. Se excusa el rebaño para no pensar y seguir obedeciendo al lobo. Cómo si no hubiéramos tenido bastantes casos en la historia de las perversas argucias que los gobiernos han perpetrado para atesorar más poder, mediante la corrupción, el engaño y el miedo, llevando a los pueblos a la esclavitud, a la miseria y a la guerra. Todo por defender una bandera, una patria, idealismos desaforados, mentiras con las que embaucar a las masas. Dictadores, genocidas, megalómanos los hay a patadas en la historia. Esto es así de simple, lo hemos estudiado en la escuela, lo hemos visto en el cine y aun así seguimos confiando en líderes, porque si no estamos organizados, si no obedecemos ordenes de otros, de los mandamanes, nos conducimos a la barbarie. ¿De veras? ¿Acaso no son los lideres quienes no pocas veces nos han hecho caer en la barbarie? ¿Acaso, alguna vez, hemos tenido posibilidad de probar una sociedad basada en el anarquismo?

Sin libertad el mundo se pudrirá. Quedará triste, sentenciado a lo insustancial. Será homogéneo. Vivirá en paz, pero sin alegría. Las ideas dejarán de ser originales. Quizá se erradique el hambre, pero tal vez haya más gordos que nunca. La felicidad será como un día sin nubes, una semana, un mes, un año sin nubes, pero no faltará el agua, dicen. Nadie sabrá apreciar los pequeños matices que el mundo propina, como por arte de magia, a los poetas. Los recuerdos serán copias exactas de los días presentes, porque nada cambiará lo bastante para que se reclame la nostalgia. Todo será neutro porque lo feo no estará reñido con lo bonito. Habrá diferencias, pero estarán escondidas. Tener ideas será privilegio de unos pocos que no sabrán inventar nada bello ya que estarán sometidos al absolutismo de las máquinas.  Volar es lo propio de los pájaros. Les veremos alejarse por el horizonte al atardecer y solo unos pocos se preguntarán ¿A dónde irán? Porque hacerse preguntas es de hombres libres y quienes no lo sean nada se preguntarán.  - AllendeAran

 

 

“La historia verdadera se halla entretejida de sufrimientos reales, que en modo alguno disminuye proporcionalmente con el aumento de los medios para abolirlos.” - Max Hokheimer
"Cuando perdemos el derecho a ser diferentes, perdemos el privilegio de ser libres" - Charles Evans Hughes

 

 

“La única libertad que merece ese nombre es la de perseguir nuestro bien según lo entendemos y en tanto no privemos a los demás del suyo, […] Cada uno es el propio guardián de su salud física, mental o espiritual. La especie humana obtendrá más beneficios dejando que cada uno viva como le parezca que forzándole a vivir como les parezca a los demás.”John Stuart Mill

 

 

“Si hay alguna prioridad en el cultivo del entendimiento, sin duda será conocer el fundamento de las propias opiniones.”  - John Stuart Mill

“Justo porque la tiranía de la opinión hace de la excentricidad un reproche, es deseable que la gente sea excéntrica a fin de quebrar esa tiranía.”  - John Stuart Mill



“El fenómeno que del que hemos sido testigos en Alemania no fue otra cosa sino el brote de una epidemia enfermiza… Nadie sabía lo que le sucedía, menos aún a todos los alemanes, que se dejaron conducir hacia el matadero por sus líderes psicópatas como borregos hipnotizados.”  Carl Jung (Después de la Catástrofe)
“El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos.” Simone de Beauvoir

 

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martes, 8 de septiembre de 2020


"La suerte de toda la humanidad, lo veo,
Esta en manos de locos.
Confusión será mi epitafio
Mientras me arrastro por un agrietado y quebrado sendero
Si lo logramos podremos todos sentarnos y reír.
Pero me temo que mañana estaré llorando
Sí, me temo que mañana estaré llorando."
 (Epitaph - King Crimson)


 EQUIVOCARSE

Me fastidia una barbaridad cuando parece que tengo las ideas claras acerca de cómo se ha de vivir pero los acontecimientos de la historia, tanto global como personal, me contradicen con sus salidas inesperadas. Entonces me pregunto, observo, reflexiono sobre qué hago mal, si no debería pensar de otra forma y tomar distintas estrategias teniendo en cuenta otros factores que no he llegado a reconocer. Tal vez sea yo el que se equivoca y no sé aceptar las propuestas de la sociedad que, por lo general, es la de la mayoría. Remar contra corriente resulta agotador, por lo que tampoco es que me ponga del lado minoritario porque sí. Mal me sienta también cuando la naturaleza contradice mis buenas intenciones, precisamente aquellas que van en favor de lo que ella misma propugna; la Vida.
Uno se puede equivocar, por supuesto, lo malo es cuando la corrección que viene al caso no llega a convencer, y no porque uno sea orgulloso, idiota o duro de mollera, sino porque no son las reglas con las que hemos jugado desde el principio de los tiempos. Esas reglas que rigen el sentido común o lo que se entiende por ética. Tengo claro que de sabios es mudar de ideas, como decía Machado, pero no me puedo adherir a aquellas nuevas que afectan negativamente lo que de mí más aprecio, eso que me hace humano; el afecto con el que contemplo la naturaleza y el cariño al que me debo a las personas que me rodean. Salud y Alegría van de la mano y eso exige responsabilidad con la Naturaleza. Cosas básicas, cosas que nadie pondría en duda, pero que corren peligro de extraviarse en el conjunto de las sociedades, sobretodo cuando son conducidas por un mal ego. De ahí un enfado a veces con los amigos, o en el peor de los casos, las guerras.

Saber si uno tiene o no razón es a menudo cuestión de tiempo, pero la espera, aunque merezca la pena al final, puede llegar demasiado tarde para quienes creyeron tenerla. Muchos han muerto por sus ideales y otros los han abandonado por falta de comprensión y esperanza. Una derrota puede llevar a largo plazo a una gran victoria, pero no estamos para perder el tiempo. Queremos la recompensa aquí, lo más pronto posible y mientras vivimos. La verdad, que entre sus varias definiciones es aquello que funciona, toma su tiempo hasta que la mayoría la entiende (por fin) y, por ende, la acepta.
Verán, mi táctica respecto a mi forma de actuar, es hacer lo que considero correcto. Saber qué es lo correcto no es fácil, tiene sus contra avenencias. Se necesita circunspección y, además, no dejarse llevar por sentimientos inadecuados o emociones engañosas. Menos aún dejarse llevar por intereses particulares; los caprichos del ego. La idea es optar por aquello que mejor se adapta a las necesidades del conjunto, con vistas a revalorizar el principio Vida. Es importante aprender, agradecer los buenos momentos, saber dónde habitan, atesorarlos en el recuerdo y, ante todo, tener un cariñoso concepto global del hábitat que nos mantiene.
Ya decía Bertrand Russell que “el problema de la humanidad es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas” A mí me pasa esto, y para nada me considero inteligente. Tal vez sea esa otra de mis dudas. A lo que iba.., como no me gusta meter la pata, errar, a veces ni me atrevo a encarar una discusión, tomar una decisión o tomar acción. Es posible por ello que los indecisos a menudo pasen por cobardes. Otras veces sí creo estar seguro de mis razones y me animo a defenderlas. Si luego me equivoco, por lo menos que nadie me acuse de haber obrado de manera malintencionada  o irresponsable. Yo actué de corazón.
Estamos adscritos a una sociedad igual que si fuéramos piezas diminutas de un sofisticado reloj. Hasta ahora, mal que peor, hemos conseguido acomodarnos en esa estructura máquina relojera. El gran reloj funciona. Pero para quienes gustan de pensar, se preguntarán para quién funciona el lujoso Rolex en el que estamos inmersos. Quién mira la hora, con qué propósito. Porque alguien, más allá de nuestro puesto en la máquina, toma decisiones que afectan nuestra labor, nuestra vida, nuestra libertad. Somos piezas sí, pero este reloj del que hablo tiene vida, tiene pensamiento y emociones, está compuesto de personas, cada cual cumple su cometido. Lo malo de vivir en esta sociedad que emula un reloj es que mientras todo está bien engrasado, mientras funciona, nadie piensa. La masa no quiere problemas, (ni yo tampoco) pero cuando la zona de confort se ve amenazada tal vez sea bueno ponerse en guardia antes de que sea demasiado tarde. Cuanto más tiempo perdamos, más nos costará recobrarlo. Estoy hablando de la libertad, que algunos no saben todavía lo que eso significa, hasta que la pierden por completo.
Vivimos en este momento, al término del verano del 2020, momentos de una incertidumbre y un miedo como nunca antes creo recordar. La sociedad parece amenazada desde dos frentes. Por un lado, una pandemia que no termina por desaparecer y amedranta con posibles rebrotes, y por el otro, un estado de alarma ante el temor de esos rebrotes que, a juzgar por sus normas incoherentes, más parecen infundir un terror propio de estados totalitarios que ganas por aplanar la enfermedad. Ambos frentes se complementan. Se entiende que hemos de obedecer ciertas ordenes con tal de acabar con la crisis sanitaria en la que hemos caído, sí, pero… ¿A cualquier precio? ¿Acaso el fin justifica los medios? ¿Acaso no puede el remedio ser peor que la enfermedad?

Las últimas medidas que los gobiernos de muchos países han adoptado para mitigar la pandemia que nos sacude están poniendo en evidencia una situación social insólita. Tan insólita que da qué pensar si no parecen ocultar otro problema más serio y grave. Algo se nos escapa, algo que no llegamos a entender y que se antoja siniestro. ¿Algún secreto de estado? Porque cuando alguien miente es porque oculta algo que nos ofendería o nos asustaría más de lo que nos quiere hacer creer. Aquí nos faltan piezas del puzzle para poder entender la situación al completo. La realidad se ha vuelto irreal. Bajo la amenaza y la imposición, se están decretando unas restricciones sociales que nos empujan a caer en el MIEDO y el ABSURDO. Y todo a pesar de su incongruencia, que muchos no consiguen entrever. La falta de contacto humano, la soledad, el distanciamiento, la obediencia ciega, la humillación incluso, se están imponiendo sin cordura. Están haciendo que perdamos el análisis del sentido común. Todo propio de los estados totalitarios.
Y no es ya cuestión de seguir una única hoja de ruta para no perdernos o acabar confundidos, porque de lo contrario no salimos de este embrollo sanitario, dirán ellos. Lo siento, pero NO. Algo está censurado o secuestrado, algo que no quieren que sepamos. Jamás podría creer que medios de comunicación, periodismo y partidos políticos estuvieran tan firmemente de acuerdo con las medidas que adoptan quienes están al mando de la nación. Que todos a una remen en la misma dirección, me da que pensar. Que se cierre toda cobertura a resoluciones u opiniones diferentes, como si se tuviera a la población por estúpida. Cómo si ésta no sabría juzgar lo que mejor le conviene. En un estado democrático jamás esto ha funcionado así. Algo falla. Algo no encaja.
Qué puede ser lo que se nos escapa para poder entender el sombrío panorama en el que nos encontramos es lo que me ha empujado a buscar otras fuentes de información. Recabar artículos, informes, conferencias, criticas que puedan darme otro punto de vista y pueda así, con mayor nitidez, contemplar lo que es VERDAD. Hay que entender que la verdad, como decía Alfred North Whitehead, no es absoluta, sino que con el tiempo se va perfeccionando. No tengo esa VERDAD con la que me encararía con la sociedad ciega, pero si tengo una verdad que se adapta mejor a mis interrogantes. Y con esa medio verdad me defiendo mejor de esa otra verdad de los políticos, marchita, que huele a farsa, a podredumbre. Con mi verdad creo tener unas gafas con las que veo mejor. Será cuestión de esperar, como decía al principio, aunque en la espera se me vaya la vida. Esperanzas todavía me quedan de que la sociedad despierte, deje de ser  NEGACIONISTA, y preste atención a otras voces.
Confieso que me da miedo tener razón esta vez. Y hasta rezo por estar equivocado. Porque lo que voy descubriendo augura un mundo tan sumamente egoísta, cruel y despiadado que, (y una vez más, porque no es la primera vez en la historia) uno preferiría no haber nacido. No pienso entrar en detalles. Actúo como mejor me dicta la razón y la paciencia. No estoy solo. Somos pocos, pero podemos crecer y sacar a la luz a esos personajes perversos que se esconden atrincherados en sus poderosos bancos. Demos tiempo al tiempo, y mientras tanto, busquen fuera de los medios típicos de comunicación esa otra verdad de la que hablo. A ver si les convence más. Aunque les prevengo, no les va a gustar. Pero así es la verdad en ocasiones, bella para el raciocinio y fea a las emociones humanas. Pero estamos en ello, en que ambas posturas se centren en una y sola entidad, la JUSTICIA, que es parte de la armonía integral que nos incumbe a todos. Eso nos recompensará con eterna alegría de todo lo sufrido anteriormente. -AllendeAran.



"Es más fácil engañar a la gente que convencerles de que han sido engañados."  
- Mark Twain 
"Una nación de corderitos engendra un gobierno de lobos."
 - Edwar Murrow
"Cuando todos piensan igual es que ninguno está pensando." 
- Walter Lippmann 
 


"La urgencia por salvar a la humanidad es casi siempre una falsa urgencia por dominarla. "  - H.L. Mencken
"La libertad es... el aire sin el que no podemos estar, que respiramos sin darnos cuenta, hasta que llega la hora cuando, desprovistos de él, sentimos que nos estamos ahogando."  - Allbert Camus
"Nos mantenemos alerta contra enfermedades contagiosas para el cuerpo, pero nos descuidamos en cuanto a esas más peligrosas enfermedades colectivas de la mente." - Carl Jung

"Quien supera realmente sus miedos, será realmente libre."  - Aristóteles
"La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio."  - Cicerón

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domingo, 3 de mayo de 2020


"Solo una cosa es segura: vivimos en el filo de una navaja."  - Bill Bryson
"El día en que nos enamoremos de la Naturaleza como de aquella primera chica del barrio, sabremos entonces cual es el puesto del hombre en el Cosmos."  - AllendeAran

DE UTOPÍAS Y DISTOPÍAS

Parece ser que nos has tocado vivir uno de esos episodios insólitos que creíamos únicos de las películas de ciencia-ficción. Desde hacía unos años se nos venía advirtiendo por parte de expertos en ecología que algo dramático era de esperar: por el estrés vertiginoso al que se le estaba sometiendo al planeta, el forzado consumismo al que asistimos, el desgaste de otros hábitats, nuestro desprecio por lo verde, la esclavitud al que nos someten las nuevas tecnologías, las costumbres insalubres que mantenemos con los animales. El tren de vida que llevábamos en el mundo es de una velocidad insostenible. Pero nada parecía que podría detenernos. Occidente se sentía protegida en su ufana riqueza. Las epidemias no resultaban del todo serias y cómo además sucedían en países lejanos o más pobres, ¿qué temer? Pocos se sentían amenazados. Hasta que llegó. Lo que parecía una epidemia se convirtió en una pandemia y así todo el planeta queda involucrado. Ahora nadie se escapa, de momento lo que toca es salvar vidas y, a la vez, desde el confinamiento, tomar conciencia: para no acelerar el contagio y proteger al sector sanitario ya saturado de contagiados y, desde el mismo confinamiento, para pensar qué haremos para que esto pase, rezar para que pase, aprender de lo que pase.
Ya se han sembrado cientos de opiniones por las redes de muy distinta índole. Periodistas y filósofos tienen mucho que decir…, pero no nos engañemos. Esto que nos acontece ha sucedido en la madre Tierra muchas otras veces de varias maneras. El castigo divino nos cae del cielo sin que sepamos realmente por qué. Los anales de la historia tienen registros de terremotos devastadores, explosiones volcánicas tremebundas, ciclones, sunamis, pestes, eras glaciales, sequías…. ¿Qué hemos hecho para merecer esto? Las guerras tienen una explicación atribuible a nuestros pecados, pero cuando la tierra se enfada nos sabemos bien por qué, ya que que pagan justos por pecadores. ¿Qué se trae en lo más íntimo de su ser, Gaya, nuestra madre la Tierra, para tratarnos con tanta crueldad? Quizá busque el equilibrio natural, salvaguardar la vida, mejorarla con algún propósito. Nadie sabe nada, todos especulan. Sin embargo, algo en concreto le sucede a la especie humana cuando se enfrenta a una de estas calamidades: el hombre se cuestiona si sus virtudes más valoradas habrían sido descuidadas. Se pone en cuestión nuestras actitudes éticas.
Es por eso que ahora, desde el confinamiento, la tarea más prioritaria pueda ser la de atajar y superar la pandemia, pero lo que venga después puede ser tan demoledor como la misma enfermedad que provoca el virus. Esta crisis nos lleva de nuevo al derrumbe económico. Nuestros pecados como en las guerras se van a ver juzgados por las ideas gregarias que tanto nos definen como sociedad, nos necesitamos unos a otros, como especie y como individuos. La sociedad que formamos y que nos describe como civilización está de nuevo dañada. La balanza de la justicia se desequilibra más aún de lo que estaba. ¿Los pobres serán más pobres, los ricos más ricos? Los valores éticos quedan sometidos a examen de nuevo. Qué nos espera y cómo lo solucionaremos es un dilema espinoso del que todos los listillos quieren opinar. Yo no voy a ser menos.
De momento no faltan agoreros, idealistas, propuestas, acusaciones a responsables e irresponsables. A mí, personalmente, lo que más me preocupa es la incertidumbre. Nadie sabe lo suficiente cómo para poner la mano en el fuego de lo que será de nosotros dentro de un mes o dos, el otoño que viene o el año que viene. Kant decía que la inteligencia del individuo se mide por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar. Esto que nos ha caído del cielo es propio de la Naturaleza, y lo cierto es que sí, podría tratarse de un castigo divino. 
En los últimos años mi confianza en la sanidad ha menguado en igual escala a mi confianza en los bancos. Tengo mis razones, pero no las voy dar, más que nada porque sería largo de explicar y, además, es cosa privada. Pero puedo decir algo. Me espanta la dejadez, la falta de consejo médico acerca de una alimentación o vida saludable que la población debería de seguir. Que no extrañe a nadie que luego el sistema inmune funcione tan mal frente a las infecciones víricas. Gente que por su nefasta forma de alimentarse es obesa, diabética, hipertensa, o sufre de intolerancias, alergias, colesterol, alzhéimer, artrosis… No, no es que estuviéramos mal preparados con los epis, o los equipos esenciales en caso de una emergencia masiva. Eso es siempre difícil de prever. Frente a estas emergencias de catástrofe toda precaución puede ser poca. Amenazas las tenemos de todo tipo todos los días y cualquier desastre puede estallar de inmediato sin que se sospeche. 
El problema es que la sanidad, los médicos, concretamente, han jugado a ser solo socorristas de playa, y no nos han querido enseñar a ser previsores, a saber nadar y entender el mar, valga la analogía. Entre otras cosas porque la sanidad está al amparo de la farmacéutica, vendida a sus milagrosas pócimas químicas, que por lo general te curan de una a cambio de perjudicarte con otra. Salvo aquellos casos que requieran cirugía, la sanidad tiene menos credibilidad que la de rezarle a Dios con las manos juntas mirando al cielo. Mi consejo: cuídate. Sus consejos: toma receta. En cuanto a los bancos, ya que la crisis a la que asistimos también es económica, no hace falta decir a quienes tengan unos ahorros del peligro al que se exponen. Así que no me queda otra, tengo el dinero en el banco por no guardarlo en casa y al médico voy por no ir al curandero.
De las pandemias, por lo que sé, de la misma que vienen se van, si bien, esta puede ser distinta, tal vez más liviana, tal vez más virulenta. La tierra puede tener sus motivos para diezmar a ciertas especies, aunque no parezca acertar a la hora de elegir a sus culpables. Cualquiera no entiende las intenciones de la Gaya ciencia. Las tragedias naturales que ha sufrido este planeta han sido de muy variada índole. Lean algo acerca de fenómenos geológicos que ha sufrido la tierra. Se van a quedar asustados. De hecho, estamos teniendo una suerte milagrosa. Antes no había tanta contaminación, polución, aumento demográfico, desgaste…, tanta basura, y sin embargo, acaecían desastres que solo Dios sabe por qué.
La gente antiguamente, la muy religiosa, tomaba acto de conciencia, rezaba para redimirse de sus pecados, esos cometidos contra la moral dominante, incluso de las fantasías impías o indecentes que podrían haber imaginado. Ahora seguimos tomando conciencia de qué errores hemos podido cometer para merecer esto, pero lo malo, lo más penoso, es que no hay evidencias convincentes de por qué recibimos esta sanción por parte de la naturaleza. Porque hábitos contra natura los tenemos en cantidad. Mismamente podríamos ser el peor virus que hormiguea por la faz de la tierra. Lo hemos socavado todo, envenenado mares y ríos, contaminado el aire, exterminado especies, pisoteado y cubierto de asfalto vastas planicies verdes. Ya, ni siquiera mirar al cielo es un hecho limpio: por la noche no se ven las estrellas, por el día, el azul se ve rallado de líneas de humo de aviones militares. Un virus, al fin y al cabo, es un patógeno tan natural como el ser humano. Existe, y eso le concede algún derecho. A la hora de elegir sus víctimas no considera quien ha sido bueno o quien malo. Y sí, yo distingo y divido a la humanidad entre buenos y malos. No todos merecemos el mismo trato de las inclemencias enfermizas que se presentan.
Ahora que vivimos una pausa obligada, como cuando el tren se para en la mitad del túnel largo rato, parece que tenemos tiempo para reflexionar sobre el existencialismo, con miedo y esperanza a la par: por lo que pueda venir después. Cómo deberíamos comportarnos en el futuro será un examen de pasar a la universidad. Ya sobran opiniones de mucha “mea culpa” y acusaciones al ego avaricioso del capitalismo. No sin razón. Pero no nos engañemos, nadie va a acertar del todo. Yo auguro una vuelta a la normalidad. Apuesto por continuar esta distopía asentada en el egoísmo, baja solidaridad y acelerar el placer consumista, a ver si reventamos.

Otro de los mayores fracasos de esta sociedad occidental está en que son las máquinas, las nuevas tecnologías las que dibujan el camino por el que tenemos que seguir andando forzosamente. Si lo podemos tener mejor, (sea lo que fuere) iremos a por ello. No importa si es innecesario, prescindible, nocivo, o si perjudicamos a los ecosistemas. Hay que continuar, deprisa y corriendo. Por otra parte, si apostamos por otro estilo de vida más pausado, hay que contar con el reciclaje mental de cuantos no entenderían ese nuevo estado de vida. Y eso es harto complicado. La balanza no está solamente desequilibrada ente ricos y pobres, sino entre educados e incultos ¿Un mundo mejor? Claro que se pude, si pudiéramos ponernos de acuerdo. Pero muchos se han quedado atrás, anonadados con el rumbo que estas nuevas tecnologías imponen, la vulgaridad de las masas, la incapacidad de entender ese nuevo camino a seguir: camino evolutivo que pone en entredicho, muy severamente, el producto materialista al que se ha consagrado la vida laboral. Sin interés de por medio, (interés financiero, se entiende) cualquier propuesta es abolida, se toma por quimérica: una utopía.
Yo también he ideado mi propio mundo, que guardo en mis adentros como un tesoro. Esa utopía que me sabe a paraíso perdido. Hecho a retales de los recuerdos gratificantes de mi infancia y de sueños que no se cumplieron en mi juventud. Fantasías poéticas que tuve que esconder de las burlas o la ignorancia. Confieso que yo también espero que al menos una pizca de eso con lo que sueño llueva sobre el mundo. Con unas pocas gotas bastaría. Un poco más de justicia, de amor, solidaridad, empatía. Pero dicho así suena demasiado iluso, no concretiza nada. Llevamos demasiados años intentando convencer al capitalismo para que sea más generoso con los más necesitados, de que la igualdad confiere mayor seguridad al planeta, que esto es cosa de todos. No hay manera. La insolencia y la indiferencia con los demás nos caracterizan cuando las cosas juegan en nuestro beneficio. En fin, para no alargar demasiado mis puntos de vista, que pueden ser largos y tediosos, voy a ser simple:

El día en que el hombre se enamore de la Naturaleza como lo estuvo de la primera chica del barrio, entonces empezará a entender su puesto en el Cosmos (guiño a Max Scheler). Los poetas lo saben. Los poetas románticos lo ensalzaron. Algunos se siguen riendo de esto. Prediquen el cariño a sus hijos para que sean sensibles. Participen del misterio que la vida ofrece. Hagan bellas conjeturas. Investiguen para entretenerse y alucinar con los nuevos descubrimientos que engrandecen lo finito. Siempre cabe un más allá. Que los jóvenes den, en soledad, largos paseos por los montes, las playas, los bosques, cualquier lugar donde no haya asfalto, ni líneas rectas. Que aprendan a pensar, a ser observadores en silencio. Cosechen experiencias que se puedan recordar con nostalgia al pasar los años, cuando se sientan perdidos en la oscuridad. Miren más a menudo a las nubes. Busquen la luz. No digo más.  - AllendeAran


 
"Hay algo fundamentalmente incorrecto en tratar a la tierra como si fuese un negocio en liquidación" - Herman Daly 

"En la naturaleza nada ocurre en forma aislada. Cada fenómeno afecta a otro y es, a su vez, influenciado por éste; y es generalmente el olvido de este movimiento y de ésta interacción universal lo que impide a nuestros naturalistas percibir con claridad las cosas más simples" - Friedrich Engels

"Una perspectiva filosófica es la auténtica institución del pensamiento y la vida. El tipo de ideas a las que atendemos, y el tipo de ideas que nos sumen en contextos insignificantes, gobiernan nuestros miedos, nuestro comportamiento. A medida que pensamos, vivimos. Esto es por lo que un ensamblaje de ideas filosóficas es más que un estudio especializado. Moldea nuestro tipo de civilización."  - Alfred  Whitehead


 
"Hemos sido elegidos, por el destino, por la providencia o como quieras llamarle. Somos, al parecer, lo mejor que hay. Y podemos ser todo lo que hay. Es una idea inquietante el que seamos el máximo logro del universo viviente y, a la vez, su peor pesadilla." - Bill Bryson.


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miércoles, 1 de enero de 2020

"Si la experiencia presenta realmente rasgos estéticos y morales, cabe suponer que también estos rasgos llegan a descender al fondo de la naturaleza tan fielmente como la estructura mecánica que se le atribuye en la ciencia física."  - John Dewey

EMERGENCIA CLIMÁTICA
¿SOLO CLIMÁTICA?
Ahora que hace unos días la cumbre climática en Madrid ha finalizado, tal vez se puedan sacar algunas conclusiones sobre cómo estos eventos logran alcanzar su cometido. Al parecer, por lo que dicen los más acérrimos activistas, el acuerdo por minimizar las emisiones de CO2 ha resultado decepcionante. Algo, quizá, se haya conseguido; Ir despertando poco a poco un sentido alarmista ante el peligro climático en el planeta y el que la gente empiece a tomar conciencia de sus actos y hábitos nocivos, así como ir exigiendo soluciones apropiadas a los políticos, que para algo se les concede poder en las sociedades democráticas. Pero hacer entender a los políticos cuál es su tarea, su deber, parece caer en saco roto. Lamentablemente, parecen estar únicamente al servicio de mantener su hegemonía y proteger los intereses capitalistas. Su falta de talento y sapiencia a la hora de resolver los problemas de las sociedades es ya de una vergüenza ajena intolerable. Les falta ética, respeto, modestia, voluntad, inteligencia, empatía, discurso. Los políticos de hoy en día están cada vez más perdidos en su laberinto de disputas patrióticas e independentistas, defendiendo posturas egoístas que atañen a su propio ombligo y a los usureros que descansan en el pico de la pirámide. Nada que ver con los auténticos problemas de la Tierra que, al fin y al cabo, todos pisamos. 
Estamos ante un problema serio. El hecho de habernos acomodado en un sistema social que expele basura química en todo momento, ha traído consigo un veneno letal que pone en peligro la biología del planeta. Eso nos incumbe, somos parte de esa biología, no lo olvidemos. Las ciudades en las que habitamos cada vez están más excluidas de la naturaleza prístina que habitaron nuestros antepasados. Para quienes vivimos en las grandes urbes, (la mayoría de los habitantes del planeta) el panorama visual paisajista al que asistimos poco tiene que ver con lo que fue hace cincuenta años, y si nos remontamos al siglo XIX la cosa resulta más sorprendente, y yendo más hacia atrás en el tiempo se puede sentir que lo que otrora fue naturaleza abundante por doquier, ahora es asfalto, cubos como murallas que recortan el cielo. Lo que antes eran montañas en la lejanía, ahora son edificios torre que bloquean la mirada puesta al horizonte. Donde antes era el trote de caballos en los caminos, ahora es ruido y humo tóxico de coches. Donde antes crecían árboles, ahora hay señales de tráfico y semáforos. Antes todo era curvo y desigual, ahora todo es lineal y cuadrado.
A pesar de ello, no nos hemos vuelto locos. Incluso he de reconocer que, con la evolución tecnológica y científica, hemos aprendido a vivir más años y mejor. Al menos en los países occidentales donde se ha podido aplicar ese conocimiento. Nadie me va convencer de que antiguamente el mundo era más afectuoso con los humanos, que antes se era más feliz. El trabajo es menos severo de lo que vivieron nuestros abuelos. El bienestar se ha multiplicado, si bien no tan ecuánime como nos gustaría. Ahora, mejor que nunca, el índice de natalidad es más alto y el de la mortalidad más bajo. Algo se habrá estado haciendo bien por cómo la humanidad se ha expandido.
Sin embargo, por desgracia, hemos alcanzado un punto en el que nuestros errores han abierto grietas en este sistema en el que nos hemos acomodado. Hemos vivido a costa de exprimir los recursos de la tierra sin miramientos, vueltos de espaldas a todo lo otro que vive alrededor, ciegos y sin respeto por cuanto nos sustenta. Hemos vivido de manera muy egoísta, y a la par, ignorantes del futuro. Nos hemos tomado la naturaleza como servidora y esclava de nuestras necesidades básicas. Era necesario explotarla, invadirla, violar sus hábitats sin importarnos cómo. Nos hemos comportado como seres de un mundo aparte, igual que enemigos. No es que la naturaleza sea ahora vengativa con nosotros. No, no se trata de que Ella tenga un objetivo determinado y nosotros vayamos en su contra. Se trata sencillamente que no va a responder a nuestros intereses porque está enfermando por nuestra culpa. De igual forma que cuando un virus nos invade y acaba con la vida de un cuerpo, así nos comportamos, como si el planeta fuese un cuerpo. La naturaleza no es sabia, vive y padece las inclemencias del tiempo y las catástrofes como las sufrimos los demás. Ella no tiene fija una finalidad, está ahí igual que nosotros, sin saber por qué. Sufre las consecuencias del azar y ahora, por añadidura, sufre la arrogante actitud de la ambición desmedida del hombre, guiada por un capitalismo cada vez más insolente, cada vez más salvaje.
Pareciera que, aún, este problema no fuera tan apremiante, que no parece tan ominoso, que no es tan feo como lo pintan porque aún quedan parajes paradisíacos por ahí, grandes extensiones verdes, mares azules. Aunque sea sólo vivido allí a donde vamos de vacaciones, o por lo que vemos en fotografías. Todavía se respira bien, en algunas ciudades mejor que en otras. En fin, que todavía no nos ha llegado la mierda al cuello. Es por eso que los políticos, por salvaguardar los intereses que reclama cualquier empresa capitalista, siguen sin querer tomar medidas decisivas para regenerar el entorno que estamos infectando. Entorno que no es otro que nuestra propia casa. Pero para ellos, diríase, que la Tierra no existe, que lo que existe son países, territorios, banderas, ejércitos, bancos...
Comprendo que el discurso de estos días pasados haya sido prioritario en alarmar, a la vez de informar, sobre la actual situación del planeta. Principalmente por el efecto invernadero que está trastornando el clima. La basura química que vertemos en cantidades ingentes por tierra mar y aire todos los días. Qué soluciones se van adoptar. Soluciones espinosas porque implican un cambio en el paradigma en el que nos movemos y que tan mal se ajusta con el régimen capitalista en el que todos estamos enredados. Pero sí ha habido algo que personalmente he echado en falta en los discursos, algo que era de esperar por otra parte, y que considero de suma importancia, es el de inculcar una visión estética de cuanto conforma en el planeta. Porque eso también se está perdiendo.
No sé hasta qué punto es un privilegio que ciertas almas sensibles puedan deleitarse en la contemplación de las formas, colores, aromas, sonidos..., con la vida, en definitiva, que ante nosotros se despliega por el mundo. Identificarse con la trama del mundo que al desnudo se presenta, con la visión primaria, virgen de la naturaleza, parece fantasía de unos pocos poetas y filósofos. Está escrito que quienes mejor han sabido entenderse con la naturaleza, gozar de veras, han sido pensadores, anacoretas, músicos y poetas. Gente contemplativa cuyo principio era fluir con el ánima que vibra en el mundo. Personas que se veían recompensadas de calma al observar lo bello, que sabían armonizar sus estados de ánimo participando del encuentro estético que surge por azar o voluntad artística. Síntomas de plenitud y compresión, paz, misterio y aventura, asombro y milagro, nunca mejor hallados sino en la Naturaleza. Me viene a las mientes autores como John Muir, Ralph Emerson, John Keats, Thoreau, Alex von Humboldt y tantos otros que dejaron escrito impresiones y lecciones que se deberían estudiar en las escuelas. Pero no hay manera. Seguimos sin querer implicarnos con la sabiduría de esos que se deleitaron  con la esencia de la vida, como si fueran sus ideas ininteligibles, cosa de locos o fueran un obstáculo para el progreso o una pérdida de tiempo.
Esto no es fantasía de quien vive en las nubes. Si por algo somos, si por algo albergamos sueños es porque hay un enlace entre nosotros y cuanto forma el mundo externo. No hay objeto sin sujeto, ni a la inversa se podría entender la existencia. De no haber nada ahí afuera, ¿cómo justificaríamos estar vivos? Apreciar la belleza que la naturaleza exhibe es una tarea fundamental para poder respetar el planeta. No creamos que la tierra es enemiga nuestra porque nos hemos visto forzados a horadar la materia en busca de energías que nos ayuden a sobrevivir y evolucionar. La misma naturaleza, sus plantas y animales, sufren las consecuencias del azar, de los grandes cataclismos, de las tempestades, sequías o incendios. Y si bien, nosotros somos también víctimas igualmente del azar, también es cierto que tenemos conciencia y fuerza para saber qué queremos o qué camino tomar. Y aunque ese “qué”, de momento, no esté enteramente formado, porque no hay credo, ni religión, ni ética prevista para el futuro que convenza a todos por igual, sí hay algo que podemos comprender por unanimidad, algo que se puede apreciar; la belleza. Vista y sentida en la música, el diseño, una cara guapa, la flor que se abre a la luz, ese atardecer… Son de por sí sensaciones que dan valor único y total a nuestras vidas.
La Naturaleza nunca te va a responder si tienes razón, si está o no justificado que la sientas como bella. Jamás nadie se plantea si se equivoca por apreciar lo que le parece bello. Por eso mismo no esperes que Ella esté de tu parte correspondiendo a tu admiración con un, hoy no lloverá, hoy la chica que te gusta te va a sonreír, hoy el atardecer será más vistoso que el de ayer. Suficiente justificación es con sentir y suficiente saber que hasta hoy nadie ha podido razonar lo que la belleza significa. Tanto mejor así, ya que de esta manera no se presta a la manipulación materialista. Su misterio la hace impenetrable a la experiencia científica. Es por eso que, al tratarse de una cuestión subjetiva, lamentablemente, no se la ha integrado en la educación con tanto denuedo como a las matemáticas, la física o la lengua. Estoy muy convencido de cuánto más se ganaría si de pequeños nos enseñaran a ejercitar la sensibilidad en las escuelas, y para eso nada mejor que sintonizar con los elementos que se manifiestan en la Naturaleza. Si así fuera, seguramente no habríamos incurrido en tantos errores de relación en el ecosistema que habitamos.
Mantener el esplendor botánico de árboles y plantas, los mares limpios, el hábitat de los animales, haría que nos sintiéramos más integrados en el mundo, pero sobretodo daría un especial relieve a las sensaciones espirituales. Sí, me refiero a esas sensaciones que se sienten en el interior y en silencio, que resultan difíciles de comunicar y que, cuando lo hacemos, recurrimos a estrategias, artificios que derivan en lo que llamamos Arte. Contempla sin monólogos el vuelo de los pájaros alejándose en el horizonte, las plantas que al crecer dibujan formas esbeltas, un gato que duerme plácido sobre la hierba, unas nubes que abren grietas por las que se infiltran los rayos del sol al caer la tarde. Eso no podemos perderlo. Contempla si más, contempla y no preguntes… “porque la Serenidad no pertenece al dominio de la voluntad.” decía Heidegger. - AllendeAran.


“Si nos aprovechamos de la palabra estético tomada en un sentido más amplio que en el de la aplicación a lo bello y lo feo, es indudable que la cualidad estética, directa, final o encerrada en sí caracteriza las situaciones naturales tales como se dan empíricamente. Estos rasgos están de suyo exactamente en el mismo plano que los colores, los sonidos, las cualidades del tacto gusto y olfato.”  - John Dewey


 
“Ahora el mundo aparece como un objeto al que el pensamiento calculador dirige sus ataques y a los que ya nada debe poder resistir. La naturaleza se convierte así en una única estación gigantesca de gasolina, en fuente de energía para la técnica y la industria modernas.” – Martin Heidegger
“Somos plantas –nos guste o no admitirlo- que deben salir con las raíces de la tierra para poder florecer en el éter y dar fruto”. – Peter Hebel


 
“Si un hombre está solo, dejad que mire las estrellas. Los rayos que provienen de esos mundos celestes se interpondrán entre él y lo que toque. Podría pensarse que la atmósfera fue creada transparente con esa intención, para conceder al hombre, con los cuerpos celestes, la presencia perpetua de lo sublime.”  - R. W. Emerson
“No hay pregunta ni respuesta al hecho de que el hombre busque la belleza. La belleza, en su sentido más amplio y profundo, es una expresión del universo. Dios es todo lo hermoso. La verdad, el bien y la belleza no son sino aspectos del mismo todo.”  - R.W. Emerson



“La Naturaleza se asocia a todas las sensaciones del hombre. Las comprende y parece compartirlas como un confidente invisible. ¡Las lleva al cielo para divinizarlas!”  - Alphonse de Lamartine
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jueves, 18 de julio de 2019


“Dos camaradas viejos de partido se ven, y uno dice a otro:
- ¿Has visto? Todo lo que nos contaban del comunismo era mentira.
- Peor cosa no. Peor cosa es que todo lo que nos contaban del capitalismo era verdad.”

POLÍTICA SIN ARGUMENTOS

¿Soy el único que está cansado de que el discurso político en este país no haya sabido cambiar su repetitiva verborrea durante años? Discurso, he de reconocer, que no difiere mucho del resto de las naciones que forman el puzzle del planeta, pues todos se parecen ¿Por cuánto más vamos a sufrir la falta de iniciativas, el riesgo al cambio, la apertura de mente, la responsabilidad, ante la creciente demanda de atención que pueblos empobrecidos y naturaleza enferma exigen?

Tenemos bien asumido que el capitalismo lo ha invadido todo, así como el hecho de que todo país venere los colores distintivos de su bandera, pero lo que no parece que se llegue a entender en toda su envergadura es que estos dos ingredientes que dominan la tierra (capitalismo y nacionalismo) sean el cáncer que está destruyendo el planeta entero. Políticos y gente de a pie, (mayoría absoluta) parecen miopes ante este conflicto que marca la historia repetidamente, haciendo del progreso una especie de avance sucio y lento, corrosivo y triste. Quizá la única tarea de los políticos sea la de mantener su poder para proteger sus privilegios y a la vez, para tener la fiesta en paz, cumplir un mínimo las exigencias del vulgo. Seguimos con aquello de lo mío, mí, lo nuestro, yo, cuanto más mejor. Como si no tuviéramos suficientes ejemplos de errores que se han cometido en el pasado continuamos tropezando en la misma piedra una y otra vez. ¿Hasta cuándo, me pregunto, vamos a seguir educándonos en la ficción del poder materialista y la abstracción de una raza que gusta de sentirse superior a otras arropada por banderas?

Puede que suene poco pragmático o muy populista (antes demagogia) hablar en términos globales de que hay una necesidad de arrimar el hombro por cuanto esté en desventaja con el resto. Ya sé que es un tema tan manido que parece no tener remedio. Después de todo, si estamos educados en la empresa de tener que adquirir, ganar, conquistar… ¿Qué otra cosa cabe esperar? Peor aún, en un régimen totalitariamente capitalista, ¿cómo vamos a ser generosos cuando lo que prima es el interés? ¿quién va a invertir un pedazo de sus posesiones por mejorar el mundo si no hay garantías de beneficios a corto plazo? Entiendo que en la carrera capitalista por acaparar más alguno tenga que ir quedándose rezagado. No habría otra forma de entenderlo, puesto que las reglas capitalistas así lo exigen. Se ha venido haciendo así desde el principio de los tiempos, aunque desde la revolución industrial se hayan ido marcando distancias cada vez más drásticas entre los poderosos y los menesterosos. Todo a base de explotación, expolios, corrupción, trampas, engaños...

Así es cómo de manera acelerada el progreso ha cogido velocidad para distanciarse de las distintas formas de vida que configuraban el pasado, y así es cómo hemos alcanzado un nivel de vida que nuestros antepasados tal vez envidiarían. Sí, si repararan sólo en nuestro confort pero no en la fugacidad y estrés en el que nos movemos. Porque a decir verdad hemos logrado mayoritariamente seguir adelante y situarnos en mejores condiciones sociales de bienestar que la de nuestros tatarabuelos, pero a cambio de perder un contacto más cálido y profundo con el entorno, las personas, los animales, la naturaleza…. Ahora todo crece a pasos de gigante, tan raudo y veloz que apenas podemos plantearnos la pregunta de adónde vamos, si nos conviene tanto correr, o tener tanto innecesariamente.

Pensando en mejores regímenes sociales, se me ocurre que el comunismo partía de una base más ecuánime, pero sigo sin entender por qué no funcionó. Todavía no he conseguido encontrar una respuesta clara a su fracaso. No sé nada de economía, ni he leído a Marx, pero sí creo saber, o discernir, lo que es justo de lo que no lo es. Y el capitalismo no es justo. Sencillamente porque prima más el interés material que el humano. Basta pensar un poco para darse cuenta cual fue la caída del imperio comunista. No es que el comunismo fuera un error ideológico, fue si acaso un error de calculadora (aparte de otros temas de censura, libertad y desarrollo personal que no quiero ahondar aquí). Digamos que faltaba la avaricia por engordar las cifras. Teniendo expectativas de acaparar dinero, como si se tratara de una recompensa , es como al parecer se crece, hay mejora, progreso. Y cuanto más tengo más quiero, porque esto me confiere poder y con el poder dominio. Durante décadas, con algunos altibajos, esto ha venido funcionado así a falta de otro sistema viable para el conjunto de la sociedad. El dinero se ha convertido en una religión que todos aceptamos porque todos somos libres de poder ser agraciados (ingenuamente) por él.

Pero hemos llegado a un punto en que, si bien ha habido progreso en el bienestar de la mayoría, su sostenibilidad se está viendo tambalear como quien camina por la cuerda floja. El desarrollo y bienestar que se ha creado tiene un altísimo coste de desgaste en la naturaleza y para evitar una catástrofe tal y como se vaticina, habrá que invertir en limpiar toda la basura que hemos vertido por tierra, mar y aire por culpa del consumismo descalabrado en el que el capitalismo nos ha hecho caer. Amen de tener que invertir en los países más pobres para equilibrar el peso con los más ricos y podamos evitar enfrentamientos o masivas migraciones a países más desarrollados. Esto no va a ser nada fácil ya que las perspectivas no son de obtener suculentos intereses como lo ha sido hasta ahora para las oligarquías. Ahora ellas tendrán la responsabilidad de ir pensando en arreglar, no ya sus lujosas mansiones perdidas Dios sabe dónde, sino en cómo salvar el planeta entero, sintiéndose dueños de él si lo prefieren. Es de su dinero de lo que dependemos. Sus ingentes ahorros escondidos tendrán que invertirse en desacelerar la contaminación y contrarrestar las diferencias entre los países. Seguir la corriente al capitalismo con las mismas condiciones del pasado no tiene posibilidades de prosperar. El capitalismo se está ahogando en su propio beneficio. Se agota. La sociedad del bienestar no consiste en tener más, sino en saber disfrutar con menos. Desacelerar las prisas es un imperativo de emergencia.

Cuando al principio me quejaba del discurso repetitivo y sinsentido que tienen las peroratas de los políticos, (cara sobretodo a las elecciones) me refería a que no consigo saber a quién quieren convencer de no sé qué. Si el tema más importante es el de las ayudas sociales, trabajos más estables, mejorar la salud pública, educación, que me cuenten cómo van a conseguirlo al detalle. Porque una cosa ha de quedar clara, a quienes tienen que convencer no son a los mismos necesitados para que les concedan el voto, sino a aquellos que tienen el poder de solventar estos problemas. De ahí que, me pregunto, ¿cómo van a lavar el cerebro a esos que tienen en sus manos el poder de nivelar la desigualdad que ha cosechado el mezquino capitalismo? Porque se ha de entender que mientras haya desigualdad no habrá paz, ni entendimiento, ni justicia, y partimos de la idea de que las cosas se pueden mejorar, de lo contrario dejaríamos de creer en la política. ¿Nos cerramos en banda y asumimos que el mundo es un caos irresoluble, donde siempre habrá ricos y pobres, vencedores y vencidos, cómo conviene a algunos? No estamos por asumir una filosofía derrotista, entre otras cosas porque vivimos esperanzados de que hay un futuro mejorable, de ahí que la política continué viva y continúe combativa contra quienes mancillan ese futuro. Seguimos creyendo que hay soluciones.

El discurso que yo espero entonces, sería aquel que no buscara la aprobación de las masas sino más bien la aprobación de los pocos que tienen las llaves de la prosperidad, para que se decidan si miedo a abrir puertas a nuevas esperanzas, porque suya es ahora la responsabilidad del giro que tomen los acontecimientos. Habría que explicarles a las oligarquías, al creso en general, qué esperan ellos del mundo, qué quieren, cómo lo desean ver, ya que tienen la autoridad de dominarlo, creyendo como creen que el dinero es el poder que lo mueve todo. Si así nos lo creemos, entonces que tomen conciencia clara y profunda hacia dónde desean llegar. Habría que inducirles a actuar, a ser responsables no ya de su propio entorno sino de la esfera entera del planeta, su habitat y habitantes.

A lo mejor necesitan un tratado de religión que asentara las bases del reino paradisíaco aquí mismo y no en el más allá. Pues bien, tal vez ese sería el discurso que los políticos tienen que empezar a escribir. Porque, o lavamos la conciencia de los ricos en favor de la prosperidad o estaremos dando tumbos continuamente, con el riesgo de que la próxima caída sea la definitiva. Es difícil tarea la de curar los síntomas de la avaricia, lo sé, pero a poco que mejorara el bienestar de los más necesitados y se restableciera el curso natural del planeta, seguro que alguna satisfacción personal obtendrían. A poco inteligentes que fuéramos sabríamos entenderlo. Con un poco de educación emocional bastaría.

Aquí no venimos a robar sus tesorerías mendigando generosidad, venimos a que entiendan que ha llegado la hora de que inviertan en el mantenimiento y mejora del todo que nos conforma como sociedad y hábitat. Ya no se trata, repito, de ganar más. Se trata de algo que incube necesariamente y a la par, a los privados de derechos básicos y al deterioro que sufre el mundo natural. Siempre habrá diferencias entre unos y otros, no lo niego, incluso lo justifico y veo necesario, pero que no sean éstas diferencias producto de nuestra inútil y maliciosa voluntad, la de la codicia desmesurada, la del egoísmo indiferente, desconsiderado con el pobre, insensible al dolor, de una violencia por someter al más débil, de arrancarle a la tierra su savia sin mesura, ni agradecimiento. No, así no. Estamos juntos por un proyecto en común. Sobrevivir, y ser felices en la supervivencia.

No creo que sea tan difícil entender lo que la religión y la ética han estado divulgando durante siglos por el bien común de todos. Habría que analizar porque luego nos perdemos en la mitad del camino. ¿Será por que tomamos la distancia más corta, un atajo que debería estar prohibido? Ese atajo de la satisfacción inmediata, la personal que se aleja del mundo circundante, que solo se arrima a los demás con intención de aprovecharse...  Nietzsche buscaba un superhombre que pudiera erigirse sano y seguro en el transcurso de la historia, libre de prejuicios y miedos infundados por los dioses, pero ya sabemos que no habrá tal superhombre mientras juguemos con malicia y  egoísmo, porque eso conduce una tras otra a la guerra. Las injusticias son infecciones que engendran revoluciones sangrientas. 
Si hay una felicidad fidedigna es aquella que contempla el porvenir con salud y alegría, ahí donde todo siga teniendo un puesto, no solo el nuestro como raza, sino el de todo cuanto ha venido a la tierra para querer quedarse. Eso es todo cuanto debiera enriquecernos, hacernos libres, sonreír y sentirnos victoriosos. Así que, por favor, a todos los políticos que abren sus bocazas para convencer, sepan primero cómo y en qué consiste ser feliz, porque si el medio ambiente está contaminado y si sus gentes están impedidas a progresar en cuerpo y alma, la felicidad andará cojeando, ciega, propensa a darse de bruces contra el suelo, como tantas veces sucede. Y no me refiero a individuos, sino individuos que como células sanas conforman el mundo entero. - AllendeAran


“En un país bien gobernado debe inspirar vergüenza la pobreza. En un país mal gobernado debe inspirar vergüenza la riqueza”.  -  Confucio
“Los políticos son iguales en todas partes. Prometen construir un puente incluso donde no hay río”.  -  Nikita Kruschev
 “Capitalismo es convertir lujos en necesidades.”  - Andrew Carnegie

“Las promesas que hicieron ayer los políticos son los impuestos de hoy”.
William L. Mackenzie King
“Si hubiera más políticos que supieran de poesía, y más poetas que entendieran de política, el mundo sería un lugar un poco mejor”   -  John F. Kennedy
“Si falla el capitalismo, podemos probar con el canibalismo.” El Roto
"Nuestro lado emocional tiene que entrar en juego. Y está en la esencia de nuestra naturaleza moral el que esa llamada que la inteligencia transmite encuentre una respuesta en nuestro sentimiento.Es el sentimiento de la responsabilidad." - Hans Jonas
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