miércoles, 13 de abril de 2016

"Todo hombre, en general, debe de haber conocido un punto de inflexión en su vida, el punto nocturno en que su ser se contrae." - Hegel
"A los hombres, tras la muerte, les aguardan cosas que ni esperan ni imaginan"  - Heráclito
SIN UN DESTELLO DE CIELO

Sea la religión o la metafísica, la ciencia o la filosofía, todas ellas, de forma implícita, buscan cómo salvar al ser de su inevitable destino, la muerte. Quiere el pensamiento salvar a su Yo, a plantar la vida exigua en un más allá, de trascender, de seguir existiendo como sea. Desde Platón el idealismo se dibuja calculadamente con el objetivo de trascender, y a partir de ahí todas las filosofías han venido a contradecir o intensificar nuestras expectativas por un mejor o peor existir. Para unos la realidad es como se muestra y es de cobardes no reconocer su autenticidad como sustrato objetivo independiente de nosotros. La realidad nos supera. Para otros la realidad está porque estamos nosotros, nuestra mente, y está para interpretarla y moldearla a nuestro capricho, no es sino apariencia. Sea como fuere, si hay algo que me sorprende de toda la historia beligerante del pensamiento es que nadie se haya planteado la pregunta desde una perspectiva más aguda y visceral, ni siquiera la religión, ¿Se puede en verdad imaginar un Cielo dadas las leyes establecidas en la vida que nos corresponde? No hablo de creer con fe, sino de imaginar, de idealizar ese concepto para que así se pueda uno poner con voluntad ferviente a trabajar en el proyecto, a confiar que de alguna forma recuperemos nuestro Yo con aquellos que parecen haberlo perdido tras morir. ¿Cómo es el Cielo para que podamos creer en él?
No se puede. Hay un obstáculo ineludible al que estamos subyugados y que hace la idea de la eternidad imposible. El tiempo. Para empezar, la felicidad que buscamos y que viene derivada del malestar que las circunstancias negativas nos deparan, no parece tener sentido más allá de una limitada temporalidad. Diríamos que dura un instante, porque hay que situarlo necesariamente en el tiempo y el tiempo viene marcado por vicisitudes donde distintas fuerzas de polos contrarios pugnan por la producción de algo que no es desconocido hasta ahora. Recuperar en el más allá lo que acá se nos niega no podría ajustarse en el tiempo. Inmersos en la felicidad no hay por qué actuar, no nos empujaría necesidad alguna a movernos, por lo que nos mantendríamos estáticos, impertérritos a cualquier sensación. De manera que imaginar ese paraíso en el que fluye la eternidad tal y como la hemos pensado en cierto instante duraría lo que ese instante demanda, ¿y después qué? Chocamos con la imposibilidad de recrear un paraíso que durara para siempre. El infinito visto desde esa perspectiva nos produciría vértigo, hastío.
No quiero ser partidario de que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Esto se puede mejorar. Hay países en los que se vive mejor que en otros. Hay personas que son más felices que otras. Pero eso de lo que depende tanto la felicidad de unos como de las ventajas que se ofrecen en unos países es un trabajo constante que se debe cuidar teniendo en cuenta directrices humanistas y cosmológicas. Se necesita mucho respeto, empatía, esperanza, y empezar a borrar esos caminos que nos conducen a un nihilismo oscuro, al yo egoísta y materialista. Se necesita estudio, convicción renovada de que hay futuro, de que sí se puede. Se necesita filosofía, arte. Y hay tantas salidas como la imaginación quiera, basta que la voluntad sea firme en su disposición. Aun así quedarían, en una sociedad laboriosa por el bien y el progreso, quedarían los accidentes inesperados por los que se sufre. La naturaleza que parece ser ciega a nuestros intereses en su devenir decidido nos zarandea. Nosotros mismos cometemos errores. ¿Qué respuesta podemos presentar a quienes sufren las contingencias de una historia desacertada? A quien de súbito muere tras sufrir un accidente, a quien padece una enfermedad, a quien nace desfavorecido físicamente, ¿cómo podemos exonerar a tantos de tanto dolor? Se necesita la idea de un Cielo probable, fidedigno, que pueda darnos consuelo, pero desafortunadamente algo calla, algo nos impide dar verdad a esta idea conceptual. A veces, por quedar, no nos queda ni la intuición, ni la fe.
Con frecuencia pienso que la muerte se nos presenta con tanta tragedia que parecería esconder una función distinta de lo que es o aparenta. La muerte resulta tan sospechosa en su crueldad y tenebrismo que parecería ocultar algo. Es tan esperpéntica que debería dar risa en vez de miedo. Encaja en la vida porque sin ella no habría vida. Sin la muerte no entenderíamos cómo podría funcionar el universo, no sabríamos cómo ni de qué manera el todo que nos rodea podría existir como tal. Si somos humanos es porque somos mortales. Y sin embargo, a la vez, conviviendo con ella, cuando la miramos de frente y aceptamos lo que es, (que a todos nos toca tarde o temprano) nos da un miedo porque rompe todo convencimiento de creer que merece la pena vivir. Haber venido aquí para estar sin saber y luego no estar sin saber por qué. Con o sin la muerte, la vida se contradice, se revela absurda y anodina.
Corresponde a nuestro intelecto encontrar una solución a este acontecimiento siniestro, para así dar valor efectivo a la existencia y no perder las esperanzas en lo que somos. Pero por más que nos estrujamos los sesos, ni la religión, ni la metafísica, ni la ciencia han sabido ofrecer respuesta que bajo las directrices del razonamiento podamos asumir. Cierto que hay un devenir perpetuo que conjugado por fuerzas antagónicas va desarrollando nuevas formas de existencia al margen de nuestras finalidades. Podemos creer que hemos llegado con la vida y el pensamiento a la mayor sofisticación posible, pero por desgracia es insuficiente. Esta fase del ser carece de muchas facultades, somos demasiado vulnerables. Nadie se conforma con estar ahora y desaparecer luego, olvidados en la nada. Se sufre. Es por eso que tenemos la obligación de buscar una causa que el razonamiento (u otra forma de intuición) justifique con plena satisfacción la existencia. Algo convincente que nos dé paz, seguridad, fortaleza para continuar adelante. ¿Es esto únicamente responsabilidad nuestra? ¿Acaso la historia no es el acontecimiento que viene buscando esto, un proceder o método, que nos asegure un futuro estable? Y sin embargo… ¿por qué es tan difícil ponerse de acuerdo en esta empresa? 
El Cielo sigue manteniéndose distante, igual que ese azul jamás alcanzable en el que la vista se hunde perdida al mirar arriba. No hay forma de entender cuál debe ser el paradigma que nos lleve a encontrar ese camino seguro, la Idea de todas las ideas. No digo llegar a un fin, porque eso suena a encontrarse con la muerte, sino a ese algo aún indeterminado que nos libere de tanto sacrificio y dolor injustificable. Hasta hoy nada nos ha llegado con el poder necesario para hacernos tomar ese rumbo abierto a la salvación. Seguimos tan desorientados como cualquiera de nuestros antepasados. El Cielo se resiste a crear sus reglas, se torna inimaginable. Solo me cabe la esperanza de que los siglos ulteriores vengan marcados por otras leyes físicas o espirituales, no sé, o mezcla de ambas cualidades, pero leyes más dúctiles, que puedan ofrecer mejores principios para una esperanza más clara. Porque de momento el ser de los muertos de nada habla sino de silencio, y eso nos duele, a nosotros los vivos. Puede que como un acertijo encriptado no tengamos derecho a saber más, y no nos quede otra cosa que la fe. Puede que sea deber nuestro el edificar horizontes a partir del sufrimiento, pero si después de tantos siglos poco hemos logrado aliviar nuestra dolorosa desazón tal vez lo único que nos quede es dejarnos llevar y que el mismo destino nos ampare. Aquí estoy sin saber por qué, tanteando a ciegas. Allí, donde sea, al inconcebible lugar que llaman Cielo, ¿llegaré? La fe, sólo la fe. - AllendeAran
                                                                                 

 
                                                                                                                               Mathieu L.
"Lo que llamamos naturaleza es un poema cifrado en maravillosos caracteres ocultos. Pero si se pudiera desvelar el enigma, reconoceríamos en él la odisea del espíritu que, burlado prodigiosamente,  huye de sí mismo mientras se busca; pues mediante el mundo sensible como por palabras, como a través de una niebla sutil, el sentido ve el país de la fantasía al que aspiramos."      -  F. Schelling
"¿Tiene el mal algún final? Y ¿Cómo? ¿Tiene acaso la creación alguna meta? Y, si esto es así, ¿Por qué no se alcanza inmediatamente, por qué no se da la perfección ya desde un principio? Para esto no hay más respuesta que la dada: porque dios es una vida y no sólo un ser. Y toda vida tiene un destino y está sometida al sufrimiento y al devenir. - F. Schelling

 
"En la jerarquía de las cualidades la próxima cualidad hacia la más alta posible es la divinidad. Dios es el universo entero involucrado en un proceso por emerger esta nueva cualidad, y la religión es el sentimiento que nos encauza hacia él, y estamos atrapados así en el movimiento del mundo que va hacia una existencia de mayor nivel."  - Samuel Alexander
"Debemos entender que la divinidad no es como tal cognoscible, no se encuentra delante de nuestras mentes como sustancia observable [...] sino que el mundo actual contiene la semilla de su futuro, si bien lo que se forme en el futuro está escondido de nosotros."  - Samuel Alexander                                             

                                                                                                                   Marcin Stawiarz
"No podemos pensar cómo la unidad del mundo puede hacerse algo múltiple; de lo eterno, algo variable: lógicamente, eso es incomprensible. [...] Sólo queda de estos sistemas metafísicos un estado de ánimo y un idea del mundo."  - Wilhelm Dilthey
"En las experiencias vitales, en las actitudes ante el problema de la vida. En estas actitudes se funda la multiplicidad de los sistemas y a la vez la posibilidad de diferenciarlos. Cada uno de ellos afecta al conocimiento de la realidad, la valoración de la vida y el establecimiento de fines." - Wilhelm Dilthey

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martes, 1 de marzo de 2016

"La Razón Humana no puede encontrar la verdad, si no es dudando... Se aleja de la verdad cada vez que juzga con certeza. Quien duda sabe, y sabe más de lo que pudiera"  - Giacomo Leopardi

LA DUDA
No me cabe la menor duda de que vivir en la duda es inquietante, incómodo, produce inseguridad, malestar, pero tampoco me cabe la menor duda de que vivir en la certeza te dé mayor seguridad o te haga ser más feliz, menos aún sabio. La certeza dura lo que tardes en acomodarte a ella, luego, cuando menos te lo esperas, por confiado, te dará sorpresas. Inesperadamente algo cambiará que te hará desconfiar de la paz en la que habitas. Todo es un estar pero sin estar, un ser siendo, un devenir, un nuevo acaecer que no intuimos, que no vemos venir y que termina por arrebatarnos la confianza puesta en el momento. Nos quedamos perplejos, cuando no heridos. Adiós paz, adiós felicidad ¿A qué atenernos pues? ¿Hacer o no hacer? ¿Buscar con el propósito de encontrar o dejar de buscar? ¿O bien cuando se encuentra seguir inventando qué más buscar? Más leña para el fuego, la duda continúa así ardiendo.
Cuando la duda nos sermonea no es por otra cosa que por las ganas de llegar a una certeza, saber la verdad de un asunto, un fenómeno. Y es que, la supuesta verdad es un sendero fijo por el que podemos caminar libremente. “La verdad os hará libres" dijo San Juan, pero si luego no sabemos que  hacer exactamente con la libertad que disponemos no habremos entendido el verdadero conocimiento. Es decir, si nos atenemos solamente a la verdad, la EMPIRÍCA, y la respetamos como si fuese una ley rigurosa e inquebrantable, porque responde al modo objetivo por el que las sociedades se forman, se mueven y progresan (pero que en nada prometen un futuro digno más allá del materialismo hedonista) estaremos condenados al sinsentido, a un repetitivo descontento. Las verdades, por lo general, no parecen asentarse gustosamente a nuestros deseos más queridos. Habrá quien diga que la verdad siempre es bienvenida pero no es así. Por verídica tenemos a la muerte, y nadie la quiere, y toda verdad apodíctica deriva en la muerte, igual que el final de una novela, cuando la trama queda resuelta.
La ciencia es, por antonomasia, la verdad peor ajustada a nuestro Yo y libertad, y no por ello huimos de su arrebatador carácter dominante de axiomas y fórmulas. Es objetiva porque encaja dentro del cálculo mental que todos entendemos y que (supuestamente) nos ayuda a prosperar, gracias a su carácter firme y evidente, cargada de lógica, aparentando ser neutral e ineludible, pero que poco o nada nos comunica a nuestra manera subjetiva de ver las cosas. Porque las cosas tienen esa doble cara de ser, ser aparentes en el arte y ser reales en la ciencia. Somos por lo tanto un mundo partido en dos, el de fuera y el de dentro, un punto infinitesimal entre el pasado y el futuro, un mundo en el cual buscamos acomodarnos a una verdad cualquiera, pero en cuanto sentamos en culo en ella el aburrimiento viene a incordiarnos con nuevas propuestas. Parece muy cómodo asentarse en la verdad y sin embargo puede estar engañándonos por falta de calculo o perspectiva.
¿Pero es este un círculo vicioso del que nos gustaría escapar porque no acertamos a entender? ¿Pero entender qué? Desde que la historia ha traído al hombre a escena se le ha presentado como un personaje asustado, amenazado y sacudido por un oleaje de incógnitas y desastres. Pocas veces ha sabido aplacar las tempestades que le acometen sin derramar sangre, y pocas veces ha quedado satisfecho al dilucidar parte del entramado de accidentes, causa y efecto, por el que el Universo se manifiesta. Tantos accidentes hay y tan sutiles que le saturan. Si algo descubre y consigue subyugarlo a fórmulas, algo nuevo surge que antes ignoraba y viene de nuevo a inquietarle. No puede, no sabe descansar. Las verdades a las que se aferra logran zafarse de sus herméticos postulados. Las ciencias exactas a las que rendimos pleitesía sólo son parte de un entramado infinito de fenómenos ingobernables. Las mismas ciencias exactas por las que se han edificado sociedades fértiles han acarreado también no pocas desgracias involutivas, y amenazan, hoy en día, (por su construcción severamente objetiva) en despojar al ser humano de su mejor cualidad… ¿Y cuál es ésta? Pues precisamente aquella por la que se rige el Yo subjetivo, la libertad del mundo personal, la intimidad desde la que se accede con estilo propio al entendimiento y que depende indudablemente de la duda para fortalecer su existencia.

No se puede traicionar lo subjetivo por consolidar una realidad objetiva común a todos. Cada cual tiene un quehacer al que servir. Es lo que nos diferencia y debería unirnos. Qué sería de nosotros si pensáramos todos lo mismo. Sólo desde la duda, desde la distinta mentalidad subjetiva de cada individuo se puede descongestionar la agarrotada condición de este mundo reducido a recetas y fórmulas a las que obedecemos igual que borregos. Estamos para respetar nuestra visión personal, la humana, para exponer una verdad afín a nuestro carácter sin necesidad de caer perdidos en lo caótico.

Una vez más me convenzo, (aunque mejor sea no estarlo del todo) de que es la duda la que abre espacio para que pongamos nuestra productividad en marcha. La única certeza dada por válida seria aquella que despejara el campo al mundo de las nuevas posibilidades. Si desde la verdad hallada se despeja un horizonte abierto a mayores posibilidades de aventura, conocimiento, entretenimiento, esa verdad será válida, esa será la auténtica. Debemos aprender a convivir con la incertidumbre sin que nos produzca desasosiego. No es tanto un dejarse llevar por la corriente de los acontecimientos como si fuéramos a la deriva, sino únicamente luchar por que las verdades futuras, si vienen a cerrarnos el paso, no sean consentidas y sean desterradas por lo tanto de nuestra consideración. A esas verdades irrefutables, amuralladas en una sola realidad, que nos intimidan y acobardan, hay que excluirlas de nuestro conocimiento porque mienten.

La naturaleza nos ayudará a no quedar entumecidos, porque ella misma tiene la impronta de una infinita variedad de prodigios que la respaldan en su quehacer constante. No por ser ella ininteligible va a ser menos atractiva. A ella le incumbe que el Yo subjetivo, enemigo de lo fijo y la certeza, ante la abisal libertad de que dispone para la creatividad, se ocupe igualmente en producir, arte y vida, nuevas ideas, nuevas esperanzas. Debemos aprender a vivir con y de la incertidumbre, a divertirnos con la aventura y a incentivarla. Tenemos tiempo y espacio de sobra, lo que hace que nunca podamos parar. Y que por encima de todo este fenómeno insólito sea nuestro más fiable consejero el sentimiento, la plenitud y el goce, algo a lo que la exactitud no suele corresponder.


“Qué superficiales, simples e imperfectos son los esfuerzos por sondear las profundidades de la naturaleza de las cosas. En la discusión filosófica, el mero indicio de una certeza dogmática como finalidad de un principio es prueba de la insensatez.” -A.N. Whitehead
"Es menos malo agitarse en la duda que descansar en el error."   
-Alessandro Manzoni



"Para disipar una duda, cualquiera que sea, se necesita una acción."
  - Thomas Carlyle
"La Religión es una cultura basada en la fe, la ciencia es una cultura basada en la duda"  -Richard Feynman
"Hablan mucho de la belleza de la certidumbre como si ignorasen la belleza sutil de la duda. Creer es muy monótono; la duda es apasionante."  -Oscar Wilde

The trouble with the world is that the stupid are cocksure and the intelligent are full of doubt.
Read more at: http://www.brainyquote.com/quotes/keywords/doubt.html
The trouble with the world is that the stupid are cocksure and the intelligent are full of doubt.
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"El problema de este mundo es que el ignorante actúa con arrogancia y el inteligente duda de todo" - Bertrand Russel
"No sé lo que quiero, quizás no quiero lo que sé y quiero lo que no sé"
  -Marsilio Ficino
"Duda que sean fuego las estrellas, duda que el sol se mueva, duda que la verdad sea mentira, pero no dudes jamás de que te amo."  -William Shakespeare

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sábado, 30 de enero de 2016

"Si la palabra es tiempo, el silencio es eternidad"  - Maurice Maeterlinck

serenidad, pasión y añoranza en la música de 
 GERALD FINZI




A la hora de evocar recuerdos la música es posiblemente el más poderoso estimulante que tenemos para conducirnos al pasado. Si hubo una canción que repetidas veces sonó durante un tiempo, más tarde, después de un largo lapsus de semanas, meses o años, esa música, al escucharla de nuevo, nos dirige de inmediato y con fuerte poder evocador hacia aquellos días olvidados. De algún modo, en el sonido, y en  los olores también, se quedan impregnadas vivencias y sentimientos. Sabemos que son juegos del cerebro en conexión con el hábitat circundante, pero no puede dejar de asombrarnos el hecho de que cuanto vivimos se conserve oculto y dormido en los entresijos de la mente para luego despertar emocionalmente. Como aromas tengo algunos favoritos, el olor de la marea baja en las playas, el olor de los pinos en el monte, la brisa al caer la tarde en verano con fragancia a hierba tostada, el del café, los melocotones…, pero sobre música tengo tantas canciones y temas instrumentales que se me haría interminable incluirlas en una lista. Es más, con los años he adquirido el hábito de crear, sin premeditación, recuerdos con la música que voy descubriendo. Es como si le pusiera banda sonora a mi vida, para después, si así lo deseo, poder rememorar mis días perdidos, sentirlos mejor que si mirara unas cuantas fotos pegadas en un álbum.
Descubrí al compositor Gerald Finzi hará un par de meses, y algunas de sus composiciones me parecieron conmovedoras. Tiene el compositor ese gusto romántico y pastoril inglés, melancólico, muy en la línea de Vaughan Williams o Frederick Delius. Poético con la naturaleza, apacible, es ideal para pasear por el campo sin moverte de casa. Cierra los ojos y siente. No cuenta el compositor con largas sinfonías o conciertos, la mayor parte de sus composiciones son miniaturas orquestales y canciones, pero son obras bien construidas. Contento de descubrirlas (justo cuando crees que ya no queda más por descubrir) las he ido poco a poco degustando en mis audiciones, por casa, y fuera en la calle con mi walkman personal. Pero mi sensibilidad que tantas emociones me confiere me pasa factura, y puede en ocasiones llegar a doler, porque hay circunstancias que mejor dejarlas tal como son, desnudas, secas, sin ataviarlas de mayor expresividad, que pasen sin ornamento, con indiferencia. Mejor que pasen al olvido.
Mi madre ingresó en el hospital el pasado mes de noviembre por culpa de una meningitis y durante 52 días luchó por no cerrar definitivamente sus ojos a la luz. Lamentablemente no pudo ser. Su avanzada edad le dejó sin fuerzas. La insuficiencia renal que padecía no le permitió continuar. El 31 de diciembre se separó de este mundo, inmutable. Durante los días en que la visité (todos, si mal no recuerdo) me mantuve a su lado, a ratos sujetando su mano mientras dormía, y en alguno de esos ratos tuve la “osadía” de escuchar a Gerald Finzi con mi walkman. Principalmente el primer soliloquio de su Love’s Labour’s Lost (The King’s  Poem) y su Égloga para piano y orquesta de cuerda. Sentía, que el sosiego de esos temas proporcionaba la serenidad que mejor se acomodaba a esos momentos difíciles, tan llenos de incertidumbre. Una banda sonora triste por las imágenes que tenía a mí alrededor, pero a la vez sentía que la música cumplía su cometido. Esa música era lo que ella, mi madre, exactamente necesitaba;  Sosiego. Algo así como la quietud propia del descanso merecido después del trabajo, el bienestar de vivir dulcemente. Era como si deseara transmitirle lo que yo sentía al escuchar la música. Que hay otro estar, otro mundo, otra forma de sentir que sin duda le haría feliz.
Pero ya sabemos que eso es imposible, que cada cual entiende la música a su manera, si bien su significado esencial debe ser ecuánime a todos, si sabemos entender lo que el compositor propone en su afán. Y para ello tenemos que educar el oído en consonancia con el corazón y la imaginación. Mi madre nunca entendería ese soliloquio de Gerald Finzi, solo si acaso pudiera leer dentro de mí, habitar en mí. No tuvo ella gran entusiasmo por la música. Sin embargo, pienso en verdad, que quizás el más allá consista un poco en eso, en poder transferir nuestros más profundos sentimientos a los demás, comunicar en silencio lo que palpitó de auténtico dentro de nosotros. Aquello que las palabras no pudieron revelar. Lo que el corazón esconde. Los secretos mejor atesorados y más difíciles de entregar.
Lo que yo no sospechaba en aquellos días es hasta qué punto había estado afilando la hoja de una navaja. Escuchar ahora ese soliloquio o esa égloga para piano y orquesta me corta por dentro las entrañas. No puedo. Es tal la intensidad evocadora de aquellos días en el hospital, tal conmoción bruta, que no puedo escucharlos sin nublarme la vista de lágrimas. La música atesora ahí un deslumbrante recuerdo cargado de afectividad. Es dulce y amargo a la vez. Siguen siendo los temas lo que por esencia son, serenidad, pasión, añoranza.., pero que en mí han venido a cargarse de ilimitada pena. No es que sea un mal recuerdo, porque la música lo reviste de ternura, la que precisaba la dura circunstancia. Pero por ahora mejor no pellizco mi sensibilidad y hago más por fortalecer mi vida durante este largo duelo que me espera. Descansa en paz, le digo, que más larga se me hace a mí la espera (por estar sometido al tiempo) antes de que nos volvamos a ver.  Y aunque mucho me cuesta creer en esa posibilidad futura, mayor es la pujanza de mi deseo para que así sea, y para ello cuento con el infinito.



 "La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos. - Antonio Machado (Paráfrasis de Epicuro).
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sábado, 19 de diciembre de 2015

"En 1676 el científico holandés Antonie Philips van Leeuwenhoek se quedó mirando por primera vez una gota de agua, aparentemente vacía, a través del microscopio y descubrió que estaba repleta de vida." - Laurence Krauss



DONDE HAY ALGO 
NUNCA HA HABIDO NADA
Si tenemos que admitir como buen ejemplo de la nada el pensar de nuestro pasado antes de haber nacido, deberíamos también pensar qué es lo que ha hecho que se haya roto ese espacio vacuo, ciego, esa nada extendida en regresión infinita, ¿qué ha hecho que de repente irrumpiera nuestro existir aquí consciente? Hay algo que no casa, algo que, como en un juego de magia o un milagro, nos dice que hay un secreto escondido que nadie hasta hoy ha podido desvelar. Por mucho que haya avanzado la ciencia en el revelado de nuestra historia existencial aquí en el cosmos, sigue habiendo un hueco difícil de llenar, un hueco que quien más o quien menos prefiere llenarlo con Dios, o cualquier otra creencia que dé justa medida eficiente a nuestra exigua estancia en la tierra. El hombre de ciencia reniega de la religión, culpa a quienes se esconden bajo esas creencias, sustentadas de fe, porque su método no indaga en la verdad empírica, no se confronta con las leyes evidentes de la física. Yo, sin embargo, aunque les doy la razón, tampoco podría reprochar a esos acérrimos creyentes que están equivocados.
El problema entre ciencia y religión es que ambos se pisan terreno que no les corresponde. Se equivocan en sus acusaciones, se entrometen en lo que no deberían. Si uno cree en Dios a pie juntillas como entidad omnipotente cualquier cosa que descubra la ciencia puede ser atribuida a la inventiva divina. De esta manera todo descubrimiento no es más que una respuesta que Dios expone ante quien investigue curioso que hay detrás de todo acontecimiento. Dios lo inventa todo, nos da el esquinazo, no se deja atrapar. Ahora bien, si la misma religión desea dar satisfacción a sus feligreses cuando pregunten acerca de nuestro pasado y destino lo mejor que puede hacer es callar y dejarlo todo en manos del acontecer divino, sea como sea, para bien o para mal, el silencio es lo que te queda; tu fe. Si no hay conformidad con ello entonces se toma partido por la ciencia. Creemos que hay un mundo real, palpable, que nos duele y deleita a la par. Un mundo propio y sujeto al entendimiento. Ahora corresponde a quien se involucre en la libertad de ese mundo material hacer lectura provechosa de sus descubrimientos y ante esto sí creo que la religión tiene algo que decir .
Por mucho que no queramos, la ciencia nos compromete y auque sus métodos hayan de ser imparciales con lo que se busca descubrir hay detrás de todo una potencia que nos pertenece, la curiosidad, el saber, algo en sí humano. Por lo tanto, el método científico está condicionado a las preguntas que la mente plantea desde la óptica del tiempo. ¿Qué quieres saber? Y de ahí ¿Por qué esto? ¿Cómo es aquello? ¿Para qué…? Todo en definitiva propio de la mente y su estructurada forma de jugar con la naturaleza a través de los sentidos. Reglas que la lógica nos impone pero condicionadas a los sentidos. Teorías que el experimento verifica como verdades pero conducidas por el intelecto, y mucho sentimiento que no cabe en el encuadre científico. Olvídate de la esperanza, de la belleza, del amor, la metafísica, esto no tiene cabida en la ciencia. No es propio de su mundo. Eso dicen los científicos, pero yo tengo mis dudas, porque el arrastre que nos lleva a saber viene siempre predeterminado por el sentimiento de curiosidad, extrañeza, soledad, aburrimiento, deseo de más dominio, de más belleza, de más poder. Elementos potenciadores de la ciencia, elementos humanos al fin y al cabo. Positivos o negativos, eso es algo que la ciencia, a secas, no va a saber juzgar.
Volviendo al tema de la nada. Habría que preguntarse hasta que punto, hasta donde quiere llegar el ser humano al tratar con ideas que parecen fuera de la jurisprudencia mental. El infinito, la eternidad, otras dimensiones, el origen, la nada. Desde la perspectiva de estar vivos, es decir, ser algo ¿cómo vamos a poder creer en la nada? Es igual que si preguntáramos a los muertos si creen en la vida. No podríamos aceptar un “no” como respuesta, porque eso implicaría que están vivos, sólo un silencio sepulcral daría respuesta a la nada, pero que no sabríamos comprender porque, efectivamente, aunque ellos no crean en la vida, la vida existe, nosotros seguimos vivos, estamos aquí como ejemplo. La falta de estimulo sensorial, la inconsciencia que creemos que tienen los muertos no debería asustarnos. Su tiempo es nulo, lo que estimamos dura nuestro universo, unos 13.761 millones de años es comparable a una billonésima de segundo para un inconsciente, menos aún, nada, porque el tiempo desaparece. No hay medida posible, no hay contabilidad, el infinito es tan extenso como el cero.
La nada parece así existir para que al mirar dentro de ella algo se dé. Es como el hueco que sólo existe para dar cabida a algo. Y cuando ocupas su lugar, tal vez al morir, algo acontece de súbito, algo hay, algo surge, algo nace de nuevo. Otra cuestión es saber qué se da para aquellos que no están entre nosotros. Pero la nada, por ser inconcebible desde nuestra perspectiva espacio-temporal, no sirve como respuesta para los fallecidos. La nada en definitiva, no es nada, es si acaso un derivado de nuestra mentalidad que recuerda el pasado, que puede jugar a quitar y poner, y para quitar hay que tener algo antes y sólo desde ese algo podemos entender la nada como un concepto y no a la inversa. Dejemos pues en paz al vacío, apartémonos del sentido negativo de la vida como ausencia, como falta absoluta de algo. Tal idea es errónea, más todavía si consideras que las ideas solo pertenecen a los vivos.


 
"Las leyes de la mecánica cuántica implican que, a escalas muy pequeñas y en periodos de tiempo muy breves, el espacio vacío puede parecer un hirviente y burbujeante caldo de partículas virtuales y de campos cuya magnitud fluctúan violentamente." - Laurence Krauss

 
"Nuestro universo es tan vasto que, según ya he recalcado algo que no resulta imposible tiene virtualmente todos los números de ocurrir en uno u otro lugar de su interior. Suceden constantemente acontecimientos extraños." - Laurence Krauss

 
"Hemos averiguado que el 99% del universo, de hecho, nos resulta invisible: lo forma una materia oscura que, muy probablemente, es alguna clase nueva de partícula elemental, y una energía aún más oscura, cuyo origen sigue siendo todo un misterio en la actualidad." - Laurence Krauss

 
"El espacio vacío es complicado. Es un caldo hirviente de partículas virtuales que existen y dejan de existir en un lapso de tiempo tan breve que no las podemos ver directamente. [...] Estas "fluctuaciones cuánticas" implican algo esencial sobre el mundo cuántico: nada siempre produce algo, aunque sólo sea por un instante."  -  Laurence Krauss
 
Esta entrada se ha inspirado en el libro de Lawrence Krauss "Un Universo de la Nada". Ediciones del Pasado y Presente.
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jueves, 29 de octubre de 2015

VHEMT
Movimiento Voluntario por el Exterminio 
del ser Humano en la Tierra

Hace unos meses descubrí, ya no recuerdo cómo, VHEMT, el Movimiento Voluntario por la Extinción del ser Humano. Sin apenas atender a las intenciones del movimiento, ya por el significado de las siglas, supuse de qué se trataba, ya que por mi cabeza había pasado una idea parecida; la de exterminar de forma gradual la raza humana. Sin embargo las ideas del moviendo VHEMT son un tanto distintas a como yo las supuse. Son de más índole ecológico que humanas, es decir, que aunque ven al ser humano como culpable del deterioro ambiental en la tierra no persigue la total extinción del ser humano sino reducir en gran número su población, para que, los pocos que queden puedan rejuvenecer el mundo. De esta manera volveríamos a disfrutar de una vida más idílica y paradisíaca y con ello poner a salvo la Tierra de su destrucción. 
Esta idea de poner en marcha la extinción del ser humano vino a cargo del norteamericano Les U. Knight allá por 1991. A la edad de 25 años decidió hacerse la vasectomía y publicar un boletín informativo fomentando la no procreación. La organización no registra nombres de sus miembros que al parecer no son más de 300 pero simpatizantes por la causa se calculan en millones, según Les Knight. Su principal argumento para el cese de la reproducción humana es que ésta no es sostenible con el planeta y es autocomplaciente, sin tener consideraciones con el desgaste ecológico, ni compasión por la vida de otras especies. No es que Les Knight esté a favor de la total extinción humana sino de reducir la masividad a la que hemos llegado.

Yo, sin embargo, iría más lejos con las intenciones del exterminio de la humanidad. En ocasiones he pensado en un suicidio progresivo, pactado por cuantos convencidos estén de que la raza humana es una calamidad en la tierra, una desgracia sin remedio. De alguna manera hay que liberar del sufrimiento a futuras generaciones, romper con la cadena de perpetuar una raza condenada siglo tras siglo a no entenderse, que origina continuas guerras y conduce la tierra a un terrible deterioro que involucra a todas las especies. En fin, que la tierra no merece semejante espécimen. Hay que terminar con la desdicha que el hombre siembra constantemente sobre el suelo que pisa. Claro que, pensaran algunos, el camino más corto para tan tremendo propósito sería la del suicidio personal. Pero no es lo mismo.

Imagínense, para entenderlo mejor. Imaginen que cada persona que deambula por el mundo es un planeta. Ahora imaginen un virus que invade uno de esos cuerpos, y se alimenta y reproduce en el cuerpo de manera maligna, ocasionando una enfermedad degenerativa que al final acaba con ese planeta-humano. El virus desaparecería a medida que el cuerpo, ya cadáver, se descompone. Lo mismo nos va a pasar, que despareceremos a medida que la Tierra enferma. A no ser que, si hacemos buen uso de nuestra imaginación, esfuerzo y entendimiento sepamos contener nuestro carácter ruin, beligerante y avaricioso, y ver que el planeta en el que habitamos es nuestra casa, un ser vivo que funciona igual que cualquier cuerpo humano que alberga virus, bacterias o parásitos.

Más que detractores de la idea de Knight, lo que no tiene es un firme apoyo, es decir, que no resulta fácil deshacerse del plan familiar reproductivo al que hemos sido educados desde hace siglos. Las religiones bien asentadas así lo continúan fomentando. Que unos estén convencidos hasta afiliarse al movimiento voluntariamente y otros se mofen tachando el propósito de majadería no es de sorprender. El mismo ser humano se ha proyectado en la historia como algo superlativo, genial, milagroso, pero a la vez el ejemplo que deja tras de sí es vergonzoso. De tantas virtudes presume como cientos de ejemplos le deshonran. Una vez más se ha de confesar ante sí mismo, tomar conciencia y preguntarse ¿Continúo o me planto?  
Tal vez lo más llamativo de todo este movimiento, si se piensa bien, es hasta que punto de horror y vergüenza hemos llegado con nuestra propio raza. El hecho de que nuestra conciencia y raciocinio no pueda poner orden en el entorno demuestra lo poco que valemos. El hecho de que aún viendo los resultados nefastos de nuestro proceder no sepamos encontrar una salida feliz, justa. Que sigamos ciegos, indiferentes a todo como si no fuera con nosotros. La falta de querer ayudar, de ser considerados con un organismo, este planeta, que funciona en colectividad con el resto. La mala educación, la insensibilidad, la poca responsabilidad que cada uno quiere aportar. Que la generosidad, la igualdad y la pluralidad no pueda ser entendida por muchos. En fin, parecería fácil reconsiderar todos estos factores y actuar, pero no hay manera. El miedo y el egoísmo a perder un ápice de nuestra felicidad nos paraliza. Deberíamos trabajar seriamente en ello, en limpiar esta tierra contaminada de sangre y humo, pero no hay entusiasmo, no hay fe, no hay esperanza, sólo hartazgo, odio, vanidad y pereza. ¿No tenemos entonces lo que merecemos?   - AllendeAran

"Sabes cuantas veces te has dicho a ti mismo que tienes elección, pero ¿la tienes realmente? Sólo porque haya alternativas no significa que ellas sean aplicables"  - Rick Yancey, The 5th Wave

Algunos hombres observan el mundo y se preguntan "¿Por qué?". Otros observan el mundo y se preguntan "¿Por qué no?"  - George Bernard Shaw
"En el día del fin del mundo, nadie va a estar ahí, como no había nadie ahí cuando comenzó"  - Jean Braudillard

"¡Ojalá se incendiara la bóveda celeste y sus llamas se inclinaran hasta lamer el cráneo de los hombres! ¡Nada de quietud del firmamento, ni de encantamientos serenos, ni de mansas sonrisas a la luz de la luna! ¡Sino el temporal de los astros enloquecidos injertado en la violentas fiebres del pensamiento!"  - E. M. Cioran

"Aunque el mundo contiene muchas cosas decididamente malas, la peor de todas ellas es la sociedad."   - A. Shopenhauer.
"Grita la gente por la condición melancólica y desconsolada de mi filosofía. Pero eso se debe meramente a que yo, en vez de fabular un infierno futuro, como equivalente de los pecados de la gente, he mostrado que ya hay algo de infernal allí donde está el pecado: en el mundo."  - A. Shopenhauer.

"La efervescencia de los corazones ha provocado desastres que ningún demonio se hubiera atrevido a concebir [...] Aquellos que creen en su verdad dejan tras de sí el suelo sembrado de cadáveres."  - E. M. Cioran
"¿Por qué sublevarnos aún contra la simetría de este mundo cuando el mismo Caos no podría ser más que un sistema de desórdenes? Pues nuestro destino es pudrirnos con los continentes y las estrellas, pasearemos, como enfermos resignados y hasta el final de las edades, la curiosidad por un desenlace previsto, espantoso y vano. "  - E. M. Cioran
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martes, 29 de septiembre de 2015

JOSEPH MALLORD
WILLIAM TURNER
EL COLOR DE LA ATMÓSFERA

No parece que William Turner gustara de dejar a la mirada de quien contempla sus cuadros una satisfacción clara, evidente, como si el vidente no tuviera algo más de su parte que exponer, algo que imaginar o preguntar. Porque a menudo, las escenas de sus cuadros tienden a comprometer a quien las observa, haciéndole sentir como la opresión de la atmósfera tortura con frecuencia la naturaleza y desde ahí hacerle despertar un sentimiento afín a los estados del alma.
En Turner todo es inmensidad, medida siempre por la atmósfera y coloreada por la luz. Las nieblas que velan sus paisajes promueven un magnetismo romántico que busca la disolución de la vista en la lejanía y el color. Nunca nadie antes tuvo la ocurrencia de pintar el aire con tanta originalidad. Bien pudo haberse inspirado o inducido por la densidad del aire que las polvaredas de la erupción del volcán Tambora en Indonesia, vinieron con el viento hasta Europa, allá por Abril del 1815.
Resulta osado que el pintor al rallar sus cuadros, a riesgo de estropear el dibujo, configurara una nueva forma de trasmitir emociones. Su estilo, de esta manera, se apresuró a abrir puertas a la modernidad. Fue necesario plasmar las emociones que la naturaleza a menudo genera no desde la evidencia del encuadre fijo, sino difuminando los objetos y personas, antes protagonistas, y devolver al aire su existencia como principal intermediario de la luz y el espacio. Pocas veces la escena que vemos es nítida, como un día luminoso nos la presentara ante la vista. Es la densidad del aire, a veces estática, a veces en movimiento lo que realmente importa. Panoramas tórridos, gélidos, ventosos o borrascosos. Luz y aire juegan a fraguar escenarios ampulosos, mágicos e insólitos. Escenarios velados por la niebla o rayados por cortinas de viento, humo o lluvia, que representan, a su modo de ver, los distintos temperamentos de la naturaleza salvaje y en el que a la vez se reflejan los distintos estados de animo del alma romántica.










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lunes, 31 de agosto de 2015

TAO TE CHING
LAO TSE

"El infinito insondable es la puerta de todos los misterios" - Lao Tse

La primera vez que leí algo de este  libro milenario fue en mi adolescencia. Me lo presto un amigo hablando maravillas de él y como por aquel entonces yo empezaba a despertar a la “buena literatura” pues probé a leerlo. No entendí nada. Me supo un poco a tomadura de pelo. Algo sí parecía que escondían sus versos pero era tan intricado su significado y a menudo tan contradictorio y paradójico que no quise terminarlo. Fue con los años que leyendo aquí y allá referencias al libro, citas y alusiones al concepto del yin yang, que la obra de Lao Tse empezó a ganarse mi respeto. Pero no fue hasta hace algunos años, cuando indagué más a fondo en la filosofía budista, y de ahí el Zen, que el libro por fin cuajó en mi formación. Posiblemente haya aprendido más del Tao por textos de temática Zen que por la obra de Lao Tse en sí misma. Tengo entendido, por otra parte, que traducir los caracteres chinos de este tratado entraña mucha dificultad con lo que cualquier traducción del libro seguramente no hace justicia al mismo, al margen de las distintas posibilidades de interpretación, que no son pocas y de que no hay un original del cual tomar referencia.
Comprender el Tao, al igual que cualquier otra filosofía, exige introspección, paciencia, meditación. Su saber va encaminado a encontrar la paz interior, ser feliz en definitiva, pero para ello hay que adoptar, con perseverancia y paciencia, una actitud pacífica, mucha moderación y resignación, entereza y humildad, ante los problemas que la vida nos depara. Una actitud más bien pasiva pero que se ve recompensada con la quietud y la seguridad, la confianza y la paz con uno mismo y todo aquello que nos rodea, clave esencial de la felicidad espiritual. Para ello hay que liberarse, principalmente, de ostentaciones y ambiciones, del orgullo y la vanidad. Hay que saber agradecer lo que a uno le toca, (por descontado que el dolor no entraría aquí) y apreciar lo que conlleva cada momento, la inesperada sorpresa. Así, el Tao acaba por recompensar fielmente de sabiduría, lucidez y complacencia a quien lo practica.
No obstante, seguir la senda del Tao no es fácil. La perseverancia a la que aludía hace un momento requiere tenacidad para no dejarse llevar por las insistentes tentaciones que nos empujan a colaborar en el juego sucio que hay en medio de la vida. Porque todo vivir apela al querer y el querer acarrea calamidades, casi siempre de forma súbita y traicionera. Es como si el deseo nos llevara a contracorriente de lo que es natural, a luchar por sueños ambiciosos que nunca se cumplen, conduciéndonos de una manera u otra, tarde o temprano, a la derrota, al pecado, la frustración. Sobretodo cuando uno no se sabe conformar con lo suficiente.
La serenidad, la modestia, la firmeza, el altruismo, son las virtudes recurrentes de la doctrina taoísta, que ayudan a soslayar los tantos malogrados infortunios que nos amenazan por culpa de la ambición. Forzar las circunstancias para que favorezcan nuestros intereses particulares no es actuar limpio. Lo mejor es no intervenir ante las disyuntivas y dejar que lo que se presenta como una tentación venida a alterar nuestra paz interior, sea resuelta por la misma suerte que la trajo a escena. Si ello nos beneficia, bien, seamos agradecidos, pero es preferible no intervenir para no tomar posturas interesadas. No es que debamos despreocuparnos de nuestras tareas diarias, ser irresponsables, sino evitar el enredo con la providencia, tratando de sacar siempre más provecho de lo que procura. 
Estamos demasiado acelerados, siempre deprisa y corriendo por cumplir una tarea social rutinaria, que no nos produce sino ansiedad y hartazgo, porque semejante tarea no conecta directamente con nosotros, no nos define, no se adapta a las necesidades del espíritu. De qué manera más tonta nos hemos esclavizado a la codicia. Liberarnos de vez en cuando, un poco al día, de la sumisión continua que tenemos al ego nos enriquecería más de alegría, y recuperaríamos más cordialidad y armonía. 
Si sólo al menos, de vez en cuando, pudiéramos tomar conciencia de cuanta riqueza inmaterial guarda la contemplación, el ahora liberado de obligaciones y presiones... Un momento cualquiera mirando las nubes voluminosas pasar, escuchando el aplauso de las hojas en los árboles, el aroma que exhala la hierba tras una tormenta de verano, cuanto más ricos interiormente seriamos, cuanto más habríamos ganado y progresado. Bastante nos hemos separado, (igual que enemigos) de la naturaleza, precisamente donde cientos de sutilezas espontaneas se pronuncian de repente en un instante.
La tan discutida dualidad del sujeto y objeto, yin yang, que ha provocado divisiones de ideas y ha diezmado salvajemente la composición del mundo es según el Tao una equivocada visión que hemos mantenido con el exterior. No hay ningún yo separado de cuanto existe ahí, fuera de nuestros sentidos. Lo que existe es lo que eres y eso es todo. ¿Cómo podrías definirte a ti mismo sino mediante una imagen de algo que existe? Si conoces tu rostro es porque el reflejo del agua te lo ha comunicado, gracias a la luz, a la quietud del aire que mantiene el agua lisa en un estanque. Materia que forma todo cuanto nos rodea, plantas, rocas, el suelo y el cielo. Materia que te forma también a ti. No estás fuera, sino dentro. Vacía tu mente de pensamientos y verás que lo único que te queda es todo cuanto cabe en un instante. Lo que tus sentidos advierten. Lo absoluto, que se define de infinitas maneras en el espacio, aquí, y en el tiempo, ahora. Desde lo más sutil a lo más grandioso.
Así, el Tao busca conformarse en un todo único, en fusionar una verdad competente que respeta a uno y otro porque separados entran en discordia y juntos, uniendo las polaridades distintas se encuentran y armonizan. No desees atrapar cuanto fluye. No temas perder lo que pasa, porque si te detienes en ello, te perderás lo que se renueva constantemente. En el recuerdo se atesoran los gratos momentos de felicidad vividos y eso, como mejor se da es inintencionadamente. Ya tendrás tu momento para recordar.
Vivir el Tao es la de caminar por el camino abierto, el que nos pilla de frente. Es ir sin mirar atrás, sin pensar en ninguna meta. Nunca llegar a ninguna sitio para estar bien donde se está. Es dejarse llevar. Mirar al cielo y al suelo. Es pasear silbando. Ser un "flaneur". Que tu actuar sea lo más exiguo posible. Que tu proceder sea este, Wei, Wu Wei. Vive.

 
"El cielo es eterno y la tierra permanente.
La razón por la que son eternos y permanentes
 es porque no viven para sí mismos"  - Lao Tse
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"Todo el mundo parece ocupado
sólo yo permanezco ocioso y soñador.
Soy distinto de los demás.
Para mí lo más importante
es ser nutrido por la gran madre." - Lao Tse
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"Vale más no actuar por amor a la vida
que dilapidarla corriendo en pos de ella." -Lao Tse


"Si alguien pretende tomar el mundo y cambiarlo
es improbable que lo consiga,
el mundo pertenece al espiritu
por lo tanto, no puede ser manipulado." - Lao Tse
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"Nada hay en el mundo más blando y débil que el agua.
Sin embargo, sólo ella puede moldear la roca más dura y fuerte." - Lao Tse


"La red del cielo es muy amplia, 
pero nada escapa por sus grandes mallas." - Lao Tse
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"Gracias al amor se puede ser valiente,
gracias a la mesura se puede ser generoso,
y gracias a la humildad se obtiene el liderazgo." - Lao Tse
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"Lo grande y fuerte ocupa el lugar inferior
Lo pequeño y débil ocupa el lugar superior." - Lao Tse


"Si nada es imposible; no existen límites
Si no existen límites, se puede poseer el mundo,
Si poseemos el mundo, entonces duramos eternamente." - Lao Tse
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"¿Cómo sé que el mundo funciona así?
Observándolo." - Lao Tse
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"Lo innombrable es el origen del cielo y la tierra;
lo nombrado es la madre de las diez mil cosas." - Lao Tse


"Ser lúcido es ver lo infinito
Conservarse pequeño es mantenerse fuerte.
Usa la luz para retornar a tu interior.
Esto te mantendrá a salvo.
Eso se llama seguir el Tao." - Lao Tse
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"Y como no hace nada, nada se queda sin hacer." - Lao Tse
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"Todas las cosas contienen en su interior el yin y el yang
y obtienen la armonía por la combinación de esas fuerzas." - Lao Tse


"Y el que ama al mundo en su propia persona
es digno de que se le entregue la humanidad." - Lao Tse
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"Desprendiendose de su yo, su yo se conserva.
¿No es acaso porque renuncia a su individualidad
por lo que su individualidad se realiza?" - Lao Tse
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"Quien habla, no sabe
quien sabe, no habla." - Lao Tse

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