sábado, 23 de mayo de 2015

«El Universo tiene mayor imaginación que la nuestra, es por eso por lo que la historia real del Universo es mucho más interesante que cualquier cuento de hadas que hayamos inventado para describirlo.»  -  Lawrence Krauss
LA CIENCIA AMARGA

Hace unos cuantos años me apasionaba leer sobre cosmología y física cuántica. Todo ese mundo, por nuevo, me resultaba deslumbrante. Saber lo que se esconde en los núcleos atómicos e indagar por los espacios más vastos donde las galaxias se pierden me maravillaba. Durante un tiempo estuve prendido por la variedad de eventos, tan estrambóticos que dominaban el curso de la evolución física en el universo. Cuando aquello, los libros de divulgación científica empezaron a proliferar a raudales. Poco a poco me hice con unos cuantos y, huelga decir que, por supuesto, no todo lo entendía, pero mi concepto del mundo se fue enriqueciendo o, al menos, ser distinto de lo que antes imaginaba. Flipaba. Y a la vez me valía para ampliar mi inocente sabiduría de parvulín, gracias a los extraños acontecimientos que dieron origen a nuestra naturaleza, así como del futuro que nos aguarda. De donde venimos hacia donde vamos, por qué esto, por qué aquello.

Lo cierto es que mi capacidad de aprendizaje es muy limitada y en los libros de divulgación científica hay muchos asuntos que me dejan descolocado porque, modestia aparte, soy bastante menos inteligente de lo que me creo. Así que cuando algo se pone demasiado engorroso lo dejo apartado antes de que pierda la cabeza. Generalmente termino por preguntarme, "¿Acaso saber más te va a resolver la vida? descansa un rato, anda", y cierro el libro. Puede ser una postura cobarde para quien desee llegar lejos, aprender cuanto más se pueda, pero mi paciencia se agota. Y es que se llega a un punto en el panorama científico, (en el de la física cuántica sobretodo) que el asunto se vuelve demasiado espeso, tanto que resulta imposible seguir la pista a tanta docta información. Se llega a un terreno que es sólo privado para matemáticos de relieve. Bastaría confesar que de la Teoría de la Relatividad de Einstein tengo una ligera noción pero reconozco no entender bien todas las consecuencias que engloba. Los mismos físicos se han quejado a menudo de ello, de cómo se ha complicado tanto la investigación que a menudo se ven metidos en un berenjenal del que no saben cómo salir.

Ya últimamente lo único que llego a comprender de los físicos es que saben tanto como no saben. Pero aunque ellos mismos lo confiesan no por eso dejan de sentirse orgullosos de su quehacer y actuar a veces incluso con prepotencia. Los científicos rehúyen de la religión, se burlan de ella, (lo entiendo hasta cierto punto) pero también de la filosofía y de la ignorancia de todo pensamiento distinto al método científico que ellos siguen. Parecen haber alcanzado un punto en el que casi todo lo que gobierna nuestras vidas es física, el resto… bueno, el resto también es física. Todavía no se han entrometido con la estética, pero ojo, poco les falta. Quieren a toda costa dar con la clave del origen y final del universo. Pero ¿a qué tanta prisa, me pregunto, por suicidarse? Les fascina el misterio pero sólo en la medida en que puedan encender la luz y ver lo que se esconde dentro. La metafísica no les interesa. Necesitan de la imaginación para explorar los enigmas a los que se enfrentan pero la realidad tiene unas reglas estrictas que no pueden abandonar, no hasta que la realidad supera la ficción. La fantasía es ahora propiedad de la física, lo que venga de nosotros no significa nada si empíricamente no se demuestra. Nunca hemos sido nada significativo para la ciencia, sólo si acaso esclavos de sus principios.

Resulta sospechoso, además, que desde que la ciencia mostrara al hombre los secretos mejor guardados del cosmos y del átomo, todo haya servido para desplazar al ser humano del centro que creía presidir en el universo, quitarle protagonismo, robarle cualquier idealismo y cualquier atisbo de esperanza en el futuro. Descentralizados del sistema solar, de la galaxia, posiblemente solos, perdidos en el espacio, ignorantes todavía del devenir a largo plazo, nos vemos incapaces de dirigir nuestro destino. Con la ciencia hemos sido descubiertos como sangre, vísceras, una calavera. Todo, absolutamente todo lo que la ciencia nos revela es para dejarnos en ridículo, humillados y con cara de tontos. Cuantas ventajas se haya podido derivar de ella para facilitar la vida otras tantas desventajas se han demostrado. Todo parece haberse parido sin gracia ni sentido, con mal gusto y malos augurios. ¿A santo de qué hemos tenido que aparecer en el universo si nada podemos hacer, ni esperar? ¿Crees firmemente que la ciencia te va dar respuesta a eso? ¿Es patrimonio sólo de la ciencia construir el sendero por el que los hombres deben caminar, obligados por consideración a lo que ellos creen que es la única verdad del ser humano?

¿Qué hacen pues los físicos? Te lo diré: con el beneplácito de las matemáticas (hasta donde sus reglas se lo permiten) y el empirismo que les arropa, te presentan las formulas con las que se describe el mundo materialista que nos rodea, de igual forma que las notas de un pentagrama describen la música. Pero quien crea entender la música porque entiende de solfeo y partituras sofisticadas, por mucho que crea saber componer música por conocer las notas todas, se equivoca. La música, al igual que la vida o el universo, tienen otra lectura más sentida y emocionante para quienes saben aventurarse por otros vericuetos tutelados no tanto por la razón como por el corazón. La realidad no tiene la última palabra en todo cuanto nos acaece. La realidad no tiene porque estar por encima de las posibilidades con las que soñamos, esas por las cuales el ser humano se respeta como tal así mismo. Y eso no es tarea de la ciencia. Al fin y al cabo, la realidad se presenta solamente en el presente y éste es un filamento tan fino que para cuando te das cuenta que existe es ya parte del pasado. El resto es pensamiento. Así que continúa soñando sin prejuicios. - AllendeAran
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Esta es la conferencia que dio Lawrence Krauss en el 2009, la cual dio origen a su best-seller "El Universo de la Nada", que todavía no he leído pero que lo haré. La charla es muy amena, expone con gracia y maestría los temas principales del origen del Universo y sus consecuencias finales. Es muy instructiva. A poco que se sepa algo en temas de cosmología y física cuántica se entiende bastante bien. Eso si, hay buenos chistes y otros de mal gusto. En los extractos escritos abajo de las fotos subrayo algunas frases sobre esos temas en los que no debería entrometerse. Primero porque su ciencia no lo permite. Segundo porque deja en evidencia el pésimo criterio que tiene respecto a la filosofía y no digamos de la religión, si bien de esto último puedo comprenderlo, pero hasta cierto punto. Por eso y por mucho más, en lo que no quiero extenderme, es por lo que he decido titular esta entrada "La Ciencia Amarga". 


«Cada átomo de tu cuerpo vino de una estrella que estalló. Y los átomos de tu mano izquierda probablemente vinieron de una estrella distinta de la de tu mano derecha. Realmente es la cosa más poética que conozco de la física. Somos polvo de estrellas. Tú no podrías estar aquí si las estrellas no explotaran, porque los elementos, el carbono, el nitrógeno, el oxigeno, el hierro, todas las cosas que importan en la evolución de la vida, no fueron creadas al principio del tiempo. Fueron creadas en los hornos de las estrellas, y la única manera de que entren en tu cuerpo es si esas estrellas fueran lo bastante amables como para explotar. Así que olvidate de Jesús. Las estrellas murieron para que pudieras estar tú hoy aquí.»
 Lawrence Krauss
RESPUESTA
[¿Tienen los físicos anuencia para hablar de poesía?  ¿Hay alguna x en sus formulas que simbolice la belleza? ¿Qué tiene que ver el mensaje de Jesucristo con las estrellas? El vino para dejar un mensaje de solidaridad y amor entre las personas y murió por ello. Su doctrina es tan actual hoy como entonces. Un poco de respeto, Mr Lawrence]


“Un Universo sin propósito no debería deprimirnos ni tampoco sugerir que nuestras vidas carecen de propósito. A través de una abierta e inspirada historia del cosmos nos vemos a nosotros mismos en este remoto rincón de un planeta, dotados de inteligencia y conciencia. No deberíamos desesperarnos, sino con humildad alegrarnos lo mejor de estos regalos y celebrar nuestro breve momento bajo el sol.»  - Lawrence Krauss
 RESPUESTA

[¿Desde cuándo podemos festejar los regalos que los científicos descubren si son todos para contradecirnos y romper nuestras esperanzas e idealismos? El universo de la física fuera de las directrices de la estética y la metafísica, la ciencia-ficción y la creatividad propia del ser humano, es pura desgracia. ]


 «Dentro de 50 mil millones de años, la expansión del universo habrá progresado a un punto donde todas las galaxias se habrán alejado más allá de toda detección. De hecho, estarán alejándose más rápido que la velocidad de la luz, por lo que detectarlas será imposible. Futuras generaciones descubrirán la ciencia y sus leyes y nunca sabrán acerca de otras galaxias o de la cósmica radiación de fondo. Llegarán inevitablemente a una errónea conclusión del Universo. Vivimos en un tiempo especial, el único tiempo en el que podemos verificar por observación que vivimos en un tiempo especial.» - Lawrence Krauss
 RESPUESTA

[Esto raya  el colmo. ¿Qué no sabrán las futuras generaciones que los físicos de ahora ignoran? Cada cual es su punto del espacio-tiempo. Tal vez seamos nosotros a los que se nos ha perdido algo esencial. No subestimes las sorpresas del cosmos, Mr Lawrence. Esto ya deberías haberlo aprendido. ]


«... pero el punto crucial es el misterio. Y me parece que esta es una de las cosas que hace especial a la ciencia: Es que a los científicos les encanta el misterio. Les encanta no saber. Esa es la clave de la ciencia.» - Lawrence Krauss
RESPUESTA
[Ahhh, Aquí todo el mundo reclama el misterio. Desde los detectives, a los místicos y los filósofos, los videntes y los religiosos. Pero ya entiendo, el empirismo es lo que cuenta, aunque el descubrir científico conlleve mayores misterios, o se tengan que actualizar cada cierto tiempo sus férreas leyes. Ay.., qué sería de todos nosotros sin el misterio.]

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domingo, 10 de mayo de 2015

«Lo sublime en la naturaleza emerge
 al ser un reflejo de la propia imagen divina.»
  Joseph Addison

INDAGACIÓN ESTÉTICA 
ACERCA DE  LO SUBLIME

                                Epic Storm (Unknown)                               
Entre lo bello y lo sublime hay una brecha abierta que semeja al espacio que se dilata  cuando desde la cima de un precipicio  se mira hacia fondo de la tierra. Da vértigo. También es cierto que entre ambos hay una alianza de significado, porque tanto en lo que calificamos de bello como de sublime sentimos una atracción magnética, algo que nos llama, nos embelesa, nos pide devoción. Pero mientras en la belleza la cordura se mantiene en su puesto, mientras la festejamos y se ve bien hacerlo (es moralmente aceptable), en lo sublime la seducción de la que participamos se excede, la razón no encuentra palabras, la abducción resulta peligrosa. No es fácil resistirse a la invitación de lo sublime, porque además, por lo general, se presenta de sorpresa para que no pretendamos faltar a su orden. Ni tampoco resultaría coherente huir si pudiéramos, porque eso sería traicionar a la esencia del ser que nos forma, puesto que en lo sublime se vislumbran los elementos espirituales que, adormecidos, yacen en nuestro interior.
Tal vez la belleza sea más dócil y transparente en sus intenciones, puesto que incita a la ternura y el cariño, por lo que parece más sensato apostar por ella. Sin embargo, en lo sublime, se abren las posibilidades de lo que más anhelamos en el fondo del alma; la liberación pura, el despegue de la gravitación que nos sujeta al suelo, de la reflexión. Queremos que la conciencia quede liberada, fuera del juego que la razón demanda. Así el sentimiento se hace más profundo. Puede ser peligroso en parte, ya que el índice de misterio y terror que se esconde en el acontecer de lo sublime puede ser feroz y podría extraviarnos sin remisión, pero la idea de participar en sus fuerzas impetuosas supera nuestros prejuicios y cobardía. Nos vigoriza, nos engrandece, ya que saboreamos un sorbito de la dimensión de lo infinito. Si lo sublime es tan bello que da miedo es porque no comprendemos las fuerzas que lo constituyen. Su embestida es tal, que penetramos decididos a gozar del repentino éxtasis al que nos invita. Nada hay más genuino que la de dejarse llevar por el arrobamiento. Sin aprensiones, sin pensar que nos depara el futuro.
Ese estupor que nos acompaña, ese encanto, ante lo sublime, no tiene necesariamente que venir acompañado siempre de ímpetus salvajes que tengan que impresionarnos hasta el rayar el miedo. La naturaleza no siempre se muestra destructiva con el entorno. Si acaso es los cataclismos naturales, como tempestades, volcanes, diluvios y demás desastres, es donde mejor se expresa lo grandioso, (aunque visto desde las gradas, se entiende, porque nadie quiere caer en el centro de la vorágine), hay también escenarios idílicos que por su rareza y esplendor, pasman de inmediato los sentidos, dejándonos boquiabiertos, (expresión inconfundible del asombro). Lo sublime es maravilloso, es la belleza superlativa que no tiene parangón. La aceptamos sin consideraciones a priori. Esto me supera, decimos, pero también, esto me define o, ahí quiero estar yo, ser parte de ello. Quizá sea porque la imaginación se siente complacida en extremo. Quizá porque nunca antes se había visto u oído nada igual. Porque nos devuelve la cualidad más excelsa y escondida de nuestro yo. Deseamos participar de las fuerzas que modelan el mundo, de las fuerzas que revelan la genialidad del artista, las del Creador escondido ante las cuales el corazón se rinde apasionado.
Es por la intensidad que el hecho sublime se dé raras veces, y menos aún en los tiempos modernos. Hubo un tiempo en que deambular por el mundo, cuando se exploraban nuevas tierras, la vida jugaba con el riesgo pero aquello implicaba que no pocas veces los viajeros más intrépidos asistieran a espectáculos fantásticos. Para quien supo (o sabe ser romántico todavía), el momento extraordinario, tan apreciado o más que el oro, se da ante el descubrimiento de lo insólito e inesperado, de lo excelso y colosal, y aquellos descubrimientos tenían la categoría de sublimes. Antiguamente esto era más fácil de encontrar por el carácter virginal del mundo, todavía joven. Ahora parece que hay que remontarse a la lejanía de las estrellas. Ahora lo sublime que nos toca más de cerca se encuentra procesado en el arte, cuando las pasiones quedan condensadas en algún pasaje musical, un cuadro, una fotografía. No es lo mismo, pero al menos algo nos queda, un rastro, una intuición, de que algo magnífico agita el mundo.
Pocos también son los llamados a entender este hecho. Pocos los que lo entienden y menos los que lo buscan. Nos hemos encerrado demasiado entre los amurallados edificios de las grandes ciudades. La sensibilidad del hombre moderno, en sus exploraciones, está ceñida ahora a la competitividad y a la resistencia, a lo que llaman deporte. La belleza es propia del arte, se queda con las flores, las mariposas, si acaso, un vestido, un mueble, un cuerpo. Cosas cotidianas, cosas menudas. Todos los días amanece y anochece pero a casi nadie le interesa el cromatismo que la luz pinta en las nubes. De los que deambulan por las alturas de las montañas pocos son los que se paran para otear el horizonte desde la cumbre. Caminan cabizbajos para no tropezar y con haber llegado les basta. Del glorioso bienestar que la dulzura de un día de primavera esparce sobre las praderas, a casi nadie llama. La gente trabaja, no tiene tiempo. Estamos demasiado atareados en querer descansar, en comer o beber, en vivir el arte desde una butaca o en una galería. Y quienes así viven entenderán mucho de la belleza pero de la magnificencia de lo sublime apenas se acercan a imaginarlo. Creen que pertenece a esos raros místicos que se han quedado atrás, en otro siglo que ya es historia. A esos insaciables que no saben conformarse con menos.  -- AllendeAran


                                                       Deluge  -  Francis Danby                                                      

Deluge - Ivan Aivazovsky
«Allí donde la sabiduría de nuestro creador quiso que algo nos afectara, no confió la ejecución de su designio a la lánguida y precaria operación de nuestra razón; sino que la dotó de poderes y propiedades que previenen el entendimiento y la voluntad; que embargando los sentidos y la imaginación, cautivan el alma antes de que el entendimiento esté preparado para unirse a ellos u oponerse.»  -  Edmund Burke
 Nattling Marin  -  Marcus Larson

Storm - Alfred Bierstadt
«Como el poder es indudablemente una fuente principal de lo sublime, esto indicará, evidentemente, de dónde se deriva su energía y a qué clase de ideas deberíamos unirlo.»  - Edmund Burke
«La pasión causada por lo grande  lo sublime en la naturaleza, cuando aquellas causas operan más poderosamente, es el asombro; y el asombro es aquel estado del alma, en el que todos sus movimientos se suspenden con cierto grado de horror.» -  Edmund Burke
             El Monje  -  Caspar Friedrich                          

                   Napoleón  -  Ivan Aivazovsky                           
«La infinidad tiene una tendencia a llenar la mente con aquella especie de horror delicioso que es el efecto más genuino y la prueba más verdadera de lo sublime.»  - Edmund Burke
«Un horizonte espacioso lleva consigo la imagen de la libertad: los ojos tiene campo para espaciarse en la inmensidad de las vistas, y para perderse en la variedad de objetos que se presentan por sí mismos a su observación. Tan extensas e ilimitadas vistas son tan agradables a la imaginación, como lo son al entendimiento las especulaciones de la eternidad y del infinito. »  -  Joseph Addison
L'Allegro  -  Thomas Cole

 West Rock New Haven  -  Frederick Church
«Nuestro antepasados miraban a la naturaleza con más reverencia y horror que nosotros: y antes que la sana erudición y filosofía ilustrasen al mundo, se complacían los hombres en asombrarse a si mismos con aprensiones de hechicería , prodigios y encantamientos.»  -  Joseph Addison
«Una de las causas finales del placer que sentimos en las cosas grandes, puede ser la esencia misma del alma del hombre, que no encuentra su última, completa y propia felicidad sino en el Ser Supremo.»  - Joseph Addison
Saint John in the Wilderness  -  Thomas Cole
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sábado, 25 de abril de 2015

"El hombre dice de Dios aquello que cree de sí mismo"
  Ludwig Feuerbach 
 
SI YO FUERA DIOS...

Este condicional, que seguramente te habrás planteado alguna vez en la vida, viene a poner en peligro la idea, el fundamento de la fe en la existencia de Dios, entendido éste como el ente todopoderoso y omnipotente, eterno y ubicuo, el creador del cielo y la tierra. Piensa bien a lo que juegas, reflexiona, y enseguida te darás cuenta de la contradicción entre tu forma de ser, (tu pensar) y la supuesta entidad de Dios. Qué harías o dejarías de hacer si fueras Dios porfía de entrada el paradigma Dios. Si algo harías que no está hecho es que pones en cuestión su justicia divina, su quehacer. Es más, la existencia de Dios se evapora ante las reivindicaciones que en cada acto ejecutas a favor de la justicia. Algo falla. ¿Por qué no lo hace él mismo? ¿Acaso es responsabilidad nuestra? Bien, si eso forma parte del libre albedrío que reivindicamos, entonces estamos ante la necesidad de hacer lo que Dios no ha hecho todavía. Su valía entonces queda destronada frente al ajetreo mundanal, esa incesante insatisfacción que sufrimos día a día. Su existir, si nada pone ni quita ya no nos incumbe. Si, por otra parte, él esconde razones alejadas de nuestro entendimiento, si tiene motivos para dejar las cosas tal y como están, si su sabiduría te supera, entonces esto nos pone a la misma altura que si nos comunicáramos con un ladrillo. Nuestro idioma es distinto. Somos entes contradictorios. Mundos aparte. ¿A santo de qué tendríamos que congeniar con alguien que desconocemos, que no entendemos, que está más allá de nuestra legislación? ¿Qué te obliga entonces a creer que en él?
Todas la formas descriptivas de Dios, o bien se acaban en lo ininteligible, lo fantasmagórico, lo irreal, lo abstracto, o bien asumen la forma material y humana que nos forma, ¿que otra cosa sino? Pero lo más sorprendente es que, todos los predicados que le comprenden, el mundo en actividad, la vida en definitiva, no es otra verdad que la del hombre, todo cuanto vive y siente ha quedado ajustado en mandamientos en pro de su beneficio, la prosperidad del ser humano. No partieron los preceptos de Dios, sino de nosotros mismos. El amor, la generosidad, la bondad forman el carácter de cualquier Dios de cualquier religión, porque así le conviene al genero humano. Sin esos preceptos éticos la raza humana se sabe perdida, confusa,  presa de la barbarie salvaje. Lo sabemos desde los remotos tiempos de la historia. Sabemos de la necesidad de un código ético pero no acabamos de asumirlo con responsabilidad. Seguimos cometiendo el error de que el camino más fácil para ser felices (en esta vida tan corta) es la avaricia, la satisfacción inmediata del ego, la esclavitud del prójimo, la supremacía arrogante del ser humano por encima de todo cuanto habita alrededor. Este es el pecado que se repite una y otra vez.
Ya ves que cuanto más raciocinio se le añade al enigma Dios más chocamos con el sinsentido. Son nuestras debilidades, los miedos y los deseos que le buscan a toda costa pero que no le encuentran. Los milagros, como rarezas, son excepciones que confirman la regla. Pero esto no significa que el ser se quede desahuciado, castigado a sufrir un mundo de perpetuas calamidades. Los infortunios a los que asistimos a diario pueden mejorarse pero eso es responsabilidad nuestra, como directamente nos atañen, es nuestra la tarea de resolverlos por nosotros mismos. Y lo mejor para entender esto es abandonar la idea de Dios como sujeto excepcional a la que nos dirigimos cada vez que necesitamos de protección, de esperanza, del milagro para afrontar la aventura de vivir, el drama que nos toca. Si en vez de Dios tuviésemos al Amor como luz de guía, si acortáramos el camino del todopoderoso Dios y saltáramos al Amor, la historia habría tenido otro acontecer. Pero por desgracia las religiones ha saboteado el verdadero significado del Santo Creador para, erróneamente, convertirlo en un ídolo de adoración al antojo primero del individuo y luego de las masas.

El Dios objetivado, es decir el Dios convertido en un sujeto fuera del mundo, se parece a un espejo en el que se reflejan nuestras vidas, todo aquello que pasa por nuestra conciencia, mente y materia. Esos reflejos son la sustancia de Dios, el verbo, lo que de verdad nos atañe y deberíamos contemplar para conocernos mejor. Ahí está la naturaleza, como escenario en el que nos movemos y como madre que nos acoge. Sin embargo, y por desgracia, por miedo e ignorancia, algunos han preferido idolatrar al espejo como cosa, como ser objetivo, el espejo a secas, fastuoso y milagroso, y así cerrar sus ojos a cuanto se refleja perpetuamente en la superficie luminosa del mismo. Sólo la vida cuenta, lo que entendemos por realidad, que incluyo tanto la materia como la imaginación. Idolatrando a Dios como ente fuera del mundo, objetivado en sujeto independiente, lo que hacemos es restar la fe en nosotros mismos y caer peligrosamente en el fanatismo. Desconfiar de la fe en la esencia del ser, en nuestro corazón, medida de todo sentimiento, ante la omnipotencia de Dios, nos hace caer en el auto-menosprecio. No te engañes, porque todos los atributos que confieren la existencia de Dios no son sino nuestros, arrancados de nuestra esencia y fantasía. No es que Dios esté en nosotros, sino que nosotros somos Dios. Y esa esperanza de alcanzar una realidad más ideal y conforme a nuestros sueños está aquí. El pensamiento la intuye y nuestros actos la forman. Así ha de ser, poco a poco. Porque con el Amor como Dios se puede llegar hasta ese milagro y no al revés. Dios no es Amor, Amor es Dios. Haz el cambio, sino seguiremos avanzando a ciegas, tropezando siempre en la misma piedra. 

¿Qué necesidad tenemos del misterio de Dios, ese que nos acobarda porque su poder es superlativo e ininteligible? ¿Acaso no nos basta la naturaleza? ¿No oculta la naturaleza enigmas de igual cualidad que el Dios que suponemos? ¿Por qué ir más allá? ¿Se puede concebir un cielo sin aire que respirar o un suelo como la tierra en el que pisar? Si acaso es la inmortalidad lo que buscas, piensa primero si ello te cabe en la imaginación, si cabe en los preceptos de la lógica. Nada hay aquí que permanezca eternamente. La muerte puede ser un pozo oscuro en el que nadie quiere caer, porque no sabemos exactamente lo que hay en su fondo. No es más que inseguridad, el miedo ante la incertidumbre, la nada, pero.... ¿de donde intuimos la nada? ¿del momento anterior a la vida? ¿de la visión retrospectiva que la conciencia hace hasta  perderse en ese infinito vacío, del antes de haber nacido? ¿y que hacemos aquí ahora de repente? ¿cómo es eso? Con la muerte, volver al vacío idéntico del pasado parecería decirnos que el mismo móvil espiritual que nos ha traído hasta aquí volvería a repetirse de una u otra forma distinta. Y eso parecería ser competencia de la naturaleza, no de Dios. Porque la naturaleza es lo único que poseemos, la que nos alberga, la materia de la que extraemos las ideas, el sustento, el impulso que necesitamos para cultivar la esperanza y seguir viviendo, porque somos irremisiblemente parte de ella y no hay más Dios que ella.  -AllendeAran
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Esta entrada está inspirada en los escritos de Ludwig Feuerbach (1904 - 1972) filósofo alemán considerado el padre intelectual del humanismo ateo contemporáneo. Los aforismos elegidos aquí pertenecen a “La esencia del cristianismo” escrito en 1841 (Editoral Trotta, 398 pp) y “La esencia de la religión” escrito en 1846 (Editorial Paginas de Espuma, 107 pp.)

“Como piensas a Dios, así piensas tú mismo; la medida de Dios es la medida de tu entendimiento”  - Ludwig Feuerbach

“Cuanto más reducido es el horizonte del hombre, y tanto menos sabe de la historia, naturaleza y filosofía, tanto más intrínsicamente depende de su religión”  - Ludwig Feuerbach

“La naturaleza está verdaderamente poseída por un espíritu, pero este espíritu es el del hombre, es su propia fantasía, su propia alma que involuntariamente se introduce en la naturaleza y hace de ella un símbolo y un reflejo de su propia esencia humana.”   - Ludwig Feuerbach

“Es verdad que el nacimiento es oprobioso y la muerte dolorosa, pero quien no quiere ni comenzar ni terminar renuncia al rango de ser vivo”  - Ludwig Feuerbach
“Todos lo atributos o predicados de Dios, aquellos que hacen de él un ente objetivo y real, no son más que propiedades abstraídas de la naturaleza y que la presuponen y expresan, propiedades, por  tanto, que quedan suprimidas si se suprimen a la naturaleza”   - Ludwig Feuerbach

“La naturaleza es para el hombre, originariamente, (esto es, cuando la mira con ojos religiosos), la misma cosa que él es; un ente personal, viviente y sintiente.”  - Ludwig Feuerbach
“El dios que ha creado el mundo de la nada y que, si quiere, lo devuelve de nuevo a la nada no es otra cosa que la esencia de las facultades de abstracción e imaginación humanas.”  - Ludwig Feuerbach

“La teoría de que Dios es el creador del mundo tiene su fundamento y su sentido únicamente en la teoría de que el hombre es la finalidad de la creación.”  - Ludwig Feuerbach

“Para quien la naturaleza es un ser hermoso, aparece como fin de sí misma, y teniendo el fundamento de su existencia en sí misma, no llega a plantearse la cuestión de por qué existe. El concepto de naturaleza y de divinidad no se separan en su conciencia de su intuición del mundo. […] Así piensa el hombre que se relaciona con el mundo estética o teóricamente, y aquel para quien el concepto del mundo es el concepto de cosmos, de la gloria y de la divinidad misma.”  - Ludwig Feuerbach

“Si es verdad la vida celestial, entonces es mentira la vida terrena; donde la imaginación lo es todo, la realidad es nada. Para quien cree en una vida eterna celestial, la vida pierde todo valor. La fe en la vida celestial es precisamente la fe en la nulidad y miseria de esta vida.”  -Ludwig Feuerbach

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viernes, 10 de abril de 2015

"De cómo damos forma a los edificios, ellos nos definen" Winston Churchill
ECO CITIES
 
Cuando somos pequeños aceptamos el mundo tal y como se nos revela. Sea este feo o bonito, no llega a importar mucho. No se plantean objeciones a cuanto podamos observar a nuestro alrededor. A no ser que algo nos haga daño directamente o se resista a satisfacer nuestros deseos inmediatos, (cosa que sucede, y muy a menudo) tras una llorera, nos adaptamos al entorno con ingenua facilidad. Por lo demás, si el cielo es azul o rosa, si el futuro nos depara buen porvenir, si es mejor ser de una manera u otra, chico o chica, moreno o rubio, si el mundo es bello o feo no llega a preocuparnos. No hay comparaciones, ni preguntas. Se vive. Sólo estas cosas empiezan a despertar crítica a medida que la conciencia se vuelve más clarividente, más existencial.
A partir de la adolescencia se acelera el sentido introspectivo y analítico del sentido que pueda tener la vida. La misma enseñanza en las escuelas nos muestra los acontecimientos que la historia, cultural y científica, ha ido fraguando hasta el momento que ahora nos ocupa. De esta manera, haciendo acopio de innumerables datos desvelados del oscuro pasado, reconstruimos el camino que paso a paso nos ha traído hasta aquí. Es como si leyéramos un libro hacia atrás, para llegar a entender que la primera página nos explique el porqué de este presente, su determinada evidencia actual. Un libro que, para quien sepa leerlo, marca nuestra conciencia de responsabilidad respecto al futuro, cuyas páginas en blanco a escribir reclaman sapiencia y buen gusto. 
Ahora que somos mayores, el mundo se nos presenta cargado de elementos confusos, circunstancias antagónicas, verdades dañinas que antes permanecían escondidas, contrariedades e injusticias, deberes y obligaciones. Mi mundo, ya no es lo que parecía, se ha complicado, es mucho más paradójico y exigente y si lo apercibo con minucioso análisis se me presenta como manchado, como un entresijo de enmarañadas creencias que desde tiempos remotos se han impuesto ciegamente, con despotismo, ignorancia y egoísmo. Recuperar el esplendor de eras pretéritas es imposible. Crear un espacio más libre y estético no es imposible pero resulta harto complejo, porque tal y como lo veo ahora hemos caído demasiado hondo.
Nos hemos distanciado demasiado de las doctrinas que artistas y pensadores expresaron en siglos pasados acerca del modo de vida que mejor nos conviene.Vivir bien, despreocupados, contentos. Ideas que la distancia del tiempo no ha caducado. Más aún, las hace ineludibles si de verdad queremos recuperar la sonrisa, pero la avaricia del político se ha impuesto como casi siempre a la filosofía y el arte. Los pensadores y artistas son demasiado taimados respecto al poder político. Se han dejado vencer.

Algo que se me hace cada vez más inexplicable con la edad es el hecho de que hayamos consentido reducir el espacio de movimiento de las personas en las ciudades. El espacio se ha encogido, el coche domina y el color gris del asfalto predomina. Cómo hemos podido sepultar a base de cemento la hierba verde y ocultar el cielo azul con las formas geométricas de cientos de rascacielos, es de todo punto inexplicable. Los aromas de las plantas y flores se han evaporado. El sonido de los pájaros se ha enmudecido por el de los motores. La mirada que antes acaparaba anchas distancias ahora choca contra paredes, muros, patios y carreteras. Cuando se viaja en metro, la mirada contempla en las ventanas la noche. Absurdo. Hay zonas por donde vivo que es tal el aglutino de edificios mal uniformados, tan hacinados, que al mirarlos en conjunto, desde lejos, parecen obra de alguna mente desequilibrada.
La falta de armonía pone en evidencia no sólo el mal gusto, sino la avaricia materialista que se mueve por motivos pecuniarios, dejando de lado el arte, como si éste no sirviera para nada. Pero así nos luce el pelo. Con los años el hombre se ve constreñido a no comprenderse a si mismo. Se siente desorientado. No comprende su vacío, su insatisfacción. Las crisis financieras le zarandean hasta aturdirlo. Supedita el arte al yugo del utilitarismo urbano, a las entidades que lo componen, objetos cotidianos, sonidos tecnológicos, colores apagados y líneas rectas. Horroroso.

Hubo un tiempo, y no muy lejano en la historia, en que los pensadores se entretenían en crear ensayos acerca de la imaginación y lo sublime en el arte y la naturaleza. La mera fe en la espiritualidad les empujaba a ir más allá. Se puede creer o no en Dios, pero no ignorar el grado de extrañeza que el  mundo contiene en sí, lo que se mueve sin nuestro consentimiento, y que revela una naturaleza variopinta de animales y formas, sean vegetales o minerales, razas y planetas a miles ocultos en la espesura de la noche... Hay mucho todavía por descubrir pero en las grandes ciudades todo está inventado.
En un mundo en que los jóvenes se sienten más interesados en la cilindrada o el diseño de una moto, en vez de reconocer el canto de los pájaros que anidan en los parques, saber que árboles son de hoja caduca o perenne, en disfrutar más del día al aire libre en vez de la noche en bares y discotecas, es que algo no funciona. Vivir de espaldas a la naturaleza  nos conducirá a la soledad abisal, a la claustrofobia, a la enfermedad.
Sólo espero que en el futuro, al que no asistiré, el hombre dé más consentimiento a lo que le dicta el corazón, es decir, que empiece a entender qué es exactamente lo que le pone en armonía con la vida, la sensación de sentirse feliz. Ahí donde no hay prisas, donde la vista respire más espacio y la imaginación tenga mayor terreno de juego, gracias a la libertad que prestemos al azar, el hombre encontrará su sitio. En todo arte, arquitectura, ahí donde vivamos, debemos permitir que la naturaleza se abra, se expanda a su anchas porque eso nos devolverá al lugar del que nunca debimos partir. - AllendeAran



"Estos diseños de ciudades futuras no están mal. Quizá un poco artificiales, quiméricos, ya sabes, de mundo feliz, pero van por el buen camino. Prevalecen las curvas, el blanco y las amplias ventanas. Buscan la luz y el espacio, y no se olvidan de lo verde. El azul lo presta el verano. No podemos reclamar un arte como el que nos legaron las antiguas culturas, entendamos que vivimos en otra época y el intelecto no es igual. Aún así, la naturaleza tendrá que ser de nuevo inspiración, sencillamente porque hay infinitud de patrones a imitar. Ojalá los futuros habitantes del planeta tenga mejor suerte" 


"La arquitectura debería hablar de su tiempo y lugar, pero aspirar a lo imperecedero"  - Frank Gehry
"Todo gran arquitecto es necesariamente un poeta. Debe ser un gran y original interprete de su tiempo, su día, su era"  - Frank Lloyd Wright


"La gran esencia de la arquitectura consiste en el desarrollo de la variedad y reminiscencias de la vida natural orgánica. Esta es la única verdad en la arquitectura"  - Alvar Aalto
"Yo no separo arquitectura, paisaje y jardinería, para mí todo es lo mismo" - Luis Barraga

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sábado, 28 de marzo de 2015

"Si admitimos que la vida se rija por la razón destruimos la posibilidad de la vida"  - Leon Tolstoi
"Si tu valor te abandona, supera tu valor"  - Emily Dickinson

LA INDIFERENCIA DEL DESTINO

"ALMA SALVAJE"  2014
"HACIA RUTAS SALVAJES"  2007



Estas dos historias verídicas que han sido llevadas al cine tienen tanto en común como diferencias. Quizá su más relevante parecido sea la palabra Wild que al traducirse del inglés al castellano se queda corta porque mezcla lo salvaje con la naturaleza y en castellano hay que decantarse por uno u otro significado. Y su más relevante diferencia sea el distinto final de la vida de sus dos personajes en cuestión. Por un lado tenemos a Cheryl Strayed, una mujer que no sabe cómo digerir la prematura muerte de su madre y por otro al joven Chris McCandless que tampoco sabe digerir la afectada sociedad en la que nos toca vivir. Así, los dos personajes emprenden una dilatada excursión a solas por las sendas inhóspitas que la naturaleza encierra para ver si puedan curarse de las indigestas circunstancias que les han herido. En Cheryl más parece que su ruta aventurera por las Cimas del Pacífico sea la de poder recuperar la sensatez y el cariño hacia la vida, algo que parece haber perdido tras la muerte de su madre. En Chris el problema es más complejo, porque su asco al mundo materialista, a las actitudes reaccionarias, al dinero, a su propia familia incluso, le empuja a enemistarse con la sociedad de forma tan drástica que si bien tiene mucho de audaz también conlleva el alto riesgo de encaminarse a la perdición.  
Sea como fuere, en los dos casos, la llamada de la Naturaleza, (como diría Jack London) parece ser el terreno en el que los dos personajes van a perderse para, paradójicamente, encontrar la verdad o su yo extraviado. El senderismo a solas, el espacio inconmensurable de las montañas, pernoctar en la calle o el monte y todo cuanto pueda por sorpresa acontecer durante el trayecto, conocer gente, hacer amigos, los problemas, todo es bienvenido, digno de aprecio para la sabiduría personal.

De todo se aprende, sí, menos de algo que aquí, para mi gusto y para mi entender falla en ambas películas; estoy hablando de la poesía. El sentido de la belleza que la Naturaleza proyecta (para quien sepa leerla) no está suficientemente bien iluminada. Hay pocas escenas significativas. Pasan casi desapercibidas. Para hacerme entender aquí tendría que acudir al respaldo de autores que vivieron el mundo salvaje con encendido entusiasmo y fueron grandes montañeros, entre ellos, John Muir, Henry Thoreau, Alex von Humboldt, o más recientemente el malogrado Everett Ruess, (del que todavía estoy esperando hagan una película). Esa postura estética bien podría haberse usado de receta para exorcizar el dolor y el resentimiento que ambos personajes sufren en su interior, pero las dos películas lo descuidan, seguramente porque los dos protagonistas en su vida real no acertaran a descubrir algún secreto espiritual a partir de la belleza que la Tierra expele. Lo que más predomina en ambas películas es la entereza, el valor, el riesgo, la resistencia en el mundo salvaje, la dura experiencia de sobrevivir. Es una pena, porque reconozco que los dos guiones tienen una buena narrativa y admiro la buena carga de humanismo y emoción que manifiestan. Pero de haberse cuidado ese importante detalle estético, que particularmente reclamo, las dos películas habrían alcanzado el palmarés de obras maestras para mi gusto.

Volviendo al lance de sus travesías, los dos finales de Chris y Cheryl difieren, y esto me hace suponer que muchos busquen una posible moraleja. En ambos casos se buscaba la restauración dañada del alma, aunque cierto es que sus motivos de huida fueron distintos. Pero si el final de cada persona lo dicta la muerte y la forma en que ésta acontece o nos sorprende es casi siempre extrínseca, no hay fundamento razonable para enjuiciar la vida de nadie por su manera de morir. La muerte es un accidente que sólo la suerte, indiferente a todo, decide (a excepción del suicidio). No es un castigo.

En consecuencia, de ambos peregrinajes se pueden tomar cuantas lecciones se quiera pero no de sus desenlaces. A Chris se le podría acusar de incauto, osado, inexperto, insociable, temerario, ingrato, rebelde, lo que más rabia te dé, pero nunca llegar a pensar que su final estaba escrito por su arrogante y extremista actitud. Tuvo mala suerte, eso es todo. El aprendió algo, si bien demasiado tarde y es que “La felicidad no es auténtica sino es compartida”. De haber salido airoso de su encerrona en las profundidades de Alaska tal vez él hubiese ejercido mejor que nadie esa lección. Por otro lado, Cheryl, que también aprendió lo suyo, orgullosa y victoriosa al final de su empresa, felizmente pudo contarlo todo. Pero ¿qué habría ocurrido si en alguno de esos encuentros espinosos con otros protagonistas la cosa hubiese ido a peor o si cualquier otro percance accidental de los varios que tuvo no los llega a solventar?

Al final concluiremos como empezamos, con Tolstoi, con aquella cita que decía “El único conocimiento de la vida al que el hombre tiene acceso es el del sinsentido”.  - AllendeAran

«La auténtica cosecha de la vida cotidiana es tan intangible e indescriptible como los matices de la mañana o la noche. Es como atrapar un poco de polvo de las estrellas o asir el fragmento de un arco iris.» - H. D. Thoreau


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martes, 17 de marzo de 2015

«Si permitimos que el Progreso falte el respeto a nuestra sensibilidad, a menudo reflejada en un paisaje, nos estaremos conduciendo al suicidio espiritual.» - AllendeAran
TORRES DE ALTA TENSIÓN
EL PAISAJE MALTRATADO
Montes de Triano, Galdames, Muzkiz


Fue el otro día que decidí dar mi primer paseo del año, aprovechando el buen tiempo, por los montes de Triano cuando llegando al centro minero pude observar consternado, peor aún, HORRORIZADO, como las amplias laderas que bordean la subida a los montes, tan tupidas de arbolado verde, se veían invadidas por torres gigantes de alta tensión, con sus tendederos de cables que semejan telarañas. Eso no estaba ahí el año pasado, me dije parpadeando una y otra vez incrédulo. Más arriba, por el camino de subida a los montes, otras tantas torretas enormes estaban clavadas al pie del camino. Cantidad de arbolado cortado de cuajo. El suelo del camino había sido allanado con detritos de azulejo blanco y ladrillo, supongo que favorecer el trabajo. En fin, el paseo me supo amargo, se me atragantó. Aceleré el paso hasta llegar al llano que comunica con el alto Galdames y Sauco, por el que pude dar la espalda a semejante asquerosa polución paisajista.  
Crearse un pequeño paraíso con el que uno pueda evadirse del barullo, del ruido y el estrés de las metrópolis no siempre resulta certero, ni conlleva garantía de seguridad permanente. No cuando la dependencia con el entorno social es ineludible. Estamos atados, bien amordazados a la ley mayoritaria, la aborregada, que persigue la comodidad más factible, la más barata, ya se sabe, la materialista, presidida por el capitalismo avaricioso. Por eso, la independencia personal que se recrea en ensoñaciones, ideales y utopías, es vulnerable de infecciones por parte de ese motor industrial que llaman Progreso. Así, cuando menos te lo esperas tu mundo se viene abajo. ¿Pero qué te esperabas? 
Ya que la estupidez crece directamente proporcional al ingenio de unos pocos, por mucha pedagogía,  ilustración, genialidad que posean las minorías de nada servirá. La verdad que se pueda esgrimir contra el desenfreno del Progreso chocará de frente contra la fatalidad ciega, la insensibilidad del bruto. Es decir, que no avanzamos, que estamos igual o peor que hace un siglo, o dos, o tres... La carrera del Progreso por acomodarnos de la mejor manera posible en la Tierra, a costa de sacrificar lo que la naturaleza atesora misteriosamente, mantiene su curso despiadado, igual que si de una maquina apisonadora se tratara. Mi pequeño paraíso personal, seguramente compartido en silencio por pocos, se ha visto tocado, herido, ahí donde pensaba que no llegaría, no cuando parecía haber conciencia más despierta en los últimos años por preservar el entorno natural. Pues no, me equivocaba y el maligno virus del Progreso ha venido a infectar mi propio mundo. 
La luz, dicen, es un bien que no tiene precio. ¿Pero cuánta más luz necesitamos para que nos creamos vivir igual que el día? ¿No llegaremos a echar de menos luego la noche? Si ya no se vemos las estrellas en las ciudades… ¿Pero a quién le importa esto? Visto lo que acontece últimamente en el panorama político, el negocio sin escrúpulos, la corrupción, me aventuro a creer que esas torres son innecesarias. ¿Por que ahora, al cabo de tantos años?
He asistido desde mi infancia al deterioro progresivo del entorno natural del pueblo en el que he crecido. Toda la costa rocosa del Abra ha sido rellenada de cemento, para crear un superpuerto que facilite el trasiego mercantil. Hubo en Santurtzi una playa pequeña que jamás llegué a conocer a principios del siglo XX. El pueblo donde aprendí a nadar en aguas puras, Zierbana, hay instaladas un cúmulo de fábricas al borde del mar. El pueblo huele a pan rancio, y según mi tío que allí vive, en su jardín ya no crece la fruta como antes y los árboles y la forestación están mustios. La pintoresca imagen de pueblo fue sepultada bajo el cemento armado. Crearon una playa artificial que no funciona, ¿cómo no iba a ser así? Al mar no se le puede engañar. Eso sí, Zierbana es la villa más rica de Europa, dicen, pero la recompensa a sus resignados habitantes, vilmente engañados, no sé ve. Poco a poco, disimuladamente, embaucados por el olor del dinero, vamos perdiendo el hábitat natural en el que crecimos. 
Batallar contra estos continuos desastres ecológicos resulta agotador. Tiene que haber otra forma de entenderlo para que no se repitan tan tontamente. Yo no estoy en contra del Progreso, pero creo que otro Progreso es posible. ¿Y cómo es esto? Si la meta de todo ser es ser, sentirse a gusto siendo, sentirse vivo, feliz de existir, habrá que entender cuando y cómo se dan esos momentos que usamos como paradigmas con los que defendemos la alegría de vivir. En eso estamos y a eso nos debemos si deseamos presumir de seres humanos.

- Quienes imaginan el Cielo por un instante, se sitúa a si mismo siempre dentro de un escenario donde la naturaleza exhibe su gloria.-
- La paz interior se reconoce en la contemplación y donde mejor se recrea la atención es ahí donde la belleza se desnuda sin despertar en nosotros intereses mezquinos. Paisajes y detalles menudos de la naturaleza son aquí lo más reclamado. -
- La naturaleza es por lo general el terreno predilecto para sentir la libertad, para apartarnos de la condena de obligaciones sociales, de las leyes, el tiempo y el sinsentido. - 
- Los recuerdos más felices de nuestra infancia se ubican por lo general en un escenario donde la naturaleza era participativa. -
- El arte más seductivo, imperecedero y valorado, la misma filosofía, comulga con la naturaleza en sus variadas formas que invitan a la creatividad con alegorías y metáforas, ideas que nos devuelven la confianza en que por algo merece vivir. -  

Dicho lo cual, entenderemos, que sí el avance arrollador del Progreso, éste, no proyecta en sus finalidades ninguna de estas afirmaciones, si estás se pasan por alto, se ignoran, se descuidan, se vapulean, entonces estamos tomando un camino equivocado, abrupto, un camino sinuoso y roto, en el que nos perderemos, cómo de hecho está sucediendo. ¿Por qué somos tan pocos los que comprenden esto?

Muchos de los males que sufrimos en las grandes ciudades, la ansiedad, la depresión, la delincuencia, la pobreza, el desencanto, tienen su origen en la falta de perspectiva interior, en no saber qué hacer con la existencia, en cómo canalizar el empuje forzoso que sentimos por vivir, ¿Para qué, Por qué, Cómo? Y a esto no da respuesta alguna el Progreso, sino todo aquello que se desenvuelve ajeno a nuestra voluntad de dominio. De ahí la Naturaleza al desnudo, su misterio, su extraordinaria belleza, sus tesoros velados, su infinita actividad. Si el Progreso contamina y afea el espacio necesario en el que poetas, artistas, metafísicos y científicos se han de desenvolver libremente, estaremos cayendo en el abismo oscuro del nihilismo. Será culpa nuestra el haber aceptado una verdad contraria a nuestro devenir como seres humanos. No es posible aceptar una verdad que viene a contradecir la vida.
Lo reconozco en parte, el Progreso nos concede el ámbito propicio, el Ocio, para saltar a esa otra verdad más esencial y completa que reclamo, pero es de vital importancia no olvidar el deber de prestarnos al juego del Arte, a la gracia de la inventiva, la contemplación, el mundo de las IDEAS, el goce de la belleza sin prisas. Y si todo esto queda tan sólo en una teoría banal, en una utopía de chiflados, si se queda a escondidas en la mente de unos pocos metafísicos, poetas y místicos estaremos perdiendo la fe en nosotros mismos. Poner en práctica todo esto es dar respuesta al jeroglífico existencial, es empezar a reverenciar el milagro que nos ha permitido llegar hasta aquí.
Por lo tanto, y para terminar, no permitamos que el Progreso afee el paisaje que nos habla de la enigmática belleza. De las oscuras insinuaciones que nos ayudan a crecer humanamente. La gracia por la que deseamos participar en la aventura de existir, explorar sus infinitas posibilidades. Si permitimos que el Progreso falte el respeto a nuestra sensibilidad, reflejada a menudo en un paisaje, nos estaremos conduciendo al suicidio espiritual.  -  AllendeAran

"Fijaros bien, ya incluso el cielo raso azul se ve rayado de estelas de aviones. La polución al paisaje se da por todas partes. La naturaleza ya rara vez se ve en su estado inmaculado, ese estado que mejor expresaría su peculiar encanto"


"Con la taladura de un montón de pinos se puede observar esta maravillosa vista de la playa de La Arena gobernada por la inmensa Petronor. Da risa. Y desde lo alto la monstruosa torreta de alta tensión"


"Bueno, esperemos que algunos paisajes continúen eternos y que ninguna idea mal avenida del Progreso venga a ensuciar estas panorámicas"
"Siempre nos quedará algún rincón escondido en el que alejados del trato humano y  las grandes urbes podamos encontrar la paz que no persigue nada sino el momento en sí. Un rato en el corazón de los bosquecillos es la mejor terapia que te puedes conceder. Sale gratis. Olvídate de psicólogos, clases de yoga o libros de autoayuda."
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