sábado, 7 de febrero de 2015

«Únicamente si tenemos en cuenta el mecanismo aparente de la dualidad pero, en realidad, no hay ningún "vidente" ni ninguna cosa "vista", sino tan sólo "visión"»  - Wei Wu Wei  (Terence Gray)
ORIENTE Y OCCIDENTE
¿ACCIÓN, NO ACCIÓN?
¿WEI WU WEI?





¿A santo de qué preguntar? ¿Cuál es la necesidad de preguntarnos qué? Fue a partir de la pregunta cuando la conciencia empezó a observarse a sí misma. La pregunta vino a denunciar algo desencajado entre el hombre y la naturaleza. Pudo ser la mera curiosidad hostigada por el aburrimiento. Pudo ser la inquietud al sufrir el paso del tiempo. Pudo ser el dolor, el hambre o el frío. Pudo ser el temor a la muerte. Fuese lo que fuese, tras la pregunta subyace el vacío y la búsqueda de algo nuevo. No es sólo salir al encuentro de una respuesta sin más, es que mediante la respuesta se llena un hueco donde, una errónea, (tal vez, quien sabe) contrariedad, una molestia, un dolor, se ubicó. Nunca la religión, ni la filosofía, ni las ideas que buscan afianzarse en el futuro habrían surgido sin la pregunta. La pregunta nos pone delante de nuestra peor condición, a saber: la inadaptabilidad mental y biológica en el mundo. ¿Pero es esto culpa nuestra? ¿Somos culpables de la infelicidad que padecemos? ¿Somos acaso los únicos a quienes hemos de responsabilizar?
En Oriente y Occidente se han edificado dos tendencias filosóficas que contrastan entre sí. Aunque también hayan fraternizado en ocasiones en compartir una misma visión acerca del ser, mantienen todavía una brecha abierta que les separa notablemente. Sus posturas se han visto marcadas por lo pasivo y lo activo. Ambas se enfrentan ante una decisión difícil de mantener, ya que la voluntad del hombre se ve tentada a participar de la dinámica que envuelve al mundo y en la que, irremisiblemente, estamos implicados. Se trata de dos formas distintas de encarar la realidad, de cómo la sentimos y de cómo la conducimos hacia un estado superior, donde la existencia quede justificada en su tan apreciada felicidad. ¿Se puede o no se puede? ¿Nadamos a favor o contracorriente? ¿Nos quedamos parados como espectadores o actuamos? ¿Es necesario cambiar el rumbo de las cosas o las dejamos en paz, a su libre albedrío, emancipadas de nuestros deseos y necesidades? Culpa del deseo insaciable, dice Oriente. Culpa de la necesidad biológica, dice Occidente.
Tenemos en Occidente la idea poco clara de un idealismo trascendental. La figura de Dios vendría a estimular los pasos a seguir para consolidar la justa medida de la felicidad a repartir en el mundo. No se trata de creer en Dios fuera del entorno físico fenomenológico en el que vivimos, sino de crearlo aquí, real, vívido y auténtico. Tenemos directrices, dogmas y libertad para ello. La felicidad individual pasaría así, forzosamente, por el bien común ajustado en la sociedad que hemos formado. De lo contrario estamos expuestos a constantes peligros y a males que perjudican el bien estar. ¿Se puede lograr esto?

Tenemos en Oriente la iluminación en un despertar enclavado en el presente. El rechazo absoluto de una conciencia agitada por el ego y abatida por su creencia en el tiempo. Un sufrimiento causado por el mal uso que hacemos del pensamiento. El aquí y ahora supone el fin que vendría a romper las cadenas que amordazan dolorosamente la vida. El bien social pasaría entonces por el entendimiento primero de la conducta individual, del sistema operativo de la conciencia. Y ésta, aspiraría desde su posición iluminada a que todos despertaran de su fatídica pesadilla, causada por el ego, falso y tramposo ¿Se puede lograr esto?

Aunque estos dos caminos se diferencien entre sí ambos persiguen una misma finalidad. Que la esencia del ser perdure en armoniosa comunicación con la naturaleza. Ser unidad y totalidad al unísono. Conservar la felicidad, si acaso eso fuese posible, eternamente. No desparecer

Occidente toma acción y procura forzar la voluntad de todos para elaborar una sociedad que nos permita convivir en paz, en respeto mutuo, en ayudar al prójimo, en facilitar una respuesta válida al extraño acontecer de la existencia y así justificar la vida. Se sirve de un idealismo metafísico sin menospreciar la naturaleza física. Pero por desgracia, son pocos quienes entienden o asumen acatar semejantes preceptos. Hasta ahora los logros obtenidos han sido frágiles, poco fiables. Las guerras tienen más ambición de poder, de dominio y riqueza material que de saber comprender el espíritu que agita el universo. Aunque la historia se recuerde cargada de mucho alboroto siniestro, occidente no se rinde en su sano y recto empeño de mejorar el ámbito en el que nos movemos.

Oriente prefiere no tomar acción para no enturbiar más las aguas. Culpa a la conciencia de jugar a favor de la vanidad personal, de un yo ilusorio que lo contamina todo alrededor por no saber aceptar, sin más, lo dado. Detrás de nuestros actos se esconde la codicia, carente de empatía y altruismo. Pero parece como si Oriente pasara por alto que si bien el sufrimiento es responsabilidad nuestra, no lo es tanto el dolor, la necesidad de supervivencia biológica que la naturaleza nos impone. Sin duda, la meditación nos coloca en una buena situación espiritual para apreciar la paz y vivir en el entendimiento, pero cuando me pinchan sangro y eso además duele y no es creíble que la conciencia por sí sola pueda excluirnos de este fenómeno. Todos tememos a la muerte. Y no parece que la materia sea un sueño de nuestra conciencia.
¿Qué hacer o no hacer? La pregunta, como una herida, sigue abierta. La decisión es tan importante como la indecisión. ¿Lo uno o lo otro o equidistar ambos puntos? ¿Se puede o no se puede?  - AllendeAran
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«Nos enredamos a fuerza de explicar que la aparición del mal en el propio mundo no se debe al propio Dios, sino a una serie de factores adventicios. Pues bien, una de dos: o es omnipotente, y entonces es responsable del mal, o no es omnipotente, y entonces no es Dios.» -  Jean-Francois Revel

 «Además, la historia de la ciencia demuestra que los investigadores han hecho los descubrimientos más útiles sólo en los momentos en que obedecían a la pura curiosidad intelectual. pero no buscaban la utilidad en el punto de partida. Existe, pues, una especie de despego en la investigación científica, que es una forma de sabiduría.» - Jean-Francois Revel

«Vivimos en un mundo transformado por la ciencia y que quizás esta haya vuelto más cómodo, pero el problema de la vida y del destino personales sigue siendo exactamente el mismo que en tiempos de los romanos.»   - Jean-Francois Revel«

«El platonismo socrático, por último, sólo adquiere su significación plena al articularse en una metafísica según la cual el mundo en que vivimos no es sino un mundo de ilusión, aunque hay otro al que desde ahora podemos acceder mediante la sabiduría filosófica, la contemplación filosófica, la teoría, después de lo cual, y como la inmortalidad del alma está demostrada, podremos conocer por fin la plenitud.»  - Jean-Francois Revel
«La sabiduría será siempre conjetural. La sabiduría no reposa en ninguna certidumbre científica, y la certidumbre científica no conduce a ninguna sabiduría. Ambas existen, no obstante, por siempre inseparables, por siempre separadas, por siempre complementarias.» - Jean-Francois Revel


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jueves, 29 de enero de 2015

"Somos una imposibilidad en un universo imposible"  - Ray Bradbury

SMALL SPACE SUITE

Parece que el invierno me está congelando los sesos. Yo también tengo mis días apáticos. Es lógico que con la publicación de muchas entradas llegue un punto en que me sea más difícil innovar, aunque sé que todavía haya tema para rato. Sigo leyendo y sigo amasando ideas con las que pueda enfocar mis observaciones de la vida pero a veces me pregunto si merece la pena compartirlas. ¿Interesan? Yo creo que no. Sí, claro, si por algo se publican los libros que leo y existen estas fotografías y cuadros y vídeos es porque hay gente interesada, no sólo van a publicarse por mí. Pero, sinceramente, a mi no me consta. O por lo menos muy poco en comparación con otras cosas. Vamos, que me siento incomprendido y que mis inquietudes por muy sanas que sean no van a ningún lado. El mundo continua siendo un enigma, lo cual me alegra, pero la vida social la veo cada vez más podrida. Con todo, cuando el buen humor me acompaña, es decir, mi optimismo se despierta, este tipo de vídeos cumplen su cometido. Hay algo más allá de donde estamos, si bien donde estamos ahora no sea un mal sitio. Soñar sigue siendo gratis, y da tanto placer. 



«La necesidad metafísica, enloquecida por el misterio, quiere conocer lo que mantiene unido el mundo en lo más íntimo.»  -  Rüdiger Safranski
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martes, 20 de enero de 2015

«La vida es ese milagro raro que tarde o temprano tendría a presentarse para dar fe de que siempre ha habido algo y que la nada, por más que la busquemos, no tiene lugar donde esconderse.» - AllendeAran
EL PRINCIPIO VIDA
Hans Jonas

Hubo un tiempo en que al hombre le debió ser más fácil vivir asombrado ante el espectacular escenario que el mundo le ofrecía. La vida parecía diseminada por todas partes y él como parte integrante de la misma participaba inmerso en un monismo que, como un todo ilimitado, le arropaba y liberaba a la par. Sin embargo, dicha estupefacción no debió producirse repentinamente. La inteligencia con la que podemos examinar cuanto circunda a nuestro alrededor atravesó muchos y diversos accidentes. Fue poco a poco, progresivamente, para que así pudiéramos asimilar, sin volvernos locos, la existencia ubicua que lo abarca todo. Desde ese momento estelar en que la conciencia vino a situar su monarquía sobre la tierra, múltiples ideas se han disputado un trono para mantener el dominio inequívoco de la verdad. Los "ismos" han florecido tan variados y complejos como distintas especies de flores germinan. Ahora el hombre se encuentra agarrotado en un antropocentrismo que todo lo centrifuga a su imagen y beneficio.
La materia, en su inestable manera de trasfigurar los elementos que la componen, inventado otras entidades con las que habitar el espacio, dio con la fórmula que permitió la reproducción de sujetos autónomos. Una cierta independencia de la materia había irrumpido, la vida, en una tierra que se consideraba baldía y que hasta entonces había permanecido muda y extraña a sí misma. Así, con las continuas transformaciones del azar se llegó desde lo precario unicelular a una compleja amalgama de piezas que ahora conforman al ser humano ¿Y en donde mejor que en la conciencia del hombre la naturaleza puede observarse a sí misma como si se reflejara en un espejo? Que triste pensar que antes de que la vida irrumpiera, acompañada del pensamiento, las cosas existían huérfanas de cualquier significado. De hecho, ni siquiera deberíamos hablar de existencia antes de que el pensamiento desvelara la historia del cosmos en retrospectiva. La vida es ese milagro raro que tarde o temprano tendría a presentarse para dar fe de que siempre ha habido algo y que la nada, por más que la busquemos, no tiene lugar donde esconderse.
Pero la vida vino vulnerable y dependiente de más vida para continuar, con pertinaz insistencia, su actividad. Una vida caracterizada por la búsqueda de un lugar imperecedero que permita la continuidad de su propia identidad, que se sabe distinta de la sustancia inerte, de lo inorgánico, de esa res extensa, sustancia finita en la que habita. Es el ser humano, que invertido en sujeto, desea liberarse de cualquier dependencia con la materia. Se reconoce a sí mismo eventual, precario, débil. Aún cuando la naturaleza no le abra un camino teleológico al que aferrarse él ha sabido marcar el suyo propio. Puede que no tenga una meta clara que alcanzar pero sí tiene un camino  trazado que seguir. Lo que busca el hombre es una libertad que le ayude a salir de la indigencia biológica que mantiene con el exterior. Quiere lo que todo ser vivo quiere y lucha por ello: seguir viviendo de cualquier manera, no perder lo que atesora en su conciencia, conservar su espíritu. Quiere la eternidad, en definitiva. Una tarea difícil que le ha puesto en contraposición con su madre la naturaleza. Es el hombre quien se siente sujeto entre objetos, es él quien ha dualizado el contexto primigenio que le envolvía, pero es él quien tendrá que encontrar una solución para no sacrificar lo que en el fondo le forma como ser único y especial, su conciencia. Y puesto que no hay objetos sin sujeto, ni hay sujeto sin objetos, esa interdependencia no ha sabido concederle, todavía, la libertad necesaria para que la vida pueda expandirse a un más allá infinito.
La lectura que la ciencia hace del mundo exterior yerra al pretender explicar con la mente las cosas que a priori juzga como inertes, exánimes. ¿Cómo va a ser eso posible? Si para llegar al corazón de las cosas tenemos que excluir el humanismo, poco a poco, y como de hecho está sucediendo, nos veremos cada vez más extraviados, precipitados hacia un mundo superfluo, absurdo, indolente. ¿Tenemos derecho a culpar a la naturaleza de nuestro destino o somos únicamente nosotros a quienes debemos responsabilizar del mal estudio que hacemos de ella? El que la naturaleza no represente un devenir concreto y lo único que nos enseñe sea un sistema accidental y eventual de acontecimientos inciertos no tiene porqué desmoralizar el deseo al que apuntala la vida. Que la naturaleza no tenga propósitos no significa que no tenga propuestas. Es más, su propia falta de finalidad es en sí una propuesta que si bien entendida puede abrirnos un camino de infinitas posibilidades.
Claro que, al percibir el hombre un camino en millares de direcciones, tantas como individuos habitan en el planeta, tendrá que encontrar la forma de encauzar esos afluentes en un mismo río. Porque se sabe que unidos la permanencia del ser se mantiene más firme durante más tiempo. La vida en sociedad ha sido un acierto a pesar de las sufridas calamidades que nos han llevado hasta ellas. Pero no hay que olvidar que debemos permanecer alerta a que la dirección del camino es variable en el transcurso del tiempo y que cualquier proyecto se debe respetar y atender. No debería ser difícil si supiéramos atenernos a la responsabilidad de que cada acto que ejecutamos tenga en cuenta al prójimo como beneficiario. Con amor todo es posible.
Y debemos recordar que la ciencia, en este contexto, poco tiene que decir. Su objetivo, si es movido por la curiosidad, (como debe ser) es la de revelar los secretos que componen la estructura de los organismos. Que de ahí se pueda sacar un provecho pragmático, no lo voy a discutir, por la necesidad innata que sufrimos, pero también ha de entenderse la relevancia poética que cada nuevo descubrimiento conlleva en su deslumbrante manifestación. No nos debe faltar sensibilidad para el asombro. Por lo demás, el objetivo fundamental del ser es saber dibujar el mapa por el que se ha de mover en total libertad para suministrarse conocimiento y eso es una empresa, más que de cualquier otra ciencia, de la filosofía.   - AllendeAran
"El Principio Vida" de Hans Jonas fue escrito en 1966. Lo tenéis en la Editorial Trotta, 335 pp. El libro está considerado como principal catalizador de la bioética, movimiento que intenta reconciliar la biología con el pensamiento filosófico moderno.
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«¿Cómo y por qué ha entrado la muerte en un mundo cuya esencia es la vida, y con el que por tanto la muerte está en contradicción?, ¿A dónde conduce la muerte en el contexto de la vida total, hacia qué es la transición, dado que todo cuanto es es vida, de manera que también la muerte misma no puede ser en último término otra cosa que vida?»  -Hans Jonas
 
«El universo de la cosmología moderna, enormemente ampliado, es un campo de masas inanimadas y fuerzas que no persiguen finalidad alguna. […] Este desnudo sustrato de toda la realidad solo se pudo alcanzar apartando cada vez más todas las características vitales de los hallazgos físicos y prohibiendo estrictamente proyectar en su imagen la vitalidad que sentimos en nosotros mismos.»  - Hans Jonas
 
«El filosofo que contempla el gigantesco panorama de la vida sobre nuestro planeta y se ve así mismo como una parte de él, no se dará  por satisfecho con la respuesta de que este incesante y amplísimo proceso, que avanza a través de los eones y prueba sus fuerzas en creaciones cada vez más atrevidas y sutiles, es “ciego”.»  - Hans Jonas
 
«El concepto de libertad puede guiar nuestra interpretación de la vida. El misterio mismo del devenir nos es inaccesible: por ello, no pasa de ser una conjetura la de que ya el principio fundante del paso de la sustancia sin vida a la dotada de ella se puede caracterizar como una tendencia situada en las profundidades del ser mimo.»  -  Hans Jonas
 
 
«En la historia de los esfuerzos de la vida por comprenderse a sí misma, la biología materialista es el intento de concebir la vida excluyendo lo que hace posible al instinto mismo: la auténtica naturaleza de la conciencia y el fin. […] Entender científicamente la vida quiere decir asimilarla conceptualmente a lo que no es vida.»  - Hans Jonas
 
«El ascenso y largo camino del dualismo es, uno de los sucesos decisivos de la historia espiritual de la humanidad. Su importancia en nuestro contexto reside en que a lo largo de toda su trayectoria trabajó por separar los contenidos espirituales del campo físico, para finalmente, al retirarse la marea, dejar tras de sí, en el terreno por él despejado, un mundo extrañamente despojado de todo atributo espiritual.»  -Hans Jonas
 
 
«Hay un pasado y hay un futuro, del que venimos y hacia el que nos apresuramos, y el presente es únicamente el instante del conocimiento mismo, el punto de inflexión del uno al otro en la suprema crisis del ahora escatológico. Por más que estemos arrojados a la temporalidad, con arreglo a la fórmula gnóstica nuestro origen se halla en la eternidad, y por lo tanto también en ella se encuentra nuestro objetivo.»  - Hans Jonas
 

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domingo, 11 de enero de 2015

"Cualquier paisaje es un estado del espíritu." - Amiel

Jacques Raymond Brascassat

Dos formidables cuadros de este pintor francés (1804-1867). Tenía la costumbre de pintar más animales pero estos dos paisajes dejan constancia de algo que los ciudadanos, urbanitas del siglo XXI, deberían echar de menos. Bueno, aquellos cuya sensibilidad no ha caído todavía a favor de un arte nihilista.¿Cómo podríamos volver a recuperar esa libertad que la naturaleza dilata de formas inusitadas por el espacio? Algo cada vez más difícil de sentir en las ciudades acorraladas de casas monstruosas.


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domingo, 28 de diciembre de 2014


 
EL PUESTO DEL HOMBRE EN EL COSMOS
Max Scheler
Entrar en el mundo de las ideas metafísicas es como abrir ventanas a paisajes imaginarios. Uno se maravilla ante esas vistas panorámicas aun a sabiendas de que los pies nunca pisarán semejante tierra. Pero, a pesar de ello, sabemos que están ahí, y aunque distantes, nos sentimos obligados a emprender camino para llegar hasta ese paraje paradisíaco que se convierte en destino, en un reto, en la fuerza motriz que anima el espíritu, es la esencia de todo. Es necesario creerlo así, conservar la fe, tener valor y emprender camino. Hay que ir más allá.
En la filosofía de Scheler nada hay más cierto que esto. El hecho de que el hombre haya tomado conciencia de sí mismo y se centre en el corazón del universo al negarlo. Es decir, el hombre no quiere ser un elemento más, no quiere ser un objeto eventual del acaso, no quiere vivir ciego a un destino ignoto. El hombre ha aprendido a saberse especial, singular en un mundo que se le antoja extraño, tentado a idealizar las apariencias. No es que él se sepa diferente por ser más inteligente que los animales, o más vulnerable y dependiente del entorno que una planta, sino porque ha aprendido a negar la realidad, lo cual le impulsa de alguna manera, le fuerza, a contrariar su devenir existencial como mera materia. Al negar esto él ha sabido desarrollar otras posturas que le empujan a idear, a trascender lo dado, a buscar un espacio más noble, a crearlo. Esto es pura religión y esto se mueve por aquello que al hombre le hace especial, su espíritu.
Esto no significa que el hombre quiera separarse de la naturaleza, él se reconoce dependiente de ella, como parte integral, unión que conforma la interdependencia compleja de un sólo monismo. Son los elementos orgánicos lo que le dan vida y la vida la que genera el espíritu que a la vez mantiene en activo su propio mundo, es todo uno entrelazado, que emprende la busca de una mejor estancia a cuanto habita en ello. Este idealismo que persigue un mejor puesto en el universo es lo que construye puentes elevados hacia lo más alto, lo cual dignifica y confiere al hombre su carácter divino. Y es de ahí precisamente de donde surge la idea de Dios, que para Scheler, es la imagen de lo que se ha de alcanzar, el arquetipo que debemos imitar, como principio y tarea de abarcar el absoluto. Dios no es un cobijo de malogradas ambiciones, un confidente personal a capricho de cada uno, ni mucho menos un objeto susceptible de dispares interpretaciones. Es la responsabilidad de cumplir con unos valores que le confieran al ser y su mundo su carácter divino.
Si todo esto suena a un idealismo exacerbado, presuntuoso, desgastado o ingenuo, teniendo en cuenta los acontecimientos atroces que la historia va dejando tras de sí, el desprecio no tendría porqué justificarse frente al idealismo que el hombre ha sabido concebir de sí mismo. Tal vez de sus errores esté aprendiendo o tal vez quienes perpetran el mal son los más alejados de entender la dimensión espiritual que las ideas revelan. Ideas que si mal interpretadas, tergiversadas a propósito, o utilizadas con fines egoístas, lo que hacen en definitiva es pervertir la esencia del bien al que apuntan.
Porque es fundamental entender que si el mundo exterior a nosotros sufre, igual que sentimos una enfermedad en carne propia y si, además, ese sufrimiento es infringido por culpa de nuestra malicia, desidia, codicia y desapego estaremos cometiendo un delito grave para con nosotros mismos, porque somos parte inseparable de un todo unificado. Materia, vida y espíritu forman un circulo cerrado e inquebrantable. Y lo milagroso de este acontecer es la proyección que el ser hace de sí mismo al desear expandir el fenómeno humano a todos los campos que le forman. Y cuando uno dice humano habla de valores como la ayuda, la empatía, el respeto, la libertad y, como no, el amor.
Esto es poco más o menos lo que deduzco de la lectura de este pequeño libro, pero matón, de tan sólo 100 páginas, que Max Scheler  escribió como última obra antes de morir prematuramente a la edad de 54 años. Hay momentos de profunda reflexión que resbalan a caer en la duda o erróneas interpretaciones sobre si Scheler está en lo cierto, se equivoca en algo o le falta una mayor clarividencia o exposición acerca de un tema tan penetrante como insondable. - AllendeAran

«La conciencia del mundo, la conciencia de sí mismo y la conciencia de Dios forman una indestructible unidad estructural.»  - Max Scheler
«El espíritu y el impulso, los dos atributos del ser, no son en sí perfectos, sino que se desarrollan a través de sus manifestaciones en la historia del espíritu humano y en la evolución de la vida universal.»  - Max Scheler
«¿Qué significa des-realizar el mundo o idear el mundo? Significa más bien abolir, aniquilar, fictíciamente el momento de la realidad misma, toda esa impresión indivisa, poderosa, de la realidad, con su correlato afectivo; significa eliminar esa "angustia de lo terreno".»  - Max Scheler
«Una doble conducta era posible al hombre después de este descubrimiento de la contingencia del mundo y del extraño ocaso de su propio ser, excéntrico de esto y poner en movimiento su espíritu cognoscente para aprender lo absoluto e insertarse en él; éste es el origen de la metafísica.»  - Max Scheler
«Queda para nosotros un amparo, que encontramos en la obra íntegra de la realización de los valores en la historia del mundo hasta el presente, en la medida en que ha promovido ya la conversión de la Divinidad en un "Dios". Mas no deben buscarse nunca en último término certidumbres teóricas previas a esta auto-colaboración. Ingresar personalmente en la tarea es la única manera posible de saber del ser existente por sí.» -  Max Scheler
 «La metafísica supone en el hombre un espíritu enérgico y elevado. Así se comprende que sólo en el curso de su evolución y con el creciente conocimiento de sí mismo. llegue el hombre a tener conciencia de ser parte en la lucha por la "Divinidad" y co-autor de ésta.»  - Max Scheler
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domingo, 21 de diciembre de 2014

EXPOSICIÓN DE ACUARELAS

Para quienes vivan en Bilbao pueden acercarse a la muestra de acuarelas en la Galeria Lumbreras, calle Henao, 3. Se compone de unos 143 cuadros de 25x35cm realizados por los miembros de la Agrupación de Acuarelistas Vascos. Los aquí expuestos no corresponden con los originales de allí, pero es para haceros una idea de lo que os podéis encontrar, seguro que hay unos cuantos que os encantarán y si disponéis de dinero comprar. Eligo paisajes porque es lo que corresponde con la temática de este blog pero también encontrareis otras observaciones artísticas de la ciudad muy logradas. Estará abierta hasta el 30 de Diciembre.









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domingo, 14 de diciembre de 2014

«Tanto argumento al servicio del futuro ha hecho que pasemos de largo el prodigio de saber que estamos vivos de verdad, ahora, y no como especulación del pensamiento al servicio del mañana.»  -AllendeAran

NUBES, ÁRBOLES Y PLANTAS
HUIR DE LA CIUDAD

Aunque ya lo he comentado con anterioridad, quiero esta vez profundizar un poco más en un tema que para la mayoría pasa desapercibido por culpa de  las ciudades en las que vivimos que, sobrecargadas éstas de cemento y lineas rectas, impiden que la vista encuentre la variedad de formas, (amorfas) que la naturaleza exhibe como peculiaridad esencial y perpetua de su conducta, de su presentarse frente a nuestros sentidos.
Fíjate bien. Si vives en una ciudad, o en tu misma casa, es casi seguro que mires para donde mires la forma cúbica, el cuadrado, está ahí presente. Empezando por la pantalla de tu procesador, la televisión, los libros, un folio, una mesa, los armarios, las alfombras, las ventanas, las puertas, la habitación en sí es un cubo, donde evidentemente para que las cosas encajen están diseñadas de forma cuadrada o rectangular. Pensar de otra forma para acomodar mejor las demandas de nuestro cuerpo parece casi imposible, o cuanto menos engorroso. Pero yo tengo mis dudas.
Sal a la calle. Más de lo mismo. Desde los coches, a las baldosas que pisamos, la gran cantidad de edificios y sus ventanas, las escaleras, los muros,... Todo encierra una logística que queda constreñida, agotada en su propia eficacia. Las cosas están construidas para cumplir un propósito. A partir de ahí nada más cabe. De las cosas que nos rodean por todas partes, por su utilidad, quedan definidas y a la vez rematadas ¿Y que significa todo esto? El espíritu, que urge respirar de libertad en todo momento, que requiere una emancipación libre de etiquetas, normas y fronteras, no encuentra su espacio en lugares donde todo está delimitado por cosas cuya finalidad está previamente determinada. El espíritu buscará su verdadera emancipación justo ahí donde nada está dicho y todo está por definir.
Es importante que se pueda respirar un ambiente que dé cabida, que abra un espacio más allá de donde estamos. Un espacio que como el mismo horizonte dé la opción de continuidad, de un poder moverse hacia lo lejos. Sólo la naturaleza nos da esa opción gracias a su irrumpir independiente de nuestro interés. Su carácter inesperado, sus formas irregulares apartadas de nuestro método legible de querer explicarlo todo, nos levita del suelo. Se trata pues de aligerar el peso de la responsabilidad, de la constante codicia de tener y sentir que la razón propone sin miramientos. Tanto argumento al servicio del futuro ha hecho que pasemos de largo el prodigio de saber que estamos vivos de verdad, ahora, y no como especulación del pensamiento al servicio del mañana. No somos un sueño, somos una realidad. Por eso la mejor meditación que podemos realizar para liberar de tanto cargo a la conciencia es pasear y contemplar atentamente los caprichos de la naturaleza, saber deleitarnos en sus formas inusitadas e indefinidas, improvisaciones que el azar lanza contra la trama intelectual que examina infatigablemente el orden, causas y motivos por y para uno mismo.
Dado que las ciudades presentan una gran desventaja para poner en práctica esta meditación, lo poco que nos queda son los parques, algunos árboles dispersos, (muchos de ellos raquíticos), las plantas (acorraladas en macetas) y la nubes, (que de vez en cuando se asoman por algún claro abierto entre los bloques de casas). Aunque sea sólo por un instante, la mera contemplación de esas formas sinuosas y quebradas, nos relajan y amainan la turbulencia mental que sufrimos. Para ello hay que saber dejarse llevar, acostumbrar a valorar la libertad que la naturaleza materializa en sus formas desiguales, en sus colores y aromas. Así, poco a poco aprenderemos a gozar no sólo de la belleza sensual que a diario descubrimos en el rostro de algunas personas cuando paseamos, sino también de la naturaleza, que posee ella un encanto más inocente, puro y libre.



«El espíritu buscará su verdadera emancipación justo ahí donde nada está dicho y todo está por definir.»  - AllendeAran


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